Panamá, Año VIII, No. 225

21 de junio al 4 de julio de 2009


SUMARIO

Nacional
Editorial
  Finalizó la pesadilla
  Ebrahim Asvat
    Acabemos con esta farsa
  Miguel Antonio Bernal
    La alcaldía de Procusto
  José A Domínguez A.
    Engaños al terminar el gobierno
  Betty Brannan Jaén
    Entre Irán y Panamá
  Ricardo Stevens
    Te lo dije..
  Juan Carlos Ansin
    La mujer que perdió la gracia al atardecer
  Asociación de Educadores Veragüenses (AEVE)
    Ante los sucesos de corrupción del MEDUCA
  Luis Rubén Paz Mollah
    Crimen sin castigo
  Paco Gómez Nadal
    El salvavidas internacional
Internacional
  Pablo Ordaz
    Golpe de Estado en Honduras
  Pablo Ordaz
    El jefe del ejército desobedeció a su comandante
  EFE  -  Bogotá
    Ejecuciones extrajudiciales en Colombia
  Gorka Castillo
    Entrevista a Piedad Córdoba
  Juan Miguel Muñoz
    Bajo el cañón de Israel
  Guillermo Almeyra
    Irán y la prensa venenosa
Pensamiento Critico
  David Brooks
    El liberalismo y las crisis actuales
  Ángel Guerra Cabrera
    Tres escenarios del cambio social en AL
  Walter Goobar
    El libre mercado es enemigo de la libertad
  Antoni Domènech
    Disciplina y generosidad

Boletín BUSCANDO CAMINO

 

EL SALVAVIDAS INTERNACIONAL

Paco Gómez Nadal

Solemos perder la perspectiva histórica. Cuánto ha avanzado este mundo de humanos en los últimos 60 años… en algunos aspectos, al menos.

La igualdad de género, el respeto por la diferencia étnica, cultural o sexual, la instalación de un discurso y una institucionalidad de los derechos humanos… Falta mucho, sin duda, pero en comparación con el universo del final de la Segunda Guerra Mundial o, incluso, con las arbitrariedades cometidas en Latinoamérica en los 70 y en los 80, vivimos tiempos en los que hay más contrapesos, más observadores, más balance, si así se puede definir.

Por eso creo y apoyo la institucionalidad por encima de los Estados nacionales. No es que crea que la OEA, la ONU, UNASUR o la Unión Africana sean la solución a los problemas mundiales de unas sociedades fundamentalmente injustas e individualistas, pero lo cierto es que cuando las miserias locales afilan las uñas solo queda como recurso acudir a los organismos internacionales. Es un salvavidas poderoso que, bien utilizado, aporta a la mejora de las condiciones de vida o a la justicia en remotos puntos del planeta.

Las medidas cautelares que acaba de solicitar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el caso de la hidroeléctrica Chan 75 en Bocas del Toro es un chorro de aire fresco en este contexto patético en el que en nombre del progreso se atropellan derechos fundamentales de comunidades que luchan en clara desigualdad contra empresas y Estados. No es el primer llamado de atención fuerte que recibe el Gobierno de Panamá en este caso. Unas semanas antes, el relator especial de Naciones Unidas para los derechos de los pueblos indígenas emitió un duro informe sobre cómo se habían violado los derechos de las poblaciones afectadas por Chan 75 y cómo los procesos de consulta instaurados por ley han sido trucados y manipulados –como por otra parte ocurre en la mayoría de los proyectos de “desarrollo” en el país–.

La legalidad internacional es un freno a los abusos locales, es algo así como abrir la ventana del país para que aquellos que no tienen intereses concretos en lo que acá acontece den su diagnóstico, más apegado al ideal de justicia consagrado en los convenios internacionales firmados por decenas de Estados, incluido Panamá.

Quiero pensar que el “verdadero cambio” incluye el respeto a esa legalidad extraterritorial. Hasta ahora los gobiernos panameños han hecho oídos sordos a cuanta reclamación internacional se ha recibido.

Incluso, en el tema abierto de los indígenas nasos que siguen protestando en Plaza Catedral por el respeto de sus derechos territoriales, el Gobierno central ha recibido varias cartas directas y confidenciales de instituciones internacionales y de organizaciones mundiales de derechos humanos exigiendo una respuesta clara y digna a este problema y la respuesta de la Presidencia ha sido el silencio o la mentira.

Sobre Chan 75 se ha escrito y hablado mucho. La empresa AES ha invertido miles de dólares en publicidad y cabildeo –no siempre limpio– para vender a los panameños urbanos las bondades del proyecto. Probablemente, si esta multinacional y el Gobierno hubieran invertido el tiempo y el dinero en tratar con respeto a las poblaciones afectadas ahora no estaríamos metidos en este embrollo.

La costumbre de nuestros gobiernos y de los inversionistas extranjeros es meter la pata y después defenderse con uñas y dientes contra esos “cavernícolas” que no quieren el desarrollo. Creo, sinceramente, que deberían mirar a Perú y evitar que las cosas lleguen a ese estado. Allá, el terco presidente ha cedido a lo que el pueblo exige después de que muriera una treintena de personas. No es necesario. Defender la soberanía del país es defender no solo los recursos naturales de Panamá, sino los derechos fundamentales de su población y si no se hace por voluntad propia, para eso están los organismos internacionales. La soberanía no es regalar nuestros ríos, minerales o costas, sino explotarlas de manera razonable y para el beneficio de la mayoría. No es lo que ocurre.

Estamos a tiempo de hacer las cosas bien en otros proyectos como Bonyik, Petaquilla, Chorcha, las atuneras industriales, las decenas de proyectos inmobiliarios agresivos –como las islas del “paraíso” frente a Punta Pacífica– o, incluso, en Chan 75… si el cambio es cambio deberá ir por ese camino. Si no… será más de lo mismo: un gobierno elegido por el pueblo que se vuelve contra este; palabras vacías hablando de justicia social e intereses privados gobernando lo público. Ojalá mi pesimismo crónico no tenga razón.