EL PRESIDENTE EMPRESARIO
Roberto Arosemena Jaén
El presidente electo no ha aprendido que es el primer administrador de la nación panameña. Si lo hubiese aprendido no habría caído en el principio de incompetencia de Peter.
Ese principio lo estableció el administrador inglés para señalar que el incompetente que adquiere un puesto de mayor responsabilidad hace lo que aprendió en el puesto inferior. Parece que así está actuando el próximo presidente de la República.
El ejemplo del principio de incompetencia es patente en el nombramiento de los altos cargos del Estado.
Por conocer, en el supermercado, a su leal jefe de seguridad y a su efectiva asesora de asuntos laborales, los nombra para ser director –de inteligencia y seguridad– en el organismo más peligroso y con más poder militar del Estado panameño, que es el Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional, y en el Ministerio de Trabajo, que sirve de árbitro para resolver los conflictos obreros patronales.
La perspectiva empresarial para calificar lealtades no es la misma perspectiva pública que exige lealtad. En lo privado es lealtad al jefe, en lo público es lealtad a la ley. En esto consistió el triunfo de Noriega en el tiempo del viejo Omar y su propia liquidación cuando todo el Estado Mayor era leal a su persona. En el caso del nuevo presidente, no estoy considerando un nuevo comandante en ciernes, lo que estoy señalando es el traslado ingenuo de su buena experiencia empresarial y partidista a su condición de Presidente de la República.
No es lo mismo atender las obligaciones que le impone el pueblo panameño mediante la ley a los miembros del Consejo de Gabinete y en ellos a todo el Órgano Ejecutivo, con las obligaciones que le impone, en una empresa privada, un jefe circunstancial a su personal contratado. Lo que debe preguntarse el Presidente cuando nombra a su equipo gubernamental es si tienen la suficiente iniciativa y criterio para atender los intereses nacionales que le determina la Ley. Son estos criterios de selección, precisamente, lo que evidencia que el Presidente electo es un caso paradigmático del Principio de Peter.
El problema es que la Constitución no ofrece normas ni criterios de forzoso cumplimiento para evitar el ejercicio del poder de los incompetentes. Los casos de Martín y de Mireya son ejemplos de gobiernos incompetentes. Seguir recurriendo a las elecciones para desplazar a los incompetentes del poder es un costo que la sociedad panameña no puede seguir pagando.
De allí, la necesidad de que Martinelli aprenda a ser el Presidente que eligieron todos los panameños para que subsane los vacíos de nuestro orden constitucional. El Presidente electo no puede seguir preparando su proceso de transición en las oficinas gubernamentales que nunca visitó mientras andaba con las zapatillas del pueblo y gritaba que los locos somos más.
Tiene que ser coherente con la manera en que logró identificarse con sus electores. Tiene que disciplinar a su equipo de transición y decirle que el problema no es seguir buscando puestos de libre nombramiento que lo ha conducido a pedirle favores a Martín Torrijos para que no aplique las bribonadas de la ley modificada de Carrera Administrativa.
Debe empinarse y reconocer que su presidencia empieza el 1 de julio y que si la estabilidad que se está dando viola la ley, serán perseguidos los violadores; lo mismo, en caso de que no se haya cumplido con la ley de Contratación Pública. Tomar medidas ejemplares es lo que necesita Panamá y el próximo presidente no puede seguir pidiendo favores a los actuales mandatarios para que le dejen despojos. Justicia sin atropellos y sin persecuciones lo exige el país y en esto consiste el cambio posible.
El problema es que la política como la historia ni se repite en espirales ni se desempeña como maestra de la vida si no hay una actitud de servicio inspirada en los mejores modelos del buen comportamiento político.
El modelo de comportamiento empresarial es inútil para el manejo político con todo el potencial que tiene para lograr el éxito personal y familiar. Si no empezamos a distinguir lo privado de lo público, el lucro del servicio, seguiremos tropezando socialmente de cinco en cinco años. |