Panamá, Año VIII, No. 218
26 de abril al 2 de mayo de 2009

SUMARIO

Nacional
Editorial
  Los decentes somos muchos más
  Miguel Antonio Bernal
    Mensaje final a los capitalinos
  Frente Panamá Soberana
    El poder del voto
  Tribunal Electoral
    Decreto que inhabilita a Bosco Vallarino
  USCIS
    Juramento para la ciudadanía norteamericana
  Juan Carlos Mas C.
    Lo que no se quiere discutir
  Milcíades Pinzón Rodríguez
    ¿Y por quién voto?
  Leopoldo E. Santamaría
    ¿Delirio?
  Paco Nadal
    El tonto sueño de un caminante
  Berna Calvit
    Sin control de calidad
  Ricardo Stevens
    Para qué sirve el voto...
Internacional
 
Soledad Gallego-Díaz /
Daniela Creamer
    Vía libre para la revolución de Correa
  Guillermo Almeyra
    Amores caribeños
  David Brooks
    Trinidad y Tobago y el Consenso de Washington
  Javier Diez Canseco
    El Salvador: de la guerrilla al gobierno El Salvador: de la guerrilla al gobierno
  Paul Krugman
    George Bush y la maldad
  David Brooks
    Condoleezza Rice autorizó torturas
Pensamiento Critico
  Mike Davis
    La gripe porcina y el poder de la industria pecuaria
  José Luis Fiori
    Un continente sin teoría
  Eric Toussaint
    La izquierda, el gobierno y el poder

Boletín BUSCANDO CAMINO

 

MENSAJE FINAL A LOS CAPITALINOS

Miguel Antonio Bernal

CANDIDATO A ALCALDE DE LA CAPITAL

A escasos nueve días para que se lleve a cabo uno de los torneos electorales más importantes de nuestra historia -y siendo este escrito el último que presentaré antes que dicho ejercicio defina los futuros regentes del andar nacional- someto a la consideración de todos esta modesta reflexión sobre mis anhelos y esperanzas para Panamá y su gente.

Para comenzar manifiesto –con preocupación- que el torneo en referencia se infectó con una maltrecha escala de valores, tanto éticos como morales, que en nada favorecen al buen desenvolvimiento futuro de nuestro endeble sistema democrático.

Esa mala praxis de que han hecho gala mucho de los protagonistas del proceso que nos ocupa –sumada a los escándalos e inconsecuencias que han aflorado durante el largo período de campaña- vuelven a estorbar la consolidación final de ese proyecto inconcluso que es aún la República de Panamá.

Siento gran satisfacción de haber representado una candidatura autónoma, no como un simple eslogan de campaña sino como actitud válida para enderezar las pequeñeces, caprichos y egoísmos que han conformado, por mucho tiempo, la esencia misma y actividad cotidiana de la política criolla.

La idea de concebir nuestra ciudad como una casa depurada de sus principales defectos se logrará -solamente- cuando el interés general prive sobre el capricho particular. Hablar de todo y con todos será posible cuando el vocabulario de valores sea común entre los actores, y que la aplicación de leyes y normas no sea la excepción, sino la regla usual.

Es por eso, y frente a lo expuesto con antelación, que respetuosamente sugiero meditar con nuestras conciencias el rumbo que le queremos dar a nuestro país y su principal ciudad.

Ojala el sentido común y el deseo de recomponer las cosas cuando aún haya tiempo para hacerlo –y no los dictámenes de posturas arcaicas, ambiciones desmedidas y lealtades mal comprendidas- me permitan ser esa persona que empiece a cristalizar el sueño de muchos y evitar -con toda mi fuerza- enterrar el derecho a la esperanza de un mejor mañana para nuestra urbe y los que en ella habitamos.

Por ello quiero renovar mi alianza con el pueblo, una alianza que continuará desde la Alcaldía, una alianza que quiero para construir con ellos la ciudad que queremos, para todos sin excepción. Esta alianza forjada al calor de las luchas tiene como objetivos atacar problemas centrales como la falta de agua, la inseguridad en las calles, las escuelas en mal estado, el reacondicionamiento de los centros de salud y, sobre todo, la restauración de la confianza de los panameños en los políticos serios que enarbolamos la bandera de los independientes.