ALCALDÍA Y SEGURIDAD
Miguel Antonio Bernal
CANDIDATO A ALCALDE DE LA CAPITAL
La violencia urbana se ha sumado a las contradicciones que caracterizan a nuestra capital, dado que es a la vez, uno de los problemas más importantes y uno de los menos entendidos. Las tasas de criminalidad y de delincuencia van en aumento y en aumento también sigue la confusión de conflicto con violencia, de violencia con criminalidad y de criminalidad con sensación de inseguridad.
No podemos perder de vista, a pesar de las “promesas electorales” de algunos, que “las ciudades son un campo de relaciones y conflicto social permanente debido a la diversidad de personas e intereses que conviven en ellas. El conflicto es consustancial con la ciudad y, por ende, proponer su desaparición sólo puede plantearse desde un enfoque autoritario que pretenda establecer una única mirada e interpretación de la realidad”.
Recordemos que la violencia y sus diferentes manifestaciones, así como la inseguridad que genera, desestimula el empleo y el crecimiento económico, obliga a la población a cambiar sus hábitos de vida cotidiana, a reducir sus actividades públicas, repele a los turistas nacionales y extranjeros. Pero, también, fragmenta aún más el crecimiento de la ciudad, disminuye la interacción social y el uso del los espacios públicos. Es así como tenemos hoy una ciudad que ha perdido sus pocos espacios públicos y cívicos, existe de parte de la población un comportamiento social mucho más individualista y el crecimiento cotidiano, a la par de los delitos, de la sensación de angustia, de marginación de temor y, al decir de Teresa Caldeira: “…la generalización de la urbanización privada, como en el caso de los barrios cerrados, que profundiza la segregación social y especial... Así la ciudad ha ido perdiendo su capacidad socializadora para convertirse en un campo de batalla”. (Teresa Caldeira: City of Walls: Crime, Segregation and Citizenship in Sao Paulo, University of California Press, Berkeley, 2000).
Más que promesas electorales, se requieren políticas de participación ciudadana con un liderazgo personal e institucional fuerte desde la Alcaldía; continuidad en las estrategias del gobierno local; una real modernización y profesionalización del aparato municipal con participación de actores municipales y de la sociedad civil y usar la prevención “como un mecanismo educativo, metodológico y de gestión”.
Programas como Escuelas de Seguridad Ciudadana (Bogotá), o de Frentes Locales de Seguridad -organizaciones de carácter comunitario que integran vecinos por cuadra- para enfrentar el miedo, la apatía, la indiferencia y la falta de solidaridad frente a los catos violentos; el Programa Zonas o Comunas Seguras, practicado en Colombia y Chile, se hacen urgentes y necesarios en nuestro medio local.
Enfatizar la importancia de la educación y de la prevención tiene, necesariamente, que ir de la mano de la democratización y descentralización para que así el gobierno local pueda jugar un papel efectivamente activo en la formulación y ejecución de políticas públicas.
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