Panamá, Año VIII, No. 214
29 de marzo al 4 de abril de 2009

SUMARIO

Nacional
Editorial
  Un callejón y una falsa salida
  Miguel Antonio Bernal
    Alcaldía y seguridad
  Juan Jované
    Medio ambiente
  Leopoldo E. Santamaría
    Voto en blanco…..
  Marco A. Gandásegui, hijo
    La mano visible del gobierno al rescate
  Ricardo Stevens
    Es solamente el clásico redondeo
  Jorge Luís Macías Fonseca
    Mensajero y mensaje
  Paco Gómez Nadal
    Palabras asesinas
  Juan Antonio Tack
    Una ilusión sin porvenir
  Angel T. Valdés M.
    El mercado de las reliquias religiosas
Internacional
  Arturo García Hernández
    Cardenal y la resurrección sandinista
  J. M. Muñoz
    La ONU asegura que Israel cometió crímenes de guerra
  El País
    La Cruz Roja confirma las torturas de la CIA
  Gilberto López y Rivas
    Los crímenes de Estado de Uribe
  Soledad Gallego-Díaz
    Paraguay: somos conscientes de que los cambios van lentos
  Immanuel Wallerstein
    Guerra civil en Estados Unidos
Pensamiento Critico
  Barbara Ehrenreich y Bill Fletcher Jr
    Reimaginar el socialismo
  Raúl Zibechi
    Los movimientos en la transición hegemónica
  Marcos Roitman Rosenmann
    La respuesta universitaria al Plan Bolonia
  Immanuel Wallerstein
    La política del desastre económico

Boletín BUSCANDO CAMINO

 

ALCALDÍA Y SEGURIDAD

Miguel Antonio Bernal

CANDIDATO A ALCALDE DE LA CAPITAL

El desafío político de gobernar la ciudad incluye el tema de la seguridad. Entre los principales problemas que enfrentan las ciudades en nuestro continente, el de la seguridad sigue encabezando la preocupación ciudadana. Según los entendidos, el incremento de la violencia y la criminalidad se ha convertido en la característica central del proceso urbano de la región. La ciudad capital en Panamá no escapa a esa realidad y, durante los últimos años, según las estadísticas y la percepción de sus habitantes, el clima de inseguridad afecta cada día más a todos los ámbitos de la vida urbana.

El incremento de la inseguridad está directamente vinculado a la perdida de espacios públicos, al comportamiento social cada vez más individualista, a la creciente sensación de angustia y temor. ¿Qué puede hacer el gobierno municipal, la Alcaldía? Sabido es que no pueden controlar el delito, dado que las fuerzas policiales no están bajo su jurisdicción, pero no cabe duda que si pueden y deben cooperar a controlarlo, pues son los llamados a conocer mejor las necesidades y los temores de la población.

Ahora bien, es fundamental que evitemos seguir confundiendo conflicto con violencia, violencia con criminalidad y criminalidad con sensación de inseguridad.  Ello es así porque la falta de precisión en la utilización de los términos conlleva consecuencias en el análisis social y tiene serias implicaciones en la formulación y ejecución de las políticas correspondientes. Debemos distinguir, entre los delincuentes, a quienes cometen delitos por necesidad y ocasionalmente, y quienes ya han sido integrados al crimen organizado como parte de bandas locales, provinciales, nacionales y, hasta transnacionales, que operan en nuestro país o a través de él.

La violencia y sus diferentes manifestaciones, desestimula el empleo y el crecimiento económico, obliga a la población a cambiar sus hábitos de vida cotidiana, a reducir sus actividades públicas, repele a los turistas nacionales y extranjeros.

Los asaltos a viviendas, los robos a los comercios, a los cajeros automáticos, a los bancos, los robos de autos, de transeúntes, de pasajeros de taxis, las diversas modalidades de secuestro “express”, están afectando a todos los sectores de la población. La prioridad del gobierno capitalino debe ser la de reconstruir la seguridad pública y restaurar , de una vez por todas, el Estado de Derecho para lograr que la Ciudad de Panamá sea realmente segura, condición indispensable si queremos alcanzar un desarrollo urbano moderno, la solidaridad y la convivencia así como un decidido mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes y visitantes cotidianos.

Una meta fundamental de nuestra gestión alcaldicia será la de lograr que la capital sea una ciudad segura. Para ello es necesario combatir frontalmente el crimen organizado, la corrupción y la expansion de la violencia social porque amenazan la ciudadanía, la democracia, el bienestar social y la seguridad pública.