ALCALDÍA Y ESPERANZA
Miguel Antonio Bernal
CANDIDATO A ALCALDE DE LA CAPITAL
Panamá conoce una situación que no cesa de agravarse. El Presidente ha hecho de la falacia su marca de gobierno, sus principales ácolitos y su "consentido" candidato a la Alcaldía, no han vacilado en imitarlo. Estamos ante un grupo mendaz que no puede más.
Se nos dice, ahora, que investigarán "la participación de los agentes del SPI, quienes en sus horas libres brindaron servicios particulares de seguridad a Murcia". El mandatario, según la nota de prensa, reiteró que "nunca ha dado instrucciones a agentes del SPI para que brindaran servicios a Murcia". ¿Quién le puede creer?
Lo mismo dijo públicamente el candidato presidencial a la Alcaldía capitalina, cuando afirmó que no conocía al tal Murcia y resultó que no sólo lo conocía, también se reunió con él y hablaron de bonos. ¿Serían los mismos bonos que repartió el candidato alcaldicio del oficialismo en Juan Díaz? (ver El Siglo, 17 de noviembre del 2008).
Estamos en una sociedad cada día más dividida, estamos ante el fracaso de los ?"rganos del Estado en el cumplimiento cabal de sus funciones, con una corrupción e impunidad que nos desquicia a todos. Nadie del gobierno ni de los candidatos quiere prever y actuar frente al colapso que se avecina y nos afectará a todos.
El llamado primer mundo vive una crisis financiera jamás vista, que no cesa de profundizarse. A diferencia de lo que ocurre aquí en Panamá, los Estados integrantes de ese sector de la sociedad internacional, tienen más y mejores recursos que nosotros para enfrentar la situación. Poseen un Estado de Derecho, instituciones democráticas, una población bien educada, con sentimiento jurídico y sentimiento constitucional.
En Panamá estamos viviendo el agotamiento de una forma de vivir y de gobernar. A veinte años de la invasión, vivimos el final de un proceso, en el que la "clase política" ha demostrado que no está en capacidad, ni tiene la voluntad, ni tampoco las condiciones de afrontar las interminables calamidades que nos amenazan. Sin embargo, aún quieren preservar la costumbre del clientelismo y del populismo que le permiten el saqueo permanente de la mano de la impunidad.
Aterrados ante la tormenta, Martín y su equipo no han sabido ni saben qué hacer, aparte de seguir con la cleptocracia y la falacia. No podemos entonces renunciar al cambio como transformación y a la democracia. Debemos hacer un llamado decidido a la insurgencia cívica de la población activa y participativa que está inconforme con el desastre y el desorden imperante.
En Panamá hay mucha gente que quiere el cambio y va por él. En la ciudad de Panamá, la mayoría de la población no quiere más de lo mismo. No quiere tampoco más monopolio del gobierno municipal y busca la oportunidad para la esperanza. No lo dude.
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