FRANCISCO DÍAZ MONTILLA
CAMPAÑAS POLÍTICAS Y MALES AFINES
Hasta ahora las campañas políticas han dado muestras de un histrionismo rampante, una desfachatez y un cinismo extremo de quienes, amparados en encuestas que no tienen por qué ser definitivas, cambian su posición sin el menor reparo y la mínima dosis de vergüenza.
Los ataques personales entre candidatos han estado a la orden del día. De mantenerse las prácticas actuales, el resultado será el de siempre: un presidente elegido porque obtuvo los votos suficientes para ello, pero sin plataforma programática alguna y un país sin rumbo.
Es necesario que como sociedad empecemos a discutir cuestiones puntuales. Y deben ser –en el escenario actual– los candidatos a la presidencia los que han de orquestar o dirigir (no determinar) esa discusión. En su lugar, los ciudadanos somos testigos de discursos huecos, sin perspectivas, emotivos y cargados de buenas intenciones pero que no nos explican la complejidad de los problemas ni los detalles de las estrategias para enfrentarlos.
Hace algunos años, el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos (CNI) publicó un documento titulado Mapping the Global Future, en el cual ofrece una visión de la situación política y económica mundial para el año 2020. Con respecto a Latinoamérica se ofrece una visión pesimista; pesimismo que es contrastado con la visión de la América Latina promisoria que ofrecen los políticos y gobernantes. Entre los peligros que según el CNI acechan a la región se identifican los siguientes: aumento de inseguridad, aumento de la informalidad laboral, una posible revolución indigenista (sobre todo en la región andina) y una América divida: al norte, países más influidos por Estados Unidos, y al sur, una Sudamérica que fortalecerá su identidad.
Aunque la imagen que ofrecen los futurólogos del CIN puede tener características diferentes, pues lo concerniente a lo lógicamente posible es extremadamente amplio, el hecho cierto es que ya se empiezan a manifestar en la zona (y nuestro país no es la excepción) algunos indicios que muestran la gravedad del asunto. Los datos muestran que la inseguridad es un fenómeno que afecta a toda el área. Y Panamá, un país en el cual se vivía con relativa tranquilidad, ha sido testigo en los últimos años de prácticas criminales hasta entonces propias de películas de Hollywood y con una intensidad dramática y alucinante. No se ha respondido a este problema de manera integral en ningún país del área, de hecho las respuestas o soluciones han sido de corte autoritarias (programas mano dura o súper mano dura). Ya en Panamá lo intentamos sin mayores resultados. Lo preocupante de todo esto es que al no haber respuestas coherentes, hay zonas que literalmente viven al margen de la ley. ¿Cuáles son las estrategias de los candidatos para enfrentar esta situación? No lo sabemos.
Igualmente, la informalidad es un fenómeno galopante en la región. Como consecuencia, a pesar de los datos macroeconómicos existentes, hay una profundización de la exclusión social de amplios sectores de la población. Si en condiciones de crecimiento en Panamá, la situación económica de amplios sectores de la población se ha agravado, ¿qué sucederá ahora que la economía empieza a desacelerarse? ¿Qué estrategias implementarán los candidatos para incrementar la creación de empleos con salarios decentes, reducir los niveles de pobreza y mejorar la calidad de vida de los asociados? ¿Qué estrategias implementarán de manera tal que se pueda insertar a amplios sectores sociales pauperizados –no sólo material sino moral y espiritualmente– en el aparato productivo? ¿Son posibles tales estrategias? No lo sabemos.
Además de la violencia y de la informalidad, habría que añadir la falta de transparencia, los insultantes gastos de las campañas, la debilidad de las instituciones, la ineficiencia gubernamental y privada, la baja productividad y competitividad, etc. Sobre estas cuestiones deberían enfocarse las campañas políticas pues los ciudadanos merecemos algo más que el histrionismo de siempre y el espectáculo bochornoso del acomodamiento.
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