JUAN ANTONIO TACK*
LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN EN LOS ESTADOS UNIDOS
-Es difícil, o mejor dicho, imposible, intentar siquiera explicar qué es la evolución a los dogmáticos que carecen de formación científica—incluyendo a millones de graduados universitarios en todas las ramas de ofertas académicas--, cegados por enseñanzas subliminales.-
Utilizo la palabra "teoría" solamente para indicar a los lectores potenciales que voy a escribir sobre algo que la gran mayoría de los seres humanos (exceptuando a los muy niños) cree que sabe de qué se trata, aunque no hayan leído ni una línea de ningún texto sobre el tema. ¡Y ni pensar que hayan leído algún librito del propio Charles Darwin! Esa gran mayoría, sólo con escuchar o leer la frase "teoría de la evolución", piensa enseguida en algo horriblemente mefistofélico, malvado, en monos convertidos en hombres (a pesar del innegable parentesco), en fin, en el mismo anticristo. Lamentablemente para esa gran mayoría, la evolución de la vida, o de las especies en el planeta Tierra no es una teoría, sino un hecho objetivo, concreto, muy bien comprobado, que se puede observar a simple vista.
La minoría de seres humanos, que conocemos la verdad irrefutable de la evolución, debemos ser conscientes de la enorme desventaja en que nos encontramos desde los puntos de vista político, económico y social. Es difícil, o mejor dicho, imposible, intentar siquiera explicar qué es la evolución a los dogmáticos que carecen de formación científica--incluyendo a millones de graduados universitarios en todas las ramas de ofertas académicas--, cegados por enseñanzas subliminales adornadas con poses teatrales prefabricadas, gestos histriónicos, gritos, música de merengue, rock, alabanzas a un "ser superior que está allá arriba". (¿Será por eso que hay que levantar las manos, cerrar los ojos y susurrar cantos indescifrables? ¿Será que ese "ser" no está, entonces, en todas partes?
Considero que un país tan grande y complejo como los Estados Unidos de América es el mejor campo experimental para intentar entender con más claridad este fenómeno deque una verdad objetiva sea rechazada por la gran mayoría. Todas las encuestas científicas y serias que se realizan regularmente en ese país confirman que el 80% de sus habitantes cree en la existencia de un Dios y del cielo, aunque no está claro lo de la creencia en el diablo y el infierno, ya que esto representa un serio problema de autorreflexión para quienes tienen todavía capacidad de reflexión dentro de ese 80%. El problema se presentaría al autopreguntarse cada uno--haciendo un recuento de todas las acciones y comportamientos durante su vida--¿a cuál de los dos lugares me enviará el Señor? Además, siempre quedará la duda sobre dónde se encuentra el "arriba" y el "abajo" en el casi infinito espacio intergaláctico que se extiende por todo el Universo.
La controversia permanente entre el montón de creacionistas y el pequeño número de científicos que defienden la verdad de la evolución, se refleja principalmente en las pugnas por los programas de estudios dentro del sistema educativo de los Estados Unidos, y en el casi increíble hecho de que, en una población de 300 millones de personas, solamente alrededor de 3 millones se dedican plenamente a la investigación y el desarrollo científico-tecnológico, que es lo que le ha dado el poderío económico-industrial-militar-científico a ese país. Los creacionistas, y recientemente con su invento del "diseño inteligente", con gran apoyo económico, están en lucha permanente para imponer a las Juntas de Educación de cada Estado de los Estados Unidos que establezcan como asignatura obligatoria la enseñanza del creacionismo (origen del Universo y de la vida según las enseñanzas de la Biblia) y la eliminación de toda mención de la palabra evolución. Para ellos, un señor que se llamó Charles Darwin nunca existió. Y Dios creó, primero a la Tierra antes que el resto del Universo, un día miércoles del 9 de junio del año 4015 a.C, a las 9 de la mañana. Es decir, el tiempo ya existía antes de la creación.
Por suerte para ese país, sus rasgos y características de grandeza intelectual, científica y cultural descansan sobre las estructuras de sus muchas excelentes Universidades, Institutos tecnológicos, Museos de Ciencias Naturales, Planetarios, un buen número de Asociaciones de Aficionados a diversas ciencias naturales, especialmente a la Astronomía, su prestigiosa Academia de Ciencias de Estados Unidos y también prestigiosos e influyentes medios de comunicación social. En este sentido, creo conveniente dar a conocer en Panamá una declaración de la mencionada Academia y un editorial del diario The New York Times.
La Academia Nacional de Ciencias (NAS, siglas en inglés) de los Estados Unidos es muy consciente de la amenaza que supone el creacionismo para la enseñanza de las ciencias naturales en todos los colegios. Es por ello que en esta primavera de 2008 ha puesto en manos de los educadores una publicación denominada Ciencias, Evolución yCreacionismo: Punto de vista de la Academia Nacional de Ciencias. (Esta publicación se encuentra todavía en inglés, por supuesto). La edición de esa obra, en inglés, se puede descargar completamente gratis en el sitio http://nationalacademies.org/evolution .
Por su parte, The New York Times publicó un editorial sobre este tema, en su edición del 7 de junio de 2008. Por la explicable limitación de espacio, sólo puedo citar los sólidos conceptos siguientes de ese formidable Editorial: "En cuanto se hace referencia a la ciencia, los creacionistas tienden a luchar contra la realidad. Ellos creen, después de todo, que la evolución por medio de la selección natural es falsa y que la Tierra tiene solamente unos muy pocos miles de años de edad. Ellos también creen que los estudiantes a quienes se les enseña el punto de vista creacionista en biología y a quienes también se les enseña a descartar el Darwinismo están en ventaja. El problema es que un "sistema creacionista de ciencia" no es ninguna ciencia. Es sólo una fe. Toda ciencia es naturalista en el sentido que ella trata de entender las leyes de la naturaleza y el carácter del Universo en sus propios términos, sin referencia a un creador divino. Cada estudiante que espera entender la realidad científica de la vida, temprano o tarde necesita aceptar la elegante verdad de la evolución como ella misma ha evolucionado desde que fue primeramente postulada por Darwin. La evolución no es una simple hipótesis. Es una teoría rigurosamente apoyada por abundante evidencia".
Espero que este artículo no sea atacado con la simple frase, muy sopeteada, "todo loque existe es obra del que está allá arriba", ya que ésta es solamente eso, una simple frase literaria que no prueba nada.
*El autor es Profesor de Filosofía jubilado.
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