Panamá, Año VII, No. 196
28 de septiembre al 11 de octubre de 2008

SUMARIO

Nacional
Editorial
    Décimos, ajuste salarial y precio del combustible
  Betty Brannan Jaén
    Sin preguntas
  Ricardo Stevens
    Es por la cabeza... empieza por la cabeza
  Claude Verges
    Propuesta de ley para la vida
  Xavier Sáez-Llorens
    El sexo juvenil y la patria potestad
  Paco Gómez Nadal
    Me rindo ante su verdad
  Juan Jované
    Seguridad y soberania alimentaria
  Ignacio Iriberri
    ¿Continuaremos permitiéndolo?
  José Arroyo Hudson
    La ARAP propicia la destrucción del ecosistema
  Marco Gandásegui h.
    El Instituto Nacional y el proyecto de Nación
  Juan Antonio Tack
    La teoría de la evolución en EU
Internacional
  Amy Goodman y Juan González
    Entrevista Joseph Stiglitz
  Immanuel Wallerstein
    Bolivia: derrota de la derecha
  Eduardo Tamayo G.
    Ecuador: Categórico triunfo de la aspiracion de cambio
  Guillermo Almeyra
    Las siete vacas, flaquísimas
  Michael Moore
    Carta a ciudadanos de Estados Unidos
  Adolfo Gilly
    Racismo, revolucion y dominacion en Bolivia
Pensamiento Critico
  Michael Hudson
    Rescate cleptocrático en EU
  Michael R. Krätke
    Hegemonia del dolar finaliza
  David Harvey
    El derecho a la ciudad
  Eric Hobsbawn
    La crisis del capitalismo y vigencia de Marx

Boletín BUSCANDO CAMINO



PREVENCIÓN Y EDUCACIÓN SEXUAL.

CLAUDE VERGÉS DE LÓPEZ

EN DEFENSA DE UNA NUEVA PROPUESTA DE LEY PARA LA VIDA

El Consejo de Gabinete aprobó una propuesta de ley para la Salud Sexual y Reproductiva que permitirá a los ministerios de Salud y de Educación brindar la atención y la información necesaria para el desarrollo integral de los niños, las niñas y sus familiares.

Esta propuesta está basada en los derechos humanos en salud, reconocidos por todos los países que se preocupan por sus ciudadanos y ciudadanas. Su aplicación debe permitir disminuir la mortalidad materna con la atención gratuita del embarazo, parto y posparto; esto es importante en el ambiente de crisis económica actual.

Además debe disminuir la mortalidad del sida pediátrico, con el tratamiento de las mujeres embarazadas y con la educación de la juventud sobre la prevención de la transmisión sexual de esta enfermedad.

Según las estadísticas del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud, de 1984 a junio de 2008 fallecieron 6 mil 243 personas por esta enfermedad, de las cuales 193 eran menores de 15 años (3.09%), lo que habla de una importante transmisión perinatal. Otras 5 mil 367 personas (el 86%), que fallecieron por el sida, tenían entre 15 y 55 años, es decir que estaban en una edad productiva y reproductiva que fue truncada.

Algunos pueden encontrar que estas cifras son bajas en comparación con la de otros países; para nosotros cada vida perdida es irremplazable. Cuando se considera que el modo de transmisión heterosexual representa 52.3% de los 9 mil 130 diagnósticos de sida en estos años, es evidente la necesidad de educación sexual.

Pero el sida es solo un aspecto del alcance de esta propuesta de ley. En el año 2007, los Juzgados de Niñez y Adolescentes a nivel nacional recibieron un total de 4 mil 404 casos de protección, lo cual implicó la atención de 5 mil 515 niños, niñas y adolescentes. El 11% (478) ingresó por abuso sexual; y 23% (mil 23), por abandono y protección, y el 17% tenía menos de seis años de edad.

Detrás de estas cifras frías, se esconden niños, niñas y adolescentes, personas de derecho moral, que merecen la protección del Estado cuando los padres y madres han fallado. ¿Quiénes son estos padres? ¿Jóvenes que no pensaron en la posibilidad de un embarazo? ¿Padres de múltiples hijos? ¿Personas en situación de pobreza y de marginalidad?

Algunos encuentran en la auto–flagelación una manera de compensar “faltas” pasadas reales o imaginarias; es su derecho íntimo. Pero no es una solución para estos niños y niñas heridos en lo más profundo de su ser por las personas en las cuales confiaban.

Es necesario prevenir estas situaciones, educarlos para que puedan defenderse de los abusos y llegar a ser adultos felices.

Es igualmente necesario permitir a las personas incluir una vida sexual plena, responsable y segura en su proyecto de vida. Nadie puede tener miedo a la educación a menos que se quiera tener a ciudadanas y ciudadanos ignorantes, para facilitar su manipulación.

Saludamos esta iniciativa que representa una esperanza en la solidaridad humana.

El autor es pediatra

La Prensa. Panamá, miércoles 1 de octubre de 2008