Panamá, Año VII, No. 189
6 al 12 de julio de 2008

SUMARIO

Nacional
Editorial
    Una situación social explosiva
  Marco A. Gandásegui, h.
    Candidatos y partidos sin programa
  Olmedo Beluche
    Elecciones sin alternativas
  Ricardo Stevens
    Su casita... su carrito, y él, mi verdugo
  Pedro Luis Prado
    Los gritos del silencio
  José Ramón Herrera
    El cuarto ministro
  Carlos Eduardo Galán Ponce
    Alentando la delincuencia
  Osvaldo Jordán
    Diálogo, respeto y compromiso
  Ernesto A. Quijada Díaz
    Existen fueros y privilegios
  Miguel A. Bernal
    Una ciudad justa y democrática (y 2)
Internacional
  Guillermo Almeyra
    Las FARC, ahora
  La Jornada
    Colombia: rescate y perspectivas
  Fidel Castro R.
    La paz romana
  Adolfo Gilly
    México: la entrega del petroleo
  Juan Arias
    La renta en Brasil, como hace siglos
  Juan Jesús Aznárez
    La violación de Zoilamérica
Pensamiento Critico
  Raúl Zibechi
    Hacia el fin de la década progresista
  Franck Gaudichaud
    El volcán latinoamericano
  Eric Toussaint
    Las experiencias en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador
  Esther Vivas
    Quién gana con la crisis alimentaria

Boletín BUSCANDO CAMINO



CARLOS EDUARDO GALÁN PONCE*

ALENTANDO LA DELINCUENCIA

La Prensa

En la modestia de su hogar, tan cercano a la casa de al lado que casi la puede tocar con solo extender su brazo, un joven trata de distraerse luego de una frugal cena. No ha acabado de abrir un libro, cuando de la casa vecina, le sobreviene el ruido ensordecedor de un violento reggae.

La resonancia es tal, que hace temblar las paredes de su casa y hasta parece que bailotearan ante sus ojos las letras en el libro. Semejante escándalo le impide concentrarse en su lectura y echa el libro a un lado. No llama a la policía porque se aburrieron de hacerlo y nunca apareció. No le piden al vecino que modere su volumen, porque cuando lo hicieron, el honor de su madre salió muy mal parado.

Enciende su pequeño televisor para tratar de ver algo ameno y repasando los canales solo encontró novelas cargadas de los peores ejemplos para la armonía familiar. De repente encuentra una película, de “acción”, donde se representa el más absoluto desprecio por la vida ajena.

Un trío entra a asaltar una empresa y antes de lanzar el más leve grito de intimidación a los presentes, uno de los asaltantes le pega un tiro en la frente a la recepcionista, el otro le revienta la cabeza con su rifle de asalto a un cliente petrificado por el miedo, mientras el más benévolo se conformaba con derribar de un golpe a una anciana inofensiva, para luego entrarle a patadas en el suelo.

Solo entonces, luego de ese derroche de crueldad y de violencia innecesaria, pasan a solicitar el dinero que llegaron a robar. Optó por apagar el televisor. No encontró allí nada edificante.

Los padres que vemos escandalizados cómo presentan las televisoras ese tipo de programas a todas horas, recordamos los tiempos cuando esa clase de novelas no existía y los actos vandálicos eran presentados con una dosis mínima de violencia. También de ello dependían las penas que recibían los forajidos si eran apresados.

Pero ahora los delincuentes saben que, de ser capturados, le sobrarán abogados que buscarán la manera de justificar semejante sadismo o de hacer prescribir su delito o a un juez que los ponga en la calle con premura.

El dinero robado lo reembolsa una aseguradora con el aumento de las primas a todos los demás y la dama asesinada, queda anotada como “el presunto cadáver”.

Por encima del infernal ruido, el joven insiste en ver algo ilustrativo y toma unas ediciones recientes del diario La Prensa donde aparece: “Sociedad del Presidente tiene un contrato de asesoría en el extranjero de 25 mil dólares al mes”. “Botella de 25 mil dólares mensuales del Presidente y sus socios”.

El joven escudriña en su memoria tratando de encontrar en ella algún vestigio de haber siquiera escuchado alguna vez de alguien que hubiese buscado antes al actual Presidente para que lo asesorara en algo. Qué esperanza. Mueve su cabeza con una mezcla de tristeza y decepción mientras su sentido de la decencia le grita: El que debiera darnos el ejemplo. Y su correligionaria aspirante al mismo cargo no solo ve esto como algo normal, sino que alienta a sus copartidarios a que “sigan la ruta”.

Luego encuentra un titular: “Los diputados metieron un gol” y aunque no estaba en la sección de deportes, por un instante pensó que se trataba de un equipo de fútbol que se llamaba así, pero inmediatamente recapacitó. ¿“Diputados”? No, esto no puede ser nada de deportes, debe tratarse de algo retorcido. Continuando en su lectura, se entera de que no fue un solo gol, que enmascarados entre leyes que nada tenían que ver con el asunto, los “honorables” habían anotado tres goles, todos fraudulentos. El primero exonerándose ellos mismos de un impuesto.

El segundo, para que los bandidos de saco y corbata pudieran irse del país con el “billete” ajeno, lo metió un tipo Rubio, consejero de un par de ellos, caminando con el balón bajo el brazo. Y el tercero, para beneficiar a una “cuerda” de destructores de la naturaleza en las áreas revertidas, lo anotó con las manos un tal Rodríguez. Todos los esfuerzos de grupos de ciudadanos honestos por oponerse a estas tropelías resultaron infructuosos.

Es que la Asamblea alinea en sus filas a tenebrosas figuras del pasado dictatorial, reforzadas con cachorros de la segunda generación y un director que todos los clubes de Estados Unidos se lo quieren llevar. Con eso, más una dócil “aplanadora” del “Team Martín”, no hay forma que los ciudadanos serios logren anotar un solo tanto.

Luego le aparece una noticia sobre la Corte Suprema de Justicia que no alcanza a leerla porque de pronto, como por encanto, cesa el infernal ruido. Al fin podrá tratar de conciliar su sueño, pero antes de retirarse, lo que alcanza a ver comienza tan feo y es tan largo, que prefiere aprovechar la paz del momento para tratar de dormir.

Al día siguiente, “mal dormido”, ve en las noticias de la mañana lo normal de cada día. Balaceras, tres asesinatos, seis asaltos, dos nuevos “berecos” en el Gobierno, el Seguro sin medicinas, huelga de taxis y buses, cierre de calles y carreteras, caminos intransitables, calles con cráteres, un puente colapsó, escuelas cerradas, un maestro asesinado, dos diablos rojos se chocan, otro mata a un niño, depredadores demuelen otro barrio, ríos que desaparecen, manglares vendidos “a peso”, la basura comiéndose las ciudades, heces fecales navegando por las calles, “gorilas” recontratados.

Gobernantes vendiendo aire, mar y tierra y alquilándola a sus secuaces por centavos. Rellenos para regalo y “batalloneros” con corbata. El Presidente repartiendo pollitos. La gente y la naturaleza bajo ataque. Y al final. Anuncio político pagado: “Con el PRD ganamos todos”. Debe tratarse de una broma.

Sin poder ir a clases, ni tener un campo donde jugar sanamente, se encierra en su casa, donde se siente protegido de los pandilleros del barrio que insisten en reclutarlo. Una vez les abrió la puerta y el jefe de la banda, mirándolo con sus ojos turbios le dijo: “Ven, no seas tonto, mira cómo roban los grandes”. Pero él le cerró su puerta. Muchos jóvenes como él, viven decididos a hacerse hombres de bien, a pesar de todos los obstáculos que encuentran en su camino.

No solo les cuesta luchar contra tantas tentaciones en un ambiente hostil, a veces lo más difícil es poder apartar de sus mentes las dudas que les siembra el comportamiento indecoroso de personajes como los distinguidos en las líneas del diario, que les hacen flaquear su voluntad, llevándolos con frecuencia a pensar si realmente vale la pena ser honrado. Si esta sociedad, tanto pública como privada no comienza a darle a la juventud, ejemplos claros de honestidad, no podremos esperar nunca que deje de multiplicarse el germen de la delincuencia.

*El autor es ingeniero agrónomo