Panamá, Año VII, No. 187
22 al 28 de Junio de 2008

SUMARIO

Nacional
Editorial
    Las contradicciones de la huelga del transporte
  Betty Brannan Jaén
    Candidatos buscan apoyo del imperio
  Ricardo Salcedo
    Transformación del transporte
  Ricardo Stevens
    No es para reír, pero estoy muy viejo para llorar...
  Julio García Valarini
    Carta a los periodistas
  Keith Holder
    Análisis constitucional de la salud
  julio Toro Lozano
    La fusión MINSA-CSS
  Mónica Palm
    Cinta costera: Torrijos calla y AMP defiende
    Sin permiso marina del Miramar
  Marco A. Gandásegui h.
    Panamá tiene que contribuir a la paz en Colombia
  Briseida Allard Olmos
    Panamá y la iniciativa de Mérida
Internacional
  Cécile Lamarque
    Fernando Lugo y los desafíos de Paraguay
  Enrique Gutiérrez
    Nueva ley de educación en Chile
  Evo Morales
    El papel real de los migrantes
  Immanuel Wallerstein
    ¿Cómo terminaá la guerra en Irak?
  El País
    Las cárceles flotantes en EEUU
  Naomi Klein
    Los Chicago boys de Obama
Pensamiento Critico
  Raúl Zibechi
    Desigualdad y pobreza
  Luis Hernández Navarro
    Alimentos: silencioso asesino en masa
  Miguel Romero
    Guerras 'público privadas' por los recursos naturales

Boletín BUSCANDO CAMINO



Pensamiento crítico

MIGUEL ROMERO

GUERRAS ‘PÚBLICO PRIVADAS’ POR LOS RECURSOS NATURALES

Periódico Diagonal

En el capitalismo globalizado, la guerra no es solamente la continuación de la política por otros medios; es también, y a la vez, la continuación de la economía por otros medios.

Todas las guerras del presente y el futuro tienen un estado mayor conjunto, más o menos en la sombra, constituido por Gobiernos y transnacionales. Esta ‘alianza público-privada’, por utilizar el lenguaje de moda en la cooperación al desarrollo, diseña estrategias en las que cada acción militar es un negocio, y cada negocio cuenta con protección militar. Así ocurre especialmente en el negocio del petróleo. Ocurre ya hoy en Iraq el modelo de lo que David Harvey llama el nuevo imperialismo basado en la “acumulación por desposesión”.

Ocurrirá mañana de nuevo en Oriente Medio, o en la región andina latinoamericana, o en el Caspio, o en Nigeria... enclaves petroleros acompañados de despliegues militares, en los que están creciendo las guerras del futuro inmediato. Necesitamos oponer a estas guerras, aún embrionarias, movimientos pacifistas muy diferentes a los de los años ‘80. Movimientos que comprendan que las guerras no son solamente la responsabilidad de Gobiernos con ambiciones imperialistas y sus agentes directos no son solamente militares y fabricantes de armas. Ahora hay responsables y agentes que encabezan los ránkings de las bolsas ; tienen entre sus principales accionistas a entidades financieras de impoluta “responsabilidad social corporativa” ; sus intereses son defendidos con uñas y dientes por los Gobiernos de sus países en nombre del “interés nacional” ; adoptan una imagen de inocencia ecológica por medio de campañas publicitarias cínicas hasta la obscenidad... Y también tienen entre sus accionistas a ciudadanos que no se atreverían ni a tocar un arma ; tienen en sus consejos de administración a representantes de “sindicatos de clase” y en sus plantillas a cientos de afiliados sindicales y votantes de partidos considerados de izquierda... Y tienen entre sus clientes a todas y todos nosotros. Por poner un ejemplo, Repsol YPF, aquí y ahora, en este país y con este Gobierno.

Hacen falta, y urgentemente, movimientos que comprendan que el petróleo se está utilizando como un arma de destrucción masiva de las personas y de la naturaleza ; movimientos que articulen la oposición a todas las guerras en curso, en Iraq o Afganistán, con la defensa del derecho de los pueblos a la propiedad de sus recursos naturales ; que combinen la solidaridad internacional con la denuncia de las responsabilidades cercanas de los Gobiernos y las empresas de sus países ; que se dirijan a la “base social” de estas empresas, pequeños accionistas, trabajadores, sindicalistas... y no dejen que miren a otro lado, que se desentiendan de los desmanes de las empresas que les dan dividendos y primas de productividad ; que utilicen todos los medios de movilización social y presión política : las acciones en la calle, la contrapublicidad, las denuncias jurídicas y simbólicas, los observatorios sociales, las “contracumbres”, las brechas en la prensa convencional y la prensa alternativa...

Tendremos que afrontar muchas dificultades para desarrollar este pacifismo del siglo XXI. Una de ellas es especialmente compleja : somos, en mayor o menor grado, clientes de estas empresas, beneficiarios de un modo de vida que devora energía y constituye la trama civil de las guerras del petróleo. Hay que buscar una coherencia difícil entre la vida cotidiana y el compromiso social. Traducir a esta época la vieja aspiración de cambiar el mundo y la vida.