Panamá, Año VII, No. 186
15 al 21 de Junio de 2008

SUMARIO

Nacional
Editorial
    Universidad de Panamá: impunidad alimenta nuevas agresiones
  Jilma Aguilar
    Universitarios se pelearon por el estatuto
  Marco Gandásegui, h.
    Rendición de cuentas
  Anabell Herrera
    En peligro la ecología en Panamá
  Informe de la Comisión de la Verdad
    Recordando a Héctor Gallego
  Ricardo Stevens
    ¡Mi reino por un caballo?
  Clarence C. King
    La dura realidad panameña
  Paco Gómez Nadal
    Colonizadores, piratas y padrastros
  Berna Calvit
    Paga y reclama
  Pedro Luis Prados Saldaña
    Pensar no es saber pensar
  Miguel A. Bernal
    Municipio y democracia
Internacional
  Guillermo Almeyra
    Cuba: El estado y la democracia autogestionario
  Mariana Contreras
    Daniel Ortega "ciudadano ilustre"
  David Brooks
    Negativa la opinión sobre EU
  La Jornada
    Irán y la doble moral de occidente
  Enrique Dussel
    México: soberanía, estado y petróleo
  Ernesto Carmona
    Chile: las dos caras del gobierno
Pensamiento Critico
  Emir Sader
    Fases de la lucha antineoliberal
  Esther Vivas
    FAO: más libre comercio, más hambre
  Alejandro Nadal
    Precios de alimentos: adios al factor China
  Joseph Stiglitz
    Una recesión de incierta salida

Boletín BUSCANDO CAMINO



CLARENCE C. KING

LA DURA REALIDAD PANAMEÑA

 La Prensa

El consumidor panameño se enfrenta a diario a una cadena de malas noticias: alza constante en los precios de alimento, combustible, electricidad, teléfono, agua, etc., que se están convirtiendo en una fuerza desestabilizadora.

Se cuestiona seriamente la sabiduría de las privatizaciones del gobierno de Ernesto Pérez Balladares, que entregó tanto poder y ganancias a corporaciones foráneas que no operan teniendo en cuenta nuestro interés público. Es como haber entregado nuestra soberanía a personas no electas que operan estrictamente con fines de lucro.

Aunado a eso, nuestros gobernantes aprueban proyectos de minería a cielo abierto, cambios de uso de suelo, obras residenciales en zonas boscosas, venta de áreas de manglares, etc., demostrando que el dinero y las influencias políticas son más importantes para este gobierno y esas empresas transnacionales que la legalidad y la moralidad.

Es un hecho. Nuestras políticas públicas son impulsadas por el deseo de ganancia y poder de compañías contratistas privadas ineptas y no por el planeamiento gubernamental. El Gobierno está sirviendo a las corporaciones y a los ricos, no a la inversa; y la colaboración de nuestros políticos, ministros y otras instituciones en esta conspiración debería provocar ira en cada ciudadano.

El hecho de no provocar esto es testimonio de la efectividad del mito neoliberal de que la privatización, la venta de nuestros activos y la ideología de libre mercado sin ningún tipo de regulación son lo mejor para nuestros países, ignorando las advertencias de expertos económicos de incorporar normas regulatorias para el monitoreo de la nueva red económica y financiera. Sin embargo, la avaricia y la ideología pudieron más que los consejos sanos. El resultado es una crisis de dimensiones calamitosas de duración indeterminada.

La realidad ante nosotros hoy muestra que las condiciones económicas para todos –menos para los ricos y favorecidos– se han estancado y deteriorado excesivamente en los últimos 15 años. Pérez Balladares, Moscoso y Torrijos fueron todos un error fatal. Han sido 15 años de improvisación y políticas equivocadas en detrimento del pueblo panameño. ¿Les daremos cinco años más a los partidos PRD y Panameñista para improvisar? Esos dos partidos mayoritarios se han turnado en los últimos 20 años para gobernar nuestro país. ¿Puede alguien decir que nuestra situación socioeconómica ha mejorado?

Estamos en un momento histórico y crucial. Hay gran descontento en nuestra sociedad; sin embargo, no vemos ningún ente político capaz de dirigir u organizar ese descontento. El modelo político de los dos partidos mayoritarios en el país ha sido diseñado y utilizado para asegurar un dominio continuo y no cambiarán su esencia. De allí lo presuntuoso y arrogante en su actuar.

En ausencia de partidos de oposición capaces de salvaguardar los derechos del pueblo, esos dos partidos han utilizado en los últimos años la intimidación y "rufianismo" para empujar varias reformas profundas que han robado a la población sus derechos básicos, cambiando condiciones legales en detrimento de educadores, médicos, asegurados, organizaciones laborales, ambientalistas, transportistas y la población en general.

Somos recolonizados por los grandes magnates y corporaciones foráneas, y nuestra sociedad está bajo ataque cotidiano; y ahora que la cubierta legal ha sido proporcionada, todo continuará con mayor intensidad.

El pueblo panameño necesita con urgencia una institución política fuerte y solidaria, donde canalizar su ira sobre el saqueo de sus recursos, sobre la inflación asfixiante, el envenenamiento de su ambiente, servicios públicos deficientes que absorben su presupuesto y su seguridad perdida. El momento es propicio para que el pueblo plantee alternativas al statu quo. Estamos pagando un precio muy elevado por los errores de esos partidos.

Atravesamos por una seria crisis de desconfianza, pero esta administración la ha ignorado, completamente, en perjuicio de nuestra nación.

*El autor es planificador jubilado.