Panamá, Año VII, No. 185
8 al 14 de Junio de 2008

SUMARIO

Nacional
Editorial
    Panamá: una nación concesionada
  Rafael Spalding
    El partido primero
  Ángela I. Figueroa Sorrentini
    Se acabó el periodo de gracia
  Miguel Antonio Bernal
    De corte a quinta
  Marco A. Gandásegui h.
    Tres proyectos de dudosa transparencia
  Juan Pérez Archibold
    La vena eléctrica por Kuna Yala y Centroamérica
  AEVE
    Boletín de Noticias
  Ana Teresa Benjamín y Urania Cecilia Molina
    Inflación, golpe para los más débiles
  Leopoldo Santamaría
    ¿Sistema único?
  Angel F. Achurra
    Estamos a tiempo de salvar a la CSS
  Manuel Domínguez
    El próximo presidente
  Pedro Pineda González
    ¡Hagan sus apuestas, señores!
Internacional
  Pilar Lozano
    La 'parapolítica' ensucia Colombia
  Rosa Rojas
    Abstencionismo marca consultas en Beni y Pando
  Asa Cristina Laurell
    México: hacia la crisis de la reforma de salud
  Marcos Roitman R.
    La muerte del general de la concertación chilena
  Robert Fisk
    ¿Al qaeda derrotada? Díganselo a los manines?
Pensamiento Critico
  Saul Landau ... Samuel Farber
    Presente y futuro de Cuba-Debate
  Eduardo Lucita
    La crisis económica mundial y América Latina
  Ester Vivas
    El tsunami del hambre

Boletín BUSCANDO CAMINO



ANA TERESA BENJAMÍN / URANIA CECILIA MOLINA

INFLACIÓN, GOLPE PARA LOS MÁS DÉBILES

-El costo de la canasta básica familiar es de 246.79 dólares mensuales-

Mientras los números establecen que los precios de los alimentos subieron 15.1% en abril, las familias buscan la manera de estirar sus dólares para cubrir sus necesidades alimentarias. En este escenario de inflación e inseguridad alimentaria, los niños son más vulnerables.Un niño en edad escolar necesita entre mil 200 y mil 400 calorías diarias para crecer en forma óptima. Según datos de 2003, en las áreas indígenas del país, más de la mitad de los niños menores de 5 años sufría ya de desnutrición o estaba en camino de padecerla.

LA PRENSA/ Ana Teresa Benjamín

DEFICIENCIA. Los estudios sanitarios indican que hasta el 40% de los niños en edad escolar en Panamá sufre de anemia.

 

Niños como son, los hijos de Aracelly Montenegro solo saben de juegos. Gritan y corren en el patio de la casa, fugaces entre las piernas de su madre, sin preocuparse ni un poco por los estragos que sufren los uniformes de escuela, todavía puestos.

Es mediodía en la comunidad de Las Trancas, muy cerca de la barriada de Brisas del Golf, sobre la vía Tocumen, y Aracelly cuenta lo poco que le alcanza el dinero.

Solo el jueves pasado, por ejemplo, se llevó otra sorpresa cuando, de compras en la tienda de su comunidad, se dio cuenta de que los dos dólares que llevaba para comprar "el molde de pan de siempre y un par de quesos" no le alcanzarían.

"Tuve que comprar dos michas nada más, con los quesos", dice con grandes aspavientos, mientras a su alrededor siguen las risas y los gritos de los niños.

"El problema es que acá hay una sola tienda y no suben de a centavo la comida, sino de ramplán", añade, gesticulando exageradamente.

Lo que vive Aracelly, sin embargo, no es pura impresión. En todo el mundo se reporta el alza de precios de productos básicos, y en medio de este panorama los organismos internacionales ya han advertido que la población de los países más pobres son los que están en mayor riesgo.

 

 

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU, por ejemplo, pidió hace unos días a los gobiernos que modifiquen sus políticas si estas tienden a agravar los efectos sobre los costos de productos básicos de alimentación.

La primera señal de alarma en la región se reportó en Haití, en abril pasado, cuando la población se manifestó violentamente en las calles en contra de los precios inalcanzables de la comida.

Aunque la amenaza de una crisis alimentaria es general, los niños son especialmente vulnerables. Tal como dice la nutricionista y directora nacional de Nutrición y Salud Escolar del Ministerio de Educación (Meduca), Eira de Caballero, los niños están en plena etapa de crecimiento y una desmejora en su alimentación podría comprometer su normal desarrollo.

Bolsillos rotos

Cada sábado, Ariel Guevara se reúne con algunas de las madres de los niños que atiende como director de programas para Panamá y Colón de Casa Esperanza, una institución que brinda ayuda a los chicos que son encontrados trabajando en la calle.

"Ellas están diciendo que lo que hacen en sus pequeños negocios de peluquería o puestos de venta de bollos, no les está alcanzando porque todo ha subido", cuenta Guevara.

La situación preocupa porque, aunque ninguno de los niños ha regresado a las calles aún, si la situación empeora podría suceder.

Las estadísticas de la Contraloría General de la República indican que, de abril de 2007 a abril de 2008, los precios de los alimentos, vestido y calzado, servicios básicos, salud, transporte, esparcimiento y educación, entre otros segmentos, aumentaron 8.5%.

Pero son los alimentos, precisamente, los que mayor incremento han sufrido (Ver gráfica).

"Todo empezó con el arroz y luego siguió la leche y hasta el jabón", reflexiona Ruth Solís, madre de dos.

Desacostumbrados al fenómeno de la inflación, los panameños se sorprenden con el cambio súbito de los precios que ha colocado el costo de la canasta básica familiar en 246.79 dólares mensuales, según mediciones del Ministerio de Economía y Finanzas de marzo de 2008.

Tomando en cuenta que el salario mínimo de Panamá es de 310 dólares mensuales para las pequeñas empresas (325 dólares mensuales para las grandes), es fácil entender las penurias de los que menos ganan.

Situación escolar

LA PRENSA/ Ana Teresa Benjamín

 

Pobreza. El Programa de Alimentación Complementaria busca disminuir deserción escolar.

En Las Trancas, allí donde vive Aracelly, funciona la Escuela Gabriel Lewis Galindo, a la que asisten 388 niños en dos jornadas.

"Esta es un área de extrema pobreza", cuenta el director, Leoncio Mendoza, mientras señala hacia los cerros que sostienen cientos de casitas de las comunidades de Altos de La Torre y Emberá Purú.

La escuela es una de las 3 mil 356 en todo el país que recibe crema o galletas nutricionales del Programa de Alimentación Complementaria del Meduca. Otras 348 reciben leche solamente.

Como cuenta Caballero, del Meduca, el espíritu del proyecto es que el niño se mantenga en la escuela y no deserte por hambre.

De acuerdo con la Encuesta de Niveles de Vida del MEF de 2003, en la que se midió la situación nutricional de los niños menores de 5 años, son los niños de las áreas indígenas los que mayor grado de desnutrición o riesgo de desnutrición presentan (21.5% y 32.5%, respectivamente).

Esto coloca a los niños indígenas en una situación especialmente vulnerable en este escenario de inflación y posible crisis alimentaria.

De hecho, como medida paliativa el Meduca planea aumentar, para el próximo año, el presupuesto del Programa de Alimentación Complementaria, de 15.8 millones de dólares de 2008 hasta los 22 millones para 2009, para cubrir no solo a los niños de las escuelas primarias, sino a los de premedia de las áreas rurales e indígenas.

Para el representante a.i de Unicef Panamá, Mark Connolly , estos programas "son realmente útiles porque ayudan a prevenir los impactos de los altos costos de la comida en la salud de los niños", pero para el economista Adolfo Quintero son necesarias otras medidas.

"Hay que aumentar la superficie sembrada de granos, incrementar la oferta de energía y apoyar al sector industrial, especialmente los que procesan alimentos", sugiere.

 

 

Connolly plantea, además, que "Panamá tiene muchas oportunidades para reducir estos impactos".

A diferencia de Haití, los números grandes dicen que Panamá está creciendo.

En 2007, el país creció 11.2% y, hasta febrero de 2008, los ingresos tributarios sumaron 306.5 millones de dólares, 28% más que en el mismo periodo del año pasado.