MIGUEL ANTONIO BERNAL*
DE CORTE A QUINTA
En la constitución militarista aún vigente en nuestro país, los derechos fundamentales se mueven dentro de un sin fin de limitaciones legales. El constitucionalismo enseña que debe ser al revés: las limitaciones legales deben moverse dentro de los derechos fundamentales.
La teoría constitucional moderna que he aprendido de Haberle (y que comparto a diario en las aulas con mis estudiantes), me ha confirmado y ratificado que la constitución es cultura. Es la expresión de una situación cultural, es el instrumento de auto representación del pueblo, espejo de su patrimonio cultural. La Constitución, si es de verdad, no puede ser un conjunto de normas dirigido a los juristas, sino una guía para los ciudadanos.
Definitivamente que la constitución militarista imperante desde 1972, no llena los requisitos básicos de lo que en realidad es una Constitución, dado que no cuenta con los mecanismos necesarios para el desarrollo de sus nacionales, no se preocupa por la educación, por los Derechos fundamentales, por la dignidad humana, la justicia social y el bienestar nacional. No es un texto donde nosotros los panameños vemos nuestro futuro y nuestras esperanzas. Muy por el contrario, es un texto que guillotina los derechos fundamentales y las libertades democráticas a las que tenemos derecho absoluto.
Por ello cuando, una vez más, vuelven con la intentona de recrear una Sala de salas, para, dicen ellos: “la Protección de las Garantías Fundamentales y los Derechos Humanos”, no cabe duda que el paso redoblado hacia un Estado policíaco acelera su cadencia. Los 97 artículos que contiene el borrador que “para la consideración exclusiva de los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia”, fueron digeridos en el almuerzo de cohabitación que tuvieron los integrantes del Corte con el Presidente días atrás, vuelven a poner sobre la mesa el papel de "misionero" que se le quiere dotar al casi monarca, Martín primero.
Hace un año, en este mismo espacio, alertaba a los lectores que la reelección presidencial planea en el espacio político nacional y que: “Para ello, y no para los hábeas corpus o los amparos, es que los brujos, adivinos y curanderos de las leguleyadas, andan afanosamente promocionando la denominada sala quinta, la cual, propiamente hablando, no será otra cosa que la sala de (para, por, según) Martín... Una sala para que el pseudoconstitucionalismo imperante pueda desplazarse con mayor comodidad, para que la arbitrariedad tenga un manto de legalidad…”
Veremos pronto como, "la ignorancia supina de los diputados" (Pedro Sitton Ureta, Panamá América, 13/3/07), que los motivó a aprobar un Código Penal indigno de una sociedad moderna, los llevará a la creación de la nueva sala de trueques y bellaquerías del neo-presidencialismo. La Corte pasará a ser una quinta llena de salas, para los cortesanos.
*Catedrático de Derecho Constitucional
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