Panamá, Año VII, No. 185
8 al 14 de Junio de 2008

SUMARIO

Nacional
Editorial
    Panamá: una nación concesionada
  Rafael Spalding
    El partido primero
  Ángela I. Figueroa Sorrentini
    Se acabó el periodo de gracia
  Miguel Antonio Bernal
    De corte a quinta
  Marco A. Gandásegui h.
    Tres proyectos de dudosa transparencia
  Juan Pérez Archibold
    La vena eléctrica por Kuna Yala y Centroamérica
  AEVE
    Boletín de Noticias
  Ana Teresa Benjamín y Urania Cecilia Molina
    Inflación, golpe para los más débiles
  Leopoldo Santamaría
    ¿Sistema único?
  Angel F. Achurra
    Estamos a tiempo de salvar a la CSS
  Manuel Domínguez
    El próximo presidente
  Pedro Pineda González
    ¡Hagan sus apuestas, señores!
Internacional
  Pilar Lozano
    La 'parapolítica' ensucia Colombia
  Rosa Rojas
    Abstencionismo marca consultas en Beni y Pando
  Asa Cristina Laurell
    México: hacia la crisis de la reforma de salud
  Marcos Roitman R.
    La muerte del general de la concertación chilena
  Robert Fisk
    ¿Al qaeda derrotada? Díganselo a los manines?
Pensamiento Critico
  Saul Landau ... Samuel Farber
    Presente y futuro de Cuba-Debate
  Eduardo Lucita
    La crisis económica mundial y América Latina
  Ester Vivas
    El tsunami del hambre

Boletín BUSCANDO CAMINO



ÁNGELA I. FIGUEROA SORRENTINI

SE ACABÓ EL PERÍODO DE GRACIA

Felicito al Colectivo de Camino Alternativo por su atinada decisión de publicar en la última edición las nuevas diatribas de Geraldine Emiliani en reacción al artículo de Roberto Hernández, publicado en una edición anterior. El que lo hayan hecho abre la posibilidad de un debate enriquecedor sobre el tema de la homosexualidad, algo que no puede darse en otros medios donde lo que publican está fuertemente sesgado hacia las posiciones fundamentalistas o, cuando menos, conservadoras.

Digo que nuevas diatribas por el irrespeto de la Sra. Emiliani al pretender descalificar al Profesor Hernández tildándolo de “persona que busca mitigar sus conflictos no resueltos de homosexualismo al referirse a mi persona con calificativos irrespetuosos”. No me voy a detener en las implicaciones de que el vocablo correcto es homosexualidad y no homosexualismo. Paso también por alto que, si referirse a alguien con “calificativos irrespetuosos” es señal de conflictos no resueltos, larga sería la lista de los que aquejan a la señora.

Lo que quiero destacar es lo insidioso y carente de ética del comentario. La orientación sexual real, o la por ella imaginada, del autor de Estridencias es irrelevante a los planteos que este hace. Lo correcto, lo sensato, lo respetuoso, lo ético hubiese sido intentar deconstruir sus argumentos con análisis, razonamiento, demostraciones lógicas de sus errores, evidencia empírica donde aplicase. Pero no, ataca al individuo y lo hace recurriendo a una diatriba que en nuestro medio homofóbico tiene la intención de humillar, insultar, intimidar y silenciar. Y lo más grave (¿es posible más?) es que lo hace usando el recurso discursivo “al analizar psicológicamente” con lo cual pretende conferir a su invectiva categoría de juicio experto, de apreciación científica. En Estados Unidos, que no es precisamente un ejemplo de país de avanzada, política o socialmente hablando, semejante manipulación de la autoridad simbólica proferida por la profesión para justificar prejuicios personales, le hubiera ocasionado, cuando menos, una reprimenda formal del Comité de Ética de la Asociación Americana de Psicología.

Se entiende, claro está, por qué recurre a la diatriba en lugar de la deconstrucción analítica. Es que aunque fuera una pensadora lógica y una virtuosa polemicista, defiende unas posiciones científicamente insostenibles y éticamente detestables. A falta de pan, buenas son tortas y a falta de argumentos (fundamentados en la investigación para sustentar las tesis de la enfermedad y la perversidad homosexual y, por el contrario, abundante refutación científica de dichas tesis) buenas son las injurias.

Creo que el punto interesante que la Sra. Emiliani aún no logra comprender es que en Panamá hay un número creciente de profesionales de sólida formación científica y vocación democrática dispuestos(as) a salirle al paso al cúmulo de prejuicios e ignorancia que sobre el tema de la homosexualidad expresa como si fueran verdades irrefutables. No tiene que ver con nuestra orientación sexual- estoy segura que cubrimos toda la gama de posibilidades- sino con la seriedad con que asumimos el poder que confiere el conocimiento así como el principio humanista y democrático del respeto a los derechos humanos de todas las humanas y humanos. Y ante este sentido de misión científica y humanista, pierde el poder el cuco del estigma homosexual.

Quienes quieren continuar sembrando ignorancia y veneno, que se acostumbren a las denuncias y las críticas. Llámese como se llame, porque tampoco hay que personalizar el asunto por más esfuerzos que haga la articulista de marras por ganarse un pedestal como la homófoba por excelencia del país. Se acabó el período de gracia. El debate de ideas dejará en evidencia, ante un público cada vez mayor, que no se trata de una simple diferencia de opiniones sino, de un lado, posiciones sustentadas en más de medio siglo de investigaciones científicas en sexualidad humana, estudios comparativos entre poblaciones heterosexuales y homosexuales y análisis crítico y desarrollo teórico de especialistas en diferentes ramas de la psicología, psiquiatría, medicina, sociología y neurociencia; del otro, prejuicios socioculturales con raíces en la tradición judeocristiana, es decir, en la ideología política del patriarcado.

Que se entienda, por otra parte, que la derrota en el plano de las ideas de la homofobia y lesbofobia que alega fundamentos científicos no significa que estas posiciones quedarán sin adeptos. Hay una masa fiel de seguidores, fundamentalistas o no, gentes a quienes les reconforta profundamente que les digan que, después de todo, no les hizo falta ir a una universidad o tomarse el trabajo de analizar investigaciones científicas complejas, ni siquiera leer la declaración sobre la homosexualidad de la Organización Mundial de la Salud o de una cualquiera de decenas de asociaciones profesionales prestigiosas en el campo de la psicología, psiquiatría y sexualidad humana, ni esforzarse en modo alguno para adquirir conocimiento sobre la homosexualidad porque todo, absolutamente todo lo que hay que saber sobre el tema, lo aprendieron de pequeños en la casa, en la calle, durante el recreo en el patio de la escuela, de la televisión o en la iglesia- ya fuera en los servicios religiosos o del cura pederasta de su parroquia.

Ah, casi me olvido: le sugiero a la Sra. Emiliani que si decide reclamar de nuevo un derecho a réplica, que cambie el diagnóstico porque yo sí soy lesbiana y sin conflictos por resolver. De hecho, nunca los tuve porque los conflictos también, cuando los hay, son producto de una sociedad y cultura homo/lesbofóbica, no de un cuadro patológico propio del homosexual o lesbiana.

*Socióloga, Especialista en Género