MIGUEL ANTONIO BERNAL*
MARTÍN, EL MILITARISTA
La designación de un militar al frente de la Policía es un delito. Y contra el delito perpetrado por Martín, el militarista, sólo hay una cosa que no nos es permitida: someternos al delito. Dicha designación convierte al presidente y a su ministro de Gobierno en delincuentes, porque han violado la Constitución y la Ley. También porque violan y burlan, la confianza y la inteligencia del pueblo panameño, pues saben perfectamente que "no hay peor ilegalidad que la que se reviste de legalidad".
Hace unos meses planteaba en estas páginas que: "Por formación, y por deformación, las proclividades del presidente Martín Torrijos hacia el militarismo forman parte no sólo de su propia personalidad, sino también de su política de gobierno. Por ello, desde su ascenso al poder el 1 de septiembre de 2004, la consolidación de un número plural de acciones y prácticas propias del militarismo, no han cesado de aumentar. Como tampoco el crecido número de nombramientos de funcionarios en altos y medios mandos, de formación decididamente castrense y con un prontuario nada aceptable en material de Derechos Humanos".
Envalentonado por su visita a Washington y por el espaldarazo del Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, con su apadrinamiento de la remilitarización de Panamá para impedir la democratización de la sociedad panameña, Martín, el militarista, se aprovecha de que haya pocos ciudadanos adictos a la Constitución y al constitucionalismo para fortalecer cada vez más a los enemigos de las libertades democráticas.
Vuelvo a recordar que: "La atrofia de la conciencia constitucional se ha apoderado del cuerpo social nacional. La absurda y alarmante indiferencia de los ciudadanos ante los atropellos contra las más elementales libertades públicas, ha pasado a ser la principal causa de la atracción fatal de las autoridades hacia un Estado policíaco".
Martín, el militarista, promueve la abusiva presencia de connotados militares en altas posiciones gubernamentales. En su descomedido afán de acrecentar y mantener su poder político y los privilegios que del mismo derivan, nos pone en evidencia que lo militarista es lo que predomina para él y entrega a los militares cómplices de violaciones a nuestras libertades, poder de mando y decisión gracias al silencio cómplice de su adocenada oposición político-partidista.
Martín, el militarista lleva cuatro años elevando el gasto militar y promoviendo el armamentismo.
Martín, el militarista, ha practicado la transposición de principios y formas de comportamiento propios del militarismo a otros ámbitos sociales, en que resultan extraños e inadecuados. Martín, el militarista, pretende mantenerse en el poder imponiendo a la sociedad los valores y categorías castrenses, bajo los cuales creció.
Martín, el militarista, apoyado en el silencio de la Corte Suprema de Justicia y del Ministerio Público, nos encamina hacia un Estado policíaco.
¡Actuemos ahora, mañana es tarde!
*ACTIVISTA DE DERECHOS HUMANOS
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