Panamá, Año VII, No. 184
1 al 7 de Junio de 2008

SUMARIO

Nacional
Editorial
    La crisis del combustible y del transporte
  Unidad Estudiantil Revolucionaria (UER)
    En defensa del movimiento estudiantil independiente
  Sergio Castro Sánchez
    Panamá: Hidroeléctricas y gobierno contra el pueblo Ngöbe
  Miguel Antonio Bernal
    Martín, el militariasta
  José Antonio Gómez Pérez
    El alza de precios en los alimentos
  David Ocalagán B.
    Salud Pública, ¿Un negocio?
  Comunidad Educativa CEBG Ricardo Miró
    Pronunciamiento
  Ricardo Stevens
    Gracias, señor... gracias
  Paco Gómez Nadal
    El país teflón
  Luis Espósito Picardi
    Sórdida explotación petrolera
  Aramís Averza Colamarco
    El país del cuco
  Berna Calvit
    De milagros e inconsistencias
  Iván W. De La Cruz
    Administración pública incoherente
Derecho a replica
  Geraldine Emiliani
    Réplica a artículo Estridencias y diatribas
Internacional
  La Jornada
    Irak, más de 2 mil niños encarcelados por EU
  Atilio Borón
    Renovadas amenazas contra Cuba
  Raúl Zibechi
    UNASUR: la integración posible
  Gerardo Arreola
    Cuba defiende la diversidad sexual
  Tariq Ali
    El nuevo laborismo ha muerto
  Juan Gelman
    EU, fabrica de héroes
Pensamiento Critico
  Saúl Landau
    Cuba: la lucha continúa
  Renán Vega Castor
    Hambre y globalización
  Perry Anderson
    Hobsbawn, una casandra optimista
  Alain Krivine/ Chris Den Hond 
    Mayo del 68 y la izquierda anticapitalista

Boletín BUSCANDO CAMINO



MIGUEL ANTONIO BERNAL*

MARTÍN, EL MILITARISTA

La designación de un militar al frente de la Policía es un delito. Y contra el delito perpetrado por Martín, el militarista, sólo hay una cosa que no nos es permitida: someternos al delito. Dicha designación convierte al presidente y a su ministro de Gobierno en delincuentes, porque han violado la Constitución y la Ley. También porque violan y burlan, la confianza y la inteligencia del pueblo panameño, pues saben perfectamente que "no hay peor ilegalidad que la que se reviste de legalidad".

Hace unos meses planteaba en estas páginas que: "Por formación, y por deformación, las proclividades del presidente Martín Torrijos hacia el militarismo forman parte no sólo de su propia personalidad, sino también de su política de gobierno. Por ello, desde su ascenso al poder el 1 de septiembre de 2004, la consolidación de un número plural de acciones y prácticas propias del militarismo, no han cesado de aumentar. Como tampoco el crecido número de nombramientos de funcionarios en altos y medios mandos, de formación decididamente castrense y con un prontuario nada aceptable en material de Derechos Humanos".

Envalentonado por su visita a Washington y por el espaldarazo del Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, con su apadrinamiento de la remilitarización de Panamá para impedir la democratización de la sociedad panameña, Martín, el militarista, se aprovecha de que haya pocos ciudadanos adictos a la Constitución y al constitucionalismo para fortalecer cada vez más a los enemigos de las libertades democráticas.

Vuelvo a recordar que: "La atrofia de la conciencia constitucional se ha apoderado del cuerpo social nacional. La absurda y alarmante indiferencia de los ciudadanos ante los atropellos contra las más elementales libertades públicas, ha pasado a ser la principal causa de la atracción fatal de las autoridades hacia un Estado policíaco".

Martín, el militarista, promueve la abusiva presencia de connotados militares en altas posiciones gubernamentales. En su descomedido afán de acrecentar y mantener su poder político y los privilegios que del mismo derivan, nos pone en evidencia que lo militarista es lo que predomina para él y entrega a los militares cómplices de violaciones a nuestras libertades, poder de mando y decisión gracias al silencio cómplice de su adocenada oposición político-partidista.

Martín, el militarista lleva cuatro años elevando el gasto militar y promoviendo el armamentismo.

Martín, el militarista, ha practicado la transposición de principios y formas de comportamiento propios del militarismo a otros ámbitos sociales, en que resultan extraños e inadecuados. Martín, el militarista, pretende mantenerse en el poder imponiendo a la sociedad los valores y categorías castrenses, bajo los cuales creció.

Martín, el militarista, apoyado en el silencio de la Corte Suprema de Justicia y del Ministerio Público, nos encamina hacia un Estado policíaco.

¡Actuemos ahora, mañana es tarde!

*ACTIVISTA DE DERECHOS HUMANOS