Panamá, Año VII, No. 184
1 al 7 de Junio de 2008

SUMARIO

Nacional
Editorial
    La crisis del combustible y del transporte
  Unidad Estudiantil Revolucionaria (UER)
    En defensa del movimiento estudiantil independiente
  Sergio Castro Sánchez
    Panamá: Hidroeléctricas y gobierno contra el pueblo Ngöbe
  Miguel Antonio Bernal
    Martín, el militariasta
  José Antonio Gómez Pérez
    El alza de precios en los alimentos
  David Ocalagán B.
    Salud Pública, ¿Un negocio?
  Comunidad Educativa CEBG Ricardo Miró
    Pronunciamiento
  Ricardo Stevens
    Gracias, señor... gracias
  Paco Gómez Nadal
    El país teflón
  Luis Espósito Picardi
    Sórdida explotación petrolera
  Aramís Averza Colamarco
    El país del cuco
  Berna Calvit
    De milagros e inconsistencias
  Iván W. De La Cruz
    Administración pública incoherente
Derecho a replica
  Geraldine Emiliani
    Réplica a artículo Estridencias y diatribas
Internacional
  La Jornada
    Irak, más de 2 mil niños encarcelados por EU
  Atilio Borón
    Renovadas amenazas contra Cuba
  Raúl Zibechi
    UNASUR: la integración posible
  Gerardo Arreola
    Cuba defiende la diversidad sexual
  Tariq Ali
    El nuevo laborismo ha muerto
  Juan Gelman
    EU, fabrica de héroes
Pensamiento Critico
  Saúl Landau
    Cuba: la lucha continúa
  Renán Vega Castor
    Hambre y globalización
  Perry Anderson
    Hobsbawn, una casandra optimista
  Alain Krivine/ Chris Den Hond 
    Mayo del 68 y la izquierda anticapitalista

Boletín BUSCANDO CAMINO



LUIS ESPÓSITO PICARDI*

SÓRDIDA EXPLOTACIÓN PETROLERA

Que un galón de gasolina llegue a costar al consumidor el aproximado de 4,00 dólares o más es algo inconcebible e inadmisible. Sin entrar en consideraciones complicadas y sin sentido –por estar inmersas en manipulaciones mal intencionadas–, reflexionamos con una lógica inobjetable y compartimos lo que alguna vez citó el escritor Voltaire al señalar: "el que cree que el dinero lo hace todo, está dispuesto a hacerlo todo por dinero".

Hacemos esta reflexión considerando casi, filosóficamente, que la codicia por el dinero es una fuerza que subyuga sin piedad, inclusive muchas veces con una desfachatez descarnada que no se esfuerza para convencer, tal como se da en el caso de la industria petrolera, siempre muy cuestionada y que, aun en épocas de crisis, guerras y desastres naturales, se ufana de obtener y obtiene ganancias exorbitantes. Pero, ¿sacrificando a quién? ¡A todos! Sin que exista la menor duda de que "todos" somos los consumidores del mundo entero.

La gran maquinaria propagandística de estas transnacionales y nacionales petroleras ha logrado que, con uno de los estribillos bien estudiados y elaborados, nos digan despectivamente: "La gasolina o la energía más cara es la que no se tiene". El mensaje es de una claridad aterradora y amenazante: "si quieren gasolina o energía tienen que pagar el precio que nosotros establecemos".

También es claro que entre tantas falacias algunos ventrílocuos petroleros de la empresa privada –alumnos que ansían escalar las cimas del poder económico en todo este mundo globalizado– nos dicen que los precios los establece "la fuerza del mercado".

Hay que pagar los precios exorbitantes, porque la llamada "fuerza" está en el poder económico y el mercado somos los millones de consumidores explotados sórdidamente.

La realidad en nuestra República de Panamá es demostrable, e indica que es necesario revisar más detenidamente y acuciosamente lo que aparece en el modificado Decreto de Gabinete No. 5, que sustituye en partes el Decreto de Gabinete No. 36, por el cual se establece una política nacional de hidrocarburos en la República de Panamá.

El precio de paridad debe ser eliminado y en su lugar, implementar "la regulación de precios" efectiva, imparcial, pero que respete y otorgue a los actores del mercado un retorno justo a la inversión y un precio justo al consumidor.

La explotación petrolera a través de sus productos no debe permitirse. Las distorsiones que causa el alto costo de los derivados del petróleo por causa de los monopolios y oligopolios, amenazas de desabastecimiento, incumplimiento de cláusulas contractuales, manipulación del transporte en camiones cisterna, contratos de exclusividad superior a cinco años, etc., etc., todo eso se eliminaría con el proceso de regulación de precios.

Hay estudios de firmas foráneas sobre la industria petrolera que demuestran que los costos variables que se aplican para establecer el precio de paridad exceden a los costos reales y llegan a formar parte de las ganancias exorbitantes de las petroleras.

Un precio más justo en la gasolina y el diésel no es solo factible, sino que debe darse. Todo se le achaca al precio del barril de petróleo, cierto, el precio del barril del petróleo es un factor importante para establecer el precio final de los derivados que finalmente se trasladan al consumidor, eso todo el mundo lo sabe; pero peor y más escandalosas son las manipulaciones y las especulaciones sin controles que provoca que todos lleguemos a pagar un precio manipulado inescrupulosamente que nos asfixia.

*El autor es presidente de Unigas

La Prensa