RUBÉN DARÍO RODRÍGUEZ PATIÑO*
EL PRESIDENTE
-Uno-
"Tengo mucha experiencia y conozco que este país necesita el gobierno de uno solo, y palos a diestra y siniestra." Antonio López de Santa Anna, Mi historia militar y política. 1810-1874. Memorias inéditas.
La anarquía siguió al triunfo de los libertadores. Durante algo más de tres décadas las sociedades hispanoamericanas transitaron por tortuosos senderos. Establecer un nuevo orden se tornó un reto huidizo. Las cosas no podían continuar como en el pasado colonial; algo tenía que cambiar en las recién fundadas repúblicas de la América Hispana. Eran imperativas la integración nacional y la soberanía territorial. La capital se enfrentaba a las provincias. Caudillos regionales y otros señores de la guerra se devoraban en luchas fraticidas. Intereses mercantilistas y latifundistas pugnaban, haciendo dificultosa la estructuración económica. Iglesia, terratenientes, capas urbanas y otros grupos, confrontaban sus apetencias. Ni precapitalistas ni protocapitalistas. El equilibrio de las fuerzas sociales -o la preponderancia de una de ellas- se tornaba inalcanzable. La expresión política de todo ello fue el Presidente. Apelando a la tradición borbónica, los caudillos concentraron todo el poder político. Santificados unos, satanizados otros. Era necesario un mando centralizado pro tempore para construir los Estados nacionales. Empero, el recurso transitorio asumió formas institucionales duraderas. Las Constituciones Políticas latinoamericanas consagraron y legitimaron el autoritarismo presidencialista.
-Dos-
"El sólo imaginar a otro que no sea Él en tan alta magistratura es atentatorio contra los Destinos de la Nación (…) y quien tal osara, que no habrá quien, debería ser recluido por loco peligroso y de no estar loco, juzgado por traidor a la Patria (…)." Miguel Ángel Asturias, El Señor Presidente.
El Presidente de la República de Panamá escoge libremente a los ministros de Estado y a los gobernadores; a los Jefes y Gerentes de las entidades públicas autónomas, semiautónomas y empresas estatales, y a los Directores de los servicios de Policía. Además, designa a uno de los Magistrados del Tribunal Electoral y nombra al Fiscal Electoral.También a Magistrados principales -y suplentes- de la Corte Suprema de Justicia. Y, si se erige la Sala de Garantías Constitucionales, tendrá igual discrecionalidad respecto del máximo tribunal de justicia. Nomina a tres miembros de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá y a directivos del Banco Nacional. Aunque la Carta Fundamental prescribe la separación entre los órganos Legislativo, Judicial y Ejecutivo, este último -encabezado por el Presidente- está en la cima de la jerarquía estatal. La propia normatividad jurídica y las tradiciones políticas así lo resuelven. En nuestros países la política está personalizada en grado sumo. Por ello, la sucesión presidencial se torna en el eje alrededor del cual giran todas las peripecias de la clase política. La sagacidad de analistas y políticos se reduce a descubrir quién será el Presidente entrante. La deducción correcta conlleva el reacomodo de las redes clientelares y los consiguientes réditos económicos. Aunque la política es mucho más que la revelación del caudillo, en nuestra América la democracia se restringe a lo meramente electoral. Lo ha expresado así H. J. Wiarda: "el liderazgo fuerte, personalista y ejecutivo, el caudillo o la norma bonapartista no sólo se permite, sino que se espera." Instituciones y cultura políticas exhiben, pues, enormes falencias.
-Tres-
"un sistema solamente puede constituirse o cambiar en tanto que sus elementos se relacionan (...)." Niklas Luhmann, Sociedad y sistema: la ambición de la teoría.
El sistema político tiene tres componentes fundamentales: las instituciones políticas, los actores políticos y los procesos políticos. Esos elementos están en permanente interdependencia recíproca. La naturaleza de la relación define el régimen político. Forma de gobiernoysistema de partidos, sistema electoral y cultura política, confieren molde y contenido a aquel régimen. La crisis de representación exige la mutación del sistema político. Y como anticipa Dieter Nohlen "el presidencialismo debe ser el punto de partida para cualquier análisis o reforma del sistema de gobierno." Desde la independencia hasta nuestros días, el Presidente ha regido a la Nación autoritariamente. Casi dos siglos han transcurrido desde la epopeya libertaria. Un presidencialismo rígido y centralizado prevalece todavía. Por ello, la gobernanza del sistema político esta invariablemente amenazada. Y la democracia sigue siendo deficitaria.
* Catedrático de Ciencia Política (Universidad de Panamá)
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