JOSÉ ARANDA
RÉQUIEM POR LA EDUCACIÓN
Muchos han muerto en el país y otros estarán por morir. Nunca cometieron pecado mortal, jamás desearon morir, nunca buscaron o arriesgaron de tal manera que la muerte fuere un destino natural en ellos, pero murieron, al fin y al cabo, ya se fueron. La mano criminal, sin embargo, sigue pasteando impune en las llanuras de la politiquería improvisadora e irresponsable. Es un círculo vicioso que nos condena a observar la muerte repetida sin cesar. Aunque el asesino caiga, aunque sea castigado y aconductado, seguirán muriendo porque la muerte no acabará con el sujeto, tras de él hay una clase, mas bien una sub-clase; su modus vivendi es la muerte de todos, cual funeraria negocia los féretros de los caídos.
La educación ha muerto. Ya agonizaba gimiendo tambaleante en la improvisación politiquera de cada quinquenio, había sido herida de muerte cuando los gobernantes decidieron convertir la burocracia educativa en un botín político y clientelista con el cual comprar votos, conciencias y poder para satisfacer sus caprichos electoreros. Finalmente la educación panameña sucumbió en su último aliento, con ella se fueron cientos de miles de jóvenes que murieron intelectualmente antes de haber germinado en el jardín de los intelectos sociales.
Por último, los asesinos, los criminales urdieron el último plan posible para asestar el golpe de gracia, aquél que pudiera enterrarla tantos metros como fuera suficiente para no hacerla revivir jamás. El séquito de criminales menores, los matones, los mercenarios y terroristas del Estado, agrupados en el frente detestable y corrompido llamado Ministerio de educación, con premeditación y vergonzosa complicidad decidieron usurpar el dinero y los recursos que debían ser destinados a la educación de los panameños. Dicen que los responsables se agrupan en el FECE ("Frente Estatal de Corrupción Educativa").
Como si fuera poco, el "ex ministro" abandonó al enfermo en su lecho de muerte, prefirió la politiquería barata y dominguera que socorrer al caído. Él era su principal guardián. Mientras agitaba sus palmas triunfantes en la victoria fugaz y ficticia de las urnas partidistas, el enfermo murió. Al día siguiente todo el país lo supo. Todavía no ha sido condenado, la justicia no ha llegado a él, aunque sabemos que algún día lo alcanzará.
Las víctimas, los cadáveres y daños materiales no han podido ser contabilizados todavía: Robo de fondos educativos, docentes sin preparación ubicados al antojo político de los partidos, burocracia que legitima la venta política de puestos públicos, centros educativos en pésimo estado, fracasos escolares, deserciones, fuga de talentos, un pueblo invirtiendo en una educación inerte, déficit de profesionales y una sociedad condenada al oscurantismo intelectual.
La educación panameña es la crónica de una muerte anunciada, la pésima educación es el parásito que difunde la enfermedad de la desigualdad social, un pueblo ignorante seguramente será mucho más fácil de gobernar que un pueblo instruido. La muerte de la educación es, todavía, una ficción, un recurso metafórico, empero prontamente colapsará. Impidamos que eso ocurra. |