MARCO A. GANDÁSEGUI, HIJO
¡QUÉ VIVAN LOS ESTUDIANTES!
Recuerdo la canción que llevaba el título “¡Qué vivan los estudiantes!” Era una canción muy popular entre universitarios y estudiantes de secundaria. Las letras de la canción son muy sencillas. Se refieren a la crisis (cambio) que caracteriza a la juventud, período en el cual el adolescente es obligado a convertirse en adulto.
El joven tiene que entrar al mundo de los adultos, lleno de contradicciones y conflictos, donde la corrupción y la traición están a la orden del día. Pero el joven no pierde toda esperanza. Producto de sus lecturas como estudiante, sabe que hay otro mundo posible, un mundo donde puede prevalecer la paz, donde la equidad es alcanzable y la justicia puede prevalecer.
En medio de esa lucha desgarradora entre la realidad y su sueño, el estudiante se manifiesta, levanta su grito de protesta y exige respuestas. Es conciente que pronto dejará de ser joven y tendrá que entrar a ese mundo depredador. El joven siempre está apurado, le queda poco tiempo. Pareciera que una combinación de factores sociales y biológicas lo impulsan hacia delante. El presidente chileno mártir, Salvador Allende, en su momento diría que un “estudiante que no es revolucionario tiene que ser enfermo”.
El estudiante panameño es quizás el joven que mejor ha recogido esta tradición de lucha contra la injusticia y la inequidad. Durante todo el siglo XX se destacó por sus luchas sociales y por su inquebrantable compromiso con la soberanía nacional. Fue el joven estudiante a la vanguardia de las jornadas del 9 de enero (1964) que logró romper la dominación norteamericana sobre el Istmo.
En aquellas aguerridas jornadas los dueños del país y medios de comunicación, abusando de su poder, pretendieron desprestigiar a los estudiantes acusándolos de vándalos, turbas y pandilleros. Tanto diarios impresos, radio emisoras y televisoras repetían la letanía tratando de enlodar a los mártires de la patria.
Los medios hicieron lo mismo en las décadas de 1940 y 1950 cuando los estudiantes se sumaban a los trabajadores, mujeres que trabajaban en los talleres y campesinos quienes pedían mejores salarios y condiciones de trabajo. Durante los regímenes militares de las décadas de 1970 y 1980 los estudiantes también eran insultados por los medios. Civiles y militares manipulaban los medios en función de sus intereses.
El nuevo siglo XXI no ha cambiado. Los estudiantes salen a la calle a protestar contra el alto costo de la vida, contra la privatización del agua, de la salud, de la educación, y los medios repiten nuevamente su largo listado de improperios.
Los medios tienen que cambiar de táctica. Hay que buscar las causas de la protesta y hay que descubrir a los manipuladores en los Ministerios que crean “pandillas”, producen “noticias” falsas y tratan de desprestigiar a la juventud panameña.
Los estudiantes no saldrían a la calle si no existiera un pueblo empobrecido y cada vez con más hambre. No protestarían si los gobernantes y sus socios empresarios no se robaran los materiales destinados a la construcción de escuelas o de hospitales. Tampoco habría protestas si los panameños no vivieran en permanente estado de zozobra producto de la violencia generada por las políticas sociales de los gobiernos.
Mientras existan causas que lo ameriten, no habrá maniobra gubernamental o medio de comunicación capaz de detener la protesta estudiantil. ¡Qué vivan los estudiantes!
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