Panamá, Año VII, No. 182
18 al 24 de mayo de 2008

SUMARIO

Nacional
Editorial
    La universidad de espaldas al país
  Marco A. Gandásegui, h.
    ¡Qué vivan los estudiantes!
  Unidad Estudiantil Revolucionaria (U.E.R.)
    Alto a la represión al estudiantado universitario
  Paco Gómez Nadal
    La caída de los héroes públicos
  Betty Brannan Jaén
    ¿Qué esconden...?
  Rolando Villalaz Guerra
    Torrijos y la iniciativa de Mérida
  Bernardo Ezurmendia
    A nacionalizar el 49% de la luz y el teléfono
  Ileana Gólcher
    Nueve diálogos y cuatro ministros
  José Aranda
    Réquiem por la educación
  Joaquín Perurena D.
    Evadiendo la responsabilidad en salud
  Berna Calvit
    Levantar lo caído
  Pablo Lo Giudice
    Alto a la homofobia
Internacional
  Guillermo Almeyra
    Bolivia: la ley y la fuerza
  Rosa Rojas
    Promulga Evo Morales el referendo revocatorio
  Constanza Vieira
    Interpol advierte manejo inicial de archivos de las FARC
  David Brooks
    Fin a hegemonía de EU en AL
  Gerardo Arreola
    Cuba en lucha contra homofobia
  Tariq Ali
    El nuevo laborismo ha muerto
Pensamiento Critico
  Atilio A. Boron
    Pensamiento crítico y emancipación social
  James D. Cockcroft
    Elección presidencial en EE.UU. y escalada de injerencia en América Latina
  John Pilger
    América Latina :Ataque a la democracia
  Alejandro Nadal
    Crisis alimentaria: ganancias para buitres

Boletín BUSCANDO CAMINO



MARCO A. GANDÁSEGUI, HIJO

¡QUÉ VIVAN LOS ESTUDIANTES!

Recuerdo la canción que llevaba el título “¡Qué vivan los estudiantes!” Era una canción muy popular entre universitarios y estudiantes de secundaria. Las letras de la canción son muy sencillas. Se refieren a la crisis (cambio) que caracteriza a la juventud, período en el cual el adolescente es obligado a convertirse en adulto.

El joven tiene que entrar al mundo de los adultos, lleno de contradicciones y conflictos, donde la corrupción y la traición están a la orden del día. Pero el joven no pierde toda esperanza. Producto de sus lecturas como estudiante, sabe que hay otro mundo posible, un mundo donde puede prevalecer la paz, donde la equidad es alcanzable y la justicia puede prevalecer.

En medio de esa lucha desgarradora entre la realidad y su sueño, el estudiante se manifiesta, levanta su grito de protesta y exige respuestas. Es conciente que pronto dejará de ser joven y tendrá que entrar a ese mundo depredador. El joven siempre está apurado, le queda poco tiempo. Pareciera que una combinación de factores sociales y biológicas lo impulsan hacia delante. El presidente chileno mártir, Salvador Allende, en su momento diría que un “estudiante que no es revolucionario tiene que ser enfermo”.

El estudiante panameño es quizás el joven que mejor ha recogido esta tradición de lucha contra la injusticia y la inequidad. Durante todo el siglo XX se destacó por sus luchas sociales y por su inquebrantable compromiso con la soberanía nacional. Fue el joven estudiante a la vanguardia de las jornadas del 9 de enero (1964) que logró romper la dominación norteamericana sobre el Istmo.

En aquellas aguerridas jornadas los dueños del país y medios de comunicación, abusando de su poder, pretendieron desprestigiar a los estudiantes acusándolos de vándalos, turbas y pandilleros. Tanto diarios impresos, radio emisoras y televisoras repetían la letanía tratando de enlodar a los mártires de la patria.

Los medios hicieron lo mismo en las décadas de 1940 y 1950 cuando los estudiantes se sumaban a los trabajadores, mujeres que trabajaban en los talleres y campesinos quienes pedían mejores salarios y condiciones de trabajo. Durante los regímenes militares de las décadas de 1970 y 1980 los estudiantes también eran insultados por los medios. Civiles y militares manipulaban los medios en función de sus intereses.

El nuevo siglo XXI no ha cambiado. Los estudiantes salen a la calle a protestar contra el alto costo de la vida, contra la privatización del agua, de la salud, de la educación, y los medios repiten nuevamente su largo listado de improperios.

Los medios tienen que cambiar de táctica. Hay que buscar las causas de la protesta y hay que descubrir a los manipuladores en los Ministerios que crean “pandillas”, producen “noticias” falsas y tratan de desprestigiar a la juventud panameña.

Los estudiantes no saldrían a la calle si no existiera un pueblo empobrecido y cada vez con más hambre. No protestarían si los gobernantes y sus socios empresarios no se robaran los materiales destinados a la construcción de escuelas o de hospitales. Tampoco habría protestas si los panameños no vivieran en permanente estado de zozobra producto de la violencia generada por las políticas sociales de los gobiernos.

Mientras existan causas que lo ameriten, no habrá maniobra gubernamental o medio de comunicación capaz de detener la protesta estudiantil. ¡Qué vivan los estudiantes!