RICARDO ARTURO RÍOS
UN MAYO PATRIÓTICO Y HEROICO
A 50 años de la gesta heroica de la Generación del 58
-En acción simultánea, los intelectuales y profesionales de la clase media constituyen el Frente Patriótico de la Juventud (9 de enero de 1945) como entidad política independiente.-
El Panamá América/diaD
La democratización de la enseñanza surge como otra de las metas prioritarias del II Congreso Extraordinario de la Federación de Estudiantes de Panamá del 12 de diciembre de 1957.
En mayo de 1958, el año escolar se inicia en las peores condiciones, tanto de infraestructura escolar como de mobiliario, equipo y falta de personal docente. Ante el llamado "caos educativo", surgen protestas en todo el territorio nacional. De la comunidad de Aguadulce, parte una manifestación dirigida por Odilio González; en la ciudad capital se le unen el viernes 16 de mayo, las asociaciones federadas del Instituto Nacional, Artes y Oficios, Liceo de Señoritas y la Escuela Profesional. Carlos Núñez, Virginia Ramírez, Luis Aguilar, Carlos Jiménez, Ricardo Quiroz dirigen la Unión de Estudiantes Secundarios en apoyo a la marcha estudiantil coclesana.
El presidente Ernesto de la Guardia se niega a recibirlos, los estudiantes anuncian que el lunes 19 de mayo volverán con su pliego de aspiraciones al Palacio de las Garzas.
La manifestación de miles de jóvenes es detenida en la plaza de la Catedral con bombas lacrimógenas lanzadas por la Guardia Nacional. El edecán presidencial, Raúl Arias Espinoza, da la orden de impedir el paso de los estudiantes. Una bomba lacrimógena sin explotar impacta en el corazón del estudiante artesano José Manuel Araúz y lo mata. La incapacidad de manejo político de Ernesto de la Guardia, su falta de diálogo y la absurda orden de reprimir a los estudiantes ocasiona la paralización del país.
La historia oficial, deliberadamente, oculta los trágicos sucesos de mayo del 58. En el cincuentenario de ese acontecer (19 de mayo de 2008), hacemos memoria, pues como afirma Arturo Pérez Reverte en su novela El Club Dumas, los recuerdos arrastran recuerdos.
El miércoles 21 de mayo llega de Buenos Aires, Argentina, el comandante de la Guardia Nacional, Bolívar Vallarino, y ordena el sitio del Nido de Águilas. Francotiradores disparan durante varias horas contra los estudiantes allí reunidos, mientras tropas de la Guardia Nacional disuelven distintas manifestaciones populares en la ciudad capital. Usan las balas "dum dum" prohibidas por los convenios internacionales, pues al impactar el cuerpo humano, explotan. En esa mañana inmensa, una lluvia de plomo tiñe de sangre la ciudad del canal, en los barrios de Calidonia, Santa Ana, el Marañón como en el Instituto Nacional son abatidos más de 30 niños, mujeres, estudiantes y obreros, asesinados por la Guardia Nacional bajo el mando del coronel Vallarino, centenares son los heridos y detenidos. A sangre y fuego, el presidente de papel, Ernesto de la Guardia, viola el acuerdo con los estudiantes y directivos de la Universidad de Panamá, el poder militarizado de la Guardia Nacional apunta hacia los días aciagos de la dictadura militar de Torrijos, Paredes y Noriega.
En la tarde, por gestiones del profesor Tobías Díaz Blaitry, de la Asociación de Profesores, se realiza una reunión en el cuartel de la avenida A, sede del poder real del país. Asisten entre otros dirigentes estudiantiles, Andrés Cantillo, Carlos Arellano Lennox y Ricardo Arturo Ríos Torres. Se conviene desalojar el Instituto Nacional y movilizar en buses hacia la Universidad de Panamá a los centenares de estudiantes allí sitiados por la Guardia Nacional. Son muchos los estudiantes asesinados en el Nido de Águilas, los actos de heroísmo y solidaridad allí vividos son inolvidables. Carlos Jiménez, al socorrer a los compañeros caídos, es herido en una pierna, las estudiantes de enfermería y medicina, como Olivia González, con valor atienden a la muchachada estudiantil; los conductores de taxis y buses transportan al Hospital Santo Tomás a los heridos, y el pueblo da su sangre para salvar muchas vidas.
El país indignado se paraliza con una gran huelga nacional. El gobierno suspende las garantías constitucionales, censura a los medios de comunicación y militariza las ciudades de Panamá y Colón.
El Pacto de la Colina.
La Guardia Nacional sitia a dos mil estudiantes instalados en la Universidad de Panamá, hay centenares de detenidos y heridos, el país llora a más de 30 panameños asesinados por la masacre del jueves 22 de mayo.
La gestión de las autoridades universitarias, gremios sindicales y profesionales logran un acuerdo de tregua ante el conflicto nacional, se firma el Pacto de la Colina el 29 de mayo del 58. El Ejecutivo se compromete a darle prioridad a las demandas estudiantiles para solucionar el "caos educativo" en respuesta a la democratización real de la educación nacional, indemnizar a los familiares de los caídos, liberar a los detenidos, adecentar a la Guardia Nacional y eliminar su participación en los negociados denunciados, remover periódicamente los mandos de esa institución y evitar su influencia en las elecciones a favor de determinados candidatos a presidente y diputados.
La Generación del 58 es la voz ética y digna de los panameños por hacer de Panamá un país sin privilegios. Una juventud insobornable con clara conciencia nacionalista y social que nunca claudicó en sus ideales y rechazó los halagos del poder político.
El incumplimiento del Pacto de la Colina y la política represiva de Carlos Sucre como ministro de educación, en su afán de silenciar al movimiento estudiantil al expulsar a los dirigentes de las asociaciones federadas, así como la detención constante de los líderes estudiantiles, provocan un estado de permanente agitación con protestas en todo el país. En octubre de 1958, la Guardia Nacional vuelve a sitiar el Nido de Águilas ante la huelga general organizada por la Federación de Estudiantes de Panamá.
Nunca antes en la historia un movimiento estudiantil convoca, a nivel nacional, decenas de dirigentes tan combativos. Floyd Britton, Polidoro Pinzón, Eduardo Santos Blanco, Narciso Cubas representan a una juventud que nunca se doblegó ante las persecuciones, detenciones y asesinatos de una elite gubernamental sorda, ciega y muda a los reclamos populares.
A cincuenta años de la gesta heroica, rendimos homenaje a sus mártires; los responsables de tantas muertes como el presidente Ernesto de la Guardia y el comandante de la Guardia Nacional, Bolívar Vallarino, tienen una deuda de sangre con una juventud que reclamaba justicia social: pan, techo, trabajo, educación, soberanía popular y territorial. |