BETTY BRANNAN JAÉN
¿QUÉ ESCONDE MARTÍN?
WASHINGTON, D.C. –El presidente Martín Torrijos tuvo la desfachatez de presentarse el miércoles ante una conferencia hemisférica en el Departamento de Estado y poner a su gobierno como modelo de "buen gobierno" y transparencia. Más allá de que el discurso fue un ejercicio feo en auto–propaganda y simplismo intelectual ("la pobreza es mala para todos", dijo Torrijos, como niñito de escuela), rechazo totalmente la idea de que Torrijos y sus funcionarios crean en good governance y transparencia. Sobre buen gobierno solo hay que ver su triste manejo de temas como la extradición de Manuel Antonio Noriega, el transporte urbano y el envenenamiento de ciudadanos a manos del Seguro Social; sobre transparencia solo hay que ver cómo sus viajes al extranjero son manejados con secretismo extremo y una agenda a espaldas del país.
Esta es la octava columna que escribo denunciando la falta de transparencia en los viajes de Torrijos, quien ya rutinariamente hace viajes secretos con agendas secretas y reuniones secretas, pero en este viaje a Washington el gobierno de Torrijos descendió a nuevo niveles de desinformación cuando se valió de engaño para negarme acceso a la Casa Blanca. Además de que Torrijos es el único presidente pos–dictadura que ha venido a Washington sin estar acompañado por periodistas y sin dar espacio a que él y sus altos funcionarios respondan ampliamente a preguntas sobre el contenido de sus reuniones –¡y ya lo ha hecho cuatro veces!– necesito subrayar que sus funcionarios rehusaron repetidamente informar debidamente de la agenda de Torrijos en Washington y emitieron una serie de comunicados encubridores y engañosos sobre la visita.
Sobre el acceso a la Casa Blanca, comenzaré por explicar que el Gobierno estadounidense solo otorga credenciales de Casa Blanca a los periodistas asignados exclusivamente a la Casa Blanca, a tiempo completo. Como solo los medios muy grandes pueden darse ese lujo, la gran mayoría de periodistas extranjeros en Washington tenemos una credencial general y hasta hace dos años, podíamos entrar a la Casa Blanca con meramente dar 24 horas de pre–aviso y pedir un day pass. Así hice, sin problema alguno, cada vez que los presidentes Endara, Pérez Balladares y Moscoso vinieron a Washington. Pero en abril de 2006, una periodista china aprovechó su day pass (pase de un día) para gritarle acusaciones al mandatario de la China Comunista durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca y lo embarazoso de ese incidente causó que el gobierno de Bush decidiera autorizar que en el futuro, la embajada del país correspondiente controlara cuáles de sus periodistas nacionales cubren cada visita presidencial.
Pues bien, la visita de Torrijos se anunció en la tarde del jueves primero de mayo. Al día siguiente, viernes, envié un email al embajador panameño en Washington, Federico Humbert, solicitando que me incluyera en la lista de periodistas que entrarían a la Casa Blanca el martes, para cubrir la visita de Torrijos; a la vez pedí que la redacción de La Prensa ayudara a gestionar la solicitud. A las 4:46 p.m. del viernes, Humbert respondió que gestionáramos eso con equis funcionario en Panamá. Inmediatamente lo hicimos y a la medianoche, este nos contestó que volviéramos a dirigirnos a la embajada. El sábado reanudamos contacto con la embajada, pero no hubo respuesta. El domingo comencé a llamar al funcionario de la embajada a su celular, sin obtener respuesta. El lunes, la embajada nos informó que ya no era posible acreditarme para la Casa Blanca porque el viernes a las 5:00 p.m. había sido el deadline (la fecha límite) para presentar la lista de periodistas.
Desde entonces, la embajada no ha respondido a las siguientes preguntas: Si había un deadline del viernes a las 5:00 p.m. para pedir credenciales, ¿por qué no se le avisó oportunamente de eso a la jefatura de todos los medios panameños, incluyendo a La Prensa? ¿Por qué no se me informó directamente, cuando la embajada sabe muy bien que La Prensa tiene 18 años de tener su corresponsal en Washington? ¿Por qué no se nos señaló el deadline cuando los contactamos con bastante tiempo el viernes? ¿Por qué Humbert nos dio información errónea el viernes, cosa que nos hizo perder toda posibilidad de cumplir con un deadline que ni siquiera conocíamos?
La conclusión obvia es que deliberadamente excluyeron a La Prensa y que tanto secretismo algo esconde. Por ahora, tengo indicios no confirmados de que la agenda secreta incluía hacerle campaña a Samuel Lewis Navarro y endulzar la ratificación del TPC con alguna concesión en materia de seguridad. Seguiré tratando de averiguar sobre ello.
*La autora es corresponsal de ‘La Prensa’
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