LUIS ESPÓSITO PICARDI
NEFASTA MANCUERNA PETROLERA
La Prensa
Tanto los países productores de petróleo como las insaciables transnacionales petroleras han formado un binomio tan opresor y asfixiante para que la calidad de vida –que debe ser aceptable para los humanos– se vaya desvaneciendo.
Un ataque de risa incontenible me sobreviene cuando escucho a los supuestos expertos en petróleo y sus derivados hacer gala de estadísticas que han sacado de la internet para explicar lo que las transnacionales petroleras y los países productores quieren que se divulgue, pero sin tocar los temas de fondo, sea por conveniencia o por ignorancia.
La sabiduría de estos señores llega a extremos inigualables de infantilismo y, en su miope visión, presagian que el barril del petróleo llegará a 200 dólares, y nos dicen puerilmente que el mayor precio se debe tanto al frío del Sahara, al calor del Polo Norte, al incendio de una refinería, a que se secaron tres o cuatro pozos de petróleo, o pregonan que el petróleo se está acabando.
¡Cuántas irrealidades! Todos estos argumentos son para que nos "claven" con precios exorbitantes. ¿Se acuerdan ustedes de la promocionada época glacial que acabaría con el planeta? El costo de la gasolina para nosotros, "pobres estúpidos indefensos consumidores", subió. Todos estos ventrílocuos asalariados de las grandes transnacionales petroleras solo buscan lavarnos el cerebro para que aceptemos que el incremento en el costo de la gasolina sea bienvenido y aceptado con resignación.
La burla más feroz es cuando dicen que hay que ahorrar sin que los consumidores puedan o tengan la capacidad de pensar que esa campaña de ahorro se hace a "nivel mundial". Por un lado se promueve el ahorro, pero la realidad nos muestra un consumo mayor. A mayor consumo, mayores ganancias. ¿Quién gana más? Las petroleras saben eso. Los países productores encantados de la vida, las transnacionales obtienen, según lo dicho por una de ellas mismas, "ganancias obscenas" y el consumidor pagando y comiéndose el cuento de los teóricos y los "supuestos entendidos", que no tienen el intelecto para ofrecer o solucionar el catastrófico problema.
Durante décadas en Panamá vivimos con algo que se llamó "Oficina de Regulación de Precios", ahora nos ofrecen la desgracia más grande para la humanidad: "la ley de libre oferta y demanda"; eso quiere decir, a buen entendedor: yo pongo el precio y tú, pobretón, pagas y pagas. La gasolina como artículo de primera necesidad tiene que ser regulada. Regular, no congelar que es muy distinto.
Unos cuantos economistas destacados discípulos de la trilogía pasada de moda (Adan Smith, Maltus, David Ricardo) creen en el Lasser Fair, creen en la libre competencia. ¡Qué falacia!, ni siquiera en los grandes mercados hay una libre competencia. Si estas leyes de la de libre oferta y demanda son la solución, por qué hay los monopolios y los oligopolios. ¿Existen o no existen los monopolios y los oligopolios? ¿Pagamos la gasolina cara? ¿Puede estar la gasolina a un precio más aceptable y justo? Yo digo que sí. ¿Y usted lector qué dice?
*El autor es presidente de Unigas
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