Panamá, Año VII, No. 167
6 al 12 de enero de 2008

SUMARIO

Nacional
Editorial
    La rebatiña electoral
  Jorge E. Illueca
    9 de enero, en nuestro corazón
  Paco Gómez Nadal
    El superpresidente y sus superpoderes
  Julio Yao
    En el año del Hidalgo
  Marco Gandásegui, hijo
    Los "transitistas" se tomaron el canal
  Frente Santeño contra la minería
    2008, Año de lucha antiminera
  Betty Brannan Jaén
    Dinastías políticas: de Hillary a Cristina
  Genaro López
    Panamá: entre pobreza y opulencia
  Giovanny Beluche V.
    Comida o combustible
Internacional
  Emir Sader
    Otra Colombia es posible
  Raúl Zibechi
    2007: el año bisagra
  Tariq Alí
    Paquistaní merece más que política dinástica
  YVKE Mundial
    Venezuela: reducir la velocidad de cambio
Pensamiento Critico
  Guillermo Almeyra
    Cuba, el campo y la autogestión
  Osvaldo Bayer
    Delincuencia, castigo y ética
  Claudio Katz
    Las nuevas rebeliones latinoamericanas (1)

Boletín BUSCANDO CAMINO



BETTY BRANNAN JAÉN*

DINASTÍAS POLÍTICAS: DE HILLARY A CRISTINA

La Prensa

Me encanta que Barack Obama haya derrotado a Hillary Clinton en el primer encuentro preelectoral de la campaña presidencial en Estados Unidos, lo que –de paso– me recuerda que se me había quedado en el tintero comentar la elección de Cristina Kirchner en Argentina.

Claro que no me opongo para nada a que las mujeres sean mandatarias, pero sí me opongo a las dinastías políticas. Quiero líderes escogidos por méritos propios (objeción que aplico tanto a Martín Torrijos y a Mireya Moscoso en Panamá, como a George W. Bush en Estados Unidos y al hijo de Benazir Bhutto en Pakistán) y quiero sistemas políticos con una apertura de acceso que impida la creación de dinastías. Me parece muy preocupante que si Hillary ganara la Casa Blanca, el sistema político estadounidense habrá decaído en un sistema de rotación dinástica –Bush, Clinton, Bush, Clinton–, con la posibilidad de continuar la rotación con otro Bush más (Jeb). Pero si Hillary gana la Presidencia, ella al menos habrá tenido la entereza –como George Bush, hijo– de no haber montado su campaña desde la recámara del Palacio Presidencial, mientras que le reprocho fuertemente a Cristina Kirchner que ella se haya lanzado a la Presidencia de su país desde la misma Casa Rosada, que ya ocupaba como primera dama.

Advertí de esto después de estar en Buenos Aires en mayo del año pasado. Escribí lo siguiente: "El gran bochinche político del momento allá [en Argentina] es que el presidente actual –Néstor Kirchner, peronista– podría poner a su esposa Cristina como candidata presidencial en las elecciones a celebrarse en octubre, en lugar de buscar él mismo la reelección. Lo curioso es que la Constitución argentina permite que Kirchner se reelija una vez y las encuestas lo colocan en buena posición frente a sus adversarios (con una tasa de aprobación de alrededor de 57%). Entonces, pregunté a varios argentinos, ¿cual sería la ventaja de poner a su esposa como candidata en lugar de reeligirse él mismo? Crear una dinastía política que controlaría a Argentina por al menos 20 años, fue la explicación que recibí. Según esta teoría, Kirchner volvería formalmente a la Presidencia después del primer periodo de su esposa, quien después lo remplazaría nuevamente; es decir, los esposos Kirchner se jugarían la "pacheca" en la Presidencia argentina hasta al menos el año 2018.

Mientras tanto, la campaña presidencial en Estados Unidos ha comenzado en serio. El New York Times observó el viernes que entre ahora y fines de febrero, los precandidatos estadounidenses competirán en 25 contiendas preliminares. En la primera, que se celebró en Iowa el jueves pasado, el senador negro Obama sorprendió a todos con una victoria convincente (37.6%), con John Edwards de segundo (29.7%) y Hillary de tercera (29.5%). Esto fue sorpresa porque se pensó que la máquina política de Hillary, muy bien financiada, resultaría invencible en las primarias. Del lado republicano hubo otra sorpresa: ganó Mike Huckabee (34.3%), derrotando a otros candidatos con mucho más perfil y dinero. Confieso que le tengo pavor a Huckabee, un pastor bautista y ex–gobernador de Arkansas. La razón es que si no me gustan las dinastías, menos aún me gustan las teocracias; veo gran peligro en elegir a un ministro religioso a la Presidencia; pero la derecha religiosa tiene gran fuerza en el Partido Republicano y Huckabee sabe esconder su extremismo detrás de una sonrisa amable.

Por otro lado, Obama me gusta bastante. Lo encuentro refrescante y muy inteligente (para mí, pesa mucho que se haya graduado con los más altos honores de Harvard Law School), y aplaudo que él se opuso desde el principio a la guerra en Irak. A Hillary, por contraste, no le perdono su apoyo a esa guerra desastrosa. Yo no soy de las que detesta a Hillary (el internet está lleno de páginas I hate Hillary), pero sí creo que una figura tan polarizante no podrá ganar en noviembre y esa razón, por sí sola, la descalifica como posible candidata demócrata. Uno de los aspectos fascinantes (aunque lamentable) de esta campaña será la medida en que racismo y sexismo afecten el desenlace.

Como la campaña presidencial en Estados Unidos será el gran tema político de 2008, quiero utilizar esta primera columna del año nuevo para declarar abiertamente mi posición: quiero que ganen los demócratas, aunque postulen a Mickey Mouse. Para mí, lo esencial es echar a los republicanos de la Casa Blanca.

*La autora es corresponsal de La Prensa