Panamá, Año VI, No. 150
24 de junio al 7 de julio de 2007

SUMARIO

Nacional
Editorial
    El TLC, o la verdad secuestrada
    El país del cómo estudiar con hambre
  Ricardo Stevens
    Manga por hombro... pero al primer mundo
  Miguel Antonio Bernal
    La violencia que asoma
  Ángela I. Figueroa Sorrentini
    Los fundamentalistas
  Juan Jované
    Las privatización: una de las razones políticas
  Griselda López
    Murió a contramano entorpeciendo al público
  Kevin Harrington
    ¡Sígale la pista la pisto!
  Partido Alternativa Popular
    Rechaza TLC Panamá - EEUU
  José Arroyo Hudson
    Petaquilla atentando contra la vida de los campesinos
  Leopoldo E. Santamaría
    Protestas estudiantiles...
Internacional
  David Brooks
    Bush, el más odiado
  Steve Bloomfield
    Un mundo en llamas
  Damien Millet y Eric Toussaint
    FMI: La historia se repite
Pensamiento Critico
  Irina Morán
    Entrevista a Atilio Borón
  Octavio Rodríguez Araujo
    ¿Prohibir mejor que legalizar?

Boletín BUSCANDO CAMINO



Editorial

EL TLC, O LA VERDAD SECUESTRADA

El gobierno de Martín Torrijos ha firmado la pasada semana el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos. Esta semana el documento ha sido aprobado por el Consejo de Gabinete, y de forma inmediata han sido convocadas sesiones extraordinarias de la Asamblea de Diputados para ser aprobado el texto del tratado a tambor batiente.

Pese a la resistencia y protesta de los productores agropecuarios y ganaderos, de los sindicatos obreros independientes, de prestigiosos gremios profesionales e importantes sectores intelectuales, el gobierno le ha impuesto a la población un tratado que pondrá en peligro nuestra seguridad fitosanitaria, arruinará a sectores importantes del agro y de la industria, afectará severamente el desarrollo de las profesiones liberales y someterá al país, aún más si cabe, a los intereses de las multinacionales norteamericanas, con prescindencia absoluta de las necesidades de la población panameña.

La verdad secuestrada

Lo más grave de todo lo anterior es que el pueblo panameño desconoce el contenido del tratado y menos aún las últimas cláusulas impuestas por Washington en las pasadas inmediatas semanas, con el genuflexo beneplácito del gobierno panameño. Imponen el tratado gracias a una campaña de propaganda, perfectamente orquestada, cuyo fin mediático ha sido el ocultamiento del tratado mismo y el embellecimiento quirúrgico de las terribles consecuencias que todos pagaremos por la firma y aprobación del mismo.

En honor a la verdad, hemos de señalar que todos los partidos han contribuido entusiasmados al secuestro de la verdad sobre el TLC. La partidocracia es consciente de que no puede oponerse a la firma de un tratado funesto para el pueblo, pero esencial para el sistema de económico neoliberal que con tanto ahínco defienden e impulsan, en razón de las enormes riquezas que acumulan gracias al mismo, no importa que por otra parte se generalice y masifique la pobreza hasta extremos inauditos. De ahí su perversa complicidad con el secuestro de la verdad oculta del TLC. Con ello, dicho sea de paso, todos juntos se han tomado un retrato de familia: jamás podrán negar ni ocultar, llegado el momento, que participaron y auparon esta gran estafa al pueblo panameño.

El secuestro de la verdad, con la cínica complicidad de la totalidad de los integrantes de la partidocracia, ha sido elevado a “política de Estado”. En efecto, todos los partidos neoliberales callan ante el secuestro de la verdad del escandaloso negociado pronto a materializarse de la cinta costera, de la autopista Panamá-Colón, del descubrimiento y castigo de los responsables de la mayor tragedia de salud de nuestra historia, de los responsables de las 18 víctimas del autobús siniestrado, y así etcétera y etcétera. La mentira y el engaño se han constituido en instrumentos de gobierno que gozan del “consenso” de todos los partidos neoliberales. De ahí que un dirigente del Molirena nos sorprenda al declarar ante las cámaras de televisión que “la lucha por el poder no es otra cosa que la lucha por el reparto del pastel”.

Las terribles consecuencias

La aprobación del clandestino TLC firmado con los Estados Unidos constituye el mayor de los crímenes cometidos contra la Nación. Si el tratado de 1903 enfeudo el Canal, y con el la ruta de tránsito, el actual tratado de libre comercio entrega en bandeja de plata el mercado nacional y somete hasta extremos indecibles la soberanía nacional, en especial la soberanía alimentaria.

El TLC legitima que las empresas de fondos mutuos norteamericanas especulen con los fondos de pensiones de la Caja de Seguro Social. Impedirá que la CSS y el Ministerio de Salud accedan a los medicamentos genéricos que son hoy masivamente consumidos por los países europeos y de otros continentes, dada su excelente capacidad curativa y sus precios muy por debajo de los medicamentos “originales”, que tienen la misma composición de los llamados genéricos.

El TLC abre las puertas a la “competencia” entre nuestros profesionales y los profesionales norteamericanos, dado que elimina la exigencia de la nacionalidad para el ejercicio de innumerables profesiones hasta ahora protegidas. De igual manera se abrirá la puerta a la privatización de la educación pública y se pondrá en cuestión la estabilidad en el empleo de nuestros docentes.

El TLC permitirá la entrada a Panamá de alimentos genéticamente modificados, poniendo en grave peligro la salud de los consumidores,y derriba las barreras fitosanitarias que han posibilitado preservar nuestra ganadería y otros productos de plagas propias de países ajenos al nuestro. De igual manera, sustrae las licitaciones públicas de nuestra jurisdicción legal, al permitirse recurrir a instancias de “mediación” internacionales.

Una grave crisis de representación

El secuestro de la verdad como instrumento de gobierno pone en evidencia la grave “crisis de representación” de la que adolece el régimen partidocrático a través del cual se nos gobierna. En otras palabras, la separación entre los ciudadanos y los que dicen representarnos ha llegado al punto de deslegitimar el régimen político. No otra cosa fue la que ocurrió en el referéndum sobre la ampliación del Canal: la inmensa mayoría del pueblo le dio la espalda, con su abstención, a un régimen político a través del cual no se siente representado.

El derecho a decidir los destinos de la Nación le está siendo negado sistemáticamente a la inmensa mayoría del pueblo. Ninguno de los partidos del arco político escapa de esa dinámica. No existe diferenciación ninguna, que no sean los clásicos fuegos artificiales de la demagogia, entre el PRD y los partidos que simulan adversarlo. Entre ellos sólo existe una descarada lucha por “el reparto del pastel”. El país necesita con urgencia un nuevo régimen político que abra paso a la representación de las nuevas y diversas fuerzas sociales y políticas que cada día dejan constancia de su existencia: los ecologista, los trabajadores y sus gremio independientes, los sectores de las capas medias del campo y la ciudad, los que propugnan por un urbanismo racional y humanista, los indígenas abandonados a su propia suerte, y también, hay que decir, a los empresarios vinculados al mercado nacional.

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