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Mallela V. Pérez Palomino
¿LA TELE Y PUNTO?
No es que Giovanni Sartori haya descubierto el agua tibia.Los seres humanos han estado expuestos al bombardeo de la información, situaciónque se hizo más crítica después de la aparición de la televisión.
Poseer la ventana a este medio de comunicación pasó a ser una señal de estatus social y las personas pasaban horas enfrente al aparato, a tal punto que, ya no miraban el televisor, sino que éste los miraba a ellos.
A pesar de que, fue desvirtuada la Teoría de la Bala mediante el Estudio Cantril (1939), la pantalla chica no deja de ser un recurso de “marketing” individual de quienes se dirigen a la audiencia y rellenan el “sinsentido” con escenas y efectos que obnubilan al público.
Como estudiosos de la comunicación social lo sabemos.Otras personas que no se dedican al estudio del fenómeno comunicacional también lo saben, pero ese conocimiento lo utilizan para capitalizarlo en su favor, por ejemplo, los políticos.
También instituciones o instancias gubernamentales utilizan la televisión (u otros medios), para hacer opinión pública, en variadas ocasiones, desinformando a la población.
Lo más loable de la profesión periodística suele ser la información sin adjetivos, la cual induce al perceptor a juzgar por sí mismo.
Y aunque corro el riesgo de ser descalificada en mi planteamiento, el cual sería como una espada de Damocles, me expondré.
¿Quién dijo que a los grandes intereses políticos y económicos les interesa que la gente piense?
El gancho que se usa a menudo, para entretener al televidente con formas, dejando de lado el fondo, es tradicional en nuestro país.
El gancho trae consigo la manipulación de la audiencia y no quiero pasar por alto en este punto a “Lo Mejor del Boxeo”.
Este programa que, personalmente me hace recordar las actividades de los coliseos romanos en las luchas gladiadoras, es un gancho para los comentarios y opiniones que esboza su propietario, en lo referente al acontecer nacional.
Lo que no ha calibrado gran parte del público es que, el conductor de dicho programa no se cansa de repetir (redundancia) que “él comenta lo que opina porque nadie lo puede tocar o afectar por lo expresado”.
No obstante, se da a la tarea de criticar y descalificar a los ciudadanos que hacen sus luchas por convencimiento; muchos de los cuales ponen enpeligro su propia subsistencia y estabilidad.
Por supuesto que esta actitud alcanza también a las opiniones vertidas a favor de esas luchas, las cuales son atacadas sin argumentación de peso, haciéndonos regresar al punto del sinsentido y adjetivación esbozado en nuestro análisis.
Así es muy fácil opinar y criticar, cuando no se arriesga nada.Y esa es la nada de la autoridad moral que se tiene como inquisidor parlante (que no inteligente).
Existen entrevistadores (televisivos los más), que actúan como abogados del diablo ante un tema de interés general, y no ejercen la ética de su profesión frente a los invitados, si no que hacen honor al compromiso previamente adquirido con ellos.
Otros, por el contrario, plantean una ofensiva irracional abanicada, muchas veces, por la línea del medio.Se erigen así, como cortadores de brotes de opiniones.Pero preguntémosle a un jardinero lo que sucede a la planta cuando le cercena un brote.
La diversidad de pensamientos es vital para las democracias.Pero ese pensamiento diverso debe ser expresado para que sea conocido por la opinión pública.
La libertad de expresión y el derecho a la información no son sofismas.Son un pragmatismo que cada día se hace más necesario en el desarrollo de las sociedades.
La sociedad civil debe y tiene que participar en el debate de lo que le afecta, e insistimos en la calidad de un verdadero debate.
La legitimación del poder de los gobiernos escogidos democráticamente, se la dará la opinión pública (el pueblo) como resultado del ejercicio queese poder conferido, haya hecho a favor de las mayorías.
Los medios no pueden callar ante las voces de la ciudadanía, que estima no estar de acuerdo con las administraciones públicas, aunque éstas sean el resultado de comicios.
Si lo hicieran, ya no serían medios, sino extremos.
Y PUNTO.
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