|
Olmedo Beluche
La necesaria reforma electoral en Panamá
Gane el "Sí" o gane el "NO", pasado el referéndum sobre el Tercer Juego de Esclusas, la Asamblea Nacional de Diputados/as deberá abordar el proyecto de reformas al Código Electoral que le ha presentado una comisión especial organizada por el Tribunal Electoral. La mayoría de esas reformas son cosméticas y no añaden nada novedoso al anacrónico sistema político panameño, el cual avanza indefectiblemente al despeñadero.
Por ello, quienes conformamos el proyecto político que llamamos Partido Alternativa Popular, hemos presentado a la Asamblea un conjunto de propuestas que buscan una verdadera democratización del régimen panameño para acabar con un sistema que ha entronizado el bipartidismo por 16 años. Un sistema que sólo permite una alternancia entre dos partidos y sus satélites: PRD y Panameñismo. Del cual la ciudadanía empieza a estar harta.
Es que nuestro Código Electoral, pese a las reformas menores que ha sufrido en los últimos años, mantiene la esencia antidemocrática con la que fue redactado en 1978 para dar paso, de un régimen militar populista, a una democracia restringida y excluyente, controlada desde el poder económico, político y militar (de entonces) basada en la doctrina neoliberal impuesta desde el hemisferio norte.
Como en otros países de América Latina, el pueblo panameño empieza a sentir cansancio de un sistema electoral que le obliga a elegir en un menú cerrado, cuyos platos todos saben igual. Gane el PRD o los panameñistas se sigue apretando el cuello de los pobres, exprimiendo el bolsillo de las capas medias y concentrando la riqueza entre la misma minoría.
La experiencia está llevando a la gente a sacar sus propias conclusiones: cuando pensaron que Guillermo Endara marcaría un cambio respecto al régimen norieguista, resultó un personaje folklórico pero las mismas medidas antipopulares (aumento de edad de jubilación, despidos de la Ley 25, etc); luego vino Pérez Balladares y sus reformas neoliberales (al Código de Trabajo, privatizaciones, eliminación jubilaciones de docentes, etc.); le siguió la "Doña", y "la misma jeringa", bastante más corrupción; pero con Martín llegó el acabose: la misma corrupción, ningún empleo y más pobreza.
La Asamblea y el resto de los poderes del estado están en un dilema: o abren el sistema político para permitir una reforma verdadera dentro de los cauces democráticos; o siguen acumulando presión y descontento en la olla, que acabará por explotar un día de estos, como ha sucedido en otros países del continente, y se los lleva a todos por los cachos.
El Partido Alternativa Popular ha propuesto que, para permitir la participación de nuevas alternativas políticas que expresen las aspiraciones populares a un cambio real, se baje a términos razonables la cuota de adherentes requeridos para inscribir un partido, así como el método oneroso que se exige para recoger dichas firmas.
La cuota exigida es tan alta que amenaza a algunos de los partidos existentes en la actualidad. Inclusive, el oficialista Partido Popular ya posee menos adherentes de los que exige el Código Electoral. Es absurdo y una falacia que más de la mitad de la población deba estar inscrita en un partido para que el sistema funcione.
Imaginen lo que va a pasar cuando, en un par de años, se desengañen, esas decenas de miles de jóvenes pobres que votarán por el "Sí" creyendo que le van a dar trabajo en la "ampliación". Cuando finalmente se caigan todas las mentiras, la ira popular se volverá contra los manipuladores y falsarios. O se reforman o los reformamos. |