MOVIMIENTO DE MUJERES DE PANAMÁ
EN MEMORIA DE YSELA MARIS ALANÍZ DE CHIARI
Aun en su muerte, Ysela aprovecha para dejarnos sus enseñanzas. A veces se nos olvida que somos seres perecederos, se nos olvida que todas podemos morir en cualquier instante. Simbólicamente su muerte nos dice que todas nosotras podemos morir en cualquier momento y eso nos ayuda a poder re-orientar y priorizar las cosas en nuestras vidas.

Foto: Ysela Alaníz al centro.
Las compañeras del movimiento de mujeres, conocimos a Ysela, desde distintos ámbitos, y nos relacionamos con ella de distintas formas, pero todas recordamos su inteligencia, su fuerza, su compromiso con los Derechos de las Humanas y su risa y sentido del humor.
Varias de nosotras, la conocimos a través de Urania. Tal vez fue un martes, cuando llegó por primera vez a la reunión de la Alianza del Movimiento de Mujeres, aquella mujer galana, con su cabello rizado, sus grandes collares de piedra y sobre todo, su risa, capaz de abarcar la sala. Enseguida nos sorprendió su fuerza, su inteligencia y la contundencia de sus planteamientos. Tal vez fue en la primera, o en la segunda reunión cuando ella ya salió con tareas y responsabilidades que se ofreció a cumplir.
En estos últimos años, Ysela fue una miembra activa y comprometida de la Unión Nacional de Abogadas (UNA). Durante un período representaba a la UNA en CODIM, la Coordinadora para el Desarrollo Integral de la Mujer. También era parte de la Junta Directiva de CEDEM (Centro para el Desarrollo de la Mujer). Algunas la recuerdan como cómplice y aliada en las reuniones de la Comisión Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, por ejemplo en las discusiones en torno a la problemática de las adolescentes embarazadas.
Siempre la vimos comprometida con las cosas en que creía. La recordamos, particularmente desde 1999, como una abogada que junto a otras, asesoró y colaboró con la Comisión de la Mujer de la Asamblea Legislativa, en la promulgación de una serie de leyes para el logro de la equidad.
Constantemente estuvo colocando una posición firme de defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres, y en especial frente al tema de violencia contra las mujeres.
Cada vez, nos viene nuevamente a la mente el recuerdo de esa mujer inteligente, comprometida y sumamente alegre, con un especial sentido del humor.
Ha sido desde noviembre, que algunas supimos la noticia. Se estaba sintiendo mal, y tenía exámenes que realizarse. Pero no había dejado de asistir a las reuniones para la discusión sobre las transformaciones necesarias para el Mecanismo Nacional de la Mujer. En ese mismo momento estaba también recién ingresando a CLADEM (Comité Latinoamericano para la Defensa de los Derechos de las Mujeres).
Una semana después, en la siguiente reunión, fue con sus amigas y compañeras con quienes compartió la noticia de su enfermedad.
En estos difíciles meses, Ysela no dejó de informarse y conectarse vía teléfono, vía internet, o a través de sus amigas y hermanas, del caminar de la Alianza y del Movimiento.
Queremos recordarla así, llena de vida, de compromiso, de fuerza y de risa.
Algunas guardan un recuerdo particular de la tarde en que le otorgaron el Premio anual Clara González de Beringer, por su trayectoria profesional en la promoción y defensa de los derechos de las mujeres; experiencia que para ella se tradujo más allá del ejercicio del derecho en una convicción personal.
La acompañamos sus amigas y familiares con la alegría de una complicidad compartida a ese homenaje, que en voz baja nos decíamos, era una victoria de la transgresión al sistema que oprime, disminuye y a veces anula la capacidad de ser y estar, de innumerables mujeres de Panamá y del mundo. Mirábamos como se cristalizaba en ese pergamino el reconocimiento a su lucha y empeño, en alguna medida un poquito de esa victoria personal nos tocaba también a quienes compartíamos sus anhelos de activista feminista.
La tarde de su premiación Ysela, no lució su melena rizada, ni los collares de cuentas y piedras que la caracterizaban; dueña de una aplomada personalidad hizo gala de su gran capacidad para adaptarse a los tiempos y a los momentos. Ni la solemnidad del acto ni lo majestuoso del lugar, la hizo hacer las paces con los convencionalismos, habló de un escenario hemisférico que demandaba la existencia de un sujeto universal capaz de producir cambios sustanciales en las relaciones políticas de los pueblos y de los seres humanos, creía firmemente que las mujeres feministas ya estábamos haciendo importantes aportes gracias a nuestra obstinada y necia solidaridad.
Ysela, marchó innumerables veces junto a otras mujeres contra la guerra en Irak, reclamando se pusiera un alto a la intervención armada que acabaría con la destrucción de todo un pueblo, defendió además nuestro derecho a una jubilación con dignidad, asumió con pasión hasta el último momento la defensa legal de una niña de Chorrera, una víctima más de los legalismos sexistas que aún imperan en el país.
Su legado quedó también por escrito, ella realizó un módulo sobre Derechos Humanos con el cual el CEDEM continúa trabajando en la formación y sensibilización de gente joven para prevenir la violencia.
Aceptar la muerte, aun nos cuesta. Expresamos nuestra solidaridad y condolencias a su familia y amistades. También les agradecemos profundamente haber compartido a su madre, su hija, su esposa, su hermana, con nosotras, con esta otra parte de la familia. Hacemos esfuerzos, como mujeres de fe, de reconocer y entender la muerte desde una perspectiva de vida y de camino hacia la trascendencia. Sabemos que ella descansó, pero para quienes quedamos con su ausencia no es fácil. Saber que no vamos a volver a escuchar su voz levantarse tanto en la denuncia, como en la propuesta, saber que no vamos a escucharla reír, duele. Pero intentamos consolarnos con la certeza de que ella está entre nosotras.
Ysela ha sido amiga, hermana, una compañera entrañable, una maestra, una mujer con una personalidad intensa. Y queremos recordarla así, como vivía.
Como otras amigas que ya no están, nos deja un gran vacío, nostalgias que por mucho tiempo van a merodear en el pensamiento; pero también una rebeldía en pie de guerra que nos convoca a seguir con las muchas tareas inconclusas por hacer; sobre todo la convicción de que ningún tiempo es poco para cuidar, acompañar y querer a las que son y han sido maestras, compañeras, amigas y aliadas en este largo y en ocasiones agotador camino por la equidad.
Finalmente leemos textualmente una de las conclusiones del libro 10 Años de Políticas Públicas de Género en el que participó Ysela y cuya reflexión es como un testamento para el movimiento de mujeres de Panamá:
"En perspectiva consideramos hacer, renovar alianzas y pactos. Renovarla de modo tal que permita fortalecerla, (hacerla) más crítica para garantizar una justicia de género, más allá de los pactos de estado, con los candidatos/as pues la fuerza para conservar lo que duramente hemos logrado más allá de ello, proviene sobre todo de nosotras mismas y del aprendizaje, que son estos últimos años."
Panamá, 27 de julio de 2006.