EL APEDREAMIENTO: CASTIGO BIBLICO
Ricardo Stevens
El apedreamiento es un castigo bíblico, autorizado por Dios y ejecutado por la comunidad. Fue la forma de los inicios y también la más democrática, en tanto era la colectividad ofendida quien la decidía y la ejecutaba.
La crucifixión, por el otro lado, fue el método oficial, el del Estado ya existente, donde la pena se imponía no necesariamente luego de un juicio imparcial, como hoy se hace con la silla eléctrica o la inyección letal.
Pero entonces, antes, era la congregación, el pueblo, el que apedreaba a los que incumplían la ley(Nm. 15.35), apedreaba a los hijos contumaces y rebeldes hasta morir, para quitar "el mal en medio de ti"(Dt. 21.21), y así, a cuanto transgresor de lo que entonces era grave atentado contra la colectividad.
Expresiones de estas formas antiquísimas perviven en comunidades muy distantes a la sofisticada cultura occidental. Hace algunos meses el mundo fue escandalizado por la pretendida flagelación que se iba a dispensar a una madre en un pueblo africano porque se desconocía la paternidad del hijo habido por ella.
Hoy nuestros valores sobre el ser humano parecen haber cambiado, pero siempre brotan modos antiguos, como la tortura aplicada por soldados norteamericanos a prisioneros irakíes en una siniestra cárcel en las afueras de Bagdad, y ello, sin lugar a dudas, riñe con toda las supuestas virtudes del mundo cristiano y occidental que dicen defender los gringos, obviamente con mucha hipocresía, como si no supiéramos que ellos son los que han financiado e instruido a buena parte de los torturados en la Escuela de las América, por ejemplo, de la salieron casi todos los más sanguinarios dictadores que azotaron a nuestro continente, y que hoy subcontratan a torturadores, para, como aquel Pilatos, tener las manos limpias de pecado.
Pero, por otra parte, hay ocasiones en que no puedo, así nada más, censurar esa justicia primitiva, la del pueblo, ante hechos graves, como cuando recién, en la comunidad de Ayo Ayo, en Bolivia, la comunidad decidió y linchó a un alcalde acusado de corrupción, a quien la justicia estatal había dejado en la impunidad, según lo entendieron aquellos indígenas. Hace poco, otro burgomaestre, en una población peruana, sufrió la misma suerte, por las mismas razones.
Siempre me ha parecido más correcta, más justa, menos corruptible la justicia de nuestros pares, como en los juicios por jurados de conciencia. Estoy más que seguro que si de la ley popular dependiera, sí hubiera castigo para los de los afudólares , para la astucia de los durodólares , para los que hunden helicópteros, y otras manifestaciones de cinismo; y dudo que otros se atreverían a la compra y venta de votos para Magistrados o para exoneraciones injustificadas como para Panamá Ports o la venta del patrimonio nacional con propósitos claramente coimeros.
Casi nunca lo viejo es malo por viejo, las más de las veces es lo más parecido a la justicia. |