NUESTRA URGENTE TAREA
Luis Arteaga
El modelo actual de régimen burgués, impuesto por la invasión estadounidense a nuestro país en 1989 y diseñado (por supuesto) a imagen y semejanza de los intereses de quienes detentan el poder político y económico del país (partidos políticos, banqueros, transnacionales, etc.), está evidentemente desgastado y en franca decadencia. Los antecedentes inmediatos nos demuestran que, como un globo lleno de pinchazos simultáneos (desempleo, Seguridad Social, transporte público y otros), sumados a alguna nueva situación que lanzará a la ciudadanía a las calles, la partidocracia estallará. El pueblo constatará muy pronto que el nuevo jefe del Ejecutivo no romperá la camisa de fuerza que le imponen, por un lado, el neoliberalismo dominante, y por el otro, los nefastos intereses que alientan la corrupción y el clientelismo que corroen a los 3 órganos del Estado y a todo el entramado social. Es decir, que no puede (aunque hipotéticamente quiera) resolver los problemas de las mayorías si no se distancia del modelo imperante.
Ante este escenario, la izquierda panameña no logra articular una propuesta política que plantee alternativas a la población. Seguimos hablando de los enemigos del pueblo, del neoliberalismo, de los intereses mezquinos de las clases dominantes y del imperialismo, y hasta le pedimos al pueblo que vote en blanco para repudiar a los políticos y su régimen, sin que esa acción política sea la expresión de una labor realizada en el seno de la comunidad, del movimiento social y popular. Le hablamos de la conciencia, de la movilización y de la organización, pero nos mantenemos en nuestros modelos y esquemas particulares, en nuestra forma de ver, hacer y decir las cosas, sin que nuestras palabras, escritos y esfuerzos lleguen a las mayorías y produzcan mayores resultados. Y no se trata aquí de demeritar esos esfuerzos o ignorar los logros en materia de organización de sectores obreros, campesinos y gremiales; lo que planteamos es que, al final, la gente vota, y vota por los representantes de los mismos intereses de siempre porque no tiene otra opción.
Creemos que nuestra tarea fundamental e impostergable es la de proponer una alternativa de poder a los asalariados, a los campesinos, a los indígenas, a los excluidos. Urge que todas las organizaciones populares independientes y los individuos que vemos claramente la necesidad de construir un nuevo modelo de desarrollo y de gobierno, empecemos a forjar ese frente común hoy para que la movilización social no sea capitalizada nuevamente por los oportunistas de siempre. Un frente, un partido, una dirección que oriente, que convoque, que movilice, que capitalice en cada coyuntura hasta constituirse en una opción alternativa de poder; un poder alternativo.
Ni para correr a inscribirse en el Tribunal Electoral ni para rechazar intransigentemente la participación política electoral. Todas las posibilidades deben evaluarse según el momento específico que se vive. Todas las discusiones deben hacerse hasta integrar el programa mínimo unitario, que (además) ya está en la calle, en boca de la gente. Sólo hay que rescatarlo y darle contenido político para encarnarlo en miles de hombres y mujeres que construyamos un nuevo poder y una nueva democracia integral e inclusiva. Pero es necesario dejar de juzgar a quien piensa distinto; dejar de aferrarnos a MI verdad particular; ser autocríticos; escuchar y construir juntos la verdad de todos los que compartimos el proyecto de la nueva sociedad. |