"DEWEY VENCE A TRUMAN"
Ricardo Stevens
Todas las encuestas, hasta ayer, incluida la que mejor posiciona al candidato de las de carne y hueso , el Dr. José Miguel Alemán, presentan como claro vencedor a Martín Torrijos, si la elección hubiese sido el día de la muestra.
Este hecho ciertamente tiene impacto en las decisiones de los ciudadanos o en las que pudieran adoptar. Pero esta realidad no debe ser sobre valorada, porque las encuestas nunca han votado, no van a votar, y la gente sigue siendo la que vota.
Un error de sobreestimar a la encuesta parte de que ésta induce la opinión de los encuestados. Al contrario, la encuesta es la recolección de las posiciones que ya tienen las personas encuestadas. Aquí no hay el dilema del huevo y la gallina , a saber cuál fue primero. Definitivamente la opinión es previo a la encuesta; y la encuesta es solamente una muestra de lo que debe ser el universo en examen, como para saber cómo puede saber la sopa no es necesario tomarla toda, basta con una cucharada, un poquito , una probadita ; y, al final, todos los que han tomado de la sopa tendrán que decir si estuvo buena, si les gustó o no.
Pero es cierto, las encuestas sí producen efectos cuando se cree en ellas. Si no fueran instrumentos útiles para orientarnos, las campañas de Martinelli y de Alemán no hubieran volcado los esfuerzos grandes de estas últimas semanas en maltratar a la de Martín, y éste, de no creer que está tan holgado en la opinión electoral, no hubiese eludido el final debate pre-electoral, y dar pie a otra andanada de desesperados ataques.
¡Claro! Los indecisos y los que gustan de votar a ganador, pueden tomar muy en cuenta los registros de la opinión pública, teniendola como la voz de dios. Sin embargo, las encuestas no tienen la fuerza que dicen algunos de sus detractores: no deciden elecciones ni hacen ganar elecciones a quienes las van a perder.
La realidad no solamente es madre sino maestra, y en España, como ejemplo, hasta antes de los atentados en los trenes del 11 de marzo, las encuestas señalaban como vencedor al Partido Popular de Aznar, pero sucedió lo inesperado y cuatro días después perdió inesperadamente esa organización política.
Ningún político responsable debiera dejar que sus acciones de proselitismo se fundaran únicamente en los resultados de las encuestas; seguramente no lo hacen, porque sería grandísimo error, porque el final del cuento puede ser muy distinto al que vienen contando las muestras, porque los votantes serios tampoco debieran dejarse influir por el curso de las encuestas.
En Estados Unidos, en la elección de 1948, el candidato Republicano, Thomas E. Dewey, era un favoritazo en los grandes medios de comunicación masivos para ganar la elección presidencial de aquel país, al punto que el Chicago Tribune , un histórico periódico estadounidense, tituló e imprimió para el día siguiente a la votación: « Dewey defeats Truman »; la amarga verdad para ese rotativo y para el candidato conservador fue el triunfo y la reelección de Truman.
La lección es obvia: lo que cuenta al final es la cuenta de los votos. |