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Panamá, Año III, No. 49
29 de marzo al 4 de abril de 2004

Sumario
Editorial
  Elecciones, combustible y transportistas
   
  Juana Camargo
  El voto en blanco de la esperanza
   
  Ricardo Stevens
    Listo…listo… ¡Se acabó!
   
  Pastoral Social-Caritas Panamá
    Continúa el hostigamiento contra Francisco Aperador
   
Internacional
  Javier del Pino
 
La Guerra de Irak, un año después
   
Colaboraciones
  Miguel Antonio Bernal
    Presidenciables, políticos y constituyente
   
  Marco A. Gandásegui, hijo
  Campaña sin propuestas
     
Pensamiento Crítico
  Susan George
    El neoliberalismo es incompatible con la supervivencia ecológica
     
  Baltasar Garzón
    El lenguaje y sus trampas

Boletín BUSCANDO CAMINO


Correo electrónico: caminoalternativo@nodo50.org

Manifiestos de Camino Alternativo

Para rechazar la partidocracia y abrir paso a una asamblea nacional constituyente democrática; ¡Voto en blanco! (1-3-04)
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Declaraciones
Pastoral Social-Cáritas Panamá
LaCarta 98 (11-2-04)
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PRESIDENCIABLES, POLÍTICOS Y CONSTITUYENTE

Miguel Antonio Bernal

El espectáculo que nos ofrecen los candidatos presidenciales, al igual que los exponentes del Ejecutivo y del Legislativo, es cada día más deprimente. Prueba de ello es la actitud frente al tema de la Constituyente. Las cúpulas de los partidos políticos, por su parte, infatigables y activos, intentan imponer lo que Keneth Roberts ha llamado "la política de la antipolítica": hacer todo lo posible para que el pueblo no haga nada por sí mismo.

En lo anterior, "torrijistas" y "arnulfistas" van de la mano al no poder resolver los problemas surgidos, producto de la transición de la dictadura (vía invasión) y del generalizado desencanto de la mayoría de los ciudadanos con la " política" de los políticos. No sólo no han leído a Montesquieu, sino que rechazan a Thomas Paine quien enseñó que: "La vanidad y la presunción de gobernar desde más allá de la tumba es la más rídicula e insolente de todas las tiranías...Es a los vivos, y no a los muertos, a quienes se ha de satisfacer."

En efecto, pasada la euforia que provocó la caída de la dictadura, la década del 90 se cerró en Panamá en medio de una incapacidad creciente y manifiesta de poder resolver la profunda crisis del sistema de mediaciones y relaciones impuesto por las estructuras políticas heredadas del militarismo y su populismo, que es la que está llevando al país a una situación de peligrosa ingobernabilidad.

La "década perdida" para los panameños, fue la década del 90. Tanto las cúpulas del arnulfismo, como las del PRD y los satélites partidistas de ambos, decidieron comulgar juntos en la idolatría a la constitución militarista de 1972. A tal grado ha llegado la identificación de ambos bandos políticos con el esperpento jurídico que mutuamente entre ellos-se dan "lecciones de cívica" para ver quién es más "responsable" en su defensa a la Constitución que, ayer criticaban y hoy defienden en aras de un falso "Estado de derecho" donde se legisla con la intención de resolver, como por arte de magia, los problemas económicos, sociales y políticos.

Sin ningún desparpajo y con un descaro inaudito de sus principales voceros, los "populistas" del torrijismo y los "populistas" del arnulfismo -con el denominado diálogo nacional de fondo- han acordado darle la espalda a las aspiraciones ciudadanas de poder sentar en Panamá los cimientos necesarios para tener un Estado constitucional. Muy pronto han olvidado los escribanos sabatinos del gobierno arnulfista las lecciones básicas del constitucionalismo que ayer decían querer para el país. En su mutación mutua (de arnulfismo a torrijismo y viceversa) prefieren olvidar algo que un estudiante de segundo año de Derecho ya conoce: "el Estado constitucional cimenta su estructura en dos pilares fundamentales: por un lado, en el principio político democrático; por otro, en el principio jurídico de supremacía constitucional...cuando se define políticamente con claridad y sin equívocos el poder soberano, y, en virtud del principio democrático, ese poder se otorga al pueblo...porque la actuación del poder constituyente termina con la aprobación de la Constitución, la única manera imaginable de perpetuar la legitimidad democrática en el funcionamiento normal del sistema, no puede ser otra que la de transformar el principio político de soberanía popular en la fórmula jurídica de la supremacía constitucional. Por eso Paine afirmaría con acierto pleno, que en "América el soberano es la ley", esto es la Constitución" (Pedro de Vega. La Reforma Constitucional y la problemática del poder constituyente).

Al querer aprovecharse de la cultura política que aún impera en nuestro país, donde se mezclan el clientelismo y el paternalismo con la intolerancia y las muy frágiles prácticas ciudadanas, nuestros "políticos" mantienen su actitud de gran desdén hacia los sectores populares, que no son considerados como ciudadanos sino como clientelas políticas. Por eso su permanente rechazo a la Constituyente. Porque nuestros "políticos" saben que un proceso constituyente, democrático, participativo y dinámico, abriría las puertas para que los sectores excluidos puedan ser partícipes de la escena política en un guión en el cual puedan participar de su elaboración.

El pueblo panameño, a fuerza de no saber lo que quiere, ha empezado a aprender a saber lo que no quiere. Y los hechos empiezan a demostrar que éste no quiere nada con la estupidez, porque se ha dado cuenta que "la estupidez es un vicio que escoge la gente porque ofrece una forma rápida de aferrarse al poder".

La negativa de incluir la quinta papeleta, el rechazo al derecho del pueblo a ser consultado, su aversión a las necesarias reformas del Estado, y el permanente desprecio a permitir la solución de los ingentes problemas sociales y económicos, sumado a su idolatría a la corrupción, hacen obligatorio que los ciudadanos no le demos nuestro voto a ninguno de los que pretende reelegirse en la Asamblea Legislativa y rechacemos el "voto plancha", el cual nos hace ser cómplices de la democracia secuestrada por los políticos y los presidenciables que no quieren la Constituyente.