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Año
III, Número 45 | 1
al 7 de marzo 2004 |
| Sumario: Editorial : ¿Por qué el voto en blanco? Carta a los lectores: El Boletín Buscando Camino, una herramienta para la batalla de ideas Manifiesto al País de Camino Alternativo: PARA RECHAZAR A LA PARTIDOCRACIA Y ABRIR PASO A UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE DEMOCRATICA; ¡ VOTO EN BLANCO! Se robaron los zapatos del pueblo. Por Juana Camargo Se puede ser democráticamente salvaje. Por Ricardo Stevens LaCarte 98 – Pastoral Social-Cáritas Panamá ESPACIO DEL LECTOR: El año de Bayano, Felipillo y Antón de Mandinga. Por Alberto S. Barrow N. | |
“EL AÑO DE BAYANO, FELIPILLO Y ANTÓN DE MANDINGA”
Alberto S. Barrow N.
En Ghana, país situado en el occidente del continente africano, se erige la ciudad de Cape Coast , uno de los centros históricos de la trata negrera que ha sido declarado como Patrimonio Mundial. Justamente allí, el pasado 10 de enero, la Organización de Naciones Unidas dio inicio al Año Internacional de Conmemoración de la Lucha contra la Esclavitud y su Abolición, con una ceremonia en la que participó Koichiro Matsuura, Director General del Organismo para la Educación, la Ciencia y la Cultura de la ONU. “La esclavitud es una tragedia que ha permanecido olvidada por muchos años”, dijo en su momento este alto funcionario.
Ciertamente, en los libros de texto en las escuelas alrededor del mundo la historia de la trata de esclavos no ocupa precisamente un sitio de relevancia. Por el contrario, las más de las veces se la relega, cuando no oculta, dedicándole unas pinceladas a modo de “anécdota interesante”. En opinión del Director de UNESCO, “al institucionalizar la memoria, resistirse al olvido, revivir una tragedia que por muchos años ha permanecido escondida o sin reconocimiento, y al asistir a que ésta ocupe su justo lugar en la conciencia humana, estamos respondiendo a nuestro deber de recordar”.
En lo que ha sido denominado como el Comercio Transatlántico de Esclavos, entre los años 1450 y 1850, alrededor de 12 millones de seres humanos (eso eran a pesar de la visión de los colonizadores), hicieron una travesía forzada, por mar, desde sus tierras originarias hasta las colonias establecidas en Norteamérica, América Latina y el Caribe. Se estima que, aproximadamente, un 20% de esos hombres, mujeres y niños trasegados murieron antes de arribar a su destino: uno sobre el cual nunca tuvieron ocasión de decidir. Aquellos que sobrevivieron al primero de los holocaustos lucharon desde el momento mismo de su descenso a las roñosas bodegas de los galeones. Y lucharon con entereza. De esto último sin duda dan fe los valerosos alzados del “Amistad”, buque emblemático de una de las mayores verguenzas de la humanidad: la esclavitud, aún pendiente de la debida reparación histórica de los daños inflingidos a toda una etnia.
Así como ellos, y una vez en tierra firme, hubo tantos otros que no se sometieron y cuya memoria hoy reivindicamos en el espíritu de reparar las secuelas que perviven, al tiempo que intentamos construir un mundo cimentado en la tolerancia y el respeto a lo diferente, a la dignidad humana, a la paz, y en el absoluto rechazo a las nuevas formas de la esclavitud que se asoman en varios sitios del planeta.
Así es como entiendo los esfuerzos de Naciones Unidas de dedicar todo el año 2004 a la conmemoración de la lucha contra la esclavitud y su abolición. En ese sentido, opino que en el caso de Panamá no incurriríamos en transgresión alguna si optáramos por la designación de “El Año de Bayano, Felipillo y Antón de Mandinga”, pues, sin restarle méritos a muchos otros, se resume en las prodigiosas jornadas de estos tres extraordinarios luchadores anti-esclavistas, los principios y paradigmas que han de inspirar el accionar de la ONU, durante los próximos 12 meses.
Las luchas del “Rey Bayano”, como se le llegó a llamar por el respeto que alcanzó entre los suyos, así como el liderazgo de los cimarrones Felipillo y Antón de Mandinga, quienes lo dieron todo por liberar a sus pares de la sujeción, primero de facto y luego de jure , que padecieron a manos de los colonizadores españoles en el Istmo, ni más ni menos que sobre la base de la negrura de su piel, se merecen todo el realce que podamos brindarle, tanto sus descendientes como la nación entera. Valga, entonces, la oportunidad que ofrece la iniciativa de Naciones Unidas para ponerlas en su justa dimensión.
Sobre el particular, me parece útil recuperar una reflexión del profesor George Priestley, apuntado en su ensayo Un barco negrero: “si el istmo de Panamá, entre otras razones por su posición geográfica, fue receptor de una parte de esa mercancía humana trasegada a golpe de tambor y látigo, quizás tenga algo de sentido destacar en alguna de las parcelas del pensum en el que se asienta el sistema educativo panameño este interesante aspecto de la historia de millones de hombres y mujeres, cuyas descendencias todavía pululan por estas tierras en número importante, acaso como parte significativa de la nación panameña”. Esta sería, a mi humilde modo de ver, una manera responsable y constructiva de nosotros, los panameños y panameñas, de responder a nuestro indeclinable deber de recordar.