Manifiesto al país de Camino Alternativo
PARA RECHAZAR A LA PARTIDOCRACIA Y ABRIR PASO A UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE DEMOCRATICA
¡VOTO EN BLANCO!
La historia no está constituida por una sucesión de hechos inevitables e incomprensibles. También sabemos que la historia tiene un escribano colectivo, que es el pueblo, y que, por lo tanto, su historia surgirá como resultado de sus cotidianos quehaceres en el presente. Por esas razones no estamos condenados por adelantado e inevitablemente a una historia de derrotas y sufrimientos personales y colectivos. Si bien es cierto que nada puede garantizarnos la seguridad de la victoria sobre la adversidad, también es cierto que podemos luchar por escribir en el presente una historia mucho más semejante a nuestros sueños. De eso trata.
I- Lo que no puede continuar
El año 2004 será testigo de la reproducción agravada de la crisis que atenaza a la sociedad panameña. La miseria galopante que nos golpea, que se extiende y profundiza por la geografía nacional, es un volcán de cuya previsible erupción estamos todos advertidos. El desempleo, cuyos índices no amañados nos hablan de padecimientos insoportables; el deterioro de la seguridad social, que alcanzará niveles inimaginables si permitimos la ya programada privatización de los fondos de Invalidez, Vejez y Muerte y de los servicios de salud de la CSS; la escolaridad, cuyas políticas se orientan a despojar a los docentes de su estabilidad, desmejorando sus ya precarios ingresos; la seguridad ciudadana, ausente en nuestras casas, calles y barrios, frente a la cuál la única política existente es la represión sistemática contra los barrios populares, ignorando que la génesis de tal situación se encuentra en las condiciones de miseria y descomposición social en la que amplios sectores de la población, más que sobrevivir, "sobremueren".
Por otra parte, las que no pueden siquiera "sobremorir" son las mujeres de nuestra sociedad. Las crónicas rojas nos reportan diariamente los asesinatos de que son víctimas por su condición de mujer, y el régimen nada hace por impedirlo. Ellas son las que tienen que soportar más directamente la descomposición social que avanza imparable, mostrándonos cada día el espantoso rostro de sus lacras: violencia intrafamiliar, desempleo aún mayor que el de los hombres, salarios inconcebibles, paternidad irresponsable, y un largo etcétera insufrible.
De igual manera, el régimen se ha declarado enemigo irreconciliable de la naturaleza en la que vivimos y gracias a la cual vivimos. La amenaza cierta de los embalses en las riveras del Canal, la destrucción del camino ecológico denominado la Ruta de los Quetzales, la contaminación de la bahía de Panamá y de nuestros ríos, constituyen atentados diarios y sistemáticos contra la biodiversidad y nuestro habitat. La contaminación del aire y del agua continúa sin que nadie la detenga. La deforestación mercantil de nuestros bosques y el saqueo de nuestros mares parece no tener fin, por no hablar de la transformación de nuestras ciudades en trampas de muerte y cárceles asfixiantes para los ciudadanos. Detrás de todo ello está la imposición de los minoritarios intereses privados sobre los mayoritarios intereses públicos.
Podríamos dedicar días enteros a la descripción de las condiciones casi infernales en la que mal vive la mayor parte de nuestra población y la angustiosa situación por la que atraviesan los que sobreviven. Es tal la magnitud de la crisis social que atravesamos que no necesitamos explicarla, porque la experiencia personal es de todos y cada uno. Las mentiras continuadas sobre la mejoría del crecimiento económico, la disminución del desempleo, etc., ya no engañan a nadie. Esta situación no puede continuar, y debemos comprometernos todos y todas en un esfuerzo mancomunado por cambiarla y empezar a salir así de la barbarie.
II- Las amenazas del futuro inmediato
Frente a este cuadro dantesco ¿qué podemos esperar de nuestros gobernantes? La lucha por la defensa de la Caja de Seguro Social develó las intenciones de privatizarla. Pero sería un grave error pensar que esa es la única amenaza. Debemos entender que existe una política internacional elaborada, aprobada y en proceso de ejecución, por parte de las potencias internacionales hegemónicas. Se trata, en resumen, de los acuerdos del llamado Consenso de Washington alcanzados en 1989 entre el gobierno norteamericano, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, mediante los cuales se adoptaron las políticas de privatización de las empresas públicas e imposición de las reformas tributarias; apertura sin trabas a la inversión extranjera, desregulación completa de la sociedad y liberalización de los mercados. Tales políticas han venido siendo impuestas a los pueblos mediante las denominadas Cartas de Intención firmadas con el F.M.I.
Los objetivos buscados con estas reformas son los de asegurar el pago de la deuda externa, que se ha convertido impagable, y aumentar la tasa de ganancias de las grandes corporaciones y el capital bancario, arrastrada a la baja por la crisis económica que sufren las economías de las grandes potencias hegemónicas. Para lograr tales objetivos, se ha hecho necesario transformar en bienes privados a las grandes empresas rentables de servicios públicos y eliminar, para ello, todas las trabas existentes a la inversión extranjera. Ha sido necesario también recaudar mayores impuestos y, al mismo tiempo, reducir el gasto social de los Estados, a la par que desregular los códigos de trabajo y las leyes especiales que protegen a los funcionarios públicos y a las profesiones liberales. Por último, ha sido imprescindible liberar completamente los mercados nacionales, para así imponer los Tratados de Libre Comercio (TLC) y el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Pues bien, en nuestro país tales políticas iniciaron su implementación con el gobierno de alianza de Guillermo Endara (Arnulfistas, Molirenas, Democristianos y Liberales), quien firmó la Carta de Intención que dio luz verde a la privatización inmediata de las empresas públicas. Se profundizaron con el gobierno de alianza de Ernesto Pérez Balladares (PRD, Liberal Nacional, Cambio Democrático y Solidaridad), y han continuado con el gobierno de alianza de Mireya Moscoso (Arnulfismo, Molirenas, Cambio Democrático, Liberales Nacionales y Solidaridad), aunque hoy tal alianza esté hecha añicos ante la inminencia del naufragio electoral del arnulfismo.
En sólo quince años esos tres gobiernos, que abarcan el conjunto de la partidocracia neoliberal, han privatizado el grueso de las empresas estatales, reformado el Código de Trabajo, impuesto la reforma tributaria y aumentando en más del 50% el pasaje colectivo. En la actualidad, por acción o silencio cómplice, la partidocracia ha hecho un frente común para privatizar la CSS, tal como el pueblo pudo percatarse a través del cínico "debate" en el que participaron los cuatro candidatos a la presidencia. Por otra parte, hacen causa común igualmente para aprobar Ley General de Sueldos, que deroga las leyes especiales de los funcionarios públicos, eliminando su estabilidad y recortando sus ingresos. Por último, los cuatro están de acuerdo en la firma de un TLC que destruirá a los productores del campo, cerrará industrias y desregulará a las profesiones liberales.
Los resultados de tales políticas están a la vista: desempleo, informalidad, marginalidad, triplicación de las tarifas de los servicios públicos, pobreza, y la próxima reducción de las jubilaciones y el aumento de la edad de jubilación, si logran materializar la privatización de la CSS.
III- El proceso electoral
El proceso electoral está a la vuelta de la esquina y muchos panameños y panameñas depositan sus esperanzas en que de las elecciones surja la divina pomada que alivie, al menos, la dramática situación antes descrita. ¿Es eso posible? Ninguno de los candidatos de la partidocracia ha denunciado ni una sola de las políticas económicas neoliberales que han postrado al país. Pese a ello, hemos de reconocerles una gran habilidad: en el pasado debate sobre la CSS los cuatro candidatos se las arreglaron para diciendo mucho no decir nada en concreto, habilidad que repitieron en el segundo debate electoral televisivo. Ciertamente, nada podían decir por cuanto los cuatro están comprometidos con la privatización de la CSS y comprometidos hasta el gorro con las políticas económicas del Consenso de Washington. Lo mismo ocurrió cuando el actual gobierno se sumo a la alianza guerrerista de los que se responsabilizaron por la invasión al pueblo de Irak. ¡Ni una sola palabra de condena!
Lo único que sabemos a ciencia cierta es que los cuatro, cada uno a su manera, nos prometen más de lo mismo . En eso no hay lugar a equivocación. La partidocracia tapona, como una costra, todo resquicio democrático por donde las fuerzas sociales puedan levantar una alternativa política . Un creciente número de ciudadanos, encuesta tras encuesta, afirma no tener ninguna credibilidad y confianza en el régimen político a través del cual se nos gobierna. El desprestigio del órgano Ejecutivo, del Legislativo y de la Corte Suprema de Justicia no puede ser mayor. Ahora bien, en la misma medida en que las elecciones se acercan la mayoría de los ciudadanos , que no son otra cosa que rehenes del régimen político partidocrático neoliberal , se verán conducidos a depositar su voto por aquél que consideran "el mal menor". Y luego habrá quién los culpe, diciendo con cinismo "ellos y ellas lo eligieron", como si hubiesen tenido otra opción. Este camino sin salida deja al descubierto el monopolio que ejerce la partidocracia sobre el escenario político nacional, convirtiendo en una burla lo que debería ser un ejercicio electoral democrático. Con ello, las ilusiones y esperanzas mayoritarias del pueblo panameño volverán, una vez más, a verse frustradas. Nada podemos esperar de los que nada ofrecen.
IV- Una oportunidad perdida
En el mes de octubre, en los momentos álgidos de la lucha por la Defensa de la Seguridad Social, propusimos con toda firmeza levantar candidaturas, independientes de la partidocracia y vinculadas a la lucha por la defensa de la CSS, para alcaldes y representantes de corregimientos en todos aquéllos distritos en que las movilizaciones hubiesen involucrado a sectores significativos de la población. A nuestro entender, los resultados de dicha confrontación electoral no constituían el fin último de esa participación, si bien en el Distrito de Panamá, y en otros, las posibilidades de triunfo eran enormes. Lo verdaderamente trascendente es que hubiésemos podido ofrecer al pueblo panameño una vía de ruptura con la partidocracia, y empezar a construir, a partir de esa experiencia, una plataforma de lucha política independiente y alternativa a las políticas neoliberales.
Lamentablemente, nuestra voz fue deliberadamente ignorada . Se privilegiaron otras agendas, anteponiendo proyectos personales o de organizaciones al interés de sectores significativos de la población, cuya conciencia crece y se desarrolla cada vez más rápidamente. Hoy, esa oportunidad extraordinaria, que hubiese podido canalizar las energías y el rechazo político de la partidocracia neoliberal por parte de sectores cada vez más lúcidos de nuestro pueblo, es cosa del pasado.
V- La innegable crisis del régimen político
El complejo y resbaladizo tema de la Asamblea Constituyente esta recorriendo nuestra geografía y atravesando el conjunto de la sociedad nacional. Diversas fuerzas y corrientes, desde muy distintas perspectivas, discuten abiertamente la necesidad de un nuevo texto constitucional, de un nuevo acuerdo de los panameños y panameñas en torno a una norma fundamental que de vida a una radical transformación del Estado panameño.
Incluso la partidocracia, aterrorizada por ello, debate públicamente el cómo sortear el peligro que los acecha tras cada escándalo, tras cada rechazo de sus políticas. Horrorizados pregonan que "en Panamá ya nadie cree en nadie", olvidándose agregar que la frase correcta es que "en Panamá ya nadie cree en nadie de ellos". Están deslegitimados ellos y el régimen político que representan, que ya nos les sirve para ejercer su dominación de una manera estable y segura sobre el pueblo panameño. Y eso significa que el régimen político partidocrático ha entrado en crisis, pues importantes sectores populares y ciudadanos les han retirado la autoridad para gobernar en sus nombres.
Un largo y complejo debate nos ha permitido identificar esa crisis como una crisis de participación y representación política , cuyo trasfondo es el rechazo cada vez más abierto de las políticas neoliberales del Consenso de Washington . Ello evidencia que el pueblo panameño ha empezado a comprender que el actual régimen político no lo representa, que sólo representa los intereses de sus beneficiarios directos: la partidocracia y los plutócratas para los cuales trabajan.
Efectivamente, el órgano ejecutivo ejerce sus funciones al margen y en contra de los intereses de la mayoría, mostrando un profundo desprecio por la voluntad popular. Así, Guillermo Endara se negó rotundamente, en su momento, a convocar la Asamblea Nacional Constituyente que barriera con todos los lastres de la dictadura e inaugurara un régimen político de amplias libertades democráticas, en especial de libertades políticas relativas a la participación y representación popular. Por su parte, Pérez Balladares privatizó el país y reformó el Código del Trabajo a sangre y fuego, sin importarle el masivo rechazo popular a tales políticas, tal como quedó demostrado con la derrota de su proyecto de reelección. Por su parte, Mireya Moscoso se empeña en la privatización de la CSS y en la firma de un TLC, ignorando las masivas movilizaciones que se han producido contra su empeño privatizador.
En cuanto al órgano legislativo, su naturaleza depredadora ha quedado de manifiesto con el escándalo del CEMIS. Debe saberse que los emolumentos de los legisladores son superiores a los que perciben los diputados del Parlamento Europeo, y que somos uno de los pocos países, por no decir el único, cuyos legisladores perciben durante su período sumas millonarias que tienen como único fin el enriquecimiento personal y el financiamiento del clientelismo. El actual órgano legislativo recibe el claro repudio de más del 80% de la población.
Por su parte, la Corte Suprema de Justicia ha caído en un descrédito sin retorno, producto de que sus decisiones se perciben como dirigidas a brindar blindaje a la descarada impunidad de grupos económicos, destacados personajes de la partidocracia, y a "legalizar" el asalto a los fondos del Estado, por no hablar de los escándalos políticos que arrastran los nombramientos de varios de sus integrantes.
Queda claro, pues, que no se trata únicamente de la crisis de este gobierno. Se trata de una crisis mucho más profunda: la del régimen político partidocrático neoliberal, que hace aguas por todas partes, y que por ello de las próximas elecciones no saldrá otra cosa que la reproducción ampliada de su crisis. Sustituir al actual régimen político por otro de amplias libertades democráticas de participación y representación política es requisito imprescindible para elevar al plano político la lucha contra las políticas neoliberales. Podemos estar seguros que a mayores libertades democráticas, menores serán las posibilidades de continuar implementando las políticas del Consenso de Washington. Prueba de ello nos la da el pueblo uruguayo que, gracias a que posee el derecho de ejercer la iniciativa popular a referéndum, ha podido revertir las medidas privatizadoras de sus empresas de hidrocarburos.
Nuestra propuesta
Existen quiénes proponen como remedio a tan calamitosas circunstancias la simple supresión inmediata del actual sistema de estímulo a la competencia, al juego vivo y a la búsqueda privada del mayor beneficio posible, por otro de cooperación y solidaridad social. Con ello hacen tabla rasa del actual nivel de conciencia y organización del pueblo panameño. Construyen así un discurso para ser escuchado por ellos mismos. Otros, por el contrario, explican que la crisis del régimen político y el proceso electoral es un problema de los "ricachones", y que por ello tal asunto no es de competencia del pueblo. De esa manera confunden sistemáticamente sus intereses de grupo con los intereses del pueblo, cuando no los anteponen descaradamente.
Por nuestra parte, pensamos que la crisis del régimen político es un asunto de trascendental importancia para el pueblo panameño. Que está en juego la posibilidad de sustituir el actual régimen político partidocrático neoliberal, por otro de amplias libertades democráticas de actuación y representación política. De lograrlo, habríamos fracturado el monopolio que ejerce la partidocracia sobre la vida política del país. Para ello haría falta introducir la libre inscripción de los partidos políticos y conquistar el derecho de iniciativa popular a referéndum y a la revocatoria de mandato, entre otras muchas reivindicaciones democráticas y sociales que podríamos argüir. Con ello habríamos puesto en pie las herramientas adecuadas para dar, en el plano político , batallas trascendentes para el destino de la nación panameña, entre ellas la de detener, y luego revertir, las políticas neoliberales ya ejecutadas o por ejecutar, dando de paso un golpe de muerte a la opresión de género y a la discriminación étnica, poniendo coto además a la depredación y destrucción sistemática de nuestro medio ambiente y habitat urbano, posibilitando por otra parte que el Canal de Panamá esté al servicio de la nación panameña, y no ésta al servicio de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). Ejerciendo, en definitiva, un mayor control popular sobre las decisiones políticas, habremos dado un salto de gigantes hacia una nueva sociedad cada vez más dueña de su propio destino.
El voto en blanco y la lucha por una Asamblea Constituyente Democrática
Para nuestra organización, Camino Alternativo, la sustitución del régimen político en crisis no es la "divina pomada" que todo lo resolverá, tal como piden o esperan algunos. Aún así no tenemos dudas en torno a que ello posibilitaría la construcción acelerada del puente necesario entre el nivel de conciencia y organización actual de nuestro pueblo y la conquista de esa sociedad dueña de su propio destino que perseguimos.
Pero, ¿qué necesitamos para avanzar por el camino de la sustitución del régimen partidocrático vigente? Proponemos la puesta en pie de un movimiento sociopolítico en el que se hagan representar todas las organizaciones y personas que, independientes del régimen partidocrático , estén de acuerdo en la lucha por la ampliación de las libertades democráticas de participación y representación política, por detener la implementación de los planes neoliberales y por defender y ampliar todas las conquistas y derechos sociales de los panameños y panameñas.
Todos en su condición de iguales, respetando la diversidad, la pluralidad y la autonomía de todos ell@s, funcionando y articulándonos democráticamente, sin el hegemonísmo que todo lo destruye, harán posible ese movimiento sociopolítico de amplia base social, que surgirá como resultado del esfuerzo mancomunado de los gremios, organizaciones sindicales, sociales y étnicas, funcionarios públicos, movimientos de mujeres, ecologistas, estudiantes, pacifistas, humanistas, corrientes políticas de muy diverso signo, cristianos consecuentes con su fe, profesionales, artistas, intelectuales, etc. Esa fuerza social, que ya demostró su empuje en la huelga del 23 de septiembre y en dos movilizaciones de más de 50.000 personas, y con anterioridad en las movilizaciones contra la guerra y la invasión de Irak, y no hace mucho contra la construcción de la "yeyaruta", así como en las luchas contra los embalses en la cuenca del Canal, se transformaría rápidamente en un obstáculo de gran envergadura contra los planes antipopulares de los gobiernos de los partidos del régimen político partidocrático. No debe cabernos la menor duda: unidos somos mayoría.
Construir esa fuerza social, y con posterioridad trasformarla en fuerza política que ayude a desplazar al régimen político partidocrático, haciéndose representar en las batallas políticas futuras, es la tarea central a la que debemos abocarnos todos los que aspiramos a una patria social y solidaria, de equidad y justicia, de cooperación entre todos y todas. En definitiva, una patria regida por la voluntad de la mayoría, aunque respetuosa de la existencia de las minorías. Esa gigantesca tarea no será la obra de unos cuantos iluminados, constructores de fantasiosas organizaciones, o de otras mediatizadas o dirigidas por ellos, sino del libre y mancomunado esfuerzo de diversas y plurales fuerzas presentes y algunas todavía hoy ausentes del escenario de las luchas sociales y políticas.
En el seno de ese movimiento sociopolítico, y en todos los escenarios a los que tengamos acceso, defenderemos la necesidad de votar en blanco, en las próximas elecciones, para rechazar así la partidocracia neoliberal y a sus candidatos de la mentira y el engaño. Votar en blanco para impulsar la construcción de una corriente social independiente que luche por una Asamblea Nacional Constituyente Democrática, en la que luchadores y luchadoras, apoyados en la movilización popular, derriben el régimen político partidocrático y hagan dar marcha atrás al neoliberalismo. De esa corriente social independiente surgirá, a no dudarlo, la organización política que, respondiendo a las aspiraciones y necesidades populares mayoritarias, se convierta en manos del pueblo en la herramienta adecuada para empezar a salir de la barbarie en que vivimos .
Camino Alternativo, 1° de marzo de 2004 |