Cuentos
UN PROBLEMA*
Rafael Alexis Álvarez
Ese día, Abelardo había llenado y firmado más solicitudes de empleo que un ejecutivo papeles importantes. En cinco ocasiones intentó abordar un bus Chorrillo – Tocumen. Se para a la entrada, miraba al conductor y se abstenía de subir.
Alrededor de la 1:30 de la tarde sintió algo en el estómago. Sabía que los galenos no le darían medicinas, pues era un chirriar de tripas. Hizo de ellas corazón y subió al siguiente bus. Se sentó detrás del conductor y en la intersección de la Vía España con la avenida Manuel E. Batista habló con el conductor.
-Señor, escúcheme, tengo un problema...
-Mire el mío, la transmisión anda mal, si se daña estaré por lo menos dos semanas sin trabajo, le respondió de inmediato el conductor.
El joven intentó hablar, pero la luz verde del semáforo se lo impidió. El bus siguió su recorrido y en la parada de la Torre Banco Nacional, un señor tomó asiento al lado de Abelardo.
El bus no tenía equipo de sonido y la conversación de un par de hípicos que discutían y pronosticaban que caballos ganarían el Clásico Presidente de la República era lo único que se escuchaba.
A la altura de la Clínica San Fernando, Abelardo habló a su compañero de puesto.
-Señor, escúcheme, tengo un problema...
-Ay, hijo mío, y quién no los tiene. Figúrese usted que mi nieto se graduó con cuatro con siete y les dieron becas a dos muchachos que terminaron con cuatro con ocho. Para pagar su matrícula universitaria he tenido que empeñar las prendas, porque para un préstamo no conseguí fiador. El señor miró hacia la parte trasera del bus y al ver un puesto libre fue a ocuparlo.
Abelardo nuevamente se dirigió al conductor.
-Usted, por favor...
-Ya lo oyó familia, todos tenemos problemas.
En Juan Díaz, una mujer con dos pequeños le hicieron compañía. Con fuertes deseos de hablarle, el joven guardó silencio hasta el semáforo de Pedregal, en la intersección de Vía España y Vía Tocumen.
-Señora, escúcheme, tengo un problema...
-Qué va, hombre, no puede ser peor que el mío. El papá de estas criaturas nos abandonó. Si no paga la pensión alimenticia, problemas tendré para criarlos. Parada chof.
-Hermanos, el fin del mundo está cerca, es hora de arrepentirse y entregarse al Salvador. Cooperen con nuestra campaña de salvación, desde un centavo o lo que puedan dar, anunció un joven, con pronunciación y cara de extranjero, al subir al bus. Luego extendió la mano hacia Abelardo, quien de inmediato le habló.
-Hermano, escúcheme, tengo un problema...
-Ore, hermano, ore. Dios le solucionará sus problemas, le respondió y continuó pidiendo cooperación para la salvación divina.
El bus llegó a la terminal de Tocumen. Abelardo esperó a que todos bajaran. Lentamente se levantó de su asiento y se paró frente al conductor.
-Mi problema es...
-Mira mopri, págame y vete con tu problema a otro lado.
Abelardo bajó la cabeza, sacó la cartera, mas no encontró un centavo; se metió la mano al bolsillo derecho del pantalón y nada; se metió la mano en el bolsillo derecho y sin resultados; vació el de la camisa y encontró los veinticinco centavos del pasaje.
El conductor, que, acostumbrado a ver tantos rostros diferentes, nunca había visto uno tan triste, decidió escucharle.
-Dígame, amigo, ¿qué le pasa?
Abelardo, que ya había bajado del bus, volvió su cara, respiró profundamente y dijo:
-Mi problema es... ...que no hablo inglés.
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*Este cuento fue escrito en 1987. Cualquier semejanza con la realidad actual no es cuento. |