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Panamá, Año IV, No. 103
19 al 25 de diciembre de 2005

Sumario
Nacional
Editorial
   

Gobierno apuesta al fracaso

  Bernardo Ezurmendia
    Revolución bolivariana II.
  Ornell Urriola
    La delincuencia universitaria
  Ricardo Stevens
    De locos...
  Chevy Solis
    ¿Valió la pena?
  Juan Rivas
    Réquiem por la Patria Boba
  George Priestley
    Felipe: icono de exclusión
Internacional
  Guillermo Almeyra
    Si, Evo ganó...
  ONG's antiglobalización
    Contra acuerdo de OMC
  Juan Arias
    La deuda social de Lula
  F. Peregil y J. A. Rodríguez
    Alemán secuestrado por la CIA
Pensamiento Critico
  Immanuel Wallerstein
    Los disturbios franceses
  Alexander Cockburn
    La revuelta de los generales
  Harold Pinter
   

Arte, verdad y política Discurso de agradecimiento del Nóbel


Boletín BUSCANDO CAMINO



Manifiestos de Camino Alternativo

Balance electoral (Junio, 2004)

Para rechazar la partidocracia y abrir paso a una asamblea nacional constituyente democrática; ¡Voto en blanco! (1-3-04)
.

Declaraciones y manifiestos

Pastoral Social-Cáritas Panamá
LaCarta 98 (11-2-04)

ANAVI: Declaración: Rechazamos las negociaciones del TLC


La delincuencia de la intelectualidad universitaria
Las autoridades universitarias han arrojado un baldón más a la
Universidad al impugnar ante la Asamblea la candidatura de Bernal.
La bancarrota de la Universidad es financiera, es académica; pero lo más grave de todo, es que es una bancarrota moral.

Ornel Urriola
DOCENTE

EL 23 DE JUNIO DEL 2003, a propósito de las elecciones que se escenificarían en la Universidad de Panamá, escribí y publiqué el artículo “Lo que la sociedad panameña puede esperar de los Comicios Universitarios”. Decía: “El autonomismo que prohija la impunidad, el gremialismo que entroniza el terrorismo en los que disienten, mantienen la institución aherrojada, de espaldas al futuro, enmarañada en una trama electorera de autoridades y de gremios para repartir el poder”.

Afirmaba que la bancarrota de la Universidad es financiera, es académica; pero lo más grave de todo, es que es una bancarrota moral. En consecuencia nada positivo debe esperar la sociedad de estas elecciones. Todo está repartido: presupuesto, cargos directivos, espacios políticos y espacios físicos que los grupos políticos alquilan a particulares para operar, sin ninguna clase de control, toda una gama de actividades igual que en Salsipuedes. Todo repartido como si fuese un pastel.

A menos que la sociedad decida el pronto rescate de la institución, para reorientarla de cara al futuro y al servicio del país, nada impedirá que un día, al amparo de la más nimia coyuntura se decrete su clausura. De todas las crisis que afectan a las sociedades y sus instituciones la peor es la moral. La crisis moral paraliza el cuerpo social. A despecho de los avisos del peligro que tal camino acarrea, que desesperadamente hacen quienes que no han sido coptados por el sistema de corrupción, los que conforman dicho cuerpo social, lejos de despertar, se revuelven en contra de aquellos. La historia de la humanidad está plagada de estos ejemplos.

En el Departamento de Historia de la Universidad de Panamá se enseña una historia al servicio de la enajenación de la juventud. Una historia estrictamente política, que en el caso de las Relaciones de Panamá con los Estados Unidos persigue la memorización por parte de los estudiantes de tratados, convenios y acuerdos, pero nada de historia.

Nada que responsabilice a la clase históricamente en el poder de la entrega que en cada negociación han hecho a los gobiernos de los Estados Unidos de Norteamérica. Una historia en la cual las clases y sectores de clase, las organizaciones populares, las minorías étnicas, las mujeres aparezcan, tratando de ser, no sólo actores de un guión que se les impone, sino que en cada etapa del proceso histórico, han luchado por escribir su propio guión y han dado su aporte para moldear el ser social que hoy somos.

Tras luchar infructuosamente en el campo académico por cambiar el contenido de la enseñanza y evaluación de la historia y luchar en el plano institucional por redefinir y reorientar la función de la Universidad en el siglo XXI, me acogí a una jubilación que había venido postergando con la ilusión de que con el debate sobre una nueva ley, la institución superaría la degradación en que está subsumida.

El Consejo General aprobó el proyecto, el plebiscito de dudosa representatividad y la Asamblea Nacional aprobó la ley. Decidí que, en mi caso particular no tenía nada que hacer, hice caso a la familia e “hice mutis por el foro”. Luego, el Consejo General Universitario aprobó una resolución declarando “non grato” al catedrático Dr. Miguel Antonio Bernal. Esperé la reacción de los colegas profesores en espera de la defensa del derecho y deber a disentir, denunciar lo que considere que debe denunciar, que es inherente a todo académico.

Un manto de silencio cómplice, a manera de mortaja, envolvió a lo que llaman la Casa de Méndez, a despecho de quien promulgó el decreto que la creó fue el Dr. Harmodio Arias. ello cuando el Departamento de Historia propuso mi nombre como educador del año, me negué a aceptar tal postulación y no asistí al acto. No podía aceptar, porque tal postulación estaba animada de burla, ya que mi salida es el triunfo del sistema de alienación de la historia de un país que necesita de su historia para saber quién es, por qué es así, y qué debe hacer para superarse.

No podía aceptar un homenaje de quienes no sólo fueron cómplices del contenido de la resolución en contra de Miguel Antonio Bernal, sino que festinaron lo que en definitiva los denigra, que no humilla a Miguel Antonio y por el contrario, arroja un baldón sobre el Consejo General, sobre las autoridades, sobre la institución, y sobre la intelectualidad universitaria. No podía aceptar, porque siempre me he sentido orgulloso de haber sido, en el Colegio San Agustín en el año 1959, maestro de quinto grado, de uno de los más brillantes alumnos que he tenido en mi larga carrera de docente y que junto a Jaime Caballero, Roberto Monleón, Alfaro y otros armábamos debates sobre Las Fuerzas Morales de Ingenieros, del Ariel de Enrique Rodó y tratábamos de desentrañar el grito ! de denuncia que hacía Demetrio Korsi en Incidente de Cumbia. Siempre me he sentido orgulloso ser catedrático de la Universidad y sufro cuando dicha institución persigue a uno de sus más preclaros catedráticos.

Hoy leo que las autoridades universitarias han arrojado un baldón más a la Universidad al impugnar ante la Comisión de Credenciales de la Asamblea Nacional la candidatura de Miguel Antonio Bernal. Nada que cause asombro es la misma Asamblea que aprobó la ley que llevará a la institución al colapso total.