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Para Crisis, la de la Izquierda
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Agustín Morán
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[04.05.09 -
12:57]
La crisis económica supera, mes a mes, las peores previsiones...
La crisis económica supera, mes a mes, las peores previsiones: déficit público (diferencia entre gastos e ingresos del estado) del 4% de la producción anual (PIB); caída de precios que deprime la inversión; decrecimiento económico del 2,9% y más de 4 millones de parados.
Este relato oculta que el decrecimiento se debe a la huelga de créditos de bancos enriquecidos con nuestra explotación hipotecaria y de inversión de constructoras que se forraron, como los bancos, durante los últimos 15 años. El déficit público procede del fraude fiscal consentido a los ricos y de la dedicación de cientos de miles de millones de euros para rescatar a bancos, multinacionales del automóvil y empresarios que, con los E.R.Es, esquilman los recursos públicos y sustituyen plantillas fijas por eventuales.
Los empresarios, que sólo buscan su beneficio particular, tienen poder político para contratar o despedir y, con ello, disponen de los recursos y la vida de tod@s. Por eso, la precariedad de masas, consentida y alentada por la izquierda política y sindical, se convierte, de forma natural, en paro y exclusión social. Este hecho, tan poco democrático, es el origen del problema.
Los sindicatos, coincidiendo con el PSOE, piden el 1 de mayo creación de empleo y protección social. Buenas intenciones que maquillan su complicidad con el libertinaje del capital. Desde la gramática liberal de la izquierda no hay alternativa a un bipartidismo que, ya sin tapujos, elimina el pluralismo político con gobiernos de concentración contra los trabajadores y los pueblos.
La gestión capitalista de la crisis se basa en la corrupción general de la clase política, la ignorancia televisiva, el consumismo y el descompromiso social. Un PSOE neoliberal hace realidad las utopías más extremas del anarquismo individualista, el marxismo economicista y tecnológico y el ecologismo del decrecimiento. Esto no sería posible sin unos movimientos sociales reducidos a luchas cuidadosamente aisladas y campañas sin vocación constituyente para pararle los pies al enemigo, porque sus empleos, apoyos y subvenciones provienen de éste.
La izquierda será anticapitalista y de masas o no será. Su reactivación está unida a la movilización popular. Pero la “izquierda anticapitalista” hoy es sólo un sentimiento disperso en miles de militantes y no tiene nada que ver con la apropiación indebida e ilegítima de esta identidad por parte de grupos que la utilizan como reclamo electoral para el parlamento europeo. ¡Nada menos!
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