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El pensamiento bolivariano. La visión integradora y la
reinvención del socialismo en Venezuela
Roy Chaderton Matos
Discurso que
pronunciado en la ciudad de Barcelona, España, en el marco
de las Jornadas Venezuela: Socialismo en el Siglo XXI,
ideario del Pensamiento Bolivariano celebrada el 17 de
Noviembre 2005.
En
1897, desde algún lugar de Cuba donde aparentemente se
aburría, el corresponsal de la cadena Hearst, Frederic
Remington, le comentaba en un despacho a su patrón, William
Randolph Hearts, que no tenía nada interesante que informar.
El Señor de la prensa estadounidense le respondió en tono
imperativo: “!Usted ponga las fotos, que yo pondré la
guerra!”.
Esa contundente expresión previa al desarrollo de la guerra
hispanoamericana de 1898 simbolizó los últimos momentos del
imperio español y el nacimiento de un nuevo imperio
acompañado por una gigantesca y global maquinaria de
propaganda. Treinta y nueve años más tarde de la fecha
señalada, Orson Wells produjo la película que algunos
cinéfilos llaman “la mejor de todos los tiempos”: “Ciudadano
Kane”. En verdad, es en los Estados Unidos donde se hace la
primera gran denuncia contra el poder abusivo de los medios.
Dijo Juan Pablo II: “Cuando los demás son presentados en
términos hostiles, se siembran semillas de conflicto que
pueden fácilmente convertirse en violencia, guerra e incluso
genocidio. En vez de construir la unidad y entendimiento,
los medios pueden ser usados para denigrar a otros grupos
sociales, étnicos y religiosos, fomentando el terror y el
odio. Los responsables del estilo y del contenido de lo que
se comunica tienen el grave deber de asegurar que esto no
suceda. Realmente los medios tienen un potencial enorme para
promover la paz y construir puentes entre los pueblos,
rompiendo el circulo fatal de la violencia, la venganza y
las agresiones sin fin, tan extendidas en nuestro tiempo”.
En el Siglo XXI los venezolanos hemos sufrido las
arremetidas del poder mediático nacional e internacional.
Desde El Mundo y en El País disparan los hostiles a nuestros
cambios democráticos, toman La Vanguardia de la
desinformación y nos dictan el ABC del neoliberalismo. Son
la negación de La Razón*.
¡Oh Rupert Murdoch, cuántos crímenes se cometen en tu
nombre!.
* Se trata de cinco diarios españoles de sistemática línea
editorial antichavista
Estamos hablando implícitamente de integración y
desintegración. Mucho antes de 1898 se habían desintegrado
los sueños y proyectos de Simón Bolívar para constituir una
América fuerte, actora de primera en los escenarios
internacionales. La idea integradora de una anfictionía en
Panamá se evaporó entre los calores tropicales estimulantes
del caudillismo y los vientos helados que soplaban desde el
norte. La frustrada concepción de Bolívar llevaba de suyo el
respeto a iguales y diferentes y la voluntad de encontrar
espacios comunes en la imbricación de intereses
coincidentes, diversos y plurales. El mexicano Leopoldo Zea
(¡México lindo y querido!) interpretó que Bolívar procuraba
“Comunidad, no asociación, basada en la unidad de los que
tienen algo o mucho en común. La unidad para el logro o
mantenimiento de la libertad y otros valores humanos no
menos altos y nobles; no la asociación obligada para
simplemente sobrevivir o imponerse” y “soñó también en una
gran comunidad que, empezando por ser hispana, podrá
llegar a ser, simple y puramente, humana… La meta, como
todas las auténticas metas de los sueños de comunidad
iberos, es la y la , no la ni
el . Un ideal de comunidad soñado para todo
el mundo que podría ser iniciado en América”.
La idea democrática tenía de socialista un compromiso de
interlocución e interacción entre los pueblos, constituidos
en Estados e independizados del poder español que procuraban
una nueva legalidad nacionalista e internacionalista
simultáneamente, que hacían de la gente su razón de ser y
servir y serían contrapeso a quienes se integraban, no para
ser más fuertes y mejores, juntos, sino para ejercer la
fuerza, intimidar y desintegrar.
Hoy la historia se repite: el terremoto político que sacudió
a Venezuela ha estabilizado su suelo institucional donde
florecen ideas y proyectos de redención social y crecimiento
económico. El estallido de la creatividad democrática
despide esquirlas de ejemplo contagioso que atemorizan a los
dueños del poder mundial, quienes se han valido de medios
violentos e ilegales para frustrar el cambio y amansar a los
espíritus. Por eso proponen esquemas de integración
químicamente impuros para dividir y reinar. Quieren vernos,
unidos sí, pero no integrados. Unidos como los anaqueles de
un gigantesco supermercado donde las reglas de juego
neoliberales dispongan la repartición de migajas disfrazada
de prosperidad, como para plagar de miseria nuestro
continente americano en nombre de la libertad, como lo
predijo Simón Bolívar. Frente a esa concepción de
supermercado que nos propone el ALCA, proponemos un camino
solidario de integración con la Alternativa Bolivariana para
las Américas que es el ALBA y aurora.
El continente americano está despertando; al despertar se
levanta y el temor al levantamiento conduce a los intentos
de represión de lo social, a la manipulación mediática y a
la exaltación del Dios neoliberal, el Dios del mercado.
En Venezuela, nuestro respeto y reconocimiento a la
iniciativa privada con responsabilidad social, nos lleva a
estimular el surgimiento de una nueva clase empresarial. A
lo largo del proceso de descomposición de nuestra democracia
representativa llegamos a identificar a quienes me he
empeñado en bautizar como “los últimos socialistas del Siglo
XX”, a los empresarios venezolanos de antes. Vivieron
felices con el apoyo del Estado y resistieron heroicamente
para evitar que éste los librase a su propia suerte. Nunca
quisieron que el Estado los dejase de la mano; se sentían
bien respirando el oxígeno de los mercados cautivos. Tuvimos
capitalistas que no arriesgaban, ni competían, ni pagaban
impuestos. Para prosperar bastaba tener amigos en el
gobierno o entre los dos partidos políticos del status. Las
reglas básicas del capitalismo, cuya violación en los países
más desarrollados conduce a la bancarrota o a la cárcel, les
generaban pánico. Por eso incursionaron contra la ley cuando
estimulamos la economía y la iniciativa privada para todos.
La dinámica que vivimos en Venezuela nos lleva a la
reinvención del socialismo, conservando su inspiración de
solidaridad y deslastrándolo de los errores y las
limitaciones del Siglo XX. Por eso propiciamos un debate
libérrimo y participativo, para asegurar un grado superior
de democracia social que genere pensamiento y pensamientos,
que produzca y enriquezca, que sensibilice y solidarice y
que nos haga soñar realidades con nombre y apellido:
educación, como instrumento de liberación, democracia,
alimento para el cuerpo y el espíritu, recreación, salud,
generación de riqueza y empleo, seguridad, bienestar,
libertad y paz.
Nuestras fantasías son realizables. Nuestras luchas las
libramos empuñando un librito azul que nos dice: “Venezuela
se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y
de Justicia, que propugna como valores superiores de su
ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la
libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la
democracia, la responsabilidad social y, en general, la
preeminencia de los derechos humanos, la ética y el
pluralismo político”. Quizá estas palabras luzcan
románticas, porque nada de romántico tiene el mundo al cual
nos oponemos; el de la pobreza y la exclusión, el de la
violencia y la injusticia social, el de la guerra y el
terrorismo.
Nuestro pensamiento y acción, nuestra inspiración y nuestro
compromiso, en mi criterio personal, nos identifican con una
visión cristiana de la sociedad. Los valores cristianos que
nutre la definición política a partir del respeto de la
dignidad de la persona humana, con todas sus consecuencias e
implicaciones, me permiten opinar, en el debate abierto por
el Presidente Chávez sobre el Socialismo en el Siglo XXI,
que estamos construyendo una democracia socialista de
inspiración cristiana, cuya primera obligación es con la
gente (amaos los unos a los otros); que por ello promueve la
democracia participativa y lucha por la justicia social para
hacernos a todos más libres y más justos. En teoría, muchos
cristianos a quienes ya conocemos, abrazarían estos
principios y objetivos, mientras se dan golpes de pecho o
gritan eufóricos: “alabado sea el Señor”. Sin embargo,
ocurre un choque entre cristianos cuando algunos se toman en
serio la palabra divina y enfrentan a los señores de la
guerra, de la violencia, del egoísmo y de la codicia.
Bolívar dijo: “Moral y luces son nuestras primeras
necesidades”. Aseguremos que en Venezuela ambas marchen
juntas; las luces sin la moral son una bomba de tiempo. En
otras palabras de Bolívar: “El talento sin probidad es un
azote”.
La justicia social y la democracia son los grandes
activadores de la paz y la libertad, pero no podremos
acercarnos a esos objetivos mientras estemos sometidos a la
dominación monopolar. La comunidad internacional necesita
que el mundo sea multilateral, de integración.
Las palabras pueden ser ambiguas. En el diccionario de la
comunidad internacional encontramos dos términos
aparentemente emparentados, pero que expresan ideas
contradictorias: Balcanización y Multilateralismo.
La expresión balcanización es sinónimo de división, de
fragmentación, de separatismo, de escisión, y en
consecuencia de debilitamiento, habitualmente conflictivo o
violento.
La palabra multilateralismo debemos verla en el sentido de
multiplicación de alternativas, de acumulación, de
yuxtaposición y de fortalecimiento.
Una cultura unilateral o monopolar, caracterizada por un
único centro de irradiación y de poder, se puede sentir
confortable con un proceso de balcanización que reduzca la
pluralidad y asegure el debilitamiento de las contrapartes o
socios.
La multiplicación de alternativas, de posibilidades, de vías
y canales de comunicación asegura un fortalecimiento del
colectivo en beneficio de cada singularidad. La definición
de singularidades legítimas, dentro de un espacio político y
geoestratégico internacional, limita los ímpetus
expansionistas y avasallantes de un centro único de poder,
contrabalancea el ejercicio arbitrario del poder y facilita
la libertad de movimiento y la aparición de opciones. Es la
libertad para la integración.
De esta manera, los conceptos políticos de balcanización y
multilateralismo se excluyen, mientras que los de pluralismo
y singularidad, en la realidad política de la comunidad
internacional, se tornan complementarios y convergentes.
No siempre el multilateralismo es amistoso. También es
balcanización, disfrazada de multilateralismo, la
proliferación de organizaciones no gubernamentales, que si
bien en conocidos casos responden a intereses legítimos y
nobles, gran parte de ellas fueron diseñadas, con visión
teleológica, como una alternativa sofisticada, de rostro
amable, para debilitar actores intermediarios o
protagonistas de la sociedad democrática, como son los
partidos políticos, sindicatos, movimientos sociales,
gobiernos legítimos, etc.
Numerosas ONG son internacionales multilaterales, con sedes
principales asentadas en los centros globales del poder. Son
una alternativa multilateral al multilateralismo pero no son
el multilateralismo del cual estamos hablando. Son un poder
por delegación. Su legitimidad es ambigua y misteriosa. Con
sus excepciones, nadie sabe cómo eligen a sus directivas, a
quién rinden cuenta ni quién los financia. Son sospechosas
de monopolarismo.
En nuestro país, donde batallamos en nuestra política
exterior por fortalecer las instituciones multilaterales
internacionales, hemos constatado a partir de 1999 la
progresión geométrica de las ONG existentes para la época y
la creación de muchas otras nuevas para crear la ilusión de
un colectivo social mayoritario unido y plural que suma su
fuerza artificial a una oposición golpista minoritaria que
se embarcó en una aventura criminal y hoy plañe la perdida
del poder como el bebé a quien le arrancan el biberón.
El multilateralismo democrático es a la comunidad
internacional lo que la democracia participativa es a la
comunidad nacional. La democracia participativa es superior
a la democracia representativa. Garantiza la representación,
pero bajo la democracia participativa el representado, o sea
el pueblo, acompaña al elegido, lo supervisa o vigila y lo
apoya para que éste cumpla los propósitos de su
representación, sin menoscabo de sus propios aportes
directos.
Unilateralismo:
La cultura unilateral es la vanguardia de la dictadura
global, con la particularidad de que el ejercicio del poder
militar, económico, mediático, etc., no es una
representación porque los componentes multilaterales de la
comunidad internacional no se la han conferido. Estos
componentes son excluidos de la participación por el poder
unilateral y como no hay representación, nos encontramos
frente a un autonombrado, todopoderoso mandatario sin
mandante. Capaz de desencadenar la guerra en contra de la
voluntad del colectivo internacional, sin reglas y sin
compasión, ejerce la fuerza o amenaza con el uso de la
fuerza. La justicia que reconoce es la que aplica a los
otros. No acepta ser sometido a la justicia internacional,
sin rubor da lecciones de buena conducta a diestra y
siniestra.
El poder unilateral balcaniza, fragmenta, dispersa y
excluye; no admite disidencias, no reconoce legitimidad que
no sea la suya propia, castiga la libertad de expresión
adversa, promueve separatismos y separaciones mundiales,
regionales y nacionales para desintegrar lo integrado, o
impedir la integración.
Venezuela y su vocación integradora:
Tendríamos que remontarnos al origen mismo de la República
venezolana para encontrar el compromiso permanente de
nuestro país con la integración y con políticas de
diversificación de socios, de fuentes y de aliados. De allí
las primeras misiones diplomáticas venezolanas enviadas en
1810 al Reino Unido, encabezada por Simón Bolívar, y a
Estados Unidos por Juan Vicente Bolívar. Pero aún antes
debemos recordar a Miranda, El Precursor, en procura de
alianzas con Rusia, con Inglaterra y con Francia, todos
abriendo espacios en procura del interés nacional. Y si nos
vamos más atrás, encontraremos los contactos internacionales
del líder de la Revolución de Esclavos de 1795, José
Leonardo Chirinos, quien aprovechó los viajes de su patrón
por las Islas para establecer vínculos con sus iguales
oprimidos en otros territorios del Caribe; pero como
hablamos del Caribe, ¿cómo olvidar la vocación
internacionalista de nuestros indígenas Caribes que le
dieron su nombre y génesis histórica a nuestro mar
comunitario y participativo.
Nuestra lucha por la independencia fue multilateral e
integracionista. No nos habríamos sentido libres y quizá no
habríamos sido libres, si no hubiéramos abrazado con
espíritu de integración, con vocación multilateral el
compromiso de libertad de nuestros hermanos y vecinos
sometidos al poder colonial. El multilateralismo es un
compromiso histórico y una respuesta inicial al
unilateralismo neototalitario que vio venir Simón Bolívar.
Esto es lo que explica la convocación al Congreso de Panamá;
para integrarnos y fortalecernos. ¡Fallamos entonces!, y por
eso hoy retomamos esta vocación para garantizar nuestra
libertad individual y de conjunto. En esta lucha que no
acarrea hostilidad contra ninguna nación, no inventamos
villanos ni amenazas.
La OPEP, cuya idea primigenia nació en nuestro país hacia
finales de los años cuarenta, comenzó a cobrar vida junto a
nuestros hermanos árabes y persas al alba de los años
sesenta y se hizo Institución en la cuna de la civilización,
en Bagdad, en 1961. Allí estuvo el genio visionario de un
gran patriota llamado Juan Pablo Pérez Alfonso.
Otro visionario venezolano, Manuel Pérez Guerrero, amigo de
nuestros hermanos árabes, fue uno de los padres del Grupo de
los 77 y también su Presidente. Hoy son muchos más que 77 y
a su título original se le agrega siempre “más China”.
Continuamos librando nuestras batallas multilaterales para
unirnos a MERCOSUR y respaldar a la Comunidad Suramericana
de Naciones como interlocutor de peso en las mesas de
negociación internacionales. Los acuerdos de cooperación
multilateral en el campo energético y petrolero con
Centroamérica y el Caribe aseguran beneficios económicos y
sociales y pueden fortalecer a la democracia independiente
que queremos para todos nuestros países.
La apertura de un canal internacional de televisión TELESUR,
como una alternativa cultural e informativa frente a los
monopolios mediáticos es una iniciativa integracionista de
Argentina, Cuba, Uruguay y Venezuela.
En el plano hemisférico son conocidos los esfuerzos que
hemos hecho por contribuir a reformar e independizar a la
OEA y por defender la democracia y los derechos humanos en
este Continente. La Carta Democrática de la OEA, concebida
por algunos como un instrumento de protección de la
legitimidad democrática y por otros como un arma para
frustrar el proceso de cambio democrático en Venezuela,
terminó siendo un recurso en respaldo al Gobierno legítimo
del Presidente Hugo Chávez, aunque con algunos regateos
sospechosos.
Ahora, por iniciativa venezolana,nos encontramos en la fase
final de negociación de la Carta Social de las Américas,
documento que reconocerá el valor de lo social y las
obligaciones implícitas en el sistema interamericano.
Terrorismo:
La lucha antiterrorista es una obligación ética, jurídica y
política de los Estados. No adaptable a necesidades o
intereses circunstanciales donde se pretende imponer la idea
totalitaria de que “quien no está conmigo está contra mí”.
El compromiso contra el terrorismo es contra todos los
terrorismos y contra todo terrorismo. No podemos dividir a
los terroristas entre enemigos y útiles. Todos son enemigos
de la humanidad.
La lucha contra el terrorismo no puede desligarse de la
lucha contra las causas del terrorismo, como la lucha contra
la delincuencia no puede separarse de las causas del crimen.
Estamos hablando de prevención y represión. Necesitamos de
un compromiso nacional e internacional contra la injusticia
social, la pobreza, la tiranía, la exclusión, la
balcanización y la guerra.
Tenemos que vencer los prejuicios y el pensamiento que nos
lleva a señalar a unas culturas y naciones como generadoras
de terrorismo y a otras como sus víctimas. Una sola debe ser
la solidaridad con los caídos en el holocausto súbito de
Nueva York, en Madrid, Londres, Nairobi, Bogotá, Buenos
Aires, Caracas, Dar Es Salam, Moscú, Irlanda del Norte,
Chechenia, Bagdad, Tel-Aviv, Kabul, Karachi, Arabia Saudita,
Egipto, Indonesia, Líbano, Palestina, Jordania, la frontera
venezolana con Colombia, etc.
Los crímenes terroristas cometidos por fanáticos musulmanes,
no podemos cargarlos a la cuenta del Islam, como tampoco
nosotros los cristianos podemos aceptar que se nos
clasifique como violentos, dictatoriales o terroristas por
los crímenes cometidos por individuos, autoridades u
organizaciones fanatizadas o fundamentalistas dentro de
nuestra cultura occidental cristiana.
Es inadmisible que mediante la manipulación de la
información la gigantesca maquinaria de propaganda monopolar
presente a la cultura musulmana como generadora del
terrorismo y a la cultura cristiana como inocente de la
barbarie. Sin olvidar las Cruzadas y la Inquisición, no
fueron musulmanes los que iniciaron, pero si fueron quienes
acogieron a la diáspora judía en 1492 en los Balcanes, en
Turquía y en el cercano y Medio Oriente, pero si fueron
cristianos quienes los acogieron en Holanda, en Aruba,
Curazao y Bonaire y finalmente en Venezuela.
No fueron precisamente musulmanes fanáticos los que
decidieron el exterminio del pueblo judío, bajo la locura
nazi, fueron cristianos. Fue musulmán el Rey Mohamed V de
Marruecos quien ofreció refugio y protección a los judíos
escapados del holocausto. También son cristianos los únicos
que han utilizado la bomba atómica contra seres humanos.
Tampoco son musulmanes los que dinamitaron, en 1947, la sede
de las autoridades británicas en Jerusalén, ni los
terroristas católicos asesinos de protestantes en Irlanda
del Norte y en las calles de Londres, ni los terroristas
protestantes que matan católicos en Belfast. En este momento
podemos recordar que los terroristas católicos irlandeses
durante muchos años recibieron apoyo moral, político y
financiero del otro lado del Atlántico Norte. Tampoco
musulmanes, los terroristas japoneses o las Brigadas Rojas
de Italia, ni la llamada banda Baader-Meinhof de Alemania,
ni los terroristas Sikh de la India, ni los miembros de la
ETA. También son cristianos los religiosos miembros del Ku
Klux Klan. Cristianos los padres del Apartheid, pero
cristianos también Nelson Mandela y Desmond Tutú. ¿Y qué
decir de los católicos croatas que exterminaron serbios
ortodoxos y de los serbios ortodoxos que exterminaron
musulmanes en Bosnia Herzegovina? Algo similar dijimos en el
ámbito multilateral de la OEA en Santiago de Chile hace tres
años. Los medios golpistas venezolanos nos acusaron de
anticristo. Una semana después, en Sarajevo, el Papa Juan
Pablo II pidió perdón por los crímenes católicos contra los
musulmanes.
Recordemos también la historia de crímenes y de terrorismo
de Estado cometidos por gobernantes civiles y militares a lo
largo de muchos años en América Latina, en algunos casos con
los cristianos como cómplices y en otros como mártires.
Nosotros los cristianos nos sentiríamos víctimas de una
injusticia si algún musulmán o budista o hindú o animista,
etcétera, pretendiese que tenemos naturaleza terrorista.
Somos cientos de millones de cristianos que no tenemos nada
en común con Hitler, con Stalin o con Joseph Mac Carthy; que
nos sentimos cerca de Juan pablo II, de Martín Luther King,
de la Madre Teresa de Calcuta y de Mahatma Ghandi, del Abate
Pierre en Francia, de Monseñor Romero en El Salvador, de Dom
Helder Cámara en Brasil, y de Raúl Silva Henríquez, el
Cardenal bueno y solidario que en Chile, enfrentó al
católico Pinochet.
Por ser falsa una guerra de civilizaciones, idea que nos
quiere vender septentrión, debemos permanecer alertas ante
la amenaza de una dictadura de pensamiento único en el
nombre de un Dios bursátil y belicoso. Lo que debemos
procurar, como bien propuso el Presidente Zapatero, es una
alianza de civilizaciones; propuesta oportuna y sabia que
niega la idea del unilateralismo y coincide en la propuesta
multilateralista con países como Francia y Brasil. La
alianza de civilizaciones, constructora de puentes que
pueden servir para la búsqueda común de la justicia social,
la democracia y la paz; para creyentes y no creyentes.
El unilateralismo, además de arbitrario, irracional y
dictatorial, es también aburrido. Es monocromático. Tiene un
solo pensamiento: el pensamiento único. Por su inspiración
religiosa fundamentalista, por su carácter excluyente, por
su inmenso egoísmo, el mundo monopolar genera o alborota la
pobreza, la guerra y el terrorismo.
La globalización, belicista y totalitaria, enemiga del
multilateralismo, debe ser neutralizada. Ahora la batalla es
por la paz. No la paz de las mordazas ni de la asfixia
económica, sino la paz de la tolerancia, de la justicia
social, de la democracia y de la integración. Frente a la
cultura de los violentos y tontos superhéroes de las
historietas monopolares, debemos oponer nuestros propios
héroes multilaterales: ¡Asterix, Mafalda y Don Quijote!.
(*)Embajador de Venezuela en Francia
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