“Cada pueblo será libre a su modo y disfrutará de soberanía según la voluntad de su conciencia"

 Simón Bolívar.

 

 

Brigadas solidarias de visita por la Venezuela Bolivariana

 

Samuel H. Carvajal Ruiz - Temas Venezuela

 

Este agosto veraniego sirvió para que miles de jóvenes europeos, y otros que no lo son tanto, tomaran como destino Venezuela. La fecha convocaba a todos a Caracas al XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Muchos aprovecharon el marco de este señalado evento para tomar de primera mano contacto con esa extraordinaria experiencia política y social que hemos llamado “Revolución Bolivariana”. También hay que decirlo, un buen contingente de los que visitaban la patria de Bolívar iban con el escepticismo a cuestas. El trabajo del poder mediático mundial en tratar de ocultar lo evidente ha sido efectivo, sobre todo en esta vieja Europa tantas veces embaucada, sin ilusión, sin fe. Acostumbrada como está a mirar a nuestros países desde la lejanía, con una percepción mediada por los tópicos y esos “tropicalismos clicheteros” en buena medida alimentados de forma extravagante y desmedida por muchos de los “exiliados del régimen”.

              

Pese a ello, llegaron a Venezuela personas provenientes de todos los rincones de Europa. Desde la península el contingente fue significativo. De Catalunya se fueron, los más jóvenes, con sus senyeres y sus canciones patrióticas a gritar a los cuatro vientos que “Volem una Catalunya lliure!”. Expresaban de esta forma su particular solidaridad con una revolución como la bolivariana que tiene por bandera la soberanía, la democracia y la libertad. Otros, los mayores, acompañados de esa duda permanente que acompañan a las vidas más curtidas por la experiencia y la desilusión, observaban y comentaban siempre con emoción contenida. No vaya a ser. Tanto en un caso como en el otro, lo vivido durante esos días intensos de estancia en Venezuela, les permitió ratificar creencias, renovar su espíritu revolucionario, revisar estigmas y preconceptos respecto al país que los acogía y su proceso de transformación. Surtió mejor efecto la libertad de movimiento que la pretensión de “dirigir” las miradas hacia un objetivo predeterminado. Cada quien pudo ver, tocar, conversar y convencerse en el terreno sobre el gran esfuerzo desplegado por el pueblo venezolano y la solidaridad internacional para construir ese mundo que muchos soñamos.

                     

Conocieron las misiones, visitaron núcleos de desarrollo endógeno, compartieron con los comités de tierras urbanas y rurales, contactaron con las experiencias de los medios comunitarios, en fin, se adentraron en el corazón mismo de la revolución.

Para muchos la visita sirvió para erradicar el tópico que presenta a Venezuela como un país de mises y petróleo. Se admiraron de la capacidad de trabajo del venezolano y de las muchas horas que dedican a esta actividad. Claro, algunos de sus primos que ahora vuelven a la península odiando todo lo que huela a Venezuela, pese a haberlo obtenido todo allí, se encargaron de sembrar la especie según la cual aquí nos las pasamos de fiesta en fiesta y rehuimos al trabajo. Ese viejo ardid utilizado en diferentes épocas por los explotadores y sus socios, ha sido uno de los instrumentos ideológicos más fulminantes para erosionar la moral de nuestro pueblo.

En el terreno, los visitantes constataron el esfuerzo colectivo que se hace en Venezuela para transformarla y hacer de ella un país inclusivo.

Los brigadistas prefirieron el interior del país que Caracas. Para la mayoría fue percibida como una ciudad inhóspita, rocosa, agresiva y estresante. Acertaron. Mucho concreto armado y una fuerte amenaza ambiental y de salud pública, por las observables carencias que aún persisten en la recolección y disposición de la basura. Algunas de las conclusiones que derivamos de esta experiencia es que la capital venezolana, ahora mismo, más que acoger expulsa a los visitantes. Flaco favor a la imagen de una ciudad cuna de libertadores y objetivo actual de las miradas del mundo. Alguien tiene que hacer algo.

Pero por encima de las notas desagradables quedó en la mayoría de los visitantes la firme decisión de volver a Venezuela, posiblemente para asistir al Foro Mundial Social el próximo enero de 2006; todos asumieron el compromiso de ser portavoces de una revolución y su pueblo que unido lucha contra el imperialismo y a favor de la paz y la democracia.

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