“Cada pueblo será libre a su modo y disfrutará de soberanía según la voluntad de su conciencia"

Simón Bolívar.

 

Entrevista con Andrés Antillano, miembro del comité de tierras urbanas CTU

 

Por Josep Cruelles y Anna Gabarró (Revolta Global)

En plena Plaza Bolívar, el hotel Plaza Catedral, donde estamos, tiene saboteadas las señales de VTV (Venezolana de Televisión), VIVE y todas las cadenas que tienen que ver con el “proceso”, es parte de la guerra que se libra, a todos los niveles, entre el  “escualidismo”  y la mayoría de la sociedad venezolana.

Desde la terraza, se divisa el gigantesco “mercadillo” (economía informal…) que se extiende continuo hasta La Candelaria (cinco cuadras mas allá) desde todas las calles y avenidas pasando por todas las placitas del centro histórico de Caracas, El Silencio, La Hoyada, Sabana Grande…. La mitad de Esta ciudad, le vende a la otra mitad, cualquier cosa imaginable…

El 50% de la población vive  en la economía informal. Desde que Chávez despenalizó la venta ambulante, los antiguos bulevares de la burguesía han sido ocupados por los habitantes de los “barrios”, que encuentran así una forma de subsistencia. El recorrido que sus habitantes hicieron para “salvar a Chávez” aquel 13 de abril se revive cada día, esta vez cargados con algo para vender. Cada mañana,  los cerros vuelven a bajar, y vuelven a ocupar el “centro”, cada mañana se reproduce y conmemora la gesta.

Todo se pone en marcha muy temprano.  A las 7 de la mañana  nos despierta un “cafeeé!, café calieeente!  En forma de grito alegre y musicado. Un” franela roja”, que desborda alegría de vida,  vende café” guayabo” justo debajo de mi ventana.

 El hotel Plaza Catedral a quedado “atrapado” a escasos 100 metros de la “esquina caliente” en terreno “enemigo”. Son victimas de sí mismos. Ellos han difundido que Plaza Bolívar,, es un lugar “peligrosísimo”, con toque de queda virtual a partir de las 7 de la tarde. Nadie de las “colinas” visita este lugar a ninguna hora, de no ser por una gestión absolutamente inevitable.

En la terraza de este hotel nos hemos citado con Andrés Antillano.  Puntual, sin haber comido  a pesar de ser las cinco de la tarde, acude a la cita . Andrés lo conozco por su aparición en el documental “pégale candela”y por referencias de mis compañeros de “Cayapa”, el fue uno de los fundadores de este grupo.

Andrés se asoma a la terraza y empieza a explicarnos la ciudad, los barrios…Plaza Bolívar… se detiene y señala  un edificio  que da a la  misma plaza, “fue  la antigua cárcel, durante siglos, ahora es la sede del gobierno…no se que tendrá que ver…”

Y sin formularle una pregunta empieza a hablar…

Ellos jamás tomaron en cuenta en su “ecuación “al pueblo,  así que cuando el pueblo se les apareció, no sabían que hacer con él…Hay una novela de un escritor peruano que se llama Manuel Escorza titulada “Garabombo el Invisible”. Garabombo es un indio aymara del altiplano.  Este  va a ver al brujo de su comunidad, preocupado, porque después de ir a la casa del patrón, primero, y luego al jefe de la policía a hacer unos

reclamos, nadie lo toma en cuenta…  El brujo le dice Garabombo: tu estas mal, agarraste el mal de la invisibilidad, tu eres invisible para los blancos… Garabombo vive  esto como una tragedia…  hasta que empieza a utilizar su invisibilidad para organizar la resistencia de los indígenas. Como no lo ven pasa  por los puestos de la policía sin que lo paren, así recorre los pueblos llevando mensajes, organizando a la gente, hasta que se organiza la resistencia y con las primeras luchas Garabombo pierde la invisibilidad.

Algo así pasó en Venezuela. Se creyeron tanto que el pueblo no existía, que eran todos unos asalariados, “malandros”…Ellos no ven al pueblo, para ellos  solo existen los ciudadanos, la “sociedad civil”,  que vive en el este de la ciudad., que va a sus reuniones… Del resto no entienden, con franqueza no lo entienden. No entienden lo que ha pasado aquí…porque Chávez ha ganado, porque se le ha ratificado en un referéndum, no lo entienden. Para ellos es una especie de anomalía,  de error histórico, algo antinatural porque ellos siempre habían mandado y las cosas deben volver a sus cauces naturales. Para ellos el pueblo son sus sirvientes, la  policía que los defiende… Cuando se les aparecen como gente que delibera, que actúa, que se manifiesta, los desconcierta mucho.

RG. ¿Como fue la reunión de coordinación nacional de los comités de tierra?

Bien, bien…Tuvimos allá algunas peleas de rigor, nuestros acuerdos, como toda la gente seria…

Creo que vivimos un momento importante. Vivimos en una tensión permanente entre el gobierno y los sectores de base, lo que se llama “el proceso”. Nosotros nos referimos al proceso para hablar de todo lo que es, con, sin e incluso contra el gobierno. Esta es una dialéctica complicada.  ¿Qué ocurrió en Venezuela?, en Venezuela la izquierda política es derrotada rotundamente, primero militarmente, después política y electoralmente, ideológicamente, a final de los años setenta. Lo que empieza a ocurrir es que la vieja izquierda que llego a ser muy fuerte se dispersa, y empieza a desarrollar experiencias de mas largo aliento, en sectores de base, renunciando a la idea de la toma de poder, renunciando a la participación electoral, muy parecido a lo que ocurre ahora en Europa.  Eran dirigentes de base, ex comandantes guerrilleros, que empezaron a hacer teatro, grupos de danza, o alfabetizar gente, trabajo de cooperativas …    

Fue un proceso de acumulación de fuerza muy invisible pero muy poderoso.  A final de los 80 esta acumulación empieza a hacerse visible a nivel de calle. Venezuela fue uno de los países con mayor renta per cápita a nivel de Latino América.  

Esto compró una cierta paz social muy duradera de casi 20 años. Pero a final de los 80 se acaba.  La crisis social a consecuencia de la deuda externa empieza a hacerse presente en  luchas muy fuertes, cada vez con más radicalidad.  Primero en el movimiento estudiantil, poco a poco desplazándose hacia los sectores populares,  los pobres urbanos, la gente de los barrios, movimiento campesino… cada vez mas presentes, más activos con movilizaciones casi a diario, cada vez mas radicalizadas en sus reivindicaciones y formas de lucha, todo como respuesta al paquete neoliberal, que nunca es establecido porque siempre es desbaratado por las acciones de calle.  Aquí se privatizan algunas empresas, pero no se completa con la “joya de la corona” que es PDVSA.   El intento es detenido por la movilización de los obreros y no se consigue privatizar ni la educación ni la salud.

La década de los 90 nos agarra en una situación de equilibrio inestable: el bloque dominante no puede imponer su alternativa, pero los sectores populares tampoco, solo estábamos  capacitados  para presentar una lucha de resistencia. Lo mismo ocurrió en Argentina o en  Ecuador, así  se generaron situaciones de crisis permanente.  Por suerte la intervención de los militares progresistas inclinó la balanza hacia nuestro lado. Una cosa muy sorprendente, que también tiene su explicación… es un golpe militar de izquierdas,  con profunda comunicación con el movimiento popular, que se planificaba en asambleas…

Todo esto resulta 6 años después en la victoria electoral de Chávez.. Así que Chávez no tiene una plataforma político social sino el movimiento popular que fue creciendo.  Pero este movimiento no logra hacerse una propuesta propia al margen del gobierno y los militares, así que hay una tensión no resuelta (y que quizás no valga la pena resolver…)

entre el movimiento popular y el gobierno. Una relación de mutua necesidad pero también de conflicto. Cada vez que la derecha pasa a la ofensiva, digamos… que hay una doble respuesta.  Contra todo criterio político tradicional,  Chávez se radicaliza y se radicaliza con el pueblo, convoca a los sectores populares y estos se movilizan.

Las transformaciones recientes en Venezuela tienen que ver con esta agenda.  Los círculos bolivarianos son el resultado del primer paro patronal, de la ruptura definitiva  que sigue a la aprobación de las leyes habilitantes que  desemboca en una gran movilización de calle… En este momento llega la comida de Andrés y hacemos un receso para que pueda comer.

R.G. Después de unos días por aquí, nos llama la atención que esta parece mas una revolución del “territorio” que no de las fabricas

Exacto, esa es mi tesis…

R.G. Si hablas con sindicalistas de la UNT o con las bases de los comités de tierras sobre cualquier tema percibes un gran desconocimiento mutuo, es como si no se hablasen…

Es aún peor… son perspectivas culturales diferentes. De verdad… yo me di cuenta con unos compañeros argentinos que llegaron,  yo les decía,  sinceramente, nosotros no somos obreros.  Hay un alma obrera disciplinada, rigurosa, organizada,  que no es propia de de los pobladores, de los pobres que no están en las fábricas.  Ellos, los obreros fabriles, luchan por lo mismo que nosotros,  pero desde el movimiento sindical, con muchas coincidencias pero con abismales diferencias culturales. Más allá de las diferencias que pueda haber entre Argentina y Venezuela, son diferencias de cómo se construyó la clase, porque somos la misma clase. Pero el movimiento obrero aquí no tuvo cuantitativamente una relevancia,  y además fue un movimiento obrero vinculado más que con la fábrica, con el sector servicios, y para colmo con la administración pública, con el estado, es decir, se dan todas las condiciones para la creación de un sindicalismo amarillo. Es un sindicalismo que negocia con el estado, cosas… prebendas…   Ese fue el proyecto Acción Democrática (AD), que fue un “partido obrero”. Aquí llegaron a haber diputados obreros, ministros obreros…de evidentemente una aristocracia obrera, el movimiento sindical clasista fue minoritario, con poco peso, aunque muy importante, muy claro muy útil.

De todos modos la función productiva siempre estuvo presente, pero mas bien vinculada con el territorio. La clase no se encuentra en la fábrica sino en el territorio, se organiza en el territorio. Es una clase muy precarizada, del sector servicios,  que entra y sale de la economía informal y mayoritariamente no sindicalizada,    Las luchas territoriales, barriales,  han tenido desde siempre una importancia muy fuerte, más que las luchas obreras y cuantitativamente, este sector es también una gran mayoría.  El 60 % de la población vive en barrios populares y es la base social del proceso de cambio. Esto además es algo que está ocurriendo en toda América Latina, así que es algo que hay que pensar teórica y políticamente, que poco a poco la clase obrera tradicional se vuelve incluso aristocrática   Son unos privilegiados los que terminan trabajando en fábricas, el obrero tradicional, el obrero fabril, es un sector muy pequeño y con condiciones de vida favorecidas, todavía explotado, pero favorecido. Paralelamente va creciendo eso que marxismo tradicional denomina los “lumpen”, los marginales, que son un montón de gente, que no se organiza en las fábricas que vive en fabelas o barrios, en villa-miserias,

con reivindicaciones que pasan por lo laboral, pero con otros ribetes.  Estos son finalmente los que garantizan la producción, los que ponen a funcionar el país, los que garantizan que se mueva. Son mano de obra sobre explotada y que muchas veces tiene que ver con el mismo “territorio”, el tema de la “maquila”, la mayoría de gente del barrio donde yo vivo, trabaja ahí mismo, trabajo a destajo, trabajo en negro, que no entra dentro de la programática tradicional de la izquierda. Esa gente es la que más se ha movilizado en estos tiempos.

Este sector tiene un “estilo” distinto, es menos disciplinado, mas turbulento, más multitudinario,  irrumpe como multitud…Es interesante pensar en eso. Aquí ese es un elemento que se hace cada vez más presente, que nosotros debatimos mucho: la idea del poblador, los pobres de la ciudad,  su papel como sujetos de la revolución y que empezamos a encontrar, cada vez con más fuerza, en otros lados.

Lo que ocurre, por ejemplo, en un barrio que está cercano al mío, en Antímano,  Antímano es una fábrica muy eficiente, es un barrio donde viven 150.000 habitantes,   es una fábrica completa, donde una mopa de algodón entra por un lado y sale una camisa por el otro, porque son muchas “maquilas”, hay señoras que tejen, otras cortan, otras mas allá que cosen… eso pasa en toda América Latina y en todo el tercer mundo…

R.G. ¿Trabajan por encargo?

Claro, son las “maquilas”, son subcontratadas, sobreexplotadas... la mujer del “Gordo Edgar”, ya la conocerás, ella  era maquiladora, toda su vida fue eso y era terrible, toda la familia trabajaba en eso, pagan muy poco por pieza y es impresionante lo ingenioso que es el capitalismo en ese sentido, consigue que toda la vida familiar se organice en torno a la producción, mientras la madre esta cosiendo el hijo está pendiente, la hija está pendiente…cuando la mamá va al baño la hija sigue cosiendo para no perder el ritmo…

Pero claro, eso va dejando una capacidad instalada, una capacidad productiva. Si se sustituye el que  terceros se queden con las ganancias,  y la gente se organiza para la producción en forma cooperativa, de otra manera, pero en el mismo territorio, aprovechando la virtud del mismo territorio,  el barrio completo podría ser una fábrica.  Es decir que hay que pensar el asunto desde esa perspectiva, del aporte que puede hacer el territorio a la producción.

R.G. ¿Hay en marcha proyectos productivos propios?

Los hay…bueno, muchos núcleos de desarrollo endógeno ha intentado esto, no sé todavía con que resultados, en  la zona de Catia TV… ahí enfrente mismo (señala el cerro que justo delante nuestro se ve desde la terraza) esa es una zona muy antigua de Caracas, la zona de Caño Amarillo, El Calvario, es una zona  muy linda y muy abandonada que actualmente se ha convertido en” barrio” .  Hay un proyecto que tienen los comités de tierra de este sector de convertirlo en un eje productivo y a la vez turístico…Existen creo,  muy pocas experiencias para lo que se necesita.

Luego hay un asunto por resolver que tiene que ver con esta contradicción con el estado.

La iniciativa viene demasiado del estado y a veces aplastando las iniciativas populares.     Eso se verifica incluso en las experiencias productivas. De pronto vas a una comunidad que tiene experiencia produciendo zapatos o quesos y el estado monta un núcleo de desarrollo endógeno donde producen, que se yo…mermelada. Es decir nada que ver con la experiencia previa de la gente. Es complicado, conseguir la articulación entre la iniciativa de la gente y la intervención del estado.  Pero si que hay que plantearse eso, en una nueva economía, que reconozca que las fuerzas productivas están en el territorio.

R.G. Los movimientos populares dan la impresión de estar muy fragmentados, cuando llegas es difícil ubicarte y hacer un mapa, ¿es así?

Los movimientos sociales fuertes son locales, son fuertes pero son locales y eso tiene que ver con lo que hemos estado hablando del territorio, el arraigo al territorio a la comunidad es fundamental para nosotros.  La comunidad para nosotros es un valor central, es como la “clase”. Eso dificulta realmente la articulación pero para nada la impide. No existen grandes estructuras permanentes de coordinación y además, la gente rechaza este tipo de estructuras por burocráticas. Aquí hay una cultura muy antiburocrática que puede resultar a veces muy antiorganizativa, es decir, toda idea de articulación organizativa de formalización, de dirección es permanentemente rechazada, la única dirección que la gente reconoce es Chávez.

R.G. ¿No dificulta esto la movilización?

Da una agenda de movilización muy particular. Existen movilizaciones muy grandes cuando se plantean cosas que son comunes.  ¿Pero que ocurre cuando se reúnen el Movimiento 13 de abril, el Partido para la Revolución Socialista, ANCLA (que es un movimiento grande…), el movimiento M 28 que es el movimiento estudiantil, algunos sindicatos…y deciden una marcha?, que seguramente no pasarán de 500 personas… pero existen movilizaciones muy grandes que no pasan necesariamente por esos acuerdos. Las organizaciones en si mismas, aunque encuadren sectores relativamente importantes, son una fracción minúscula del pueblo movilizado.

R.G. Algo como los Comités de tierra, ¿que alcance geográfico tienen?

Cada comité,  de 100 a 200 familias…

R.G. ¿Que coordinación existe entre ellos?

Tenemos reuniones parroquiales,  reuniones municipales y eventualmente reuniones nacionales como la del pasado sábado. Vamos hacia un encuentro nacional y estamos haciendo encuentros locales. En la asamblea de Caracas pueden asistir hasta 300 o  400 personas, son más de 1000 comités de tierra en Caracas… Pero mas allá de eso,  el proceso de coordinación es dinámico, se desarrollan líneas de trabajo que van movilizando a todo el mundo, pero no somos una organización en términos tradicionales… Por suerte o a pesar, no podríamos decir que mañana nos movilizamos todos hacia tal o cual lugar. Podemos hacerlo y a lo mejor tenemos a 1000 o 2000 personas, pero los niveles de articulación tienen que ver mucho con la idea de autonomía, organizativa y política, contra toda idea de dirección y muy basada en lo local. Que estamos haciendo ahora?, ahora vamos hacia un encuentro nacional para definir nuestra línea de aquí en adelante. Este encuentro nacional esta precedido por encuentros locales que son encuentros de tres o cuatro barrios donde van unas 100 personas, discuten…se reúnen con otros barrios y eso va componiendo…todos los acuerdos van subiendo de escala hasta el encuentro nacional. Creo que es la única forma de construir una política y una articulación. Entonces, hay una idea…Déjame plantearlo de esta forma: En Venezuela hubo un proceso muy importante de organización popular, en términos de organización que tuvo que ver con la derrota de la izquierda insurgente. La izquierda insurgente fracasa a finales de los sesenta, los grupos más radicales mantienen  las armas hasta mediados de los setenta y es la madre del movimiento popular, junto con la otra matriz que es la teología de la liberación y los grupos cristianos de base. Muchos camaradas empiezan a organizar grupos, sobre todo en el ámbito cultural, es curioso…

Es la idea de contrarrestar la Venezuela “Saudita”  En una “paz social” comprada a “realazos”, se apuesta a la “contra hegemonía”, a la lucha ideológica…Eran organizaciones pequeñas pero con cierta influencia de masas. Estas organizaciones entran en crisis a finales de los ochenta, la ofensiva neoliberal desbarata el proceso organizativo pero paradójicamente, produce movilizaciones de masas muy importantes.

Entonces, claro, queda algo de estas organizaciones,  pero lo más relevante es la movilización. Esta movilización de masas desborda absolutamente todos los niveles organizativos formales. Para mi no existe una oposición entre “espontaneismo” y “conciencia”, estas movilizaciones de masas son muy conscientes y muy políticas.

Las organizaciones acompañan, pero en muy contadas ocasiones dirigen estas movilizaciones. En el barrio, mucha gente va a reuniones, participa, se involucra,  algunos mucho, otros menos; permanentemente 50 o 100 personas en cada barrio  discuten la forma de renovarlo… Pero a la hora de movilizarse por el agua o por  la  defensa urgente del gobierno, se moviliza todo el mundo, es una cosa impresionante. Hay muy poca gente en el barrio que no haya estado presente en las movilizaciones populares de los últimos años. Es una actitud de beligerancia inmensa, esa gente se puede movilizar a una marcha, a pegar “afiches”, a pasar una película para hacer un debate…

Es una participación muy amplia, mucho más allá del grupo grande en término relativo  pero minúsculo en término  comparativo,   que se reúne y planifica permanentemente, es decir:  la organización.   Que de todas formas es mucha, porque esta el comité de salud, la casa de alimentación, la gente de las misiones, el comité de tierra, se van creando los consejos comunales, hay un comité de cultura que está creando un cine club…un montón de cosas.

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