
“Cada pueblo será libre a su modo y disfrutará de soberanía según la voluntad de su conciencia"
Simón Bolívar.
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A finales de junio el gobierno israelí utilizó como excusa el secuestro de uno de sus soldados por parte de los Comités de Resistencia Popular, el ala militar de Hamás, para invadir y ocupar de nuevo Gaza iniciando así un brutal ataque contra los palestinos. Los aviones israelíes han destruido la infraestructura de la región, han dejado a más de un millón de palestinos sin electricidad, sin agua potable, sin asistencia sanitaria… han convertido Gaza en la mayor prisión del mundo donde escasean los productos esenciales como el pan, la leche o las medicinas. Esta situación está provocando un verdadero desastre humanitario para el pueblo palestino que ya antes sufría unas terribles condiciones de vida. Según el Banco Mundial, en dos años el 75% de la población palestina vivirá por debajo del umbral de pobreza. En junio, según la FAO, el “70% de la población en Gaza era incapaz de cubrir sus necesidades diarias de comida sin ayuda. La escalada de las hostilidades ha llevado esta situación a un punto crítico”. A pesar de las cínicas pretensiones del gobierno israelí cuando dice públicamente que “no quiere castigar a los ciudadanos palestinos”, la realidad es que el objetivo de este ataque es sembrar el terror entre la población palestina. Este ataque no tiene nada que ver con la liberación del soldado israelí secuestrado por activistas de Hamas: es del dominio público que días antes de este incidente, el ejército israelí había enviado soldados y vehículos militares a la frontera con Gaza preparados para invadir la región. El verdadero objetivo del imperialismo israelí es castigar al pueblo palestino por votar a Hamás y desbaratar el objetivo del imperialismo israelí que quería poner a un gobierno títere en los territorios ocupados. Primero intentaron bloquear económicamente al gobierno palestino, después intentaron la táctica de provocar una guerra civil enfrentando a Fatah con Hamás y, finalmente, cuando sus objetivos no se han cumplido, recurren de nuevo a la ocupación y la subyugación militar. Y ahora el Líbano La intervención militar de Israel, respaldado en todo momento por el Imperialismo norteamericano y británico, se ha extendido brutalmente al Líbano. Utilizando como excusa el secuestro de dos soldados israelíes por parte de Hezbolá en la frontera libanesa, el gobierno israelí ha lanzado todo su poder militar contra un pueblo inocente. Ha bombardeado aeropuertos, ciudades, ha destruido aldeas enteras, carreteras, ha impuesto un bloqueo por mar y aire, y de esta forma han obtenido un botín de guerra espeluznante: más de 300 civiles inocentes han muerto (en algunos casos familias enteras) y hay más de 500.000 refugiados que han huido de sus hogares destruidos. Y por si esto no fuera poco, la clase dominante israelí lanza acusaciones provocadoras contra Irán y Siria. Como ocurrió en 1967, con la Guerra de los Seis Días, el imperialismo israelí intenta utilizar la guerra para desviar la atención de los problemas que tiene en casa y asegurarse el control estratégico de la zona. En 1967 la guerra les fue útil para descarrilar un movimiento huelguístico, fruto de la recesión económica de 1966, que podía haber supuesto el final del capitalismo israelí. Ahora, Israel está sumido en una profunda crisis económica: uno de cada cuatro israelíes, más de 1,4 millones de personas, viven por debajo del umbral de la pobreza. La clase dirigente israelí quiere recurrir de nuevo al chovinismo para desviar la atención de los problemas tan acuciantes que tienen las masas: paro, pobreza, precariedad laboral... y de este modo poder seguir adelante con sus ataques a las pensiones, a los salarios, a las condiciones laborales… y que en los últimos años han provocado numerosas huelgas, sobre todo en el sector público castigado por las privatizaciones y despidos masivos. Incluso en un contexto de chovinismo sionista, el fin de semana pasado más de 2.000 personas se manifestaron en Tel Aviv para exigir el final de los ataques y los padres de los soldados secuestrados están denunciando que al gobierno no le importa la vida de sus hijos y exigen que se haga un intercambio de prisioneros. Por otra parte, el gobierno sionista agente directo de los imperialistas estadounidenses en la zona, esta llevando a cabo una demostración de fuerza para contener el movimiento de las masas árabes en oriente medio y dar un escarmiento a quienes osan desafiar su poder, como es el caso de la milicia integrista de Hezbolá, cuyo prestigio entre la población libanesa aumentó tras la salida de las tropas de ocupación israelíes del sur del Líbano Hipocresía y cinismo del imperialismoComo ocurrió con la guerra de Iraq, esta nueva guerra en Oriente Medio ha dejado al descubierto toda la hipocresía y cinismo de los imperialistas. El fin de semana pasado se celebró en Rusia la cumbre del G-8, ni una sola palabra de condena al gobierno israelí mientras sitúan toda la responsabilidad sobre Hezbolá, como anteriormente hicieron con Hamas. También ha quedado demostrada la hipocresía de la ONU y la UE, incapaces de frenar esta matanza más allá de sus impotentes declaraciones a favor del alto el fuego. Toda la diplomacia capitalista no vale nada frente a los cañones israelíes. Bush y compañía, incluidos los representantes del PP en el Estado español, dicen que el Estado israelí tiene “derecho a defenderse” de la amenaza terrorista. Pero ¿cómo calificar la política del imperialismo israelí sino de puro “terrorismo de estado”? ¿Acaso el pueblo palestino no tiene derecho a defenderse de los ataques israelíes que han provocado centenares de muertes inocentes? ¿No tiene derecho el pueblo libanés a defenderse? ¿Cómo calificar la política del cuarto ejército más poderoso del planeta dedicado a matar civiles inocentes en beneficio exclusivamente de los intereses de la clase dominante israelí y su maestro, el imperialismo estadounidense? La guerra de Iraq y ahora esta nueva agresión imperialista contra Gaza y el Líbano, demuestran que bajo el capitalismo no puede existir ninguna solución a la barbarie que domina la región desde hace décadas. Las acciones del imperialismo estadounidense e israelí sólo servirán para provocar más inestabilidad en la región. Sólo conseguirá exacerbar todas las contradicciones que ya existen. Los imperialistas y sus apologistas sólo saben hablar de la “lucha contra el terrorismo”, pero con sus acciones sólo consiguen preparar el terreno para que una nueva generación de jóvenes árabes esté dispuesta a unirse a movimientos como Hamás o Hezbolá. El problema para las masas de Oriente Medio, tanto árabes como israelíes, es que Hamás, Hezbolá, Fatah o los gobernantes israelíes no pueden resolver ni uno solo de los problemas que existen en la región. La única salida a este caos sangriento es una solución revolucionaria y socialista. Sólo la lucha de clases puede transformar radicalmente esta situación. Solo la acción de las masas oprimidas de la clase trabajadora árabe e israelí derrocando el capitalismo y todos los gobiernos reaccionarios de la zona puede ofrecer un camino de solución: la Federación Socialista de Oriente Medio en la que todos los pueblos que componen su territorio puedan convivir fraternalmente. Una vez más es necesario que los jóvenes y trabajadores del Estado español y de todo el mundo salgamos a la calle a movilizarnos enérgicamente y parar esta nueva carnicería imperialista. ¡No a la guerra imperialista! ¡Alto al genocidio del pueblo palestino y libanés! ¡Fuera las tropas israelíes de Gaza y Líbano! ¡Por una Federación Socialista de Oriente Medio! |