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Los acontecimientos mundiales de 2005 serán determinados por los
principales sucesos y tendencias de 2004. En primer lugar, el año
pasado demostró en forma por demás dramática y definitiva que la
maquinaria militar estadunidense puede ser derrotada: la resistencia
iraquí ha probado que el imperio de Washington no es invencible. Con
más de mil 500 muertes en combate, cerca de 25 mil soldados
inhabilitados y más de 35 mil víctimas de graves "enfermedades
mentales", el ejército de ocupación estadunidense es incapaz de
llevar la guerra colonial a una conclusión victoriosa. Las fuerzas
coloniales y sus satélites enfrentan cien ataques diarios en todo el
país. Informes confiables de soldados que regresan a su patria
sugieren que la desmoralización y el desapego cunden por do-quier.
En contraste, la resistencia iraquí crece con la entrada en combate
de miles de nuevos voluntarios, de los cuales 95 por ciento son
iraquíes.
La resistencia iraquí y
la debilidad del invasor vuelven improbable que Washington emprenda
una guerra importante por tierra en cualquier otro país "enemigo" en
2005 (Irán, Siria, Venezuela). La fortuna menguante de la guerra
colonial y el retiro cada vez mayor de fuerzas satélites (Hungría,
Polonia y Ucrania) provocarán un debate importante en 2005. Varios
prominentes demócratas, entre ellos Hillary Clinton, así como
republicanos y sionistas, llaman a profundizar la guerra y enviar
más soldados: tantos como 100 mil. La mayoría de los críticos "liberales"
de Donald Rumsfeld en el Congreso son más belicosos, más
militaristas: 2005 verá mayor involucramiento militar estadunidense
en Irak, más bajas y creciente oposición de las familias de los
veteranos y de los soldados que vuelven del frente, así como del "estadunidense
promedio".
A principios de 2005 la economía de Estados Unidos seguirá su
expansión, basada en el financiamiento externo y en las ganancias
especulativas. La caída vertical del dólar en 2004 se acelerará este
año, lo cual conducirá a un mayor abandono de las reservas en esa
divisa. Podemos anticipar una crisis importante a mediados de año en
la economía dolarizada, una grave caída en las acciones de empresas
estadunidenses y una venta generalizada de dólares devaluados en
Japón y tal vez también en China. Es probable que esto provoque una
crisis económica general, la cual debilitará las bases domésticas
del imperio.
Los conflictos dentro de la elite estadunidense se intensificarán en
escala sin precedente. Los "nuevos militaristas" (demócratas
liberales, neoconservadores y sionistas) cuestionarán la "debilidad"
de George W. Bush y Rumsfeld en Medio Oriente. Las fuerzas
profesionales militares y de seguridad (FBI) desafiarán el control
sionista-neoconservador de la política del Pentágono. Se producirán
arrestos y juicios de líderes del principal grupo cabildero israelí,
el AIPEC, acusados de espiar por cuenta de Israel, lo cual podría
propiciar divisiones en las principales organizaciones judías. De
igual importancia será la intensificación del conflicto entre los
ideólogos neoconservadores del Pentágono y las principales
trasnacionales y bancos estadunidenses en relación con la política
hacia China. Conforme el país asiático extienda su alcance económico
en el mundo para ganar acceso a recursos energéticos y materias
primas, los neoconservadores (y sus aliados "defensores de los
derechos humanos") exigirán una confrontación política y militar más
agresiva. En contraste, los pragmáticos de Wall Street se darán
cuenta de que la compra china de bonos del Tesoro es crucial para
evitar el derrumbe del dólar; las inversiones estadunidenses en
China totalizan más de 300 mil millones de dólares y 50 por ciento
de las exportaciones chinas a Estados Unidos son realizadas por
corporaciones trasnacionales.
La crisis externa militar y económica y los conflictos internos en
la elite estimularán un incremento en la protesta social de un
revigorizado movimiento antibélico. En cambio, la burocracia
sindical seguirá siendo una fuerza aislada, impotente e inactiva,
que representa sólo 8 por ciento del sector privado. La mayoría de
los "intelectuales progresistas" seguirán protestando contra la
guerra en Irak, pero mantendrán su negativa a enfrentar a los "neomilitaristas",
sobre todo entre los sionistas del Pentágono y los belicistas
liberales, como Clinton.
Europa y China continuarán compitiendo y colaborando con el imperio,
obteniendo ventajas con adversarios de Washington como Irán y Siria,
y compitiendo por el control de recursos estratégicos en
hidrocarburos y materias primas. En 2004 China firmó importantes
acuerdos de inversión y comercio con Brasil, Argentina, Venezuela,
Bolivia, Chile, Cuba y Rusia, los cuales ga-rantizan reservas en
gran escala y a largo plazo de energía, minerales y productos
agrícolas, y la entrada a sus mercados industriales y de
consumidores. Europa y Japón realizan fuertes inversiones en Irán,
Rusia, Libia y Africa para asegurarse abastecimiento energético.
Esta competencia interimperialista profundiza la dependencia
latinoamericana de su papel tradicional en la división internacional
del trabajo, de proveedor de materias primas e importador de bienes
industriales. Así ocurre en particular en los acuerdos
latinoamericanos con China, país que invierte sobre todo en
industrias extractivas no renovables para alimentar su economía
industrial. Estos acuerdos, si bien diversifican mercados, prolongan
el pillaje colonial iniciado por España, expandido por Estados
Unidos y ahora practicado por el recién surgido imperio global chino.
En América Latina, Washington continuará enfocándose en Colombia y
en una victoria político-militar contra las fuerzas de la guerrilla
popular. Incrementará la presencia militar mercenaria, ejercerá
mayor supervisión directa de las tropas colombianas de elite y
ahondará la colaboración con los ministerios de Defensa y las
fuerzas de seguridad de Ecuador, Venezuela y Brasil para estrechar
el "cerco" exterior a las guerrillas en tanto aplica una política
interna asesina para vaciar de labriegos el campo. Las
trasnacionales petroleras estadunidenses intensificarán su presencia
en la región, sobre todo en México, Venezuela, Argentina y Ecuador,
mediante la firma de importantes acuerdos de exploración "conjunta",
muy favorables a ellas.
En lo político, Washington continuará presionando al régimen de Hugo
Chávez en Venezuela y al gobierno de Néstor Kirchner en Argentina
para que hagan mayores concesiones en sus políticas doméstica y
exterior. En ambos regímenes, la influencia encubierta estadunidense
está presente en las altas esferas de las fuerzas armadas, los
ministerios del Exterior y las fuerzas de seguridad. Se puede prever
que Washington llevará a cabo una política de "dos vías",
consistente en apoyar a la extrema derecha en el exterior de esos
gobiernos (Mauricio Macri, Carlos Menem y Ricardo López Murphy en
Argentina y el pro golpista Convergencia en Venezuela) y a los
llamados "moderados" en el interior.
También continuará dando fuerte apoyo a los regímenes neoliberales
de Brasil, Bo-livia, Peru y Ecuador, pero trabajará estrechamente
con la oposición de derecha. Da-da su débil posición militar en el
mundo por la situación en Irak, trabajará más de cerca con fuerzas
militares y de seguridad latinoamericanas para reprimir la creciente
oposición política. Asimismo se enfocará en presionar a Argentina,
Brasil y Venezuela para debilitar sus vínculos comerciales y en
seguridad con Cuba, ya sea me-diante pactos bilaterales o "acuerdos
de cooperación en seguridad" con el régimen cliente de Colombia.
El principal desafío a Estados Unidos y sus clientes políticos en
América Latina en 2005 provendrá de una multiplicidad de movimientos
sociales nuevos o renovados: trabajadores organizados en Argentina;
trabajadores, desempleados y grupos campesinos en Bolivia; la nueva
central sindical Conluta (Coordinación Nacional de Lu-chas) en
Brasil, junto con sectores militantes del Movimiento de los sin
Tierra y de los sindicatos de servidores públicos; la revitalizada
Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) en Ecuador y una
previsible contraofensiva de los movimientos populares y
guerrilleros en Colombia.
En México, la candidatura de Andrés Manuel López Obrador a la
presidencia y la formación de una alianza independiente
"transversal" de trabajadores, campesinos y grupos cívicos podría
conducir a una polarización política que tendría importantes
repercusiones. En Venezuela, es probable una mayor separación entre
la base popular del movimiento chavista y sectores del liderazgo "moderado".
En general, 2005 atestiguará el "fin de las ilusiones" con las
alianzas electorales de "centro izquierda", y nuevas polarizaciones
políticas en Venezuela, Brasil y México. Washington, atado de manos
por las guerras en Medio Oriente y Asia, se apoyará en sus clientes
políticos, como Luiz Inacio Lula da Silva y Alvaro Uribe, para que
conduzcan el balón y, en caso de emergencia, en las fuerzas locales
de seguridad.
Con todo, al inicio del año nuevo las perspectivas militares y
económicas para el imperio estadunidense son peores que hace un año.
Podemos vislumbrar un "año nuevo" de profundización de la guerra,
crisis económica y creciente acción directa.
En Irak, como en Vietnam, los continuos reveses conducirán a una
intensificación de la guerra: más soldados, más armas, mayor uso de
la tortura, de las matanzas generalizadas y de la destrucción de la
sociedad iraquí. La guerra total estadunidense convertirá una lucha
de liberación nacional es una "guerra de todo el pueblo". Cada vez
más regímenes clientes de Washington, aislados en el ámbito
doméstico y ante la perspectiva de una gran derrota en Irak,
abandonarán la empresa. Regímenes títeres y elecciones "manipuladas"
irán y vendrán en el país ocupado durante 2005, pero la guerra
cobrará mayor fiereza que nunca y el pueblo estadunidense se verá
forzado a encarar la realidad de que su gobierno no puede lograr la
victoria y no la logrará: que es él, el pueblo, el que paga los
costos de una guerra perdida.
Sin embargo, Washington no dará marcha atrás: los militaristas
civiles han invertido todas sus creencias ideológicas en Estados
Unidos como potencia unipolar invencible. Los sionistas del
Pentágono tienen la consigna de establecer un poderío israelí
indiscutible en la región, aun al precio de debilitar al imperio
estadunidense en el resto del mundo. La clase política (demócratas y
republicanos) y la mayoría de los generales creen que una retirada
-una derrota- alentaría a otras naciones a desafiar la supremacía
estadunidense. La lógica de Washington en 2005 será que la guerra
debe continuar, que la victoria debe obtenerse sea cual fuere el
costo en vidas humanas estadunidenses e iraquíes. El tesoro y el
presupuesto son rehenes de la lógica de guerra: para defender la
imagen de la invencibilidad imperial, hay que poner al imperio de
rodillas.
Traducción: Jorge Anaya
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