La necesidad de una politica migratoria integral

Durante la época estival, son muchos los profesionales de la música que se afanan en encontrar la canción del verano, que no es sino la más "pinchada" y oída de la temporada. Pues bien, resulta que la temporada veraniega también trae consigo el "debate del verano". En esta ocasión, y teniendo en cuenta que el periodo estival está llegando a su fin, en nuestra opinión está claro cuál ha sido el "debate", el de la inmigración. Son multitud las líneas que sobre esta cuestión se escribieron a lo largo del mes de agosto, cuando el país de disfrutaba mayoritariamente de las vacaciones.

Siento enormemente ser tan "sarcástico" con una cuestión tan delicada, sobre todo por su afectación humana, pero no es otra cosa lo que me sugiere el panorama vivido. En primer lugar, habría que decir a la ciudadanía que, a pesar de toda la tinta gastada, a fecha de hoy todavía no existe ninguna medida en vigor nueva y -lo que es más importante- que mejore realmente nuestra política migratoria.

Desde hace bastante tiempo, nuestra organización empresarial viene percibiendo que la política migratoria es el "patito feo" de la política española. Pocos políticos, por no decir que ninguno, saben cómo actuar en este campo. Sí son conscientes de lo difícil que es sacarse la foto con cualquier medida política que se aplique en este campo. A esa foto, por desgracia, nuestra clase política le concede mucha importancia.

Durante este verano no hemos vivido nada que no se hubiera visto ya en veranos pasados. La llegada de pateras a nuestras costas no es algo nuevo. Simplemente, lo que ha cambiado es el reparto de roles políticos. Mientras que antes un partido que antes gobernaba ahora está en al oposición, otro que antes realizaba función opositora ahora está gobernando. Esta parece ser la razón fundamental que ha de explicar todo.

La FER no va a entrar en la contienda política, y mucho menos nos vamos a inclinar por una u otras razones, Ahí están los electores para ejercer esa inclinación, pero sí vamos a recordar que son los responsables, desde sus diferentes posiciones, de elaborar una verdadera política migratoria. Desde nuestra organización empresarial únicamente vamos a aprovechar la ocasión para marcar ciertas posturas que tenemos claras en materia de inmigración.

Lo primero que habría que decir es una evidencia, y es que mientras haya desigualdades en el mundo -y mal que nos pese a muchos seguirán durante mucho tiempo- habrá movimientos migratorios, personas que dejan a los suyos y sus propiedades para buscar algo mejor. Esto incluso se favorece con internet o con canales internacionales que enseñan lo que para ellos es "El Dorado".

Parece también claro, y compartido por casi todos, que es ineludible relacionar la entrada de inmigrantes con la situación de nuestro mercado de trabajo. Y relacionado con esto, parece evidente que España no tiene una capacidad ilimitada de acogida de inmigrantes.

Nadie debe discutir que, con independencia de su aportación económica a través de su trabajo en las empresas, como a través del sistema de Seguridad Social, la visión social no debe nunca faltar al hablar de inmigración, más cuando en muchos casos las culturas de los países de origen son muy diferentes a las nuestras. En la actualidad, los inmigrantes también abarcan de forma considerable el conjunto de los servicios sociales puestos en marcha.

Utilizo el término política migratoria porque entiendo que también se habrá de tener en cuenta, para una correcta política, lo que pasa con los movimientos de trabajadores dentro de España, ¿o tiene sentido traer a trabajar inmigrantes cuando resulta que regiones de España tienen importantes tasas de paro?

La gran mayoría de los puestos de trabajo ocupados en los últimos años por personas extranjeras no comunitarias son de baja cualificación y, además, previamente han sido desechados por los españoles. Sin embargo, vivimos un fenómeno de deslocalización que va a situar en España actividades empresariales únicamente de verdadero valor añadido, destinadas a personas con un perfil profesional de alta cualificación. ¿No hay aquí una contradicción?

En la situación actual, conviven entre nosotros multitud de personas provenientes de diferentes países que carecen de reconocimiento legal. No tienen papeles, han entrado ilegalmente y, sin embargo, no se les expulsa, como marca la normativa. Por otra parte está demostrado, a nuestro entender, el polo de atracción que provoca que un país regularice extranjeros repartiendo papeles: el conocido "efecto llamada".

La inmigración, hoy en día, no pertenece únicamente al ámbito de la política estatal, sino que también debe ser comunitaria, e incluso autonómica, pues estos ámbitos territoriales ostentan las competencias en materia de empleo en cada región de España.

Los procedimientos de contratación, bien sea a través de contingente, bien a través del régimen general, son ineficaces, y proporcionan el trabajador al empleador con bastante retraso respecto del momento en el que surge la necesidad concreta del empresario.

En la actualidad, y tras muchos planteamientos que el anterior Gobierno puso encima de la mesa, tenemos una ley nueva pero que ha carecido hasta ahora de reglamento de desarrollo, lo cual impide que algunas medidas anunciadas en el texto legal puedan desarrollarse plenamente.

Con este panorama, las soluciones no pasan por medidas oportunistas y populistas. La solución pasa por la elaboración de una adecuada política migratoria (que tome como base nuestra política económica y empresarial), sobre la que los partidos políticos están obligados a entenderse, y donde la labor las asociaciones empresariales y sindicales es fundamental.