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La
noche era calma como tantas otras, a lo lejos resplandecían millares de
estrellas que se reflejaban desafiantes en los yelmos del conquistador
hispano. Estos reían socarronamente mientras contaban las monedas del
día, agradeciendo a Dios por esta tierra generosa que les había dado sin
preguntarle al mapuche, porque eran simplemente indios. Pero el indio
tenía sus propios dioses, más dignos, más valientes y tan antiguos que
eran sabios y astutos. Y esa noche, agazapados entre la incipiente garúa
y los arreboles de su milenaria dignidad, un millar de mapuche atacó la
recién fundada ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, allí, a los pies
del río mapocho.
Y ello es una condición permanente de
su existencia, toda vez que desde hace siglos se le trata de asimilar,
reprimir, marginalizar, porque las clases dominantes no pueden aceptar
la existencia de pueblos originarios que amenacen - desde su particular
perspectiva etnocéntrica - el ordenamiento social, político, económico y
cultural que han labrado a la fuerza desde el surgimiento de Chile como
Estado-nación. Por lo mismo, de manera permanente se fortalecen los
mecanismos institucionales para garantizar y eternizar la exclusión de
los pueblos indígenas, pero, también, la trama de elementos simbólicos
que buscan fortalecer la identidad chilena y, por ende, debilitar el
componente indígena de nuestras culturas. Asimismo, la identidad chilena fue arbitrariamente impuesta por la elite dominante cuyo referente continuaba siendo Europa más que América; entonces el español se convirtió en nuestro idioma oficial, a pesar de que la inmensa mayoría de los habitantes del territorio que hoy llamamos Chile no eran hispano parlantes, toda vez que los pueblos indígenas poseían sus propios y milenarios idiomas. Se decidió, también de manera arbitraria, que nuestra religión oficial sería el catolicismo, no obstante el hecho de que la mayoría de los habitantes del naciente país tenían sus propias cosmovisiones. En otras palabras, se comenzó a configurar - a la fuerza - un Chile para los chilenos el cual, por definición, excluía a otros pueblos.
El carácter uninacional y unicultural
de Chile se ha mantenido y consolidado a través del tiempo y, como
proceso concomitante, se ha fortalecido de manera sistemática la
exclusión de los pueblos indígenas. En consecuencia, el peligro de la
celebración del bicentenario de Chile radica en que se busca confirmar,
ratificar y sellar simbólicamente el carácter uninacional del país.
Ello, más allá de los discursos del gobierno que apelan a la diversidad
y al reconocimiento de la existencia de otros pueblos, y no solo el
chileno, en el país. Sin embargo, ese supuesto reconocimiento no apunta
hacia un país de iguales, sino que tan solo a admitir ciertos derechos
culturales y acaso económicos, pero no políticos.
La versión oficial señala que
carabineros investigaba el robo de animales que supuestamente estaban en
el predio de los mapuche y que al llegar a la comunidad fueron atacados
por los comuneros. Sin embargo, los testimonios de los sobrevivientes
son muy distintos, pues - señalan categóricamente - carabineros y
civiles armados llegaron en medio de la noche con la intención de matar.
Y así lo hicieron, asesinando a Juan Domingo Collihuin, de 71 años, e
hiriendo a dos de sus hijos. El suboficial Juan Mariman, autor de los
disparos, es un conocido torturador de los tiempos de la dictadura
militar. * Sociólogo, colaborador de Azkintuwe.
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