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La huelga de hambre y
la muerte de Catrileo despertaron un volcán. Enormes manifestaciones
en solidaridad con los mapuches han ocurrido diariamente tanto en
Chile como en otras partes del mundo. En Europa las manifestaciones
frente a las embajadas y consulados chilenos se han vuelto
habituales, dibujando un cuadro similar al que ocurría en los peores
años de la dictadura de Pinochet, cuando las protestas de exiliados
acechaban al régimen militar. |
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Por
Francisco MARIN*
I
Periódico
Azkintuwe |
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Manifestación mapuche. |
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Foto de
Juan Pedro
Catepillán. |
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Párrafos |
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Los
cerca de 300 mil mapuches que viven en los campos del sur de
Chile, tienen sus comunidades rodeadas de empresas forestales,
mineras, salmoneras e hidroeléctricas que asedian su
territorio, saqueando y contaminando el medioambiente. |
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Desde
el retorno a la democracia, en 1990, cerca de 600 mapuches han
sido procesados por la justicia. Más de la mitad de ellos, con
base en leyes de excepción, como la Ley de Seguridad Interior
del Estado y la Ley Antiterrorista. |
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EN EL SUR DE CHILE está que arde. Cientos de comunidades mapuches están en evidente
estado de rebeldía. Exigen la devolución de tierras ancestrales y acusan
numerosos atropellos por parte del Estado y las empresas que ocupan su
histórico territorio. El actual alzamiento mapuche se inició hace 15
años. Pero es en la actualidad cuando más connotación ha alcanzado. Dos
hechos han sido determinantes: el asesinato cometido por un policía del
estudiante mapuche Matías Catrileo y una larguísima huelga de hambre que
acaba de concluir.
El crimen de Catrileo ocurrió el pasado 3 de enero. El estudiante, junto
con unos 30 mapuches de la comunidad Lleupeko de Vilcún (Región de la
Araucanía), ingresó al fundo Santa Margarita, que reclaman como suyo.
Alertados por el hecho, un piquete de carabineros (policía uniformada)
acudió al lugar, donde abrió fuego contra los mapuches que no portaban
armas. Catrileo murió víctima de un disparo en la espalda, que le
perforó un pulmón.
El autor del crimen fue el cabo Walter Ramírez, quien portaba una
subametralladora UZI, cargada con proyectiles de guerra. Los compañeros
de Catrileo, en medio de los disparos, tomaron su cadáver y lo
escondieron para evitar que fueran alteradas las evidencias que
delataban que Catrileo fue atacado por la espalda. Los comuneros
mapuches se comunicaron con una radio de cobertura nacional (Bío Bío),
la que transmitió en directo lo que sucedía.
Hubo conmoción nacional. Tanto, que este suceso permitió que fuera
conocida y reconocida por todo Chile la lucha que dan los mapuches por
la reconstitución de su territorio, y más aún, por su propia existencia.
El Ministerio Público designó, a cargo de esta causa, al fiscal militar
José Pinto Aparicio, el mismo que dejó sin sanción el asesinato del
mapuche Alex Lemún, de 17 años, cometido por el mayor de carabineros
Marco Treuer, durante una toma de terreno.
En los días posteriores a la muerte de Catrileo se registraron masivas
protestas en numerosas ciudades de Chile. En los campos del sur,
numerosos caminos fueron bloqueados y algunas haciendas fueron ocupadas.
Dos camiones fueron incendiados en la carretera Panamericana, cerca de
Temuco. En Tirúa, dos centenares de mapuches, armados de pistolas, palos
y piedras, atacaron dos helicópteros de Forestal Mininco, cuando
intentaban aterrizar en el aeródromo Las Misiones.
El gobierno, para aplacar las protestas, optó por el camino de la
represión. El 16 de enero, solicitó al Ministerio Público el
nombramiento de fiscales especiales para exclusivamente investigar y
penalizar las protestas mapuches. Ese mismo día, la petición fue
aceptada. En un comunicado de prensa, el Ministerio Público aclaró que
“los fiscales designados se dedicarán sólo a dirigir las investigaciones
de hechos violentos y no otro tipo de situaciones vinculadas a las
demandas de comunidades indígenas”.
Los cerca de 300 mil mapuches que viven en los campos del sur de Chile,
tienen sus comunidades rodeadas de empresas forestales, mineras,
salmoneras e hidroeléctricas que asedian su territorio, saqueando y
contaminando el medioambiente que les da sustento y medicina. Estas
empresas son abiertamente respaldadas por el gobierno, la policía y la
prensa. Este reportero pudo comprobar la “militarización” de la
que son víctimas las comunidades mapuches. En la localidad costera de
Mehuín, ubicada a 850 kilómetros al sur de Santiago, los carabineros
pidieron la documentación e interrogaron a los pasajeros del camión en
que viajaban; les pedían que explicaran las razones de su visita a esta
localidad.
Este control se hacía a todos los vehículos que ingresaban al lugar.
Mehuín es una comunidad costera, poblada por pescadores chilenos y
mapuches que desde hace 12 años resisten la instalación de un ducto, con
el que la celulosa Celco, de Valdivia, pretende arrojar sus
contaminantes deshechos en el mar. El gobierno, en todo momento, ha
apoyado a la empresa, a través del envío de fuerzas policiacas y
militares para realizar tareas represivas. También, mediante la
intervención de la “Autoridad Medioambiental”, que se ha manifestado
dispuesta a otorgar la autorización para que se descarguen las emisiones
contaminantes en el mar, sin exigir el tratamiento adecuado.
Diversos reportes –como el entregado por el Observatorio de Pueblos
Indígenas el 17 de diciembre pasado al Ministerio del Interior--, dan
cuenta que las comunidades mapuches continuamente son víctimas de
allanamientos policiales, en los que se golpea brutalmente a ancianos,
niños y mujeres e, incluso, a autoridades sagradas (machis y lonkos).
Además, la policía habitualmente les requisa --con cualquier excusa--
sus animales, instrumentos musicales y herramientas agrícolas. Estas
últimas, incluso, han sido utilizadas como pruebas judiciales para
incriminarlos en actos de violencia. Los fiscales son particularmente
receptivos a cualquier acusación en contra de los mapuches, a quienes
imponen severos castigos y humillaciones, aunque sean inocentes de los
cargos presentados.
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LA CAUSA MAPUCHE RECIBIÓ un fuerte espaldarazo fruto de la huelga de
hambre de 112 días, que iniciaron cinco mapuches presos en la cárcel de
Algol, que mantuvo, hasta el pasado 30 de enero, Patricia Troncoso,
conocida como “La Chepa”. Las demandas de los ayunantes eran: el fin de
la militarización del territorio mapuche; la derogación de la Ley
Antiterrorista, y la libertad de todos los presos políticos mapuches. La
huelga finalizó el 30 de enero tras la mediación del presidente de la
Conferencia Episcopal, Alejandro Goic. Debido a sus gestiones, se logró
que se le entregaran beneficios carcelarios a “La Chepa” –que lleva
cinco años tras las rejas-- y a otros dos presos políticos mapuches,
Juan Millalén y Jaime Marileo.
Los beneficios incluyen el derecho a salir en libertad los fines de
semana. El pasado 29 de enero, la presidenta Michelle Bachelet nombró a
un comisionado especial para asuntos indígenas, responsabilidad que
recayó en Rodrigo Egaña, quien tendrá como misión abrir un proceso de
diálogo con este pueblo-nación que tiene fama de “indomable”. “La
Chepa”, junto con Marileo, Millalén y otros dos mapuches, fue condenada
por su participación en el “incendio terrorista” de la hacienda Poluco
Pidenco, ocurrido en diciembre de 2001, circunstancia en la que sólo se
registraron daños materiales. El castigo común a todos ellos: 10 años de
cárcel y una multa equivalente a 925 mil dólares.
La dureza de los castigos se debe a que les fue aplicada, a solicitud
del gobierno del expresidente Ricardo Lagos, la ley 18.134
Antiterrorista, que fue creada por la dictadura de Augusto Pinochet. La
aplicación de esta ley tiene como inmediata consecuencia el aumento de
los castigos y el uso de herramientas policiacas, como escuchas
telefónicas, violación de correspondencia privada, seguimientos, uso de
infiltrados; además, permite el uso de “testigos sin rostro”, que en
muchos casos han recibido dinero del Ministerio Público para hacer
declaraciones inculpatorias, y que son entregados bajo la excusa de
permitir la protección de los acusadores.
Los condenados en la causa Poluco Pidenco demandaron –el 7 de septiembre
de 2005-, al Estado de Chile ante la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH). Afirmaban que, en sus juicios, se vieron vulnerados sus
derechos de igualdad ante la ley y tener un debido proceso, lo que
contravendría la Convención Americana de Derechos Humanos. El 2 de mayo
pasado, la CIDH admitió la denuncia, al considerar que existían claros
indicios de que las acusaciones fueran fundadas. Con esta causa, son
cuatro los procesos que se tramitan en éste tribunal internacional y que
tienen relación con la vulneración de los derechos de los pueblos
indígenas por parte del Estado chileno.
La CIDH es sólo uno de los muchos organismos internacionales que han
reconvenido a Chile por no respetar los derechos de los pueblos
originarios. El Comité de Derechos Humanos de la ONU, en marzo de 2007,
reprendió en duros términos a Chile por el uso que se le da a la
legislación antiterrorista. “La ley 18.134 ha permitido que miembros de
la comunidad mapuche hayan sido acusados de terrorismo por actos de
protesta o demanda social, relacionados con la defensa de los derechos
sobre sus tierras”, sentencia el organismo.
En enero de 2007, el Comité de Derechos del Niño de la ONU planteó al
gobierno de Chile, la necesidad de que sean reconocidos los derechos de
los pueblos indígenas, al recomendar su reconocimiento constitucional y
la ratificación del convenio 169 de la Organización Internacional del
Trabajo (OIT), que es tramitado en el Parlamento de Chile, desde 1992.
Este convenio, cuya ratificación se ha vuelto una demanda central de los
pueblos originarios de Chile, que tiene la virtud de ser un instrumento
vinculante al ser un tratado internacional, contiene un estatuto de
derechos de pueblos indígenas que reconoce principios de autogobierno y
autogestión de los pueblos indígenas respecto de los recursos naturales
que se ubican en sus territorios. Este convenio podría ser votado en
marzo próximo por el Senado chileno. Pero grupos indígenas se oponen a
su ratificación, debido a que el Parlamento lo podría aprobar con
algunas “reservas”, que lo despojarían de gran parte de su poder
jurídico.
Desde el retorno a la democracia, en 1990, cerca de 600 mapuches han
sido procesados por la justicia. Más de la mitad de ellos, con base en
leyes de excepción, como la Ley de Seguridad Interior del Estado y la
Ley Antiterrorista.
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LA HUELGA DE HAMBRE y la muerte de Catrileo despertaron un volcán.
Enormes manifestaciones en solidaridad con los mapuches han ocurrido
diariamente tanto en Chile como en otras partes del mundo. En Europa las
manifestaciones frente a las embajadas y consulados chilenos se han
vuelto habituales, dibujando un cuadro similar al que ocurría en los
peores años de la dictadura de Pinochet, cuando las protestas de
exiliados acechaban al régimen militar.
Human Rights Watch; la Federación Internacional de Derechos Humanos;
Amnistía Internacional; diputados del Parlamento Europeo; las madres de
la Plaza de Mayo y cientos de organizaciones del mundo, han pedido a la
presidenta Bachelet que intente dar una solución al drama judicial,
económico, histórico y cultural de los mapuches, además de que evitara
que “La Chepa” muriera de hambre.
José Bengoa, connotado investigador de la historia mapuche, definió, en
entrevista con Apro, como “intifada” el levantamiento que realizan los
mapuches en el sur de Chile. Esto, por la cantidad y características de
las acciones de protesta, “que incluyen incendios, marchas, huelgas de
hambre, y que se registran cada día”.
Para el autor de la Historia del pueblo Mapuche, el conflicto chileno
mapuche “es quizá el problema político más complejo e importante que hay
en Chile”. Estima que en su país “existe la vieja tentación de ver los
temas indígenas como problemas menores, sectoriales, que sólo tienen que
ver con subsidios, con lo folclórico, pero que no consideran los temas
de fondo, como el reconocimiento y la libertad”. Afirma que el Estado y
la sociedad chilena “se han negado a darle reconocimiento a los
mapuches”.
Bengoa presagia que, si el gobierno no logra poner el tema mapuche en el
terreno de la política, “va a tener un conflicto muy grande”. Esto
implica “abrir el camino del diálogo”. De no ocurrir esto, advierte, se
va a imponer la violencia. Señala que es muy importante, para resolver
el diferendo existente entre los mapuches y el Estado de Chile, darse
cuenta que en la sociedad actual “ellos no tienen ningún canal donde
expresar sus demandas”. Además, dice, desde el Estado y los poderes
económicos sólo se busca “criminalizar su protesta”.
Cabe señalar que hoy no hay ningún parlamentario, ni ministro de la
Corte Suprema, ni diplomático ni gobernador o intendente que sea
mapuche, no obstante que este pueblo tiene 800 mil habitantes, buena
parte de los cuales vive hoy en ciudades, principalmente en Santiago. En
entrevista con Apro, la codirectora del Observatorio de los Derechos de
los Pueblos Indígenas, Nancy Yánez, señala que sucesos como la muerte de
Matías Catrileo era algo absolutamente previsible a la luz de lo que
estaba ocurriendo en la zona mapuche. Asegura que ella anticipó
personalmente esto al Director General de Carabineros, general José
Bernales, a mediados de diciembre pasado.
Explica que dijo a Bernales que es necesario que los carabineros
modificaran su actitud represiva, con el fin de evitar que se generara
“una espiral de violencia, que podría a terminar con el costo de vidas
humanas”. A juicio de Yánez, el sufrimiento y los atropellos de que son
víctimas los mapuches, denotan “una crisis de institucionalidad en la
democracia chilena, puesto que los tribunales militares no cumplen con
los requisitos de imparcialidad y debido proceso que exigen las leyes
chilenas”.
Yánez se ha reunido recientemente con ministros y subsecretarios de
gobierno, ante los que ha denunciado los numerosos atropellos policiacos
y judiciales de los que son víctimas las comunidades mapuches. Yánez
afirma que es improcedente que en Chile, crímenes en los que están
envueltos civiles, sigan siendo juzgados por tribunales militares. A su
juicio, este proceder desconoce la condena dictada contra este Estado
por la Corte Interamericana de Justicia en el caso Palamara (2006),
circunstancia en que se conminó expresamente a éste país a restringir la
enorme importancia asignada a los tribunales militares, que a su juicio,
han actuado sin imparcialidad “al ser a la vez juez y parte”.
La abogada defensora de los derechos indígenas señala que la muerte de
Matías Catrileo “es consecuencia de la criminalización de la protesta
social mapuche y de la militarización de la Araucanía”. Cabe destacar
que la nación mapuche se mantuvo independiente durante toda la época
colonial. En ese periodo firmó numerosos acuerdos con el Reino de
España, que tenían en común reconocer la soberanía mapuche sobre el
territorio comprendido entre la ribera sur del río Bío Bío y el río
Toltén. Fue la República de Chile (y también la de Argentina) la que, a
finales del siglo XIX, los sometió a sangre y fuego, avanzando sobre sus
tierras, el 90 por ciento de las cuales fue confiscada y posteriormente
rematada. Hoy, apelando a antiguos documentos y a derechos indígenas
reconocidos internacionalmente, los mapuches piden la devolución de las
tierras expropiadas
/
AZ
* Gentileza
www.proceso.com.mx
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