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La muerte tiene la palabra |
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Un volcán grita, en
una tierra en la que muchos callan demasiado. Miles de jóvenes
gritan, cuando los adultos reproducen silencios heredados. Lanzan
piedras, lanzan lava. Un pueblo defiende la tierra. “Mapuche”
significa gente de la tierra. Un pueblo defiende su identidad. Un
pueblo se pone de pie frente a las grandes trasnacionales
forestales, de la celulosa, de la electricidad, de la pesca, de la
minería. |
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Por
Claudia KOROL*
I
Periódico Azkintuwe |
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Protesta en
Palacio de La Moneda. |
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Foto de
Agencias. |
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Párrafos |
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Matías
Catrileo, de 22 años, estudiante de agronomía, fue asesinado
con una bala disparada por la espalda, por un carabinero.
Estaba participando junto a otros comuneros de una toma de
terrenos. |
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Las
forestales mandan en Chile hacen y deshacen, saquean,
acumulan superganancias. Los conflictos entre estas
empresas trasnacionales y el pueblo mapuche, se
concentran alrededor de la tenencia y la
contaminación. |
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DICEN
QUIENES SABEN leer los signos de la tierra, que la erupción del volcán
Llaima -que hace pocos días conmovió a Chile-, debe ser entendida como
un grito que llega desde bien abajo de la tierra, para desgarrar las
capas de perversidad de quienes persisten en el genocidio mapuche y las
capas de indiferencia de quienes miran hacia otro lado como diciendo “yo
no fui, yo no sé”. Dicen los “pingüinos”, aquellos muchachos y muchachas
que meses atrás se tomaron los liceos y colegios de Chile, que el
asesinato del joven mapuche, Matías Catrileo, como antes el de Zenón
Díaz Necul y el de Alex Lemun, denuncian la marca racista de la
represión que ha vuelto delito ser joven, pobre, indígena, rebelde.
Matías Catrileo, de 22 años, estudiante de agronomía de la Universidad
de La Frontera de Temuco, fue asesinado con una bala disparada por la
espalda, por un carabinero. Estaba participando junto a otros comuneros
mapuche de una toma de terrenos en el Fundo Santa Margarita de Vilcún,
perteneciente al latifundista Jorge Luchsinger. La acción tenía como
objetivo avanzar en la recuperación de sus tierras ancestrales.
Alex Lemun, de 17 años, fue asesinado en el 2002 en Ercilla, también por
la bala de un carabinero, cuando participaba de una ocupación del Fundo
Santa Elisa de la Forestal Mininco. Su asesino fue sobreseído en el 2004
por una Corte Marcial, y hoy está reintegrado en la fuerza policial. El
fiscal militar de ese caso, José Pinto Aparicio, es quien realizará
ahora la investigación del asesinato de Matías Catrileo. Dice la
Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Chile -que conoce
los rostros de la impunidad-, que es necesario que el caso sea
investigado por la justicia ordinaria, y no por la justicia militar, y
que hace falta que se asuma la responsabilidad política por parte del
Gobierno.
Dicen las mujeres mapuche, que ¡ya basta! de que asesinen a sus hijos.
En el funeral de Matías, Mónica Quezada, madre de Matías, expresó:
“tenemos la convicción de que el disparo criminal proviene desde el arma
de carabineros. No podemos hacer más que calificar dicha acción como un
acto ruin y cobarde. Ruin porque se hizo un uso desproporcionado de la
fuerza contra un grupo de jóvenes mapuche, armados apenas con la fuerza
de sus ideales. Nosotros y muchísimos más sabemos cómo se denomina a
aquellos que atacan por la espalda. No queremos más impunidad, no
queremos más hijos muertos por una causa cuya legitimidad ha sido
reconocida”.
Un volcán grita, en una tierra en la que muchos callan demasiado. Miles
de jóvenes gritan, cuando los adultos reproducen silencios heredados.
Lanzan piedras, lanzan lava. Un pueblo defiende la tierra. “Mapuche”
significa gente de la tierra. Un pueblo defiende su identidad. Un pueblo
se pone de pie frente a las grandes trasnacionales forestales, de la
celulosa, de la electricidad, de la pesca, de la minería. Frente al
modelo político, económico, cultural, que destruye a la “Mapu” y a su
gente... a sus che. Dice ese pueblo que no tiene ya nada que perder, más
que su propia vida. Dice el silencio oficial, que la vida del pueblo
mapuche no vale lo que vale su territorio para los dueños del poder.
Dicen los poderosos, que la propiedad privada, es un valor más alto que
la vida. Dicen aquellas feministas que no quieren ser una cuota del
poder de destrucción capitalista, patriarcal, racista, que la lenta
agonía de Patricia Troncoso, presa política mapuche en huelga de hambre,
es otra de las maneras que asumen el “femicidio” y el “etnocidio”.
¿Quién es la mujer que habla desde su cuerpo que se apaga? Patricia
Troncoso, presa política mapuche, está realizando una huelga de hambre
líquida desde el 12 de Octubre del 2007. Patricia estudió Teología en el
Instituto de Ciencias Religiosas de la Universidad Católica de
Valparaíso. En la búsqueda de sus propias raíces, fue aproximándose de
manera solidaria a las comunidades mapuche, y se hizo parte de la
resistencia histórica de este pueblo. El Observatorio de Derechos de los
Pueblos Indígenas, informó sobre las causas de su detención, producida
el 12 de septiembre del año 2002. Patricia fue acusada de ser autora de
los delitos de amenazas e incendios terroristas. Se imputó a ella -y a
otros acusados- responsabilidad en los siguientes hechos: 1) incendio
terrorista en propiedad de Juan Agustín Figueroa Elgueta; 2) amenazas de
incendio terrorista contra los dueños y administradores del Fundo
Nancahue; 3) incendio terrorista en perjuicio del predio forestal San
Gregorio de propiedad de Juan Julio Sagredo Marín; y 4) amenazas de
incendio terrorista contra los dueños y administradores del Predio San
Gregorio. En diciembre de ese mismo año, se le inició un nuevo proceso
acusada de ser partícipe de la Organización “Coordinadora de Comunidades
en Conflicto Arauco Malleco”, organización del pueblo mapuche a la que
se estigmatiza como “Asociación Ilícita Terrorista”. El 28 de enero de
2003, se formalizó otra causa en su contra, por delitos de incendio
terrorista, robos con violencia, lesiones, usurpación en el grado de
tentativa y otros, siendo querellantes la Empresa Forestal Mininco S.A.
y la gobernación provincial de Malleco.
En la primera causa, la sentencia definitiva absolvió a los imputados de
todos los cargos. Sin embargo las partes querellantes en este caso
(gobierno y particulares) presentaron un recurso de nulidad ante la
Corte Suprema, que el 2 de julio de 2003 anuló la sentencia absolutoria,
ordenando la realización de un nuevo juicio, realizado a partir del 9 de
septiembre de 2003. En él fue absuelta nuevamente de todos los cargos
que se le formulaban, mientras que los lonkos mapuche fueron condenados
a la pena de 5 años y 1 día de presidio por el delito de amenazas de
incendio terrorista, contemplado en el artículo de la Ley N° 18.314.
Finalmente Patricia fue condenada a 10 años y un día de prisión, acusada
de incendio terrorista al predio Poluco Pidenco, y se la condenó a pagar
en indemnización a la Empresa Forestal Mininco S.A. la suma de 425
millones de pesos, junto a los cinco condenados por esta causa. El caso
Poluco Pidenco fue un incendio ocurrido en diciembre de 2001, en el que
no hubo víctimas fatales, en el cual sus presuntos autores fueron
juzgados con “testigos sin rostros” aplicándosele la Ley Antiterrorista
creada durante la dictadura militar. Esta situación ha sido condenada ya
en dos oportunidades por los organismos de derechos humanos de las
Naciones Unidas, que han pedido la derogación de la Ley Antiterrorista y
la revisión de los procesos realizados bajo esa norma.
Patricia Troncoso ya ha cumplido la mitad del tiempo en prisión. Sin
embargo no se le han concedido los beneficios carcelarios a los que
tiene derecho, entre los cuales está la salida dominical y/o la salida
diaria. Es otra forma de tortura, en el Chile gobernado por la
“socialista” Michelle Bachelet. Durante los meses de octubre y noviembre
del 2004, en forma paralela al cumplimiento de su condena, Patricia
Troncoso debió afrontar un cuarto juicio por el delito de Asociación
Ilícita Terrorista. Tras 17 jornadas de audiencias en el Tribunal Oral
en lo Penal de Temuco, fue declarada inocente por tercera vez de su
participación en delitos de carácter terrorista. Pero Patricia Troncoso,
no es la única víctima del Estado chileno. En las cárceles de Angol,
Victoria, Lebu, Concepción, Temuco y Traiguén, se encuentran más de 20
presos políticos mapuche, la mayoría juzgados bajo la legislación
antiterrorista de tiempos de Pinochet.
Víctor Toledo Llancaqueo afirma en la revista OSAL 22: “Frente al
conflicto con los indígenas; y siguiendo las pautas de una intensa
campaña de criminalizacion de la protesta social mapuche; el Estado
chileno emprendió una sistemática huida hacia el derecho penal. El caso
mapuche es ilustrativo de la criminalización de la protesta social, como
un proceso político, mediático y jurídico, que etiquetando a los actos
de protesta como delitos, busca sacar a un conflicto social de la arena
política, para llevarla al campo penal. El objetivo de los impulsores de
la criminalización, es poner en marcha al poder punitivo del Estado,
para neutralizar, disciplinar o aniquilar la protesta. Los medios de
comunicación y sectores de derecha, fueron actores clave del proceso de
criminalización de la protesta mapuche. Ante la emergencia de la
movilización indígena, promovieron activamente su deslegitimación,
penalización y que se la enmarque como un asunto de seguridad. Por su
parte las empresas forestales, resintieron el conflicto con las
comunidades mapuche en su imagen corporativa. Sindicadas por daños
ecológicos y represión a indígenas por medio de guardias privados,
quedaron expuestas a perder algunos mercados. Frente a este cuadro, los
grandes grupos forestales presionan al gobierno y a la opinión pública,
para que los conflictos sean resueltos penalmente. Se magnificaron los
efectos económicos de la protesta mapuche, y la figura del incendio”(2).
Las forestales mandan en Chile –en América Latina-, hacen y deshacen,
saquean, acumulan superganancias. Los conflictos entre estas empresas
trasnacionales y el pueblo mapuche, se concentran alrededor de la
tenencia y la contaminación de la tierra, ya que los territorios
ancestrales han sido usurpados por las forestales, atentando también
contra la cosmovisión de ese pueblo, sus símbolos, su cultura; y
contaminando fuertemente los amplios territorios arrebatados. Alfredo
Seguel(3), investigador chileno, destaca que la entre las consecuencias
del desarrollo de la industria forestal en Chile, se encuentran:
“Desplazamiento del
Bosque Nativo; Pérdida de los Recursos hídricos, superficiales y
subterráneos que ha sido una de las constantes denuncias entre la IX y X
regiones; Uso indiscriminado de plaguicidas y contaminación de
ecosistemas; Acorralamiento de comunidades rurales por los monocultivos;
Destrucción de caminos rurales y polución por el tránsito de la
maquinaria pesada, principalmente en tiempos de cosecha; Pérdida de
Flora y Fauna (también plantas medicinales y alimenticias) ante el
desplazamiento del Bosque nativo y ecosistemas; Suelos ganaderos y
agrícolas reemplazados para la introducción de forestales industriales
lo que conlleva a la perdida de soberanía y seguridad alimentaria;
Transgresión de lugares sagrados; Aumento emigración (disminuye fuente
laboral) y pobreza en lugares de alta concentración Forestal;
Acusaciones por auto atentados de incendios forestales que han
involucrado a grupos de seguridad de estas y que han quedado en la
impunidad”.
Un dato importantísimo para este análisis que aporta Seguel es la
información sobre los incendios o auto atentados, producidos por
empresas de seguridad “que prestan servicios a compañías forestales como
CMPC – Mininco (Matte) y Arauco – Celco (Angelini), donde incluso, se
han señalado a ex uniformados y ex agentes de inteligencia involucrados
en estas firmas. Una escalada de incendios forestales durante los años
1999 al 2001, coinciden con algunas denuncias aún aisladas de auto
atentados al interior de las propias empresas, como asimismo, con el
inicio de un operativo de inteligencia en el Gobierno de Ricardo Lagos,
desde el mismo 2001 al 2004, para reprimir, neutralizar, controlar y
perseguir a una buena parte del movimiento mapuche, como fue a la
organización Arauko Malleko”… “La empresa Forestal que involucra en
denuncias por auto-atentados a través de sus “cuadros” de seguridad
patrimonial, corresponde a Forestal Mininco, que integra el holding CMPC
del grupo económico Familia Matte; sin embargo, con las denuncias de
Yumbel, estas se extienden a otras, tales como Forestal Arauco y Celco,
del multimillonario de origen italiano, Anacleto Angelini (Holding
Copec-Arauco); y forestal Bio Bio también de Angelini”. En su trabajo,
Seguel aporta varios datos que dan sustento a estas hipótesis, que
cierran el círculo de comprensión de las razones que hacen que en pleno
siglo 21, un gobierno que se hace llamar de socialista, mantenga
secuestrado a un pueblo en los confines de su propio territorio.
Durante los primeros días de enero, numerosas movilizaciones y denuncias
de los crímenes contra el pueblo mapuche realizados por el gobierno de
Bachelet –que continúa las políticas de la Concertación-, recorren
América Latina. Sin embargo, es necesario debatir con mayor profundidad,
sobre los modelos mal llamados de “desarrollo”, con que las
trasnacionales vienen saqueando a nuestro continente, con la complicidad
en la mayoría de los casos, de los gobiernos locales –incluso de muchos
de los caracterizados como “progresistas”. La recolonización, las nuevas
guerras de conquista, el reparto de territorios por parte de las
trasnacionales del Primer Mundo, sigue siendo la forma de acumulación
del capitalismo, y sus consecuencias son el exterminio de pueblos
completos, y la devastación del planeta.
Recordar en este contexto a Rosa Luxemburgo, cuando planteó un siglo
atrás el dilema de la humanidad, como “socialismo o barbarie”, puede ser
una manera de pensar en términos más complejos, que estamos frente a una
situación que nos exige, no sólo pensar acciones puntuales de denuncia
sobre violaciones a los derechos humanos, que parecieran excepcionales,
sino comprender que estos actos depredatorios, son inherentes al
capitalismo y a su sistema de dominación. Será hora entonces de discutir
qué proyecto de vida deseamos y promovemos, qué socialismo soñamos y
construimos como alternativa al capitalismo, y encontrar cómo las
batallas de resistencia que venimos librando frente al avance de las
trasnacionales, de sus gendarmes y de sus gobiernos, puedan ir
proyectándose en nuevas experiencias de poder popular. En ese camino,
movilizar fuerzas para que no sea la muerte, la única palabra audible
del pueblo mapuche, y de otros y otras “condenados y condenadas de la
tierra”. Que hablen quienes tengan voz. Que griten quienes tengan
energía. Que marchen quienes tengan cuerpos dispuestos a mostrar que es
verdad la palabra mapuche que dice que “por cada uno que caiga, diez se
levantarán” / AZ
*
Periodista
argentina del Centro de Investigación y Formación de los Movimientos
Sociales Latinoamericanos (CLACSO)
** Gentileza
www.alainet.org
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