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Edición digital - País Mapuche

 

 

 

 

 

 

 


 JORNADAS DE LUCHA ESTUDIANTIL


Temuko resiste


En el Mercado Municipal de Temuko, los turistas extranjeros pueden conseguir mapuchitas por 3 dólares la unidad. Son muñecas tailandesas de mala calidad y vestidas con la indumentaria tradicional. También ofrecen una gran cantidad de instrumentos musicales, tejidos, platería... El Mercado de Temuko huele a pescado, marisco, carne, verduras y baratijas. El barrio de Las Encinas a dignidad y rebeldía estudiantil.


Por Hernán SCANDIZZO y Pedro CAYUQUEO / Azkintuwe Nº2

 

 

 


 - Marcha del Hogar Mapuche de Temuko. Foto de Pablo Díaz.

 



Para los mapuche, Temuko es una ciudad hostil. Bien lo saben aquellos cientos de universitarios que deben convivir a diario con un arsenal infinito de prejuicios raciales.


Cerca de las 9:30 carabineros terminó de limpiar los escombros de la calle. Al rato se retiraron y la situación en el barrio volvió a la normalidad. No hubo heridos.


FUNDADA COMO FUERTE militar tras la ocupación del territorio mapuche el año 1881, Temuko es hoy la capital de la denominada Región de La Araucanía. Con una población que supera las 250.000 personas, hasta no hace muchos años ostentó el sitial de ser una de las ciudades con mayor índice de crecimiento de Latinoamérica. Se trata por tanto de una ciudad moderna, pero además blanca, racista e intolerante. Así lo demuestran estudios oficiales, como la encuesta realizada en marzo de este año por el gobierno chileno sobre Tolerancia y No Discriminación y que arrojó en su población niveles de xenofobia superiores al 40% y una “disposición favorable al comportamiento autoritario” del 65%!. Sin embargo y a pesar de las reveladoras estadísticas, las autoridades locales se han empecinado en vender hacia el visitante una imagen idealizada de diversidad cultural y respeto al pueblo mapuche.

Un gran ejemplo de esto último es su Plaza de Armas. En ella, un monumento de grotesco tamaño retrata una escena de por si surrealista: un soldado español, un militar chileno y un musculoso guerrero mapuche. Los tres resguardando al pie de un farellón la figura idealizada de una machi elevando una plegaria con su kultrun al cielo. Todo un símbolo de la génesis de la nación chilena, podría suponer cualquier turista despistado. Sin embargo, la escena no representa más que un burdo intento por ocultar con chovinismo patriotero una historia cargada de persecuciones y despojos. Quizás por ello se trata de un monumento gris y solitario. Una mole de piedra de la cual ni siquiera las infaltables palomas se han querido apropiar con el paso del tiempo.

Para los mapuche, Temuko es una ciudad hostil. Bien lo saben aquellos cientos de universitarios que deben convivir a diario no sólo con un arsenal infinito de prejuicios raciales, sino que además con el hacinamiento, la falta de alimentación y las amenazas de desalojo policial en alguno de los cuatro hogares estudiantiles que hoy subsisten a duras penas en la capital regional. En total son unos 300 estudiantes, peñi y lamngen, que cursan carreras profesionales en planteles como la Universidad Católica de Temuko, la Universidad de La Frontera y en otros Institutos o Centro de Formación Técnica. Sus edades fluctúan entre los 18 y 25 años, y en muchos de ellos, los niveles socioeconómicos de sus grupos familiares limitan peligrosamente con la extrema pobreza. Se trata por tanto de jóvenes esforzados, chicos para quienes su llegada a la educación superior es el resultado de toda una vida de esfuerzos y sacrificios. Algo así como la ansiada meta final en una larga carrera con obstáculos iniciada cuando niños en alguna perdida y remota escuela rural de Lumako, Tirúa, Huapi, Lonquimay o Panguipulli, algunos de los disímiles puntos de la Meli Witran Mapu desde donde son en su mayoría originarios.

Cuatro albergues tienen la misión de acogerlos durante el año académico. Tres ubicados en el mismo Temuko y un cuarto en la vecina y no por ello menos hostil comuna de Padre Las Casas. Todos ellos –más otro existente en Valdivia- y agrupados en la Coordinadora de Hogares Mapuche del Sur, protagonizaron durante los últimos meses fuertes movilizaciones para lograr un mayor compromiso por parte del gobierno en lo referido a financiamiento y creación de nuevos recintos. Una demanda compleja para las autoridades, quienes desde hace años se han mostrado reticentes a cumplir con su rol “benefactor” en unos albergues que si bien en los papeles aparecen como fiscales, en los hechos son desde su creación administrados y conducidos por los propios estudiantes. Por ello la pelea tuvo que ser larga y sacrificada, sucediéndose desde el mes de julio a noviembre multitudinarias marchas, huelgas de hambre, ocupaciones de oficinas públicas, campañas de difusión y, siempre como último recurso, fuertes enfren-tamientos callejeros con la policía que transformaron a ratos el barrio universitario de Las Encinas en un verdadero e impenetrable campo de batalla.

Los estudiantes se movilizaban por el derecho a vivir en hogares dignos. También por los actuales pichikeche, potenciales beneficiarios a futuro de este tipo de recintos. Lo hicieron con organización y valentía, respaldados por una serie de acuerdos incumplidos por Jaime Andrade, ex Coordinador de Políticas Indígenas de la Concertación. El gobierno, a través de su diminuto subsecretario, después de haberse comprometido públicamente el año 2001 a solucionar gran parte de sus problemas, optó final-mente por darles descaradamente la espalda. Así pasó un año completo. Hasta que los universitarios dijeron basta y en menos de tres meses lograron finalmente doblegar la sordera del Ejecutivo chileno, estableciendo el pasado 30 de octubre un importante acuerdo con el Ministro de Planificación Nacional, Andrés Palma (DC), este último enviado de urgencia por el propio Presidente Ricardo Lagos a la zona sur a “dialogar” con los rebeldes universitarios mapuche.

En concreto, los estudiantes lograron del gobierno un compromiso para los siguientes puntos. A saber, la entrega en los próximos meses de las dependencias del Hogar Las Encinas desde INDAP a los propios estudiantes; la inyección de millonarios recursos de emergencia (una cifra superior a los 60 millones de pesos) destinados a mejoras de habitabilidad en cada uno de los albergues existentes; la asignación de más de un centenar de raciones alimenticias extras para los universitarios que carecen del beneficio; la creación a futuro de nuevos hogares en las ciudades nortinas de Arica, Iquique y Antofagasta (demanda planteada por la Coordinadora Zonal Norte Kollasuyo); y lo más importante, el establecimiento de una agenda de trabajo para implementar una política presupuestaria que termine a futuro y de una vez por todas, con la inestabilidad financiera que desde hace años afecta a la mayoría de los albergues.

No fue una victoria parcial, ni una lucha meramente simbólica. Atrás quedaban para demostrarlo más de tres meses de movilizaciones, decenas de estudiantes detenidos, otros tantos golpeados por la brutalidad característica de las fuerzas policiales y no pocos de sus dirigentes procesados y más tarde condenados por los diligentes tribunales de justicia de Temuko. Parte de esta lucha fue acompañada en sus últimas semanas por un equipo de Azkintuwe desde el interior de los propios hogares movilizados. A continuación un pequeño relato de lo vivido por nuestros reporteros en aquellos dignos espacios de organización juvenil mapuche.

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LUNES 27 DE OCTUBRE. 20:00 horas. En Temuko, los universitarios mapuche se encuentran en pie de guerra. En la calle, en las paredes de los hogares, en la prensa, en las facultades y en las charlas cotidianas es posible conocer de esta lucha. La resistencia estudiantil no duerme, eso lo podemos ver en las murallas. En los alrededores de la ciudad cada mañana aparecen nuevas pintadas por la mantención de los albergues universitarios, contra las mentiras del gobierno, así como también por la libertad de los presos políticos, por la autonomía y el control territorial. En los ingresos a los hogares cuelgan los pasacalles con reclamos por falta de apoyos del Estado y en Las Encinas, epicentro de las últimas movilizaciones, una docena de murales pintados por artistas chilenos y mapuche reflejan la vitalidad de esta lucha de nuevo tipo desarrollada en el asfalto racista de una ciudad que se niega todavía a reconocerlos y aceptarlos.

El pasado martes, cerca de las 18 horas, unos 100 jóvenes del Hogar Universitario de calle Las Encinas levantaron barricadas y cortaron varios accesos al barrio universitario de la Universidad de La Frontera (UFRO). Reclamaban que el gobierno definiera su política respecto de las residencias estudiantiles, la mayoría escasos de presupuesto y –según nos relata el dirigente Julio Marileo- completamente hacinados en una situación ya para todos “insostenible”. No hubo respuesta. Al rato llegaron las fuerzas especiales de Carabineros y desde los guanacos empezaron a tirar agua a presión y bombas lacrimógenas. No sabemos qué tenía el agua, pero hacía arder la piel, los ojos y la garganta. Piedras y cócteles molotov de un lado. Dos o tres lanzagases desde el otro. Los jóvenes encapuchados se replegaban en el Hogar y desde los techos o tras las rejas tiraban certeras piedras con sus wetruve o con la mano. Las gomas por su parte ardían incólumes sobre el asfalto. Se replegaban los guanacos y decenas de jóvenes encapuchados salían a la calle y reparaban las barricadas destrozadas por la embestida de los blindados de Carabineros. Así por varias horas.

Los vecinos, desde no muy lejos, miraban a esas horas un combate familiar. El edificio de Las Encinas, perteneciente a un organismo estatal vinculado al trabajo campesino, fue ocupado ilegalmente por cerca de 80 estudiantes mapuche sin hogar en abril del año 1997. En ese tiempo el edificio estaba abandonado y los universitarios, aburridos de esperar una respuesta de las autoridades, decidieron transformarlo por la vía de los hechos en el primer hogar universitario mapuche del país. “Varias veces las autoridades intentaron desalojarlos, pero nunca lo consiguieron”, nos relata Wladimir Painemal, ex dirigente de aquella histórica ocupación. Finalmente, el recinto les fue entregado en comodato hasta que el gobierno concretara la construcción de un hogar nuevo para relocalizarlos.

A partir de esa ocupación los estudiantes encontraron un camino. Rápidamente, otros hogares surgieron en la ciudad, exigiendo al gobierno comprometerse también con su financiamiento y mantención. “No se trataba de fomentar el paternalismo estatal, sino simplemente de exigir aquello que nos correspondía por derecho”, recuerda Painemal. Más allá de la retórica, los estudiantes exigían a las autoridades llevar a la práctica aquel manoseado discurso de la deuda histórica. Por parte de ellos, quedaba el desafío de garantizar una buena administración interna y transformar esos recintos en verdaderas escuelas de formación cultural y política. Con el paso del tiempo lo lograron. “Talleres de cultura, lengua mapuche, teatro, cosmovisión y política se hicieron habituales a partir del año 1999 en la programación anual de Las Encinas”, relata Painemal, quien a pesar de haber egresado de dicho hogar el año 2002 como antropólogo, continúa apoyando hasta hoy a los chicos en sus múltiples actividades.

Teoría y praxis, los estudiantes en diversas coyunturas salieron además a las calles para solidarizar con la lucha de su pueblo. Presos políticos y comunidades en conflicto aprendieron a conocer y a respetar entonces su combativa solidaridad. Para los chicos se trataba de un deber. Pero llegó el año 2001, fecha en que el gobierno finalizó la construcción del moderno hogar prometido el 97’en la vecina Padre Las Casas. Era entonces el momento del traslado, pero nadie abandonó el viejo y maltratado edificio. Intentaron desalojarlos policialmente, pero tampoco lo consiguieron. Barricadas, marchas, enfrentamientos callejeros y una emblemática huelga de hambre de siete estudiantes en la Catedral lo impidieron. Hoy 130 estudiantes viven en Las Encinas. Otros 100 lo hacen en Padre Las Casas y ambos, de manera coordinada, protagonizan en este 2003 las nuevas y combativas jornadas de protesta estudiantil.

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LOS ENFRENTAMIENTOS con la policía se prolongaron aquel martes hasta bien entrada la tarde. Cerca de las 20 horas, los dirigentes decidieron levantar la medida para evitar detenidos y todos los peñi y lamngen obedecieron. Uno a uno fueron ingresando al hogar, despojándose de sus capuchas como un acto reflejo. Los miramos con indisimulado asombro. Chicos y chicas de rostro afable, bromeando alegremente sobre la actuación de tal o cual peñi durante las escaramuzas. Muchas sonrisas y palmoteos en la espalda. Ha finalizado una nueva jornada y los “violentistas” de Las Encinas, como los denomina comúnmente la prensa oficial, se muestran ante nuestros ojos como aquello que verdaderamente son y que la sociedad la mayoría de las veces ignora. Jóvenes alegres, bromistas y solidarios. También corajudos, combativos y disciplinados. Y lo mejor, completamente vacunados contra todos aquellos dogmatismos propios de la juventud izquierdista chilena.

Lo comprobamos al recorrer sus pabellones y conocer, por ejemplo, algunos de sus variopintas preferencias musicales. Kultrunes y pifilkas, compartiendo amigablemente el espacio con Ataque 77, Los Reales del Valle, Sepultura o el último hit de la movida Sound. Un estudiante nos dice que tendrían que ponerle a los pacos un tema hip-hop recientemente dedicado a los hermanos Pichún. Él asegura que serviría de acción psicológica contra ellos cuando los reprimen en los hogares. Las lamngenes, alejadas de inquietudes conspirativas, nos confidencian que a la hora de divertirse prefieren las baladas de Chayanne, Ricky Martin o Ricardo Arjona. A la mayoría de ellos las letras de Silvio Rodríguez y Pablo Milanes, definitivamente, los deprimen.

Cerca de las 9:30 Carabineros terminó de limpiar los escombros de la calle. Al rato se retiraron y la situación en el barrio volvió a la normalidad. No hubo heridos ni detenidos en esta jornada, sólo el pavimento quedó cubierto con las negras cenizas de los neumáticos quemados. Al interior de Las Encinas y después de haber cenado ya gran parte del contingente, los chicos de reúnen a la hora de las noticias al pie de un gran televisor Sony. En los hogares, nos dicen, la televisión está todo el día sagradamente encendida. Allí ven desde novelas para adolescentes y dibujos animados, hasta violentas imágenes de los enfrentamientos con las fuerzas especiales de Carabineros, que transmiten a diario y con lujo de detalles por estos días el informativo central de la Red Araucanía de TVN. Ellos ven sus enfrentamientos con la policía con sentimientos encontrados. Si bien se sienten orgullosos de sus niveles de combatividad, todos lamentan tener que llegar a eso para poder ser escuchados por las autoridades de gobierno.

Gabriel Meñako, hijo de un destacado lonko de Lleu-Lleu, comuna de Tirúa, comparte con nosotros sus reflexiones sobre la violencia. Le preocupa que los chicos centren su atención y sus energías en Carabineros y se olviden que son las autoridades “políticas” las principales responsables de la represión. “Ellos son sólo mandados”, nos argumenta. Sin embargo, tras compartir con él horas más tarde las imágenes de un violento allanamiento policial realizado en la comunidad de Rofue, Meñako nos señala categórico: “Por lo pronto hay que darles duro”. “Cuando seamos autónomos ya tendremos tiempo para reconciliarnos con todos ellos”, agrega enseguida y con la cara llena de risa.

Jóvenes así, como Gabriel que bromea teorizando sobre el uso de la violencia o como Bautista, el ingeniero que disfruta en su pieza viendo películas de Cantinflas o escuchando emotivas rancheras, son los mismos que se cubren la cara y enfrentan a los pacos hoy en las calles de Temuko. Jóvenes así son los que van presos, los que arrojan piedras con hábiles wetruve, los que le complican la existencia al gobierno. Jóvenes así son también los que madrugan estudiando, los que trabajan para pagar sus carreras y todos aquellos que han llegado desde las zonas rurales con la esperanza de forjar un futuro mejor para ellos y sus comunidades.

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ALGUNAS AUTORIDADES creen lo que les dice la prensa de los estudiantes. Y la prensa dice que los hogares son nidos de subversivos, escuelas de adoctrinamiento marxista, lugares de formación que hasta con polígonos de tiro contarían. Eso lo creyó y lo dijo el Intendente Regional en Temuko tiempo atrás. Eso lo creyó el Subsecretario del Ministerio de Planificación (Mideplan), Marcelo Carvallo, quién se reunió con los estudiantes el viernes 24 en el Hogar de Las Encinas, enviado por La Moneda para descomprimir el clima de conflicto que ya se arrastraba por demasiados días. El temeroso funcionario dudó en acudir hasta el recinto universitario. Hasta bien entrada la noche lo estuvo pensando. Finalmente no tuvo alternativa y optó por arriesgar el pellejo. Llegó con las manos vacías, pero custodiado por unos 300 efectivos policiales fuertemente armados que acordonaron el área y se parapetaron en puntos claves del recinto prestos para ingresar. En fuentes policiales se temía una acción de secuestro por parte de los estudiantes. El mismo Carvallo lo confirmaría más tarde.

Sin embargo, los dirigentes lo escucharon respetuosos. Y también de manera respetuosa, pero firme, le plantearon sus demandas. Allí estaban Marilaf y Millalef del Hogar de Valdivia; Lincolao de Padre Las Casas; Romero del Hogar Pehuenche; Sanchez y Luna Chodil del Hogar Puram Peyunzugun; y Marileo, Reuca y Comulay del combativo hogar anfitrión. Ya en la madrugada y rodeado por más de 50 universitarios que ingresaron a la sala para acompañar a sus dirigentes, Carvallo debió reconocer sudoroso que el gobierno había incumplido efectivamente acuerdos firmados con los dirigentes, destacando sin embargo -una y otra vez- su voluntad y predisposición para enmendar lo “antes posible” dicha falta de respeto cometida hacia el movimiento estudiantil. Sus palabras, por cierto, no fueron suficientes. Tras cuatro largas horas de reunión, Carvallo se retiró sin un rasguño con sus fuerzas policiales del sector, comprometiendo en el plazo de una semana la visita del ministro Andrés Palma al Hogar.

A las 01:30 de la madrugada, la asamblea del hogar se reunió para discutir los alcances de la reunión. “Esta lucha recién está comenzando hermanos, hoy logramos traer a nuestro hogar al subsecretario de Mideplan dando un ejemplo de unidad y fortaleza, pero se vienen jornadas mucho más duras por delante”, fueron las palabras con que Julio Marileo clausuró más tarde la combativa y agotadora jornada. Para los dirigentes estudiantiles, sin embargo, el trabajo no terminaría allí. Reuniones de análisis y planificación interna se sucederían todavía hasta altas horas de la madrugada. Ya lo decía el Che. En tiempos de conflicto, dejar la noche para el sueño o el descanso pueden constituir pecados de lesa dirigencia.

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ES LUNES Y NUEVAMENTE las molotovs rebeldes y las piedras contra el agua a presión y los gases han asumido el protagonismo. Pasadas las 12:00 horas, decenas de estudiantes encapuchados quemaron neumáticos para cortar el tránsito en la avenida Francisco Salazar. También levantaron barricadas en un acceso lateral de la Universidad de la Frontera (UFRO), sobre la transitada Avenida Las Encinas, obligando a las autoridades a desplegar cientos de efectivos policiales en los alrededores. Nuevamente, al igual como en toda la última semana, “los hijos de aquellos peñi que no pudieron matar” se encontraban en las calles en un ritual de resistencia ya por todos conocido.

Esta vez, sin embargo, los enfrentamientos no sólo se limitaron al sector de Las Encinas. También en la Población Bellavista de Padre Las Casas se registraron fuertes enfrentamientos de estudiantes con la policía, situación que llevaría a la derechista alcaldesa local Rosa Oyarzún a exigir ante la justicia el “cierre definitivo” del hogar y el arresto de todos esos “campesinos delincuentes”. A estas alturas, los comentarios de la “señora UDI”, como la llaman, ni siquiera preocupan a los estudiantes. Les quitan el sueño más bien las jugadas del gobierno y, principalmente, no desfallecer en los objetivos finales de este ya prolongado proceso de movilización.

Se hace tarde. La noche cae lentamente y un helicóptero policial sobrevuela la ciudad. Desde la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Frontera -donde escribimos este reporte-, se lo ve ir y volver. Vuela en círculos y se lo escucha constantemente. El cielo está nublado, en las próximas horas tal vez caiga la lluvia. Quizás eso apague las barricadas que aún arden en las cercanías de la U. Por Radio Bio-Bio informan que los estudiantes se han retirado ya de las calles. Para ellos, una nueva jornada de protesta estudiantil acaba de finalizar / Azkintuwe

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