|
|
-
|
|
A
10 AÑOS DE LUMAKO - PARTE II |
|
Han trascurrido 10 años de los sucesos
de Lumako y alrededor de 300 mapuches, hombres, mujeres, niños y
ancianos, han pasado por las cárceles chilenas. Más de diez
ministros especiales y nueve Fiscalías Militares han investigado
acciones de protesta enmarcadas en un conflicto político que se
agudiza año tras año. Una década de garrote y
persecución política que nada podría envidiar a la dictadura. |
|
|
Por
Pedro CAYUQUEO
I
Periódico Azkintuwe |
|
|
|
Represión policial en Temuko. |
|
|
Foto de Pablo Díaz. |
|
Párrafos |
|
¿Son los
tribunales los responsables de que a 17 años de
retornada la democracia al país se incremente la
represión hacia el Pueblo Mapuche? “Claramente la
responsabilidad final corresponde al estado”, señala
José Aylwin. |
|

Las
críticas mapuches parecieran no incomodar al gobierno. Tampoco
las inumerables recomendaciones que organismos internacionales
realizan a La Moneda para “enmendar” el rumbo de su
contradictoria política indígena. |
|
“DOCE SON LAS
PERSONAS que fueron puestas a disposición del ministro instructor
Antonio Castro, por su presunta participación en el atentado incendiario
a tres camiones que prestaban servicios a la Forestal Arauco en la
comuna de Lumaco el pasado 1 de diciembre. Encabeza la lista José
Remigio Chureo” . Asi informaba el satélite regional de la cadena El
Mercurio de la detención de campesinos mapuches de las comunidades de
Pichilonkoyan y Pilinmapu, tras el atentado que redujo a cenizas tres
camiones forestales y, con ello, hizo estallar ante la opinión pública
nacional e internacional una situación de atropello, marginación y abuso
contra el pueblo mapuche que las autoridades hubieran preferido mantener
bajo la alfombra.
Se trató de una
acción desesperada y extrema, reconocerían años más tarde algunos de sus
protagonistas, pero no por ello carente de sentido. Todos los detenidos
serían formalizados por el ministro de la Corte de Apelaciones de
Temuko, Antonio Castro en virtud de la Ley de Seguridad Interior del
Estado, legislación de excepción que el gobierno aplicaría a partir de
entonces de manera recurrente contra dirigentes y organizaciones
mapuche. Experiencia tenía el magistrado en el uso de esta ley. El año
1992, la Corte Suprema de Santiago lo había designado ministro en visita
para investigar una serie de ocupaciones de tierras que protagonizó la
organización mapuche Consejo de Todas las Tierras (CTT) en la IX Región,
700 kilómetros al sur de la capital chilena.
Los mapuches, en el marco de las acciones continentales de protesta ante
las celebraciones oficiales del Quinto Centenario, habían decidido
ocupar una serie de latifundios agrícolas en las comunas de Lautaro,
Vilcun y Temuco. Se trató de ocupaciones simbólicas, que buscaban llamar
la atención de las autoridades respecto de dos situaciones que
transitaban de la mano: la propiedad en manos ajenas de la tierra
mapuche y el empobrecimiento de las comunidades. “Buscábamos dar cuenta
de un problema histórico, no resuelto y que se agravó durante la
dictadura militar de Pinochet”, señalaría tiempo después Aucan
Huilcaman, lider de aquellas jornadas de protesta. Pero el gobierno
chileno de la época no lo entendio así. Recién retornada la democracia
al país y con una inestable solidez institucionalidad, observada de
reojo desde los cuarteles militares aun bajo el mando del ex dictador,
la administración de Patricio Aylwin decidio responder con dureza y
ordenó el encarcelamiento de todos los manifestantes.
Un año más tarde, el
ministro Antonio Castro dictaría condena de cárcel para 144 mapuches
miembros del CTT, por los delitos de “usurpación de tierras” y
“asociación ilícita”. Se trató, argumentaron los afectados, de una
sentencia fuera de lugar y que evidenciaba una clara persecución
política en contra de las comunidades. Prueba de ello habría sido la
aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado, que limitó su
derecho a una adecuada defensa y elevó automáticamente las condenas.
Esta sentencia llevó a la organización a presentar ante la Corte
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) una demanda contra el Estado
chileno por “graves violaciones” a los derechos humanos, acogida
favorablemente y que obligó al gobierno a suscribir un acuerdo de
reparación a favor de los mapuches. En el caso de Lumaco, Antonio Castro
no sería el juez encargado de dictar sentencia de cárcel contra todos
los detenidos. Lo impidió su jubilación del Poder Judicial a fines de
1997. Sin embargo, su negativa a reconocer legitimidad histórica alguna
a las reivindicaciones mapuche trazó un derrotero de persecución y
cárcel para las comunidades que persiste hasta nuestros días.
Han trascurrido 10 años de los sucesos de Lumaco y alrededor de 300
mapuches, hombres, mujeres, niños y ancianos, han pasado desde entonces
por diversas cárceles chilenas. Más de diez ministros especiales y nueve
Fiscalías Militares se han encargado de investigar acciones de protesta
social enmarcadas en un conflicto que se agudiza año tras año y donde el
reclamo por el territorio usurpado a las comunidades tras un siglo de
ocupación chilena, sigue siendo el factor principal de confrontación. La
cifra de personas sometidas a proceso en el mismo período se eleva por
sobre las 500, según cifras de la organización Meli Witran Mapu de
Santiago. En la actualidad, alrededor de 150 personas se encuentran
sometidas a proceso por tribunales civiles y fiscalías militares por su
participación en movilizaciones, ya sea en zonas urbanas o rurales. A
esa cifra, se suman órdenes de detención vigentes contra una veintena de
comuneros y 15 presos políticos recluidos en las cárceles de Traiguén,
Lebu, Temuko, Lautaro y Angol, siete de ellos miembros de la
organización Coordinadora Arauco-Malleco (CAM) y condenados en su
mayoría por la Ley 18.314 sobre Conductas Terroristas, promulgada en
tiempos de la dictadura militar de Pinochet con el claro objetivo de
perseguir opositores políticos.
“Se trata de una clara política de criminalización de la demanda social
mapuche”, señala el sociólogo Eduardo Mella, investigador del
Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas y autor de un
revelador estudio al respecto publicado recientemente por LOM. Para
Mella, el estado chileno ha reducido el conflicto mapuche a un plano
meramente judicial, cuyas consecuencias mas inmediatas y dramáticas en
algunos casos han sido, “por una parte, la estigmatización del mapuche,
a quien se le ha sindicado como agresor, violento y terrorista, y, por
otra parte, la legitimación del Estado para exacerbar su potestad
punitiva y restablecer el control social en el territorio mapuche”. A
juicio del investigador, “la justicia ha sido la institución del estado
más impermeable a los cambios generados por procesos políticos de mayor
reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas en Chile”,
situación que se mantendría inalterable desde el retorno de la
democracia al país. Ello pese a la puesta en marcha, el año 2001, de la
publicitada Reforma Procesal Penal, en los hechos más “garantista” que
el decimonómico e inquisidor sistema que lo correspondió reemplazar,
pero que en el caso mapuche ha implicado –paradojicamente- un incremento
en la persecución penal, según denuncian diversas organizaciones y
constatan organismos de derechos humanos.
*
¿SON LOS TRIBUNALES DE justicia los responsables de que a 17 años de
retornada la democracia al país se incremente la represión hacia el
Pueblo Mapuche? “Claramente la responsabilidad final corresponde al
estado y a los gobiernos de la Concertación”. Es lo que señala José
Aylwin, abogado y co-director del Observatorio de Derechos de los
Pueblos Indígenas. Para este destacado promotor de los derechos
indígenas, desde el retorno de la democracia al país ha existido una
“política dual” en el tratamiento del conflicto mapuche-chileno,
política que se habría acrecentado durante la administración de Ricardo
Lagos. “Cuando uno analiza, por ejemplo, el periodo de Ricardo Lagos se
puede afirmar que hubo una política dual, del garrote y la zanahoria
como se señala comúnmente”, indica. Todo ello con el objetivo de
proteger la verdadera apuesta de los gobiernos de la Concertación,
“relacionada con la inclusión de los territorios indígenas a la economia
global, lo que se manifiesta en el respaldo irrestricto del estado,
incluso en la ejecución por parte de organismos públicos, de proyectos
que buscan insertar a los territorios indígenas en este mercado global.
Siempre entendiendo estos territorios como fuente de recursos naturales
a ser explotados, extraidos y vendidos a los mercados internacionales”,
subraya Aylwin.
Esta apuesta central del gobierno sería –a juicio del abogado- la
responsable de la implementación en Chile de medidas represivas que el
Relator de Naciones Unidas, Rodolfo Stavenhagen, denominó tras su visita
el año 2003 como “políticas de criminalización”. El Relator describió
los detalles de las causas penales abiertas contra dirigentes y
activistas mapuche, expresando su preocupación por la celebración del
juicio en virtud de la legislación Antiterrorista y en el fuero militar
de responsables de actos de protesta violenta “independientemente de la
gravedad de los hechos en que hubieran estado involucrados, en lo que se
refiere al respeto de su derecho a un proceso debido” . “Esto se grafica
–agrega Aylwin- en la política de persecución judicial de la cual el
estado se hace parte y para la cual recurre a legislación de estados de
excepción, la mas grave de las cuales es la Ley Antiterrorista, y en
acciones de represión violenta en contra de comunidades y dirigentes,
violando derechos básicos de las personas, como la integridad física, la
libertad, el derecho a desplazamiento e incluso el derecho a la vida en
algunos casos, como fue el asesinato del joven mapuche Alex Lemun... Esa
creo yo es la gran tensión de los gobiernos de la Concertación y que
persiste de cierta forma en el trasfondo del conflicto existente entre
el pueblo mapuche y el estado chileno”.
Bien conocen los resultados de esta “tensión” los dirigentes y miembros
de la Comunidad Juan Paillalef de Cunco, en su mayoria integrantes de la
familia Cadin-Calfunao. Encarcelados y condenados por oponerse a los
trabajos de una empresa privada de electricidad en sus tierras
comunitarias, la lonko Juana Calfunao y gran parte de su grupo familiar
han debido soportar un lago período en la cárcel pública de Temuco, asi
como ser víctimas de numerosos procesamientos paralelos ante la actitud
desafiante y orgullosa asumida por ellos en tribunales. Su dramática
situación, que ha sido denunciada en el exterior por Amnistía
Internacional y la Organización Mundial contra la Tortura, entre otros
organismos, llevó a que el pasado 7 de agosto la dirigenta y su hermana
Luisa dieran inicio a una huelga de hambre al interior del penal en
Temuko.
“El Poder Judicial y
El Ministerio Público se han encargado de criminalizar nuestra lucha por
lo que varios de nuestros hermanos en la actualidad están cumpliendo
condenas en distintas cárceles, acusados incluso de actos terroristas,
con la aplicación de penas y multas a favor de las transnacionales que
invaden nuestros territorios ancestrales... Los mapuches estamos
cansados de tanta persecución, amedrentamiento y hostigamiento, si lo
que quieren es matarnos, ¡¡mátennos!!, pero háganlo de frente y a cara
descubierta y no amparándose en una institución del estado y en sus
leyes tiranas e injustas”, señalaron al momento de anunciar una huelga
que se prolongó por mas de un mes y que finalizó ante el grave deterioro
de salud de ambas hermanas y la nula respuesta del gobierno a sus
demandas.
Por estos días, otra huelga de hambre intenta llamar la atención de la
comunidad nacional e internacional respecto de la situación mapuche.
Desde el pasado 10 de octubre, los presos políticos mapuches, José
Huenchunao, Jaime Marileo, Héctor Llaitul, José Millalén y Patricia
Troncoso, iniciaron un ayuno de caracter indefinido en pos de dos
objetivos: "libertad inmediata de todos los presos politicos mapuches" y
"el fin de la militarización de las comunidades en conflicto". "La
huelga de hambre es una decisión colectiva asumida por los presos de
Angol. Es una medida extrema, porque sabemos que afecta y traerá
consecuencias en nuestra salud, pero es una forma que históricamente han
utilizado los presos políticos para dar a conocer su situación", señala
José Huenchunao, uno de los líderes más reconocidos del Pueblo Mapuche y
quien cumple condena a 10 años de prisión por “incendio terrorista”. "En
cada procesamiento y condena han existido montajes judiciales. El
gobierno eso lo sabe, porque ha estado detrás de cada proceso judicial
en contra nuestra. Ellos han decidido a quien perseguir, porque asi
contienen los planteamientos políticos y territoriales del Pueblo
Mapuche", agrega.
José Huenchunao esta condenado, al igual que Patricia Troncoso y Jaime
Marileo, bajo la Ley Antiterrorista 18.314 como autor de un incendio que
afectó al fundo Poluco-Pidenco, ubicado en Ercilla y de propiedad de
empresa Forestal Mininco, en diciembre del año 2001. Junto a ellos
fueron condenados otros ocho comuneros, dos de los cuales cumplen
condena en las cárceles de Victoria y Vilcún, respectivamente, y otros
aún permanecen "clandestinos". Para dicho juicio declararon mas de 100
testigos protegidos (sin rostro), en un proceso plagado de
irregularidades, que comenzaron con la remosión, por parte de la Corte
Suprema, de la jueza que sustanciaba la causa al rechazar la
calificación del delito que se imputaba a los mapuche como “terrorista”.
La misma magistrado habia rechazado en un inicio del proceso el uso de
testigos anónimos, sin embargo, tras su alejamiento forzado del caso, la
Fiscalía logró que estos prestaran testimonio, destinando incluso un
total de 20 millones de pesos para su protección. Finalizado el juicio y
tras la presentación de una denuncia internacional por parte de la
defensa de los mapuches, el caso “Poluco Pidenco” fue acogido a
tramitación por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en
Washington.
No es la primera huelga que protagonizan los presos en la cárcel de
Angol. El primer semestre del año 2006, Patricia Troncoso y Jaime
Marileo mantuvieron una huelga que se prolongó por 63 días, en demanda
de la revisión de sus condenas. Si bien el senador Alajandro Navarro
(parlamentario socialista de gobierno) tramitó en el Congreso un
proyecto de ley de amnistía para ellos y otros mapuches condenados por
Ley Antiterrorista, el esfuerzo de los prisioneros fue en vano, debido a
que el Congreso rechazó finalmente dicha salida al conflicto. La
propuesta de amnistía presentada por el senador Navarro se basaba en un
Informe del propio Relator Rodolfo Stavenhagen, dado a conocer en abril
del 2004. En dicho informe, Stavenhagen recomendaba al estado chileno
una “amnistía general” a los procesados y condenados en el marco del
conflicto. Además recomendaba que “bajo ninguna circunstancia deberán
ser criminalizadas o penalizadas las legítimas actividades de protesta o
demanda social de las organizaciones y comunidades indígenas. No deberán
aplicarse acusaciones de delitos tomados de otros contextos (“amenaza
terrorista”, “asociación delictuosa”) a hechos relacionados con la lucha
social por la tierra y los legítimos reclamos indígenas (…). La puesta
en práctica de la reforma procesal penal deberá tomar en cuenta las
normas internacionales en materia de protección de los derechos humanos,
incluyendo el debido proceso de todos los imputados indígenas por motivo
de actividades de defensa o protesta social” . Huelga destacar que gran
parte de estas recomendaciones han sido desatendidas por el gobierno.
Y es que el gobierno suele afirmar que en Chile no hay presos políticos
mapuches, sino únicamente presos encarcelados en aplicación de las leyes
penales ordinarias. Lo señaló la presidenta Bachelet tras una gira a
Europa en junio de 2007, cuando diversas manifestaciones le reprocharon
en diversas capitales la criminalización de la protesta social mapuche.
“En Europa hay una mirada equivocada. Nosotros no tenemos prisioneros
políticos en Chile. Los presos mapuches son personas que buscaron una
manera de solucionar las cosas que no es la democrática ni la pacífica.
Cometieron delitos, incendiaron propiedades”, argumentó la Mandataria en
la segunda jornada de su primera visita de Estado a Suiza, durante una
conferencia de prensa junto a la presidenta helvética, Micheline
Calmy-Rey. Sin embargo, continuos informes de organismos internacionales
de derechos humanos demuestran precisamente que existe una persecución
contra lideres y organizaciones mapuches; que se han aplicando
legislaciones propias de estados de excepción en contra de ciudadanos
mapuches (Ley de Seguridad Interior del Estado; Ley sobre Conductas
Terroristas; y ciudadanos civiles enjuiciados por la Justicia Militar);
y que el origen del conflicto dice relación con demandas y
reividicaciones territoriales, políticas, culturales y económicas no
resueltas por el estado chileno en más de un siglo de ocupación militar
y colonización del territorio mapuche.
"El gobierno debe pronunciarse. No debe seguir negando y debe reconocer
la existencia de los presos políticos mapuches... que diga de una vez
cuál es su voluntad política, porque de lo contrario tendrá que cargar
con el peso de no haber podido resolver un problema real del Pueblo
Mapuche", sostiene desde la cárcel de Angol, José Huenchunao. Paradoja
de la democracia chilena, todo esto sucede mientras la Concertación de
gobierno y la Alianza por Chile (oposición) debaten en el Congreso
Nacional un nuevo proyecto de ley que pretende reconocer
constitucionalmente a los pueblos indígenas del país, demanda pendiente
desde el fin de la dictadura. Sin embargo, organizaciones mapuche han
alertado que se trataría de un proyecto de reconocimiento alejado por
completo de los estándares de derechos indígenas hoy vigentes a nivel
internacional. Lejos de reconocer derechos al territorio y sus recursos
naturales, al consentimiento previo, libre e informado en caso de
megaproyectos, a la autodeterminación en materia de sus asuntos internos
y locales, la administración de Michelle Bachelet negocia por estos días
con la derecha un proyecto que solo reconoce el “carácter multicultural
de la Nacion chilena”, causando la indignación de los líderes indígenas.
"El gobierno chileno, actuando una vez más de espaldas a los pueblos
indígenas que habitamos este país, ha enviado un proyecto de ley para
supuestamente otorgarnos un reconocimiento constitucional. La Presidenta
ha actuado sin intentar ningún mecanismo de consulta para recoger la
voluntad de nuestros pueblos, en cuanto a los términos del texto legal.
En ello, como en otros asuntos relativos a nuestros pueblos, la
Presidenta ha actuado muy mal asesorada. Todos sabemos que una redacción
contraria a nuestros derechos nos significará no un beneficio, sino una
nueva medida de opresión material y cultural", señala desde Santiago el
consejero José Llancapán, de la gubernamental Corporación Nacional de
Desarrollo Indígena (CONADI) y destacado dirigente mapuche urbano. El
dirigente destaca que el reconocimiento constitucional demandado por el
pueblo mapuche "dista de los proyectos que permiten mantener un régimen
racista dentro de una envoltura distractora y engañosa... la propuesta
gubernamental es enviada al parlamento en los momentos mismos en que el
gobierno envía nuevos contingentes policiales a reforzar el estado de
amedrentamiento contra el Pueblo Mapuche y mientras hay comunidades que
están siendo amenazadas de expropiación de terrenos ancestrales, a fin
de realizar megaproyectos", denuncia.
"Los textos sobre reconocimiento constitucional que han presentados los
gobiernos de la Concertación todos se han orientados a limitar y
disminuir los derechos tangibles e intangibles de los Pueblos Indígenas
y en segundo lugar han sido inconsultos con los destinatarios, cuestión
que transgrede el derecho Internacional... A la luz de los artículos
contenidos en la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos
Indígenas, la nueva iniciativa del gobierno está transgrediendo
absolutamente todo el espíritu y la norma de derecho internacional que
declara y protege los derechos de los Pueblos Indígenas", subraya por su
parte, Aucán Huilcamán, lider de la organización Consejo de Todas las
Tierras y uno de los principales representantes del Pueblo Mapuche ante
los foros y grupos de trabajo de la Organización de Naciones Unidas.
Pero estas críticas mapuches parecieran no incomodar al gobierno.
Tampoco le parecieran inquitar los inumerables informes y
recomendaciones que organismos internacionales periódicamente realizan a
La Moneda para “enmendar” el rumbo de su contradictoria política
indígena. A los ya tradicionales y críticos informes de IGWIA, Amnistía
Internacional, Human Rights Watch y la Federación Internacional de Ligas
de Derechos Humanos (FIDH), se han sumado en los últimos años las
“reconmendaciones” de diversos Comités de las Naciones Unidas. Este
2007, tanto el Comité de Derechos Humanos como el Comité de los Derechos
del Niño -instancias que supervigilan el cumplimiento de los Pactos
internacionales de Derechos Humanos ratificados por Chile- dieron a
conocer sus recomendaciones expresando “especial preocupación y alerta
frente a la vulneración de derechos de los pueblos indígenas por parte
del Estado de Chile”.
*
LA MIRADA DE LOS COMITÉS del principal organismo internacional no solo
alertan en la actualidad sobre casos de persecusión penal y violación de
garantías procesales. En un hecho sin precedentes, a fines de agosto de
2007, el Comité de Eliminación de la Discriminación Racial (CEDR) de las
Naciones Unidas en Ginebra acogió una denuncia por “racismo y
discriminación socio-ambiental” a causa de vertederos y plantas químicas
de aguas servidas que operan en territorio mapuche, acción presentada
por comunidades afectadas y diversas organizaciones. Al respecto, el
CEDR solicitó oficialmente al estado chileno entregar un informe al 30
de noviembre de 2007, además de oficiar a las autoridades a dar cuenta
de su actuar ante la Sesión de Comisionados en marzo del 2008. La
denuncia informa de la vulneración de una serie de derechos garantizados
en la Convención y que afectan a distintas comunidades mapuche, cuyos
miembros son discriminados por la política pública del Estado y las
políticas económicas del sector privado. En efecto, “proyectos de
inversión privados y públicos han facilitado la construcción de diversas
plantas de tratamiento primario químico de aguas servidas afectando a
numerosas comunidades y un total de 28 vertederos para procesar los
desechos de la región, que no cumplen con estándares mínimos de calidad
y de tecnología para permitir un adecuado resguardo del medio ambiente y
la salud de la personas en su entorno”, señala, Alfredo Seguel, vocero
de la agrupación Konapewman.
Otra denuncia que involucra a una compañia privada y que acaba de ser
acogida por un organismo internacional es aquella presentada por la
Comunidad Mapuche-Williche Pepiukelen ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos en Washington, por “riesgo de desplazamiento y
migración forzada de sus miembros” debido a la instalación de una
factoría productora de alimentos para salmones del Holding Agrosuper en
la localidad de Pargua, al sur de Puerto Montt, X región de Chile. Esta
es una de las primeras ocasiones en que la CIDH interviene en un
conflicto en que las acciones de compañías privadas atentan contra los
derechos humanos de comunidades indígenas, indica el abogado
patrocinador de la causa, Diego Carrasco, del Observatorio de Control
Interamericano de los Derechos de los y las Migrantes (OCIM). La
presentación en esta Comisión, es la antesala para llegar a la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, la cual tiene potestad de dictar
sentencia condenatoria contra los Estados del continente.
La carta oficial del
Secretario Ejecutivo de la CIDH, Santiago Cantón, señala que han
solicitado información adicional y actualizada al Estado de Chile
respecto a “medidas que han tomado las autoridades para proteger a los
miembros de la Comunidad Pepiukelen”. La Comisión Interamericana también
exige explicación acerca del “estado de las investigaciones iniciadas a
raíz de las denuncias efectuadas por los miembros de la comunidad sobre
distintas amenazas y actos de hostigamiento que habrían sufrido”. La
importancia de esta resolución, señala el abogado Carrasco, “es que la
CIDH interviene en un caso que se trata de ocupación de territorio
ancestral por parte de empresas privadas; y se trata de inversiones
privadas y no estatales como había ocurrido en casos anteriores”.
En este escenario, sorpresa e indignación provocan en diversos sectores
mapuches los intentos de la Presidenta Michelle Bachellet por alcanzar
uno de los tres sillones latinoamericanos del Consejo de Derechos
Humanos de la ONU, para el período 2008-2010, donde compite con Brasil y
Argentina. A juicio de Francisco Vera Millaquén, werken de la comunidad
Pepiukelen, “Chile no califica hoy para formar parte del Consejo,
principalmente porque los gobiernos de la Concertación no han cumplido
estos derechos en su propio país. Primero porque no se han respetado los
derechos humanos de los pueblos originarios, y en segundo lugar, porque
no se han respetado las recomendaciones del Relator Especial ni de los
distintos Comités en cuanto a estos temas”. Ello acontece mientras se
acrecientan los allanamientos policiales en Temucuicui, comuna de
Ercilla, donde a diario niños, ancianos, jóvenes y mujeres deben
convivir con un verdadero “escenario de guerra”, según denuncian
dirigentes desde la clandestinidad.
Es la politica de criminalización de la demanda territorial mapuche, la
misma que extendió sus brazos hasta la comunidad Rukañanco la madrugada
del pasado 30 de agosto, cuando hasta la cordillera de Nahuelbuta
arribaron un centenar de efectivos policiales para detener al lonko Ivan
Llanquileo Antileo, vocero de la Coordinadora Arauco-Malleco y sindicado
por el Ministerio Público como “nuevo líder” de dicho referente mapuche.
Llanquileo fue detenido en un operativo policial con tintes de incursión
militar contrainsurgente, ello con la complicidad de diversos medios de
prensa que saludaron la detención del “peligroso terrorista”, omitiendo
su cargo de autoridad tradicional de la comunidad Juana Millahual y su
historial como ferreo opositor a millonarios proyectos de extracción
minera en la zona del lago Lleu Lleu, estos últimos impulsados por los
empresarios Jaime Troncoso Sáez, Benedicto Melin Paillali y el dueño de
Minera Santa Bárbara, Leonardo Farkas Klein.
Formalizado por su presunta responsabilidad en un ataque armado a dos
helicópteros de Forestal Mininco y “tenencia de arma prohibida” (un
fusil de guerra M-16 con abundante munición fue encontrado por la
policia a más de 2 kilómetros de su hogar, un claro “montaje” para su
familia), Llanquileo terminó dos meses recluido en la cárcel El Manzano
de Concepción, desde donde explicó las razones de su arresto. “Me
detienen por defender los lineamientos de la legítima resistencia y
reconstrucción de la Nación Mapuche a través, principalmente, del
control territorial que llevamos adelante las comunidades en lucha. Esta
es la razón de fondo por la que he sido perseguido políticamente y en
innumerables ocasiones violentado con allanamientos e intentos de
detención. Pero quiero dejar en claro que con esto no me amedrentarán en
mi condición de lonko y weichafe ”, subrayó. De esta forma, Llanquileo
se transformó en el séptimo dirigente de la CAM encarcelado bajo la
administración Bachelet. “Del nuevo trato o aquella nueva relación
prometida en los discursos de campaña, nada en absoluto”, denuncian los
líderes mapuches. Y es que tal como resume Aylwin, “no existe –en la
actual administración- una intencionalidad de generar transformaciones
profundas que pongan en riesgo o en peligro la apuesta de la
Concertación de seguir en una senda de apertura de mercado, de seguir en
este esfuerzo de incorporar a los indígenas y sus territorios en un
modelo de desarrollo, no demandado por ellos en lo absoluto y aun en
contra de su voluntad”
/
AZ
< VOLVER
|
|