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CRÓNICA
DE UN VIAJE A BOLIVIA |
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Para conmemorar la adopción por parte
de Naciones Unidas de la Declaración Universal de los Derechos de
los Pueblos Indígenas, un centenar de delegados indígenas fueron
invitados a Bolivia por el Presidente Evo Morales. Tres jornadas de
celebración, un recorrido por la historia de organización y lucha
del Movimiento al Socialismo. Acompañamos
a las delegaciones en La Paz, Tiwanaku y el Chapare. Lo que sigue
es la crónica de una Revolución. |
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Por
Pedro CAYUQUEO, desde Bolivia
I
Periódico Azkintuwe |
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Acto en Centro de Tiwanacu. |
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Foto de Sebastián Hacher. |
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Párrafos |
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Conocer
como indígenas la experiencia del hermano Evo Morales
pareció ser la consigna de todas las delegaciones. Y
desde la dirigencia del MAS la consigna pareció ser no
defraudar esta sentida aspiración. |
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¡Kawsachum
coca, wañuchun yanquis!, viva la coca, mueran los
yanquis, era el grito de guerra de los sindicatos
cocaleros en los tiempos de mayor confrontación frente
a quienes, desde Washington, impulsaban su
erradicación. |
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BAJO EL SOL ABRASADOR
del
mediodía arribaron los invitados internacionales hasta el coliseo del
Colegio Don Bosco, en el centro de La Paz. Allí los esperaban
delegaciones indígenas y sindicales de la Confederación Indígena del
Oriente Boliviano (CIDOB) y las seis Federaciones Cocaleras y de
Colonizadores del Trópico de Cochabamba, una multitud de personas y
colores, cerca de 4 mil según cálculos oficiales, todos convocados por
el gobernante partido Movimiento al Socialismo (MAS-IPSP) para inaugurar
el Encuentro "Por la Victoria Histórica de los Pueblos Indígenas del
Mundo” en el país altiplánico. Desde 120 países arribaron los líderes
indígenas la jornada del 10 de octubre, invitados a celebrar la
aprobación de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos
Indígenas por parte de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York.
Por primera vez en la
historia de Latinoamérica, un estado habría sus puertas a representantes
de los pueblos originarios del mundo para homenajearlos a ellos y sus
luchas. Y por primera vez en la historia de Bolivia, un mandatario
aymara, el Presidente Evo Morales Ayma, actuaba como anfitrión en un
país gobernado históricamente por elites blancas y criollas. Y por si
esto fuera poco, con una revolución cultural, política, económica y
social en marcha.
“Nos hemos convocado
para celebrar esta victoria histórica de los pueblos originarios del
mundo. Pero también para plantear nuevos desafios, para desde acá
plantear nuevas formas de cómo vivir en solidaridad, de cómo construir
sociedades mas justas para con nuestros pueblos... en algún momento
decia que los pueblos indígenas somos la reserva moral de la humanidad,
porque nuestros pueblos no son egoistas, no son individualistas, no
buscan vivir mejor perjudicando a otros... para todo ellos nos hemos
convocado hermanos, y hermanas, en esta Bolivia que los recibe con los
brazos abiertos, como hijos de una misma tierra”, señaló el Presidente
Evo Morales en su discurso de bienvenida. Junto a Morales y sobre el
escenario, líderes indígenas como Rigoberta Menchu, Premio Nobel de la
Paz; Blanca Chancoso, dirigenta de la Confederación de Nacionalidades
Indigenas de Ecuador (CONAIE), Humberto Cholango, Presidente de la
Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador
(ECUARUNARI), escuchaban atentos sus palabras. Mucho más cerca de
Morales, un capitán de la Fuerza Aerea Boliviana, en impecable uniforme
de parada y firme posición, custodiaba la figura de “su” comandante en
jefe. El capitán era blanco y de ojos claros. Todo un símbolo de los
nuevos tiempos que corren en Bolivia.
“Los pueblos indígenas del mundo tienen derecho a la autodeterminación,
al control de su tierra y recursos naturales, señala la declaración
aprobada en Naciones Unidas. Se trata de una conquista histórica del
movimiento indígena mundial, pero nuestra lucha no ha terminado,
hermanos y hermanas. Tenemos que hacer que los Congresos nacionales
reconozcan esta declaración, porque si nos quedamos atrás, corremos el
riesgo de ser aniquilados como pueblos y culturas... Desde Bolivia,
capital indígena mundial, exhortamos hoy a los estados del mundo a
reconocer estos derechos”, señaló la Premio Nóbel de la Paz y ex
candidata presidencial de Guatemala, Rigoberta Menchu Tum. La referencia
a Bolivia no sería gratuita. Además de país anfitrión de las
celebraciones, constituye en los hechos uno de los estados con mayor
procentaje de población indigena del planeta.
Un 76% de la
población nacional, según el último censo, se reconoce en Bolivia como
miembro de alguno de los más de 20 pueblos indígenas que viven dentro de
sus fronteras, destacando aymaras y quechuas, colectividades
mayoritarias ubicadas en el altiplano y los llanos del trópico,
respectivamente. “Bolivia, al igual que Guatemala, ha sido un estado que
ha funcionado por siglos bajo una lógica colonial, donde una minoria
blanca, criolla, ha oprimido a una mayoría indígena, mestiza, que en los
últimos años ha transitado de la protesta social a la lucha por tomar el
poder político de la nación. Es un caso único en el continente, de una
revolución democrática, cultural, encabezada por un mandatario indígena,
se trata de una experiencia valiosa de conocer como indígenas, como
pueblos originarios de Abya Yala”, señaló Rigoberta Menchu, tras
finalizar el acto en el coliseo.
Conocer como indígenas la experiencia del compañero, del hermano Evo
Morales, pareció ser la consigna de todas las delegaciones. Y desde la
dirigencia del MAS, organizadores de las actividades, la consigna
pareció ser no defraudar esta sentida aspiración. Doble mérito de un
movimiento político donde lo indígena no constituyó jamás –al menos
hasta el triunfo del 2005- su principal seña de identidad. De raigambre
sindical campesina, las bases del MAS estuvieron y siguen estando
constituidas principalmente por bases sindicales cocaleras y de
colonizadores del Trópico de Cochabamba, si bien en su mayoría población
indígena y mestiza, distanciadas sin embargo de reivindicaciones propias
de un movimiento étnico. El propio Evo Morales, aymara originario de
Oruro en la zona andina, se formó políticamente en los sindicatos
cocaleros de Cochabamba, situación que años más tarde usarían sus
detractores para deslegitimarlo como “líder indígena” en vista de su
creciente influencia, incluso confrontando su imagen con otro aymara de
renombre nacional, Felipe Quispe Huanca, El Mallku (cóndor, en aymara)
ex lider del Ejército Guerrillero Tupak Katari (ERTK) y quien –contrario
a Morales-reivindicaba sin medias tintas la reconstrucción del Kollasuyo
(parte sur del imperio Inca) y el desmantelamiento de Bolivia como
estado-nacional. Desde que asumió el poder Morales, Quispe se declaró en
espera. En espera paciente del momento de su caida, pues no tiene la
menor duda que Evo cometerá los mismos errores de los gobiernos
neoliberales. Y a ello apuesta su partido, el Movimiento Indígena
Pachakuti (MIP).
Sin embargo, es un hecho que entre el indianismo radical de Quispe y el
pragmatismo sindical de Morales, en Bolivia ha prevalecido finalmente
este último. Y las razones nos las entrega Pablo Stefanoni, periodista y
cientista político argentino radicado en La Paz. “Si fue Evo Morales y
no Felipe Quispe quien accedió al lugar de primer presidente indígena de
Bolivia fue precisamente porque logró articular un proyecto nacional
inclusivo, frente a una perspectiva aymaracéntrica”, señala el autor de
“Evo Morales, de la coca al Palacio, una oportunidad para la izquierda
indígena”, obra indispensable para conocer los orígenes y vislumbrar las
proyecciones del movimiento encabezado por el mandatario.
“La reivindicación
indigenista del actual presidente –agrega Stefanoni- se distancia
notablemente del indianismo radical aymara. Se parece más a la denuncia
del apartheid sudafricano realizada por el líder negro Nelson Mandela,
caracterizadas por demandas de inclusión, reconocimiento y posibilidades
de acceso al poder de una mayoría nacional segregada por motivaciones
étnicas”. Prueba de lo anterior sería la constitución de su gabinete, en
su mayoria compuesto por ex dirigentes sindicales, intelectuales de
izquierda e inclusive ex militares nacionalistas. “El único ministro que
se define hoy como indianista es el canciller David Choquehuanca,
portador de una visión del mundo no exenta de misticismo”, agrega
Stefanoni. A juicio del periodista, Choquehuanca sería en verdad la cara
indígena del gobierno, el nexo clave entre el Palacio Quemado y las
poderosas organizaciones indígenas del Altiplano aymara, uno de los
sectores con menos presencia al interior del MAS y hasta hace pocos
años, principales receptores del discurso radical aymara de Felipe
Quispe.
La refundación de Bolivia
Desde el triunfo de Morales en las elecciones generales de diciembre de
2005, mucha agua a transitado bajo los puentes de su discurso. Es asi
como cada día cobra mayor fuerza en su administración la valoración del
mundo indígena, sus reivindicaciones largamente postergadas y también
sus símbolos. “En Bolivia, si no resolvemos el problema indígena, jamás
vamos a resolver el problema social, cultural, económico y político de
Bolivia en su conjunto”, señalaría el propio Morales al día siguiente
del acto en el coliseo de La Paz, esta vez, frente a una multitud
reunida en las ruinas sagradas de Tiwanacu, capital de una cultura
pre-incaica y centro espiritual del pueblo aymara. Hasta allí arribó el
primer mandatario junto a la totalidad de las delegaciones indígenas
internacionales, esta vez para agradecer a los dioses andinos la
aprobación de la declaración universal y “honrar a los mártires de una
lucha de siglos”, según subrayó, minutos antes de que un representante
de los pueblos indígenas bolivianos pidiera un minuto de silencio en
memoria de los que fueron “muertos, humillados, descuartizados durante
más de 500 años de lucha por el territorio”. “Estamos aquí para celebrar
la declaración, pero también para rendir homenaje a Bolivia, a sus
comunidades y organizaciones indígenas. Sobre todo, a Evo, por ser el
único gobernante que decide de manera concreta el destino de los pueblos
originarios del mundo”, destacó Rigoberta Menchú, homenajeada en dicho
lugar por el Consejo Municipal de Tiwanaku.
En una administración caracterizada por los simbolismos, si Choquehuanca
es la cara indígena del gobierno de Morales, la cara blanca la
constituye lejos su vicepresidente, Álvaro Garcia Linera. Destacado
intelectual marxista, matemático, sociólogo, ex guerrillero del Ejército
Revolucionario Tupaj Katari, donde compartió trincheras y cárcel con el
Mallku Felipe Quispe, es considerado por muchos el ideólogo tras la
“Revolución democrática” que lidera Morales. De suaves modales, hablar
pausado y estampa de académico universitario, Garcia Linera rechaza sin
embargo ser el “cerebro” tras el trono y asume su condición de
“compañero de ruta” de Morales. Aun asi, es considerado uno de los
precursores de la teorización del indigenismo boliviano moderno y desde
su cargo en la vicepresidencia es quien a menudo tiene la difícil tarea
de explicar y fundamentar las acciones del gobierno. Tal vez por ello es
quien encabeza desde Palacio Quemado el proceso de la Asamblea
Constituyente, a través del cual Morales busca “refundar” un estado
boliviano agobiado por la corrupción, el saqueo de sus recursos
naturales y que jamás contempló a indígenas y sectores populares en su
diseño original. Precisamente, la mayoria del país.
Es precisamente en la elaboración de este nuevo diseño estatal donde el
background intelectual de Garcia Linera resulta clave. Si existe alguien
que tiene claro hacia donde apunta la revolución democrática del MAS, es
él. Y como es un blanco, mejor aun, pues en una sociedad marcadamente
racista como la boliviana puede asumir el rol de “puente” entre unos y
otros. “Bolivia es un estado plurinacional y reconocer esta realidad es
un deber de la democracia. Nuestra realidad plurinacional es un aporte a
las definiciones de Estado, rompe con la lectura napoleónica de que toda
nación tiene un Estado y aquí definimos que somos un estado con muchas
naciones, donde todos tenemos un espacio común, pero también existen
particularidades donde se les reconoce su historia, su aporte, su
identidad y su contribución”, señaló en reciente entrevista con Clarin.
Lamentablemente, no todos concuerdan con aquello de Bolivia como un
estado plurinacional. Y las posiciones parecen radicalizarse cada día
más. Consultado al respecto, Garcia Linera no tiene dudas sobre los
responsables.
“Es la derecha conservadora y antidemocrática quién está cerrando los
espacios a los escenarios pacíficos de resolución de estos temas”,
subraya. Y destaca una vez más la importancia del diálogo político. “La
Asamblea Constituyente fue propuesta como lugar democrático de
ensamblaje de intereses del país. Es un escenario conflictivo pero
dialógico. Es, a su modo, el reconocimiento de las fuerzas emergentes al
derecho de las fuerzas replegantes a sentarse sobre la mesa e incorporar
sus derechos y puntos de vistas en el horizonte del país”. Aquella
derecha conservadora y antidemocrática que menciona el vicepresidente,
en Bolivia se atrinchera en el departamento de Santa Cruz, en el otro
extremo de la Bolivia indígena, en el lado Oriente, a exactos mil
kilómetros de la altura andina de La Paz.
Santa Cruz es la zona más rica de Bolivia y mayoritariamente blanca. Es
la “otra Bolivia”, aquella que reconoció representar Gabriela Oviedo,
miss Bolivia el año 2004 ante el concurso Miss Universo, cuando a la
pregunta “¿Cuál es uno de los conceptos erróneos más grande de tu
país?”, la “miss” sin rubor en la cara contestó: “Um...
desafortunadamente, la gente que no conoce mucho sobre Bolivia piensan
que todos somos indios del lado oeste del país. Es La Paz la imagen que
refleja eso, esa gente pobre y gente de baja estatura y gente india...
Yo soy del otro lado, del este, nosotros somos altos, somos gente blanca
y sabemos inglés”. Fue la mecha que encendió la pradera. Desde la
asunción de Morales al poder, para torpedear sus planes de refundación
estatal y aquel socialismo que los grupos de poder en Oriente reconocen
detestar, Santa Cruz levanta con fuerza la bandera de la autonomía
administrativa y política, acusando al gobierno del MAS de centralista e
incluso aymaracéntrico. Desde La Paz, por su parte, los acusan de
separatistas y de aliarse con las transnacionales.
“Es simplemente la
hermana linda que quiere irse de casa sólo porque tiene más plata que
los otros ocho hijos que tuvo mamá Bolivia”, resume el periodista Pablo
Ortiz, de revista Surcos. “La ofensiva autonomista de Santa Cruz
-profundiza por su parte el periodista Pablo Stefanoni- tiene un claro
sustrato económico: desde los años setenta, la economía cruceña fue
acrecentando su importancia dentro del producto interno bruto boliviano
y en la actualidad sus actividades económicas presentan el mayor
dinamismo, cinculación comercial y renovación técnica que otras regiones
del país... Pero también existe un sustrato político: la crisis del año
2005 prácticamente expulsó a las élites cruceñas del poder central, lo
que conllevó un atrincheramiento en lo local para preservarse ante la
nueva hegemonia indigena-popular en el ámbito nacional”. Históricamente
Santa Cruz mantuvo poca comunicación con los otros departamentos del
país. Hoy, siguiendo a Ortiz, los nueve hermanos se ven las caras casi a
diario en la Asamblea Constituyente, todo un desafío para Garcia Linera,
vicepresidente y terapeuta familiar.
Los orígenes de Evo
“En la época de la Colonia dominaban los reyes, el clero. En los últimos
años, dominó la oligarquía. Con la nueva Constitución de Bolivia
queremos construir el poder del pueblo”, subrayaría Morales a medioadía
del 12 de octubre ante miles de personas en el Municipio de Chimore,
departamento de Cochabamba. Hasta allí arribó el primer mandatario y los
delegados indígenas. De los 4 mil metros de altura de La Paz, a los
irrisorios 200 y tantos sobre el nivel del mar de Chimoré, ello tras una
hora de vuelo en un Hércules de Transportes Aéreos Militares (TAM).
Coincidente con la conmemoración, el día 10, de los 25 años de
democracia continua en la República de Bolivia, Morales no dejaría
escapar la oportunidad para recordar los orígenes de la lucha del MAS en
dicha zona. “A nosotros no nos dieron de regalo la democracia. Sobre
todo a los pueblos indígenas y campesinos del Chapare, aqui de Chimore,
costó lucha, sangre, muertos, costó mutilados, queridos hermanos y
hermanas, delegados internacionales que hoy nos visitan. Pero la
democracia que tenemos en Bolivia es aun neoliberal, sigue siendo sólo
para una minoría. Por ello nuestro objetivo como gobierno es transformar
esta democracia excluyente en verdadera expresión de la voluntad
popular, en verdadera expresión de la soberanía de nuestros pueblos”,
subrayaría, en clara alusión al proceso constituyente que, a pesar de
los conatos de sublevación del Oriente, avanzaría bien encaminado, según
opinan en el MAS.
A diferencia de las dos primeras jornadas de celebraciones desarrolladas
en La Paz y Tiwanacu, con el viaje a Chimoré el MAS buscaba mostrar a
los visitantes los orígenes de dicho movimiento y los primeros pasos en
la política del propio Morales, cuyo primer cargo sería “secretario de
deportes” de un sindicato cocalero local, allá por el año 1981. Evo
Morales nació un día de octubre del año 1959 en Orinoca, provincia Sud
Carangas del departamento de Oruro. Diversos biografos destacan que la
primera vez que salió de su tierra fue acompañando a su padre a trabajar
en la zafra, la cosecha de la caña de azucar en el norte de Argentina.
Allí, siendo casi un niño, se ganaría la vida vendiendo helados. Luego
que una grave sequia dejara a su familia en la miseria, deciden migrar y
trasladarse a las tierras bajas de Cochabamba, al Chapare. A poco andar,
la muerte de su padre transformó a Evo en el hombre de la casa,
responsabilidad que solo vio interrumpida cuando debió presentarse a
cumplir el Servicio Militar Obligatorio, que en Bolivia - al igual que
en Chile - solo cumplen finalmente jóvenes de sectores empobrecidos e
indígenas.
Fuera de toda lógica, serian los cuarteles y las canchas de fútbol las
responsables de politizar a Evo Morales. Los cuarteles, por el nivel de
injusticias que le tocó observar; y las canchas, porque una vez fuera de
la milicia le abrieron de par en par las puertas de los sindicatos
cocaleros del Chapare. Se comenta que desde pequeño Morales adquirió la
pasión por el fútbol y destacó como un hábil jugador. “El deporte
funcionó como la carta de presentación de Evo entre tantos migrantes
andinos que buscaban reconstruir sus vidas con el cultivo tradicional de
la coca”, subraya Stefanoni. Y su ascenso fue vertiginoso. El año 1985
era elegido Secretario General de su sindicato y tres años más tarde
Secretario General de la Federación del Trópico. Diez años de trabajo y
de lucha frente a organismos policiales y militares que bajo
instrucciones del Departamento Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA)
buscaban erradicar los cultivos de coca en el Chapare, catapultaron a
Evo Morales a Presidente de las Seis Federaciones Cocaleras y, un año
más tarde, a obtener una banca en el Parlamento boliviano con el 70% de
las preferencias.
Visitamos junto a los
delegados indígenas la antigua sede de las Seis Federaciones Cocaleras
del Trópico, a pocos minutos del centro de Chimore. Se trata de un
humilde galpón, apenas techado, con una tarima de madera desde donde -
nos cuentan - Morales llamaba a los productores a resistir las
sangrientas campañas emprendidas por el cuartel de la Fuerza de Tarea
Expedicionaria de Chimoré, creado el 2001 y compuesta por policías que
se dedicaban a la erradicación de los cultivos. Tras asumir el poder,
una de las primeras medidas de Evo fue construir a sus compañeros
sindicalistas un enorme coliseo, rodeado de oficinas y dormitorios que
costó 120.000 euros, gestionados por el gobierno ante la Comunidad
Europea. Visitamos el recinto, construido a escasos cien metros del
antiguo galpón y sorprende. En el último año, en Chimoré también se han
construido hospitales y escuelas por doquier. Una muestra de la
importancia de ejercer el poder.
Habitado antiguamente por indígenas del pueblo yuracarés, el Chapare ha
sido en el último siglo escenario de importantes procesos de
colonización, tanto dirigidos por el estado como espontaneos. Así llegó
Evo Morales a la zona siendo un adolescente y así llegaron a su vez gran
parte de los miles de aymaras del altiplano, hoy miembros de aquellos
sindicatos cocaleros que desde los años 60 han debido enfrentar
políticas gubernamentales “antidrogas”, en la mayoría de los casos
diseñadas y financiadas directamente por el Departamento de Estado
norteamericano. “Históricamente nos han perseguido, asesinado,
discriminado como productores de coca. Hoy nosotros desde el gobierno
decimos al mundo con fuerza que la coca es vida, la coca es salud, la
coca es alimento ancestral de nuestros pueblos. No somos
narcotraficantes, no somos terroristas, defendemos el cultivo de coca
porque es la escencia de la cultura milenaria de nuestros pueblos
originarios y la defenderemos como sus hijos. Si antes lo hicimos en las
calles, en los campos, haciendo frente a la represión, hoy lo haremos
desde el poder que nos ha otorgado el pueblo boliviano”, señalaría
Morales ante la multitud reunida bajo el sol abrasador y la humedad a
ratos exasperante del municipio que lo vio nacer como político.
La coca es vida
¡Kawsachum coca, wañuchun yanquis!, viva la coca, mueran los yanquis,
era el grito de guerra de los sindicatos cocaleros en los tiempos de
mayor confrontación frente a quienes, desde Washington, impulsaban su
erradicación. Evo Morales muchas veces arengó a sus compañeros
sindicalistas con este grito. Hoy, desde su investidura como primer
mandatario, lo sigue usando, especialmente cuando en lengua originaria
se dirige a sus adherentes en masivas concentraciones. En Chimore, las
delegaciones indígenas visitantes escucharían este grito cientos de
veces durante su permanencia. Y no solo de boca del presidente, también
de dirigentes locales, personas comunes y corrientes e inclusive niños.
La hoja de coca es sagrada para los indígenas de Bolivia. Se cultiva
masivamente solo en este país, además de algunas zonas de Perú, Colombia
y Ecuador. Para los indígenas bolivianos, masticar hoja de coca es un
hábito mucho más antiguo que el cristianismo, es decir, milenario. Es lo
que nos cuenta un entusiasta dirigente cocalero que, minutos antes del
acto principal en el frontis del municipio, nos invita a recorrer una
pequeña plantación. Se trata de un arbusto de aproximada-mente un metro
de altura, que rinde de dos a tres cosechas por año. La costumbre mas
común entre los indígenas es acullicar o mascar, que permite anular el
cansancio, aliviar el mal de altura y quitar casi por completo el
apetito y la sed. Un regalo de Inti, el dios sol, para alivianar los
sufrimientos de su gente, según reza la leyenda. Por ello también es
pieza clave en las ceremonias religiosas y tradicionales, e inclusive
como ingrediente secreto de muchas comidas.
Sin embargo, la reputación de la planta a nivel mundial dice relación
con su uso ilegal como narcótico, algo que molesta de sobremanera a los
habitantes de Chimore. Catorce son los alcaloides que tiene la planta de
coca, de los cuales uno de ellos es la cocaina, aislada por primera vez
a mediados del siglo XIX, para ser usado como anestésico local. Pronto
terminó convertida en una peligrosa y adictiva droga, con un mercado que
en nuestros días mueve cientos de miles de millones de dólares en todo
el mundo. Se necesitan 400 kilos de hojas de coca para obtener un kilo
de cocaina pura. Luego, con kerosene, sales, acido sulfúrico,
permanganato de potasio se consigue la pasta base. Se agrega amoniaco y,
por cristalización, se obtiene la cocaina base. Si se quiere obtener
clorhidrato de cocaina, se agrega... ácido clorhídrico disuelto y
purificado con éter. Tal es la bomba tóxica que mueve el mercado del
narcotráfico, principalmente en los Estados Unidos, epicentro de los
carteles internacionales y que transformaron en el pasado numerosos
gobiernos latinoamericanos en sinónimo de corrupción. Tal es la bomba
tóxica que, para los indígenas de Bolivia, en absoluto guarda relación
con aquella planta sagrada que ha protegido y alimentado a sus hijos e
hijas por generaciones, y a la cual dicen estar dispuestos a defender
hasta morir.
Por estos días, no solo los indígenas alaban la planta de coca. Diversos
estudios científicos, de prestigiosos laboratorios europeos, han
demostrado que la planta posee innumerables propiedades medicinales,
algo que los indígenas sabian ya desde el comienzo de los tiempos. Es
rica en vitamina A, B1, C y E; proteinas, hierro, ácido fólico, yodo,
fósforo, magnesio, cobre, sodio y zinc. Al igual que el foye o canelo,
árbol sagrado del Pueblo Mapuche, la coca cura prácticamente de todo:
dolor de cabeza, malestar estomacal, infecciones en las vias
respiratorias, afecciones cardiacas, reumatismo, el asma, etc. Como
pomada sirve incluso para tratar heridas externas y facilitar la
recuperación en casos de fracturas. El mito popular, por lo demas, le
otorga propiedades afrodisiacas. “Todos los días los científicos le
encuentran una nueva propiedad a la coca, hermanos y hermanas”, destacó
el propio Evo Morales en su discurso en Chimoré. Y agregó. “No somos la
cultura de las drogas ni de la cocaina, hemos dicho cero drogas, cero
cocaina en la República de Bolivia. Hemos dicho no a las drogas, pero si
a la coca, la planta sagrada de nuestros pueblos”.
Historia de resistencia
Fue en la década de los 70 cuando comenzó la lucha contra las drogas en
Bolivia, con campañas diseñadas en los EE.UU. Los operativos de
erradicación en la zona del Chapare constitu-yeron verdaderas
operaciones de guerra, con efectivos armados que se internaban en las
plantaciones, quemando los cultivos o aplicándoles herbicidas que
causaban estragos no solo en la coca, sino también en el medio ambiente
y la población en general. A comienzos de los años 80, el escenario en
el Chapare era de una guerra de baja intensidad, que se acrecentó al
asumir el gobierno del dictador Hugo Banzer la denominada “opción
militar”. Corria agosto de 1984. “El resultado de esta política se
tradujo en la estigmatización y tipificación de los productores de coca
como narcotraficantes, narcoguerrilleros y narcote-rroristas, contra
quienes estaba justificado arremeter con acciones violentas –asesinatos,
torturas, secuestros– que violaban todos los derechos humanos y
garantías constitucionales de hombres, mujeres y niños campesinos”,
indica Fernando Salazar, sociólogo investigador del Instituto de
Estudios Sociales y Económicos (IESE) de la Universidad Mayor de San
Simón, Cochabamba. Para el año 1986 -agrega Salazar- la presencia
militar norteamericana dejó de ser un mito y se volvió directa en los
operativos, mediante la acción Blast Frunce con 160 marines
norteamericanos, equipados con seis helicópteros, que condujeron
campañas contra “operaciones de narcotraficantes” durante meses.
La situación se agudizó tras la aprobación del documento Santa Fe II el
año 1988 entre países productores de coca y Estados Unidos, en el que se
definió una estrategia para América Latina en la década del noventa ante
los tres peligros fundamentales identificados por la CIA; la subversión
comunista, el terrorismo y el narcotráfico. “Este programa incluía un
apoyo económico de Estados Unidos de 33,23 millones de dólares a las
Fuerzas Armadas de Bolivia, para la gestión 1990, destinados a
operaciones antidrogas. La implementación de esta militarización se
daría en abril de 1991, cuando el ejército norteamericano envió 56
instructores para iniciar un curso de entrenamiento de diez semanas para
500 miembros del Batallón Manchego en Montero. En octubre de ese mismo
año, otros 50 consejeros norteamericanos arribaron al país para entrenar
durante doce semanas al Batallón Jordán de Riberalta, con cerca de 400
miembros. El entrenamiento consistía en acción de conflictos de baja
intensidad y contra el tráfico de drogas”, detalla Salazar.
En otras palabras,
fuerzas preparadas en estrategias de guerra irregular para enfrentarse a
las federaciones de productores de coca del Trópico de Cochabamba, por
entonces ya lideradas por el actual presidente Evo Morales. La
agudización definitiva vendría bajo el gobierno democrático del propio
ex dictador Bánzer (1997-2002), cuando a través del Ministerio de
Defensa implementa el llamado “Plan Dignidad” y se acrecientan las
violaciones de derechos humanos en el Chapare, debido a la acción de los
militares contra las protestas de los movimientos sociales y productores
de coca. La guerra en el Chapare habia sido declarada y lo que vendría
después serían largos años de resistencia, muertos, secuestrados,
mutilados y heridos. Pero también el fortalecimiento sindical, el avance
hacia La Paz y finalmente la Presidencia de la Nación.
Fueron estas luchas entre militares y los sindicatos cocaleros los que
posibilitaron el surgimiento del MAS, uno de los movimientos sociales y
políticos más poderosos del cono sur del continente. De esta lucha
emergerían las federaciones cocaleras y de colonizadores, de esta lucha
emergería el Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos
(IPSP, antecesor del MAS) y desde esta plataforma se catapultaría el
liderazgo nacional e internacional de su principal dirigente, Evo
Morales Ayma. Es esta la historia de lucha y organización que -más allá
de los festejos por la aprobación de la Declaración de la ONU- valoraron
poder conocer los cientos de delegados indígenas presentes por cinco
días en Bolivia. Y asi lo dejaron establecido en su declaración final,
dada a conocer precisamente tras su paso por el combativo Trópico:
“Desde Chimoré nos
comprometemos a respaldar el histórico esfuerzo liderado por el hermano
Evo Morales, Presidente de los Pueblos Indígenas de Abya Yala, en la
construcción de un nuevo Estado plurinacional. Ante cualquier amenaza
interna o externa, estaremos vigilantes de lo que suceda en Bolivia y
pedimos a los pueblos del planeta brinden su apoyo y solidaridad a este
proceso, que debe servir de ejemplo para que los Pueblos, Naciones y
Estados del mundo continuemos por esta misma senda de reconocimiento de
derechos... Desde nuestras familias, hogares, comunidades, pueblos,
estando o no estando en el gobierno de nuestros países, nosotros mismos
decidimos y encaminamos nuestros destinos, nosotros mismos asumimos la
voluntad y responsabilidad del Vivir Bien que nos han legado nuestros
ancestros, para construir de manera horizontal y entre todas y todos la
cultura de la paciencia, la cultura del diálogo y la Cultura de la Vida,
como nos enseña el proceso encabezado por el hermano Evo Morales”
/ AZ
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