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CRÓNICA DE UN VIAJE A BOLIVIA


La revolución indígena


Para conmemorar la adopción por parte de Naciones Unidas de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas, un centenar de delegados indígenas fueron invitados a Bolivia por el Presidente Evo Morales. Tres jornadas de celebración, un recorrido por la historia de organización y lucha del Movimiento al Socialismo. Acompañamos a las delegaciones en La Paz, Tiwanaku y el Chapare. Lo que sigue es la crónica de una Revolución.


 Por Pedro CAYUQUEO, desde Bolivia I Periódico Azkintuwe

 

 

 


Acto en Centro de Tiwanacu.

Foto de Sebastián Hacher.



 Párrafos

Conocer como indígenas la experiencia del hermano Evo Morales pareció ser la consigna de todas las delegaciones. Y desde la dirigencia del MAS la consigna pareció ser no defraudar esta sentida aspiración.

¡Kawsachum coca, wañuchun yanquis!, viva la coca, mueran los yanquis, era el grito de guerra de los sindicatos cocaleros en los tiempos de mayor confrontación frente a quienes, desde Washington, impulsaban su erradicación.




BAJO EL SOL ABRASADOR del mediodía arribaron los invitados internacionales hasta el coliseo del Colegio Don Bosco, en el centro de La Paz. Allí los esperaban delegaciones indígenas y sindicales de la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB) y las seis Federaciones Cocaleras y de Colonizadores del Trópico de Cochabamba, una multitud de personas y colores, cerca de 4 mil según cálculos oficiales, todos convocados por el gobernante partido Movimiento al Socialismo (MAS-IPSP) para inaugurar el Encuentro "Por la Victoria Histórica de los Pueblos Indígenas del Mundo” en el país altiplánico. Desde 120 países arribaron los líderes indígenas la jornada del 10 de octubre, invitados a celebrar la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas por parte de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York.

Por primera vez en la historia de Latinoamérica, un estado habría sus puertas a representantes de los pueblos originarios del mundo para homenajearlos a ellos y sus luchas. Y por primera vez en la historia de Bolivia, un mandatario aymara, el Presidente Evo Morales Ayma, actuaba como anfitrión en un país gobernado históricamente por elites blancas y criollas. Y por si esto fuera poco, con una revolución cultural, política, económica y social en marcha.

“Nos hemos convocado para celebrar esta victoria histórica de los pueblos originarios del mundo. Pero también para plantear nuevos desafios, para desde acá plantear nuevas formas de cómo vivir en solidaridad, de cómo construir sociedades mas justas para con nuestros pueblos... en algún momento decia que los pueblos indígenas somos la reserva moral de la humanidad, porque nuestros pueblos no son egoistas, no son individualistas, no buscan vivir mejor perjudicando a otros... para todo ellos nos hemos convocado hermanos, y hermanas, en esta Bolivia que los recibe con los brazos abiertos, como hijos de una misma tierra”, señaló el Presidente Evo Morales en su discurso de bienvenida. Junto a Morales y sobre el escenario, líderes indígenas como Rigoberta Menchu, Premio Nobel de la Paz; Blanca Chancoso, dirigenta de la Confederación de Nacionalidades Indigenas de Ecuador (CONAIE), Humberto Cholango, Presidente de la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador (ECUARUNARI), escuchaban atentos sus palabras. Mucho más cerca de Morales, un capitán de la Fuerza Aerea Boliviana, en impecable uniforme de parada y firme posición, custodiaba la figura de “su” comandante en jefe. El capitán era blanco y de ojos claros. Todo un símbolo de los nuevos tiempos que corren en Bolivia.

“Los pueblos indígenas del mundo tienen derecho a la autodeterminación, al control de su tierra y recursos naturales, señala la declaración aprobada en Naciones Unidas. Se trata de una conquista histórica del movimiento indígena mundial, pero nuestra lucha no ha terminado, hermanos y hermanas. Tenemos que hacer que los Congresos nacionales reconozcan esta declaración, porque si nos quedamos atrás, corremos el riesgo de ser aniquilados como pueblos y culturas... Desde Bolivia, capital indígena mundial, exhortamos hoy a los estados del mundo a reconocer estos derechos”, señaló la Premio Nóbel de la Paz y ex candidata presidencial de Guatemala, Rigoberta Menchu Tum. La referencia a Bolivia no sería gratuita. Además de país anfitrión de las celebraciones, constituye en los hechos uno de los estados con mayor procentaje de población indigena del planeta.

Un 76% de la población nacional, según el último censo, se reconoce en Bolivia como miembro de alguno de los más de 20 pueblos indígenas que viven dentro de sus fronteras, destacando aymaras y quechuas, colectividades mayoritarias ubicadas en el altiplano y los llanos del trópico, respectivamente. “Bolivia, al igual que Guatemala, ha sido un estado que ha funcionado por siglos bajo una lógica colonial, donde una minoria blanca, criolla, ha oprimido a una mayoría indígena, mestiza, que en los últimos años ha transitado de la protesta social a la lucha por tomar el poder político de la nación. Es un caso único en el continente, de una revolución democrática, cultural, encabezada por un mandatario indígena, se trata de una experiencia valiosa de conocer como indígenas, como pueblos originarios de Abya Yala”, señaló Rigoberta Menchu, tras finalizar el acto en el coliseo.

Conocer como indígenas la experiencia del compañero, del hermano Evo Morales, pareció ser la consigna de todas las delegaciones. Y desde la dirigencia del MAS, organizadores de las actividades, la consigna pareció ser no defraudar esta sentida aspiración. Doble mérito de un movimiento político donde lo indígena no constituyó jamás –al menos hasta el triunfo del 2005- su principal seña de identidad. De raigambre sindical campesina, las bases del MAS estuvieron y siguen estando constituidas principalmente por bases sindicales cocaleras y de colonizadores del Trópico de Cochabamba, si bien en su mayoría población indígena y mestiza, distanciadas sin embargo de reivindicaciones propias de un movimiento étnico. El propio Evo Morales, aymara originario de Oruro en la zona andina, se formó políticamente en los sindicatos cocaleros de Cochabamba, situación que años más tarde usarían sus detractores para deslegitimarlo como “líder indígena” en vista de su creciente influencia, incluso confrontando su imagen con otro aymara de renombre nacional, Felipe Quispe Huanca, El Mallku (cóndor, en aymara) ex lider del Ejército Guerrillero Tupak Katari (ERTK) y quien –contrario a Morales-reivindicaba sin medias tintas la reconstrucción del Kollasuyo (parte sur del imperio Inca) y el desmantelamiento de Bolivia como estado-nacional. Desde que asumió el poder Morales, Quispe se declaró en espera. En espera paciente del momento de su caida, pues no tiene la menor duda que Evo cometerá los mismos errores de los gobiernos neoliberales. Y a ello apuesta su partido, el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP).

Sin embargo, es un hecho que entre el indianismo radical de Quispe y el pragmatismo sindical de Morales, en Bolivia ha prevalecido finalmente este último. Y las razones nos las entrega Pablo Stefanoni, periodista y cientista político argentino radicado en La Paz. “Si fue Evo Morales y no Felipe Quispe quien accedió al lugar de primer presidente indígena de Bolivia fue precisamente porque logró articular un proyecto nacional inclusivo, frente a una perspectiva aymaracéntrica”, señala el autor de “Evo Morales, de la coca al Palacio, una oportunidad para la izquierda indígena”, obra indispensable para conocer los orígenes y vislumbrar las proyecciones del movimiento encabezado por el mandatario.

“La reivindicación indigenista del actual presidente –agrega Stefanoni- se distancia notablemente del indianismo radical aymara. Se parece más a la denuncia del apartheid sudafricano realizada por el líder negro Nelson Mandela, caracterizadas por demandas de inclusión, reconocimiento y posibilidades de acceso al poder de una mayoría nacional segregada por motivaciones étnicas”. Prueba de lo anterior sería la constitución de su gabinete, en su mayoria compuesto por ex dirigentes sindicales, intelectuales de izquierda e inclusive ex militares nacionalistas. “El único ministro que se define hoy como indianista es el canciller David Choquehuanca, portador de una visión del mundo no exenta de misticismo”, agrega Stefanoni. A juicio del periodista, Choquehuanca sería en verdad la cara indígena del gobierno, el nexo clave entre el Palacio Quemado y las poderosas organizaciones indígenas del Altiplano aymara, uno de los sectores con menos presencia al interior del MAS y hasta hace pocos años, principales receptores del discurso radical aymara de Felipe Quispe.

La refundación de Bolivia

Desde el triunfo de Morales en las elecciones generales de diciembre de 2005, mucha agua a transitado bajo los puentes de su discurso. Es asi como cada día cobra mayor fuerza en su administración la valoración del mundo indígena, sus reivindicaciones largamente postergadas y también sus símbolos. “En Bolivia, si no resolvemos el problema indígena, jamás vamos a resolver el problema social, cultural, económico y político de Bolivia en su conjunto”, señalaría el propio Morales al día siguiente del acto en el coliseo de La Paz, esta vez, frente a una multitud reunida en las ruinas sagradas de Tiwanacu, capital de una cultura pre-incaica y centro espiritual del pueblo aymara. Hasta allí arribó el primer mandatario junto a la totalidad de las delegaciones indígenas internacionales, esta vez para agradecer a los dioses andinos la aprobación de la declaración universal y “honrar a los mártires de una lucha de siglos”, según subrayó, minutos antes de que un representante de los pueblos indígenas bolivianos pidiera un minuto de silencio en memoria de los que fueron “muertos, humillados, descuartizados durante más de 500 años de lucha por el territorio”. “Estamos aquí para celebrar la declaración, pero también para rendir homenaje a Bolivia, a sus comunidades y organizaciones indígenas. Sobre todo, a Evo, por ser el único gobernante que decide de manera concreta el destino de los pueblos originarios del mundo”, destacó Rigoberta Menchú, homenajeada en dicho lugar por el Consejo Municipal de Tiwanaku.

En una administración caracterizada por los simbolismos, si Choquehuanca es la cara indígena del gobierno de Morales, la cara blanca la constituye lejos su vicepresidente, Álvaro Garcia Linera. Destacado intelectual marxista, matemático, sociólogo, ex guerrillero del Ejército Revolucionario Tupaj Katari, donde compartió trincheras y cárcel con el Mallku Felipe Quispe, es considerado por muchos el ideólogo tras la “Revolución democrática” que lidera Morales. De suaves modales, hablar pausado y estampa de académico universitario, Garcia Linera rechaza sin embargo ser el “cerebro” tras el trono y asume su condición de “compañero de ruta” de Morales. Aun asi, es considerado uno de los precursores de la teorización del indigenismo boliviano moderno y desde su cargo en la vicepresidencia es quien a menudo tiene la difícil tarea de explicar y fundamentar las acciones del gobierno. Tal vez por ello es quien encabeza desde Palacio Quemado el proceso de la Asamblea Constituyente, a través del cual Morales busca “refundar” un estado boliviano agobiado por la corrupción, el saqueo de sus recursos naturales y que jamás contempló a indígenas y sectores populares en su diseño original. Precisamente, la mayoria del país.

Es precisamente en la elaboración de este nuevo diseño estatal donde el background intelectual de Garcia Linera resulta clave. Si existe alguien que tiene claro hacia donde apunta la revolución democrática del MAS, es él. Y como es un blanco, mejor aun, pues en una sociedad marcadamente racista como la boliviana puede asumir el rol de “puente” entre unos y otros. “Bolivia es un estado plurinacional y reconocer esta realidad es un deber de la democracia. Nuestra realidad plurinacional es un aporte a las definiciones de Estado, rompe con la lectura napoleónica de que toda nación tiene un Estado y aquí definimos que somos un estado con muchas naciones, donde todos tenemos un espacio común, pero también existen particularidades donde se les reconoce su historia, su aporte, su identidad y su contribución”, señaló en reciente entrevista con Clarin. Lamentablemente, no todos concuerdan con aquello de Bolivia como un estado plurinacional. Y las posiciones parecen radicalizarse cada día más. Consultado al respecto, Garcia Linera no tiene dudas sobre los responsables.

“Es la derecha conservadora y antidemocrática quién está cerrando los espacios a los escenarios pacíficos de resolución de estos temas”, subraya. Y destaca una vez más la importancia del diálogo político. “La Asamblea Constituyente fue propuesta como lugar democrático de ensamblaje de intereses del país. Es un escenario conflictivo pero dialógico. Es, a su modo, el reconocimiento de las fuerzas emergentes al derecho de las fuerzas replegantes a sentarse sobre la mesa e incorporar sus derechos y puntos de vistas en el horizonte del país”. Aquella derecha conservadora y antidemocrática que menciona el vicepresidente, en Bolivia se atrinchera en el departamento de Santa Cruz, en el otro extremo de la Bolivia indígena, en el lado Oriente, a exactos mil kilómetros de la altura andina de La Paz.

Santa Cruz es la zona más rica de Bolivia y mayoritariamente blanca. Es la “otra Bolivia”, aquella que reconoció representar Gabriela Oviedo, miss Bolivia el año 2004 ante el concurso Miss Universo, cuando a la pregunta “¿Cuál es uno de los conceptos erróneos más grande de tu país?”, la “miss” sin rubor en la cara contestó: “Um... desafortunadamente, la gente que no conoce mucho sobre Bolivia piensan que todos somos indios del lado oeste del país. Es La Paz la imagen que refleja eso, esa gente pobre y gente de baja estatura y gente india... Yo soy del otro lado, del este, nosotros somos altos, somos gente blanca y sabemos inglés”. Fue la mecha que encendió la pradera. Desde la asunción de Morales al poder, para torpedear sus planes de refundación estatal y aquel socialismo que los grupos de poder en Oriente reconocen detestar, Santa Cruz levanta con fuerza la bandera de la autonomía administrativa y política, acusando al gobierno del MAS de centralista e incluso aymaracéntrico. Desde La Paz, por su parte, los acusan de separatistas y de aliarse con las transnacionales.

“Es simplemente la hermana linda que quiere irse de casa sólo porque tiene más plata que los otros ocho hijos que tuvo mamá Bolivia”, resume el periodista Pablo Ortiz, de revista Surcos. “La ofensiva autonomista de Santa Cruz -profundiza por su parte el periodista Pablo Stefanoni- tiene un claro sustrato económico: desde los años setenta, la economía cruceña fue acrecentando su importancia dentro del producto interno bruto boliviano y en la actualidad sus actividades económicas presentan el mayor dinamismo, cinculación comercial y renovación técnica que otras regiones del país... Pero también existe un sustrato político: la crisis del año 2005 prácticamente expulsó a las élites cruceñas del poder central, lo que conllevó un atrincheramiento en lo local para preservarse ante la nueva hegemonia indigena-popular en el ámbito nacional”. Históricamente Santa Cruz mantuvo poca comunicación con los otros departamentos del país. Hoy, siguiendo a Ortiz, los nueve hermanos se ven las caras casi a diario en la Asamblea Constituyente, todo un desafío para Garcia Linera, vicepresidente y terapeuta familiar.

Los orígenes de Evo


“En la época de la Colonia dominaban los reyes, el clero. En los últimos años, dominó la oligarquía. Con la nueva Constitución de Bolivia queremos construir el poder del pueblo”, subrayaría Morales a medioadía del 12 de octubre ante miles de personas en el Municipio de Chimore, departamento de Cochabamba. Hasta allí arribó el primer mandatario y los delegados indígenas. De los 4 mil metros de altura de La Paz, a los irrisorios 200 y tantos sobre el nivel del mar de Chimoré, ello tras una hora de vuelo en un Hércules de Transportes Aéreos Militares (TAM). Coincidente con la conmemoración, el día 10, de los 25 años de democracia continua en la República de Bolivia, Morales no dejaría escapar la oportunidad para recordar los orígenes de la lucha del MAS en dicha zona. “A nosotros no nos dieron de regalo la democracia. Sobre todo a los pueblos indígenas y campesinos del Chapare, aqui de Chimore, costó lucha, sangre, muertos, costó mutilados, queridos hermanos y hermanas, delegados internacionales que hoy nos visitan. Pero la democracia que tenemos en Bolivia es aun neoliberal, sigue siendo sólo para una minoría. Por ello nuestro objetivo como gobierno es transformar esta democracia excluyente en verdadera expresión de la voluntad popular, en verdadera expresión de la soberanía de nuestros pueblos”, subrayaría, en clara alusión al proceso constituyente que, a pesar de los conatos de sublevación del Oriente, avanzaría bien encaminado, según opinan en el MAS.

A diferencia de las dos primeras jornadas de celebraciones desarrolladas en La Paz y Tiwanacu, con el viaje a Chimoré el MAS buscaba mostrar a los visitantes los orígenes de dicho movimiento y los primeros pasos en la política del propio Morales, cuyo primer cargo sería “secretario de deportes” de un sindicato cocalero local, allá por el año 1981. Evo Morales nació un día de octubre del año 1959 en Orinoca, provincia Sud Carangas del departamento de Oruro. Diversos biografos destacan que la primera vez que salió de su tierra fue acompañando a su padre a trabajar en la zafra, la cosecha de la caña de azucar en el norte de Argentina. Allí, siendo casi un niño, se ganaría la vida vendiendo helados. Luego que una grave sequia dejara a su familia en la miseria, deciden migrar y trasladarse a las tierras bajas de Cochabamba, al Chapare. A poco andar, la muerte de su padre transformó a Evo en el hombre de la casa, responsabilidad que solo vio interrumpida cuando debió presentarse a cumplir el Servicio Militar Obligatorio, que en Bolivia - al igual que en Chile - solo cumplen finalmente jóvenes de sectores empobrecidos e indígenas.

Fuera de toda lógica, serian los cuarteles y las canchas de fútbol las responsables de politizar a Evo Morales. Los cuarteles, por el nivel de injusticias que le tocó observar; y las canchas, porque una vez fuera de la milicia le abrieron de par en par las puertas de los sindicatos cocaleros del Chapare. Se comenta que desde pequeño Morales adquirió la pasión por el fútbol y destacó como un hábil jugador. “El deporte funcionó como la carta de presentación de Evo entre tantos migrantes andinos que buscaban reconstruir sus vidas con el cultivo tradicional de la coca”, subraya Stefanoni. Y su ascenso fue vertiginoso. El año 1985 era elegido Secretario General de su sindicato y tres años más tarde Secretario General de la Federación del Trópico. Diez años de trabajo y de lucha frente a organismos policiales y militares que bajo instrucciones del Departamento Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA) buscaban erradicar los cultivos de coca en el Chapare, catapultaron a Evo Morales a Presidente de las Seis Federaciones Cocaleras y, un año más tarde, a obtener una banca en el Parlamento boliviano con el 70% de las preferencias.

Visitamos junto a los delegados indígenas la antigua sede de las Seis Federaciones Cocaleras del Trópico, a pocos minutos del centro de Chimore. Se trata de un humilde galpón, apenas techado, con una tarima de madera desde donde - nos cuentan - Morales llamaba a los productores a resistir las sangrientas campañas emprendidas por el cuartel de la Fuerza de Tarea Expedicionaria de Chimoré, creado el 2001 y compuesta por policías que se dedicaban a la erradicación de los cultivos. Tras asumir el poder, una de las primeras medidas de Evo fue construir a sus compañeros sindicalistas un enorme coliseo, rodeado de oficinas y dormitorios que costó 120.000 euros, gestionados por el gobierno ante la Comunidad Europea. Visitamos el recinto, construido a escasos cien metros del antiguo galpón y sorprende. En el último año, en Chimoré también se han construido hospitales y escuelas por doquier. Una muestra de la importancia de ejercer el poder.

Habitado antiguamente por indígenas del pueblo yuracarés, el Chapare ha sido en el último siglo escenario de importantes procesos de colonización, tanto dirigidos por el estado como espontaneos. Así llegó Evo Morales a la zona siendo un adolescente y así llegaron a su vez gran parte de los miles de aymaras del altiplano, hoy miembros de aquellos sindicatos cocaleros que desde los años 60 han debido enfrentar políticas gubernamentales “antidrogas”, en la mayoría de los casos diseñadas y financiadas directamente por el Departamento de Estado norteamericano. “Históricamente nos han perseguido, asesinado, discriminado como productores de coca. Hoy nosotros desde el gobierno decimos al mundo con fuerza que la coca es vida, la coca es salud, la coca es alimento ancestral de nuestros pueblos. No somos narcotraficantes, no somos terroristas, defendemos el cultivo de coca porque es la escencia de la cultura milenaria de nuestros pueblos originarios y la defenderemos como sus hijos. Si antes lo hicimos en las calles, en los campos, haciendo frente a la represión, hoy lo haremos desde el poder que nos ha otorgado el pueblo boliviano”, señalaría Morales ante la multitud reunida bajo el sol abrasador y la humedad a ratos exasperante del municipio que lo vio nacer como político.

La coca es vida


¡Kawsachum coca, wañuchun yanquis!, viva la coca, mueran los yanquis, era el grito de guerra de los sindicatos cocaleros en los tiempos de mayor confrontación frente a quienes, desde Washington, impulsaban su erradicación. Evo Morales muchas veces arengó a sus compañeros sindicalistas con este grito. Hoy, desde su investidura como primer mandatario, lo sigue usando, especialmente cuando en lengua originaria se dirige a sus adherentes en masivas concentraciones. En Chimore, las delegaciones indígenas visitantes escucharían este grito cientos de veces durante su permanencia. Y no solo de boca del presidente, también de dirigentes locales, personas comunes y corrientes e inclusive niños. La hoja de coca es sagrada para los indígenas de Bolivia. Se cultiva masivamente solo en este país, además de algunas zonas de Perú, Colombia y Ecuador. Para los indígenas bolivianos, masticar hoja de coca es un hábito mucho más antiguo que el cristianismo, es decir, milenario. Es lo que nos cuenta un entusiasta dirigente cocalero que, minutos antes del acto principal en el frontis del municipio, nos invita a recorrer una pequeña plantación. Se trata de un arbusto de aproximada-mente un metro de altura, que rinde de dos a tres cosechas por año. La costumbre mas común entre los indígenas es acullicar o mascar, que permite anular el cansancio, aliviar el mal de altura y quitar casi por completo el apetito y la sed. Un regalo de Inti, el dios sol, para alivianar los sufrimientos de su gente, según reza la leyenda. Por ello también es pieza clave en las ceremonias religiosas y tradicionales, e inclusive como ingrediente secreto de muchas comidas.

Sin embargo, la reputación de la planta a nivel mundial dice relación con su uso ilegal como narcótico, algo que molesta de sobremanera a los habitantes de Chimore. Catorce son los alcaloides que tiene la planta de coca, de los cuales uno de ellos es la cocaina, aislada por primera vez a mediados del siglo XIX, para ser usado como anestésico local. Pronto terminó convertida en una peligrosa y adictiva droga, con un mercado que en nuestros días mueve cientos de miles de millones de dólares en todo el mundo. Se necesitan 400 kilos de hojas de coca para obtener un kilo de cocaina pura. Luego, con kerosene, sales, acido sulfúrico, permanganato de potasio se consigue la pasta base. Se agrega amoniaco y, por cristalización, se obtiene la cocaina base. Si se quiere obtener clorhidrato de cocaina, se agrega... ácido clorhídrico disuelto y purificado con éter. Tal es la bomba tóxica que mueve el mercado del narcotráfico, principalmente en los Estados Unidos, epicentro de los carteles internacionales y que transformaron en el pasado numerosos gobiernos latinoamericanos en sinónimo de corrupción. Tal es la bomba tóxica que, para los indígenas de Bolivia, en absoluto guarda relación con aquella planta sagrada que ha protegido y alimentado a sus hijos e hijas por generaciones, y a la cual dicen estar dispuestos a defender hasta morir.

Por estos días, no solo los indígenas alaban la planta de coca. Diversos estudios científicos, de prestigiosos laboratorios europeos, han demostrado que la planta posee innumerables propiedades medicinales, algo que los indígenas sabian ya desde el comienzo de los tiempos. Es rica en vitamina A, B1, C y E; proteinas, hierro, ácido fólico, yodo, fósforo, magnesio, cobre, sodio y zinc. Al igual que el foye o canelo, árbol sagrado del Pueblo Mapuche, la coca cura prácticamente de todo: dolor de cabeza, malestar estomacal, infecciones en las vias respiratorias, afecciones cardiacas, reumatismo, el asma, etc. Como pomada sirve incluso para tratar heridas externas y facilitar la recuperación en casos de fracturas. El mito popular, por lo demas, le otorga propiedades afrodisiacas. “Todos los días los científicos le encuentran una nueva propiedad a la coca, hermanos y hermanas”, destacó el propio Evo Morales en su discurso en Chimoré. Y agregó. “No somos la cultura de las drogas ni de la cocaina, hemos dicho cero drogas, cero cocaina en la República de Bolivia. Hemos dicho no a las drogas, pero si a la coca, la planta sagrada de nuestros pueblos”.

Historia de resistencia


Fue en la década de los 70 cuando comenzó la lucha contra las drogas en Bolivia, con campañas diseñadas en los EE.UU. Los operativos de erradicación en la zona del Chapare constitu-yeron verdaderas operaciones de guerra, con efectivos armados que se internaban en las plantaciones, quemando los cultivos o aplicándoles herbicidas que causaban estragos no solo en la coca, sino también en el medio ambiente y la población en general. A comienzos de los años 80, el escenario en el Chapare era de una guerra de baja intensidad, que se acrecentó al asumir el gobierno del dictador Hugo Banzer la denominada “opción militar”. Corria agosto de 1984. “El resultado de esta política se tradujo en la estigmatización y tipificación de los productores de coca como narcotraficantes, narcoguerrilleros y narcote-rroristas, contra quienes estaba justificado arremeter con acciones violentas –asesinatos, torturas, secuestros– que violaban todos los derechos humanos y garantías constitucionales de hombres, mujeres y niños campesinos”, indica Fernando Salazar, sociólogo investigador del Instituto de Estudios Sociales y Económicos (IESE) de la Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba. Para el año 1986 -agrega Salazar- la presencia militar norteamericana dejó de ser un mito y se volvió directa en los operativos, mediante la acción Blast Frunce con 160 marines norteamericanos, equipados con seis helicópteros, que condujeron campañas contra “operaciones de narcotraficantes” durante meses.

La situación se agudizó tras la aprobación del documento Santa Fe II el año 1988 entre países productores de coca y Estados Unidos, en el que se definió una estrategia para América Latina en la década del noventa ante los tres peligros fundamentales identificados por la CIA; la subversión comunista, el terrorismo y el narcotráfico. “Este programa incluía un apoyo económico de Estados Unidos de 33,23 millones de dólares a las Fuerzas Armadas de Bolivia, para la gestión 1990, destinados a operaciones antidrogas. La implementación de esta militarización se daría en abril de 1991, cuando el ejército norteamericano envió 56 instructores para iniciar un curso de entrenamiento de diez semanas para 500 miembros del Batallón Manchego en Montero. En octubre de ese mismo año, otros 50 consejeros norteamericanos arribaron al país para entrenar durante doce semanas al Batallón Jordán de Riberalta, con cerca de 400 miembros. El entrenamiento consistía en acción de conflictos de baja intensidad y contra el tráfico de drogas”, detalla Salazar.

En otras palabras, fuerzas preparadas en estrategias de guerra irregular para enfrentarse a las federaciones de productores de coca del Trópico de Cochabamba, por entonces ya lideradas por el actual presidente Evo Morales. La agudización definitiva vendría bajo el gobierno democrático del propio ex dictador Bánzer (1997-2002), cuando a través del Ministerio de Defensa implementa el llamado “Plan Dignidad” y se acrecientan las violaciones de derechos humanos en el Chapare, debido a la acción de los militares contra las protestas de los movimientos sociales y productores de coca. La guerra en el Chapare habia sido declarada y lo que vendría después serían largos años de resistencia, muertos, secuestrados, mutilados y heridos. Pero también el fortalecimiento sindical, el avance hacia La Paz y finalmente la Presidencia de la Nación.

Fueron estas luchas entre militares y los sindicatos cocaleros los que posibilitaron el surgimiento del MAS, uno de los movimientos sociales y políticos más poderosos del cono sur del continente. De esta lucha emergerían las federaciones cocaleras y de colonizadores, de esta lucha emergería el Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (IPSP, antecesor del MAS) y desde esta plataforma se catapultaría el liderazgo nacional e internacional de su principal dirigente, Evo Morales Ayma. Es esta la historia de lucha y organización que -más allá de los festejos por la aprobación de la Declaración de la ONU- valoraron poder conocer los cientos de delegados indígenas presentes por cinco días en Bolivia. Y asi lo dejaron establecido en su declaración final, dada a conocer precisamente tras su paso por el combativo Trópico:

“Desde Chimoré nos comprometemos a respaldar el histórico esfuerzo liderado por el hermano Evo Morales, Presidente de los Pueblos Indígenas de Abya Yala, en la construcción de un nuevo Estado plurinacional. Ante cualquier amenaza interna o externa, estaremos vigilantes de lo que suceda en Bolivia y pedimos a los pueblos del planeta brinden su apoyo y solidaridad a este proceso, que debe servir de ejemplo para que los Pueblos, Naciones y Estados del mundo continuemos por esta misma senda de reconocimiento de derechos... Desde nuestras familias, hogares, comunidades, pueblos, estando o no estando en el gobierno de nuestros países, nosotros mismos decidimos y encaminamos nuestros destinos, nosotros mismos asumimos la voluntad y responsabilidad del Vivir Bien que nos han legado nuestros ancestros, para construir de manera horizontal y entre todas y todos la cultura de la paciencia, la cultura del diálogo y la Cultura de la Vida, como nos enseña el proceso encabezado por el hermano Evo Morales” / AZ

 

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