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REFUGIADOS, REFLEXIONES, mea culpas, ausencia de respuestas organizadas, fue el
saldo que dejó la Central Hidroeléctrica Ralko (Endesa) en la zona
pewenche del Alto Bío Bío, en la VIII Región. Solo lamentos tras su inauguración oficial el 27 de
septiembre de 2004, tanto para las familias afectadas como para las
organizaciones externas que en un principio sostuvieron la resistencia. Ralko significó una
estrepitosa derrota para un movimiento mapuche que, más preocupado de
disputas internas, toleró la estrategia de hechos consumados que la
española Endesa utilizó para concretar las obras. * COÑARIPE EN MAPUZUGUN significa “sendero del guerrero” y es el nombre de uno de los 10 poblados que componen la comuna de Panguipulli. Ubicado en la ribera norte del Lago Calafquen y con una población de 1.400 habitantes, es un popular balneario lacustre, además de activo centro de servicios para las comunidades mapuche del sector cordillerano. El poblado fue fundado como campamento maderero a comienzos del siglo XX, en respuesta a los requerimientos de “durmientes” de la antigua Empresa de Ferrocarriles del Estado, los que eran elaborados de roble y otras especies nativas de abundancia en la zona. Situado originalmente un kilómetro más al norte, la violenta erupción del volcán Villarrica en marzo de 1964 obligó a trasladar las viviendas hasta su ubicación actual. El valle donde se emplaza Coñaripe siempre fue tierra mapuche. Dejó de serlo -para el Estado chileno- concluida la ocupación militar de La Araucanía en dicha zona, alrededor del año 1884, fecha en que se dio inició al complejo proceso de radicación de su población mapuche original hacia zonas cordilleranas como Challupén, Traitraico y Pucura, al noreste del poblado. Documentos oficiales consignan que 202 fueron los títulos de Merced que el estado entregó a los mapuches en la hoy comuna de Panguipulli. Poco más de 38 mil hectáreas de territorio, despojadas décadas mas tarde por medio de crímenes, robos y pillaje judicial. Coñaripe no fue la excepción. Así lo denunciaron sus propios lonkos en el histórico Parlamento Mapuche realizado en el Valle de Koz Koz, en enero de 1907. Cien años más tarde, la historia se repite. No se trata ya de colonos. Son empresas transnacionales las que amenazan hoy las escasas tierras que mantienen los comuneros en su poder. Desde que el consorcio estatal noruego SN Power y Endesa España anunciaron su plan de construir represas en la zona, todos reconocen estar en alerta. La principal amenaza es el Proyecto Trayenko, impulsado por la hidroeléctrica del mismo nombre y que es una filial de SN Power Chile. Dicha empresa, de capitales noruegos, es la encargada de impulsar los tres proyectos que hoy quitan el sueño a las familias de Coñaripe. A saber, los proyectos Pellaifa, Liquiñe y Maqueo, que en conjunto generarían 500 MW, afectando de paso tierras y formas tradicionales de vida. Según los noruegos, su objetivo es invertir bajo la máxima del compromiso social, ambiental y ético. La empresa, a través de su gerente Esteban Illanes, expuso a mediados del año pasado a la comunidad la idea del proyecto Pellaifa, aledaño a Coñaripe, que implica la construcción de un canal subterráneo de unos 14 kilómetros en los ríos Llancahue y Quillalelfu para extraer aguas que son llevadas a una turbina generadora de electricidad para luego ser devueltas al lago Pellaifa (originalmente las aguas desembocan en el lago Calafquén). Prometió Illanes que evaluarían todos los impactos y que además invertirían en infraestructura y otras eventuales compensaciones. Casi nadie le creyó. Y es que lo sucedido en la zona del Alto Bio-Bio está muy internalizado entre los habitantes mapuche de la zona. Angela y Pedro Antimilla pertenecen a la comunidad Carlos Antimilla, y Oscar Painepi Reinahuel a la comunidad Painepi, ambas de Coñaripe. No dudan en oponerse tenazmente al proyecto y en denunciar las estratagemas usadas por los ejecutivos para convencer a la gente. Desinformación, confusión, ofrecimientos económicos, una táctica no muy diferente a lo acontecido en Ralko. Los tres otorgan la palabra a Carmen Pirquiante, “quien ha sido designada como coordinadora de todo lo que tiene que ver con la central hidroeléctrica”, destaca Antimilla. “Esto se viene gestando desde hace mas de dos años y solamente estaba en conocimiento la Cámara de Turismo y la Cámara de Comercio. Ellos recibieron información, pero no las comunidades, porque según la empresa todos los mapuche habían aceptado el proyecto”, relata la vocera. “Esteban Illanes, el representante de la SN Power, se reunió con nosotros en junio de 2006 y nos dio una referencia de lo que se iba a tratar el proyecto. Pero resulta que después tuvimos una reunión con el representante de la SN Power de Valdivia y él nos vino a decir otra cosa totalmente distinta. Entonces vimos que había una manipulación de la información, un intento por dejarnos a todos perdidos, dando vueltas, estaban como ocupando el tiempo mientras ellos seguían haciendo el trabajo en terreno para montar el proyecto”, agrega Pirquiante. “Cuando vino Illanes nos dijo que iban a empezar en septiembre con todo lo que tiene que ver con la topografía y el estudio de impacto ambiental. Después volvió a venir y dijo que empezaban en febrero, entonces no sabemos en qué parte van y ese es su juego, confundir”, recalca molesta. “En Coñaripe -continúa Carmen- por lo menos se instalarían dos [centrales hidroeléctricas], una en Pellaifa y otra en Liquiñe, alrededor del pueblo. Al final en el lugar donde se instale va afectar la salud por las conexiones de alta tensión, aunque la empresa dice que se va a entubar todo para no causar daño. Nosotros pensamos que del momento en que se interviene una comunidad mapuche, ya se está produciendo un daño”. “Tenemos un sistema propio de vida -agrega Pedro Antimilla- el cual el estado nunca lo va a entender. Ellos se basan en su sistema propio, tienen sus entes que regulan el medio ambiente y esas cosas. Aquí todo va a ser afectado. El río Quillalelfu se va a secar completamente y el río Llancahue va a bajar un ochenta por ciento su caudal. Y si falta agua van a ir a tomar unas que están en el parque a orillas del volcán”. * PANGUIPULLI, COMUNA A la que pertenece Coñaripe, está ubicado en la precordillera de la X región, en la ribera sur del lago Calafquen. Posee 3.300 km2 de superficie y un 45% de población mapuche. Su historia también se vincula al desarrollo de la industria maderera una vez concretada la ocupación chilena. De aquella historia, marcada por el despojo territorial que afectó a las primeras “reducciones” mapuches, solo queda el recuerdo. “Panguipulli tiene una tradición maderera que está terminándose”, señala a Azkintuwe su alcalde, Alejandro Koeler. “Hoy existe un incipiente desarrollo en la industria del turismo, de tal forma que es una comuna que se está transformando en una suerte de polo de distribución de flujo turístico, tanto desde el norte de Chile como desde Argentina hacia el Pacífico”, subraya. Panguipulli (“tierra de leones”, en mapuzugun) no solo tiene nombre mapuche. También su rostro lo es y eso no escapa a la primera autoridad comunal. “Esta comuna tiene una población de 35 mil personas y casi la mitad son mapuches, una presencia importante. Si tu te vas a los nombres de los poblados, vas a encontrar un 100 % de nombres de origen mapuche. Hay comunidades en sectores cordilleranos donde el 100 % de la población es mapuche, ciertos rasgos de nuestra cultura, de nuestros hábitos culinarios están incluso marcados por sus costumbres”, destaca Koeler. Unos por la defensa del territorio, otros por la defensa de la industria turística, lo cierto es que las comunidades han encontrado en el municipio un inesperado aliado contra la empresa SN Power Chile.
El edil ve con preocupación la
materialización de dichos proyectos. No es para menos. En los últimos
años, tanto el municipio como la Cámara de Turismo local, han realizado
esfuerzos por generar un polo turístico en la zona. De allí que dos o
tres centrales hidroeléctricas sean vistas con evidente desagrado. “Mi posición como alcalde
es que estas hidroeléctricas que eventualmente se construyan acá van a
interferir en un proceso de desarrollo turístico. Por lo
tanto yo lo veo con mucha distancia”. “Seguramente
-agrega meditando sus palabras- vamos a tener que oponernos a una instalación de esa magnitud porque no
solamente es una, sino por lo menos tres o cuatro. Y el impacto que van a causar sobre nuestro
territorio, sobre la gente, sobre la naturaleza va hacer muy negativo”. “Hace dos años estamos buscando se nos informe adecuadamente que es lo que pretenden hacer, pero no ha pasado nada. En estos minutos no tenemos claridad, por lo que estamos recopilando antecedentes. Si puedo decir que los proyectos de Endesa que conozco los rechazo absolutamente porque son dañinos para nuestro territorio y si ellos quisieran hacer ese proyecto en Neltume, obviamente el alcalde de Panguipulli se va a oponer tenazmente”. ¿Un segundo Ralko?, preguntamos. “Podría ser un segundo Ralko y yo creo que Endesa no está en condiciones de soportar un segundo conflicto de esas características con la comunidad local, porque les afectaría donde mas les duele, en el bolsillo”, remata.
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“Nosotros vivimos solamente de lo que sembramos y de lo que se puede
trabajar en el mes de verano que es el turismo, como decía la Ángela.
Esos son nuestros mayores ingresos familiares”, comenta Carmen. “La empresa ofrece trabajo. Nosotros le hemos
dicho que no hay trabajo para los mapuche, nosotros solo podríamos
trabajar dos semanas con la carretilla, no somos tecnológicos, no
entendemos nada del tema técnico. Además las empresas extranjeras traen sus
propios trabajadores o contratan a otras empresas, subcontratistas les
llaman. Al final siempre los que ganan son las empresas
trasnacionales y no los mapuche, tampoco los habitantes no mapuce que
también caen y creen eso de que habrá trabajo”, indica.
* Las comunidades aseguran que no darán pie atrás. “Nosotros vamos a luchar y vamos a llegar hasta las últimas consecuencias. Hemos estado trabajando en reuniones y estamos cien por ciento seguros de la decisión que tomamos: vamos ir a la lucha hasta el final”, advierte la joven dirigenta. Tampoco están dispuestos a cometer los errores de otros. “Vimos lo que sucedió con Ralko, donde se metió todo el mundo y al final no llegaron a nada. Nosotros queremos primero unirnos en la zona, como comunidades y de ahí recién abrirnos con las otras partes, con las otras comunidades y organizaciones, porque no seria bueno que después nos pase lo mismo que a los pewenche de Ralko. No queremos repetir la misma experiencia en nuestro lof”, finaliza / Azkintuwe
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